La espantavampiros

verbena fotografiada en es Camí des Fornàs.CATplantas de

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Si necesitas ahuyentar vampiros, la verbena es tu flor y tu planta. Que Anne Rice la escogiera como amuleto en ‘Crónicas vampíricas’ no fue una decisión arbitraria, ya que esta planta, de connotaciones mágicas muy acusadas e internacionales, es llamada hierba sagrada por la gran cantidad de ceremonias en las que, en diversas culturas de la Antigüedad, fue usada como ingrediente. Protegía contra seres malignos, los druidas la escogían en sus rituales para predecir el futuro, en la Edad Media se colgaban ramilletes de verbena para intentar alejar la peste y algunas sociedades purificaban con ella los altares del sacrificio. Son muchos los conjuros, sobre todo de amor o protección, que emplean esta conocida hierba de los hechizos, y son muchas, asimismo, sus aplicaciones curativas. En su origen, incluso, ir de verbena pudo significar salir la noche de sant Joan a buscar esta planta para usarla en algún ritual. Se explica así en el libro ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’, de Pío Font Quer: “La eficacia de estos conjuros o las virtudes mágicas de esta planta requerían, muchas veces, una singular ceremonia para colectarla o un momento especialmente propicio, que venía a coincidir las más de las veces con el solsticio o con el día de San Juan”. Así, añade, “ir de verbena pudo significar prepararse con gran regocijo para esta ceremonia, pero aunque hoy subsisten las verbenas, caso nadie se acuerda de la humilde planta que trae la felicidad y el amor a quien se hace con ella la víspera del indicado día”.  

Contrariamente a lo que pudiera parecer por tal popularidad, la verbena (Verbena officinalis), berbena en catalán, es una planta efectivamente “humilde”, poco vistosa, y sólo los observadores, los que saben contemplar las cosas pequeñas, pueden apreciar la belleza de sus diminutas flores, que miden menos de cinco milímetros y tienen un suave tono rosado, muy pálido.  “Cada flor se compone de un cáliz pequeñito, escasamente de 3 mm de largo, compuesto de cinco sépalos soldados. La corola es de color de lila, y forma dos labios: el superior es un poco más corto que el inferior y bilobulado, y el inferior con tres lóbulos. Los estambres quedan ocultos dentro del tubo de la corola”. Así se describe la flor en la citada obra de Pío Font Quer. 

La planta en conjunto no llama la atención, y las flores nacen en espigas largas y estrechas, en tallos muy ramificados que pueden alcanzar alrededor de medio metro de altura pero que son finos y con apenas hojas. Como para compensar su escasa vistosidad, esta planta es abundante en Eivissa y Formentera –también está presente en Mallorca y Menorca–, en márgenes de caminos, prados, torrentes y en las cunetas. Ahora mismo puede encontrarse en flor, por ejemplo, a lo largo de prácticamente todo es Camí des Fornàs. 

LA CLAVE. OFFICINALIS

El nombre officinalis, que no es raro encontrarse en Botánica como segundo término de una nomenclatura binominal, hace referencia a las propiedades medicinales de una planta, significa que es usado en las oficinas de farmacia. En el caso concreto de la verbena, sus usos han sido muchos y variados a lo largo de la historia, desde curar el insomnio o tratar la ansiedad hasta evitar que las heridas se infecten o actuar de neuroprotector y evitar el deterioro neuronal. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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Diagnóstico de ses Salines. Lo que los flamencos ocultan

estanques de ses Salines desde el avión.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

No hay campaña de promoción ni feria turística que no muestre una hermosa imagen –a todo color, reluciente y esterilizada– del Parque Natural de ses Salines de Eivissa y Formentera. A ser posible con unos rosados flamencos en estanques como espejos. Es la joya de la corona. La postal perfecta. Y, sin embargo, detrás del brillo de los flamencos se oculta una realidad que no es precisamente de color de rosa. 

