El rompeolas de ‘Tramuntana’

el islote fotografiado desde es pujolet des Morts. Al fondo, las grúas del Xarraca Bay. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

La estrecha y serpenteante bahía de es Portitxol de Portinatx queda cerrada al norte y noroeste, protegida de la Tramuntana, por un islote cuya existencia suele olvidarse cuando se enumeran las islas menores que bordean las Pitiüses y cuyo nombre pocos parecen recordar. Lo cierto es que este peñasco a duras penas puede considerarse un islote, porque está separado de tierra por un estrecho paso por el que ni la embarcación más pequeña puede navegar; un simple kayak roza el fondo al cruzar. 

El nombre de este islote que es casi una península con el istmo recién roto, es sa Guardiola, un topónimo que probablemente proceda del uso como puesto de vigilancia que antiguamente tuviera este pequeño trozo de tierra que se eleva, en pendiente, hasta los 32 metros de altuea. Otros enclaves de las Pitiüses con los que comparte topónimo, como sa Punta de sa Guardiola de s’Espalmador (donde se levanta la torre de sa Guardiola) también tienen esa acepción de emplazamiento para montar guardia. De hecho, en el libro ‘La toponímia de la costa de Sant Joan de Labritja’, Enric Ribas plantea la posibilidad de que el trozo de tierra que cierra Portinatx al noroeste tuviera, como nombre original, el de sa Galera “y que su utilización con finalidad defensiva o de vigilancia impusiera el nombre actual”. 

En su vertiente norte, el erosionado acantilado y las grandes rocas caídas a los pies del islote revelan la marca del embate de las olas, del frecuente viento invernal de Tramontana, el que llega desde ‘más allá de la montaña’ y que azota de manera especial el archipiélago balear. 

Tal vez lo más conocido del lugar sean las dos cuevas que, como dos mordiscos, destacan en el mapa del islote, en el sur y sureste de su orografía, y que tienen por nombre algo tan prosaico como sa Cova Grossa y sa Cova Petita. Sa Guardiola tiene una extraña forma de la que se distinguen dos partes diferenciadas; la primera es el promontorio elevado, con cierto perfil de concha de mar, de mejillón más redondeado de lo normal, y la segunda es un brazo de roca sin vegetación que sale del promontorio en su lado norte y se extiende hacia el oeste, como si se hubiera derramado líquido del molde con el que se fabricara el islote y se hubiera solidificado lleno de burbujas que han pasado a ser agujeros. Esta zona de roca blanca, irregular y porosa tiene la misma textura y configuración que sa Punta de sa Torre y otras plataformas calcomargosas que abundan en la costa norte y que ofrecen un peculiar paisaje lunar al entorno. Y, observando desde el cielo, existe en sa Punta de sa Torre un saliente más pequeño conocido como na Berenguera que junto con la punta de sa Guardiola cierra las playas de Portinatx como los bates de una máquina de Pinball. 

El apéndice de sa Guardiola se llama, por cierto, Punta Galera, aunque tal nombre parece haberse extendido a toda la plataforma que protege es Portitxol por el norte, y que, a pesar de su reducido tamaño aún es rico en topónimos. De ellos puede destacarse, como curiosidad, que la colina que se extiende desde la cala hasta sa Guardiola se conoce como es Pujolet des Morts. En el citado libro, su autor recoge los testimonios de dos lugareños que aseguran que tal nombre “tiene su origen en los hallazgos habituales de calaveras de tiempos antiguos”. Tal vez el lugar mereciera algún estudio arqueológico. 

LA CLAVE. LA MINUCIOSIDAD DEL ARCHIDUQUE

El archiduque Luis Salvador, curiosamente, no se olvidó de tan pequeño islote en sus crónicas de las islas y así se refiere a él: “A la torre de Portinatx sigue el puerto de igual nombre, protegido por una especie de doble coraza de rocas; a este dique natural se suma una isla muy cercana a la orilla, de rocas negras y tan erosionadas por las olas que diríase una esponja”.  

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/09/01/rompeolas-tramuntana/1088793.html

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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