“La presión que sufre ses Salines es brutal”, es la frase con la que más a menudo resumen trabajadores del parque y agentes y técnicos de medio ambiente los problemas de este espacio emblemático, protegido como parque natural desde 2001, que costó un largo proceso proteger y que protagonizó, para evitar su urbanización, la primera gran movilización ecologista de la sociedad pitiusa, en 1977. Esas presiones son como hidras de cien cabezas y se revelan de muy diversas formas. La primera de ellas es evidente si se frecuenta la zona; no hay un sólo día en el que no pueda observarse a algún visitante incumpliendo las normas, saltando las cuerdas y vallas y entrando en los estanques o adentrándose en las dunas, intentando acercarse a los flamencos para hacer alguna foto o paseando a los perros por el camino de es Cavallet (el que discurre entre los estanques y la playa y que ostenta, a ambos lados, inequívocos carteles de que allí no está permitido entrar con animales domésticos). No es raro encontrar nidos de aves expoliados por perros y gatos de los que aún pueden observarse las huellas, como pruebas del delito, en el lugar. 

La bióloga Nuria Valverde, técnica del parque natural, introduce un concepto quizás clave para entender lo que está pasando. “Parece que ses Salines se haya convertido en el parque urbano de la población ibicenca. Y la mayoría de la gente que viene, lo hace con esta filosofía. No entienden que es un espacio protegido porque tiene unos valores excepcionales, únicos, en las Pitiüses”. Es decir, los ciudadanos usan el parque como si fueran de paseo a El Retiro de Madrid, cuando en realidad se trata de un área destinada a proteger el hábitat de animales salvajes y de una diversidad vegetal remarcable. No es el lugar en el que pasear a los perros ni dejar sueltos a los gatos. 

Es por ello también que el elevado número de corrredores y ciclistas, deportistas en general, que frecuentan ses Salines se ha convertido asimismo en un problema. Es, en principio, una cuestión de cantidad, porque la masificación es otro de los conceptos clave. Pero es que, además, también entre los deportistas, incumplir las normas no es una rareza; en la mota de es Camí de sa Llonganissa han tenido que reforzar las medidas para evitar el paso porque los ciclistas se saltaban la prohibición de entrar.   

Este año, en los estanques de ses Salines se ha batido un récord, y es el del mayor número de flamencos contados desde que se realizan recuentos, es decir, desde 1988. El pasado mes de septiembre, la cifra ascendió a 1.015 ejemplares, una cantidad que se explica, en buena medida, por los esfuerzos realizados este año en el recuento y porque el parque vuelve a contar con el trabajo de un naturalista que costó muchos años recuperar. El fin de semana posterior a que la noticia del ‘boom’ de flamencos se publicara en los medios pitiusos, el parque se llenó de gente dispuesta a ver y fotografiar a los habitantes más populares del lugar, de tal forma que la buena noticia se convertía en una maldición para sus verdaderos protagonistas. Por esas fechas, y por introducir un ejemplo, en la zona de la Casa des Motor, en es Codolar, un agente de medio ambiente sorprendió a un hombre que, acompañado de su familia, daba palmas para intentar asustar a los flamencos y que alzaran el vuelo. Explicó que quería hacerles una foto, por supuesto. Espantar a los flamencos para que vuelen no es tampoco un proceder excepcional en el parque, y quienes lo hacen deberían saber que lo que ellos consideran un pequeño abuso inocente puede suponer un grave riesgo para aves muy sensibles a la presencia humana, que pueden llegar a la isla agotadas de su migración y que obligarlas a levantar el vuelo puede implicar un enorme gasto de energía. Los fotógrafos también se han convertido en un problema en este espacio masificado. No sólo por el número, sino sobre todo por el proceder de muchos, porque incluso algunos que se denominan a sí mismos fotógrafos de naturaleza han tenido que ser apercibidos por incumplir las normas del parque, no es raro encontrar montones de colillas –pruebas de una larga espera– en lugares donde se apuestan a esperar a especies como el martín pescador y tampoco lo es sorprenderlos saltando las cuerdas que delimitan algunos espacios. 

TRAMPAS MORTALES

Los flamencos, por otra parte, no sólo deben tener cuidado con la persecución constante de quienes quieren verlos y fotografiarlos, sino también con la cantidad de cables eléctricos que atraviesan el parque y que, según la normativa de la zona protegida, deberían estar soterrados. Año tras año, este asunto se pone sobre la mesa de las administraciones, pero el tiempo va pasando y los flamencos –principalmente, pero también anátidas y otras aves– siguen cayendo. Las electrocuciones en las torres son un problema añadido a la presencia de tendidos eléctricos, pero lo más habitual son las colisiones. Recientemente, se han instalado nuevos apliques (unas tiras negras con una pinza) en el tendido que atraviesa uno de los estanques de sa Sal Rossa, la zona más conflictiva, y que se suman a las espirales que ya hay colocadas en otros tramos. Sin embargo, tales medidas, destinadas a que las aves vean los cables a tiempo, tienen un éxito relativo. Son un parche, no una solución. Cada ave herida o muerta por chocar contra los cables implica la redacción de un acta que los agentes hacen llegar al Servei de Protecció d’Espècies del Govern y que desde allí se manda a las compañías eléctricas para que conozcan la magnitud del problema. En el parque hay flamencos con un ala amputada, que ya no podrán volver a volar, por culpa de estos tendidos. El proyecto de soterramiento de cables, además, algo en lo que se lleva una década trabajando, estaba pendiente de una partida presupuestaria de Madrid que este mismo año se ha perdido por haberse dejado pasar los plazos estipulados del convenio y que se desconoce si podrá renegociarse. 

Los actos de vandalismo, por si este catálogo de agravios no fuera aún suficiente, tampoco son extraordinarios; desaparecen señales, carteles informativos en zonas de paso prohibido o incluso alguno que informaba de la prohibición de fondear. Este mismo año –como ejemplo significativo de hasta dónde puede llegar la fata de sensibilidad con la protección del parque y qué consecuencias puede acarrear– se ha impuesto una multa de 8.000 euros a dos individuos que practicaron esquí acuático en los estanques de ses Salines d’en Marroig, en Formentera, y que colgaron en las redes sociales el vídeo que probaba tal inconsciente proeza.  

Hay que recordar que el parque abarca una zona terrestre y otra marina y que, tal y como señala un agente, al menos sí puede destacarse que se han obtenido importantes avances en la protección de las praderas de posidonia y que la vigilancia de los fondeos está resultando efectiva. Aunque siguen detectándose motos náuticas, totalmente prohibidas en la zona, y este año, a pesar de la disminución de la actividad por la pandemia, se han cursado denuncias contra chárters ilegales que operaban en la playa de ses Salines, una de las que mayor masificación y tráfico de vehículos reúne en las Pitiüses. 

La pandemia, por cierto, ha demostrado que la vida se abre camino y que las cosas pueden ser diferentes si se reduce la presencia humana; el confinamiento de marzo permitió a los chorlitejos recuperar zonas de nidificación en las dunas de es Cavallet. Algo impensable en otras circunstancias, teniendo en cuenta que se trata de una zona constantemente pisoteada y en la que, durante muchos años, los agentes se han visto obligados incluso a ahuyentar a personas que se ocultan para practicar el denominado cruising o cancaneo (sexo ocasional) entre las sabinas. Además, este año, la covid-19 ha permitido a los trabajadores del parque realizar más trabajo de campo (para evitar la oficina) y, en palabras de Nuria Valverde en el espacio ‘Per terra, mar i aire’ del programa Múltiplex de Ib3 ràdio, “se ha hecho más trabajo de información que nunca, a pie de playa, de estanques, en los caminos…Y ahora vamos casa por casa para pedir a la gente que no deje perros ni gatos sueltos. Pero, aún así, tendremos que trabajar en otras maneras de llegar a la población”. Valverde señala que se “necesita la implicación de la ciudadanía, si no, no es posible proteger el parque” y explica que quienes sean testigos de algún incumplimiento de las normas pueden llamar al 112 para que desde allí avisen a los agentes de medio ambiente. 

EL PRECARIO EQUILIBRIO

Del cruising hay que pasar al grave problema que constituyen chiringuitos, restaurantes, bares o beach clubs –sea cual sea su denominación– en este espacio en el que la protección de la tranquilidad de la fauna debería ser una prioridad. Para empezar, habría que revisar las concesiones y, como explica un agente, comparar las licencias de la concesión inicial con aquello en lo que se han transformado algunos de estos locales, originalmente chiringuitos de playa. Por otra parte, esta prohibido tener altavoces con sonido exterior, pero basta cualquier visita a ses Salines en verano para comprobar que la norma se incumple con descaro. Y no es por falta de denuncias. Los tres agentes de medio ambiente que en estos momentos están adscritos al parque visitan con constancia los locales y no son excepcionales las actas por la situación de los altavoces. El caso del beach club de es Codolar o la presencia del DC-10 en el mismo límite del parque son, tal vez, los dos casos más graves y que todos citan al preguntarles por los problemas de ses Salines. Las denuncias se han ido acumulando durante años, sin que el Ayuntamiento de Sant Josep resuelva el problema. Hay que recordar, además, que el parque, con el que también limita el aeropuerto, es un equilibro entre espacio natural protegido y explotación salinera. Y Salinera Española, la empresa explotadora, tampoco se ha librado de las denuncias de los agentes, ya sea por la ampliación de casetas para su alquiler como apartamento o por obras sin licencia en las motas. 

Y, a pesar de todo ello, de la lucha constante de sus trabajadores para conservar el parque, a ellos les gusta destacar que, a veces, lo más importante es lo que se ha podido detener; sobre la mesa han llegado a tener siete solicitudes para construir otras tantas zonas de aparcamiento o una para abrir un negocio de golondrinas con las que pasear a los turistas por la costa. Todo pensado para sacarle un rendimiento económico al parque a costa de masificarlo “aún más”. Por otra parte, tampoco puede olvidarse lo que se perdió por el camino, porque lo hoy protegido es sólo una pequeña parte de lo que pudo ser. La destrucción de Platja d’en Bossa alcanzó los estanques de sa Sal Rossa y ahora existe un hotel con su jardín posterior pegado a un estanque. Y en la cima del puig des Corb Marí permanece en pie una mansión levantada con una licencia ilegalmente concedida y con sentencia de demolición, sin que al Ayuntamiento de Sant Josep parezca importarle demasiado.

Ses Salines tiene mil fotos posibles y, probablemente, las que más ayuden a la conservación sean las que destacan sus carencias y sus males, y no los rosados flamencos en un espejo, porque con el enfoque y la distancia adecuados es fácil ocultar la realidad tras una postal perfecta. Desde la distancia, en una foto desde un avión, con los estanques rosados, verdes y azules en perfecta armonía, podría añadirse, a modo de pie de foto, el texto de una de las más conocidas tiras de Mafalda, aquello de ‘¿sabés por qué es lindo este mundo? Porque es una maqueta. El original es un desastre’. 

Publicado en el dominical de Diario de Ibiza. https://www.diariodeibiza.es/dominical/2020/11/22/ocultan-flamencos/1184934.html

Este año el número de flamencos a superado los mil ejemplares.CAT
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Una flor para poetas de otoño

narcisos fotografiados junto a la torre de sa Sal Rossa.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Sobre largos, finos y pelados tallos verdes se abren las flores de este narciso de otoño, narcís o ninou tardà en catalán y Narcissus obsoletus en su nomenclatura binominal, que florece en los meses de septiembre y octubre. 

El de los narcisos es un mundo complejo, tanto por su enrevesado origen mitológico como por cuestiones de clasificación de especies. “Fingen los poetas que el narciso nació de un mancebo muy necio, el cual se enamoró de su propia sombra y a la fin se convertió en la flor de su mesmo nombre”. Así se explica, citando al botánico Laguna, el origen del nombre en el libro ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’, de Pío Font Quer. Y vale para todos los narcisos conocidos, porque lo cierto es que en el género Narcissus se incluye una buena variedad de plantas, la mayoría de ellas apreciadas en horticultura y con mucha hibridación. Narciso es uno de los mitos más conocidos del mundo, que da nombre también a un trastorno de la personalidad y que explica el origen de la planta. De hecho, según el mito, el propio y bello Narciso se convirtió en planta tras caer, enamorado de su propio reflejo, a las aguas del río. Narciso –reinventado como Dorian Grey por Oscar Wilde en el XIX– se había enamorado de su imagen por la intervención de Némesis, diosa justiciera de la venganza, que lo castigaba así por su crueldad con la ninfa Eco, a la que había rechazado. 

Se convirtió en planta o, al menos, y porque los mitos siempre tienen más de una versión, nació una planta en el lugar en el que Narciso cayó. La historia es hasta aquí muy conocida, pero no lo es tanto que la palabra narciso tiene el mismo origen que vocablos como narcolepsia, narcótico o narco, que no es otro que el ‘narke’ griego, que significa adormecimiento o sopor. Y es por ello que a lo largo de la historia muchos botánicos han hecho referencia a las propiedades sedantes de algunas de las especies de narciso que se conocen, pero lo cierto es que no es una planta en la que destaquen esos efectos narcóticos, y la variedad de los alcaloides de este grupo vegetal es muy grande. Más a menudo, se hace referencia, para explicar el origen del nombre, a su peculiar olor penetrante e inconfundible. En el caso concreto de Narcissus obsoletus, su aroma es dulce pero muy suave. 

El narciso de otoño es una planta silvestre, que crece en bosques y garrigas tanto de Eivissa y Formentera como del resto de las islas, donde destaca en septiembre y octubre por el brillo nacarado y blanco de sus flores. Su aspecto es mucho más sencillo que el que muestran los narcisos de los jardines. En el centro de la flor, que tiene seis tépalos (pétalos sin diferenciar del cáliz)  y rara vez siete u ocho, destaca la corona de color naranja del centro, que contiene los órganos sexuales de la flor. 

Y en cuanto al asunto de su clasificación, esta especie era conocida tradicionalmente en las islas como Narcissus serotinus. Sin embargo, tal y como ya ha incorporado el Herbari Virtual del Mediterrani Occidental, trabajos recientes “reservan este nombre para plantas que tienen la corona de color amarillo pálido y subdividida en seis lóbulos y que crece en la parte occidental de la Península Ibérica, mientras que en las zonas mediterráneas y en Illes Balears, las especie que hay es N. obsoletus, que tiene la corona de color amarillo vivo en las flores maduras y que, además, es continua o subdividida en tres lóbulos”. 

LA CLAVE. DE LA PLANTA AL MITO

Fue la flor (o la planta) la que dio nombre al personaje mitológico de Narciso y no al contrario, ya que, de hecho, el mito intenta explicar el origen de una planta que puede encontrarse cerca de estanques o ríos, pero sí fue el Narciso mitológico el que dio paso al trastorno de la personalidad narcisista. 

De la sección Coses Nostres Ibiza

https://www.diariodeibiza.es/dominical/2020/11/15/poetas-otono-flor/1183382.html

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El detalle geológico y la mariposa al microscopio

Flores de óxido.Cristina Amanda Tur (CAT)

Cristina Amanda Tur.– El certamen de fotografía científica Fotciencia ( de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología y el CSIC) ha seleccionado dos fotos mías para el catálogo de este año y para la exposición que en estos momentos puede contemplarse en el Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra y en la biblioteca científica del CSIC, en Madrid. Lo más especial de tal honor es, para mí, que lo considero parte de mi trabajo de periodista, como dar un paso más en la divulgación de ciencia y naturaleza. Las  fotos se titulan ‘Flores de óxido’ y ‘Descubriendo a las mariposas’. Y, por supuesto, van acompañadas de dos textos explicativos, que son los siguientes:

FLORES DE ÓXIDO

Parecen complejos y hermosos brotes de plantas fosilizadas, pero en realidad son minerales que han recorrido las fisuras de las piedras y se han encontrado con oxígeno, que los ha transformado. Son diminutos cristales minerales. El soporte de estos dibujos son calcarenitas, que se formaron entre veinte y catorce millones de años atrás, en el Mioceno inferior y en el fondo de un mar cálido y cercano a la costa. Las calcarenitas son rocas de granos de arena calcárea fuertemente cohesionados y adquieren su color ocre por efecto de la humedad marina y otros agentes meteorológicos. Y es en esas piedras donde se crean las dendritas, depósitos negros o rojizos de óxidos de manganeso o de hierro, como vetas que atraviesan las rocas y que se revelan en su superficie como dibujos florales, en negro y ocre, el color del óxido. Se forman después de la consolidación de la roca, cuando las soluciones de agua sobresaturadas de manganeso y de hierro circulan por las fisuras de la roca y se precipitan al reaccionar con el oxígeno contenido en el aire o disuelto en el agua cerca de la superficie.

La fotografía se ha realizado en una zona de Eivissa, Punta Galera, donde es fácil encontrar este tipo de rocas calcáreas.

Equipo fotográfico: Nikon D610 con el objetivo macro de Nikon de distancia focal 105. Tiempo de exposición 1/250, F/18

‘Flores de óxido’ es el mismo título que usé para el reportaje sobre las dendritas que publiqué en Diario de Ibiza y que también puedes encontrar en este blog, para entender mejor qué son las dendritas.

DESCUBRIENDO A LAS MARIPOSAS

Las alas de las mariposas son fascinantes a todas las distancias. Pero su peculiar estructura de venas tubulares que sostienen las membranas recubiertas de miles de pequeñas escamas solo puede apreciarse en todo su esplendor con un objetivo de microscopio. Cada una de esas escamas, compuestas de quitina, mide entre 70 y 250 micras y únicamente los lepidópteros las poseen (de hecho, la palabra lepidóptero significa ‘alas de escamas’). En concreto, en la fotografía se muestra la sección de un ala de un ejemplar de la especie Papilio machaon, la mariposa rey o mariposa tigre, con sus característicos colores amarillo, negro, azul y naranja. 

Equipo fotográfico: La foto es en realidad una imagen conseguida con el apilamiento de 100 fotografías, con una Nikon D850 y un objetivo de microscopio, raíl y fuelle para macrofotografía.

Descubriendo a las mariposas.CAT

y el artículo que sobre este certamen ha sacado una compañera en Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2020/11/09/flores-oxido-punta-galera-alas/1181970.html

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La montaña centelleante

Los trabajos de extracción de la sal se realizan de septiembre a noviembre.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

La historia de Eivissa no sería la misma sin la sal. Los beneficios económicos de lo que recurrentemente se ha dado en llamar el oro blanco de la isla fueron, durante siglos, el sustento de los ibicencos. En la actualidad, las Pitiüses siguen necesitando de ses Salines, pero de una forma distinta y, de alguna manera, más sutil, tanto que, a veces, tal sutileza impide ser conscientes de esa necesidad. Hoy, convertida la zona –al menos la que ha podido salvarse de las garras de la especulación urbanística– en parque natural, el frágil ecosistema que proporciona hogar a más de un centenar y medio de aves convive, en una simbiosis compleja, con la extracción de la sal. 

Tal actividad ya no está en manos de los ibicencos, y no lo está, de hecho, desde que, en 1715, la Corona confiscó las salineras y, un siglo y medio después, las vendió a una empresa privada. Tampoco viven ya los ibicencos de la sal, pero su recolección, desde el mes de septiembre y hasta mediados de noviembre, sigue despertando una curiosidad ligada a la memoria histórica de la isla. Y los grandes montones de sal –llamados popularmente montañas– han sido siempre el signo más visible, el hito, de esos meses en los que se realiza la extracción para embarcar el producto hacia Inglaterra o Escocia, para el deshielo de carreteras, o a las islas Feroe, para la salazón de pescado. Dos destinos distintos que también implican levantar a menudo dos montañas de sal distintas; la más oscura, de sal más sucia, es la que se vende para derretir el hielo de las calzadas, y la blanca brillante es la sal destinada a la alimentación. Esas montañas de sal son lo más parecido a una montaña nevada que los ibicencos suelen ver y que algunos habrán visto en su vida, y es probablemente por ello que décadas atrás –cuando los chavales solían jugar por la zona, había menos controles y las montañas no estaban custodiadas por muros y alambres de espino–, algunos se atrevían a deslizarse por ellas en improvisados trineos. Era, desde luego, una diversión sólo para valientes, porque las chapas de madera que se usaban (las primeras pruebas solían ser con cartones) no resbalaban de la misma forma que lo habrían hecho sobre nieve, porque la pendiente de la pista suele ser para profesionales de un nivel E (los esquiadores que bajan pistas negras) y porque, y eso parecía lo realmente importante, los cristales de sal cortan como cuchillas. A decir verdad, si el blanco inmaculado y cegador puede recordar a la nieve y sin duda los chicos que fabricaban burdos trineos establecían esa relación, no es lo mismo, vista de cerca, una montaña de nieve que una de sal. No son iguales los cristales de nieve que los de sal. La gran diferencia es, desde luego, que las piezas de sal extraídas de los estanques, más grandes que canicas, son como figuras geométricas llenas de aristas cortantes. La nieve es bastante mullida, mientras que caer en un montón de sal es como hacerlo en un jergón de cristales rotos. Tal vez por ello, con el escozor de las heridas en la memoria, muchos optaban, finalmente, por deslizar sus cartones o maderas por la más practicable fisonomía de las dunas más altas de la playa de ses Salines, algo que hoy en día tampoco es posible porque la masificación obliga a prohibir el acceso a las áreas dunares. 

La montaña de sal, radiante y peligrosa como las montañas de la locura de Lovecraft, era, a pesar del riesgo, una montaña mágica que había que probar. Era fácil dejarse cegar por su brillo de montaña centelleante. Y era habitual también llevarse a casa algunos trozos de esa sal cristalizada e incluso marcharse chupando alguno como si de un caramelo se tratara. 

Las montañas de sal acumulan toneladas del preciado producto no apto para hipertensos –se producen unas 50.000 al año– y constituyen una pieza muy significativa de este ecosistema seminatural que, a su vez, forma parte tanto de la historia de Eivissa y Formentera como de su intrahistoria y de las pequeñas historias personales que, en definitiva, también pudieron considerarse tradiciones. 

LA CLAVE. LAS ISLAS FEROE

La salazón del bacalao de las Islas Feroe, entre Islandia y Noruega, es, tradicionalmente, uno de los principales destinos de la sal que se produce en los estanques de Eivissa. Y es la sal más limpia que se extrae de ellos la que se destina a este mercado, mientras que, si hay demanda de producto para el deshielo de carreteras tras las nevadas en países como Inglaterra, se levanta una montaña de sal más sucia (y también más barata) para este fin. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

https://www.diariodeibiza.es/dominical/2020/11/08/montana-centelleante/1181752.html

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La gran bombilla del faro de La Mola

La bombilla está expuesta en el farro de La Mola.CAT

@territoriocat -La enorme bombilla de la imagen es la que usaba en los 70 el faro de La Mola. En el año 72, cuando el faro se electrificó, empezó a usar lámparas de filamento trifásicas de 125 voltios y 3000 vatios, que era lo más potente que se usaba en Balears. La súper bombilla, igual que la maqueta del faro y los paneles sobre la relación del lugar con Julio Verne, está expuesta en el propio faro de La Mola, cuya antigua casa ha sido transformada en centro de interpretación y donde podéis aprender este tipo de detalles. Y lo que hay a la derecha de la bombilla es una válvula solar para el encendido y apagado automático. 

la maqueta del faro. CAT
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Pequeño príncipe de las mareas

Rocas con dendropoma cerca de sa Punta de sa Torre, en Sant Josep -La foto es del biólogo Xavier Mas

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Habita en ese lugar en el que las olas mueren, donde el agua viene y va. Es un caracol, un gasterópodo marino, que a diferencia de otras caracolas, se fija al sustrato rocoso y va creando colonias de individuos que nacen y mueren dejando sus conchas espirales como costras en la roca, creando arrecifes, acumulándose a lo largo de los años y de los siglos. Y el hecho de que esos arrecifes se construyan en la zona intermareal convierte a este caracol en un magnífico indicador del nivel medio del mar. Es decir, estos pequeños y gregarios moluscos “son indicadores paleontológicos que pueden mostrar cómo ha evolucionado el nivel del agua en una costa concreta en miles de años”. Así lo explica el biólogo Javier Guallart, que colabora con un equipo que actualmente estudia la distribución en las islas de diez invertebrados marinos en peligro, incluido este caracol de litoral.  

La especie lleva el nombre científico de Dendropoma lebeche. Su escasa popularidad y su nulo interés comercial o pesquero explican que carezca de un nombre común, aunque los expertos proponen normalizar el uso de dendropoma. En catalán ya está citado como vermet mediterrani (es un molusco vermétido) y sus construcciones forman parte de lo que popularmente se conoce como tenassa (internacionalmente denominado trottoir), el conjunto de formaciones del litoral, a menudo de origen biológico, como las que forman algas calcificadas o las conchas de los moluscos sobre las rocas. Como indicadores de las variaciones del nivel de mar, también lo son de su temperatura y del cambio climático.  

Y hay más razones para prestar atención a este organismo de apenas 3mm de diámetro, que forma una pequeña concha espiral y que, a pesar de lo desconocido que hoy sigue siendo, ya fue citado en Eivissa, por primera vez, en el año 1954. La cita es del francés Roger Molinier, que encontró esta especie en Cala Gració. “Tubo sobre tubo acaba formando una estructura rocosa, pero de origen biogénico, que, a diferencia de otros arrecifes, está llena de agujeros, de túneles, lo que es una maravilla para toda una serie de pequeños organismos”, explica Guallart. Es decir, se trata de una especie bioconstructora que crea pequeñas ‘ciudades’, todo un microhábitat, que proporciona ‘vivienda’ a otros animales del litoral, aumentando la diversidad biológica de la zona. “Y son de una complejidad estructural impresionante”. 

Aún hay más. Hay muy pocos moluscos en las listas de animales protegidos, con algún grado de amenaza, y uno de ellos es el dendropoma. Otros dos presentes en Balears son la nacra (Pinna nobilis) y el tritón (el corn o cornet; Charonia lampas). Y esta circunstancia tiene una lectura que la investigadora del Centro Oceanográfico de Baleares del IEO Maite Vázquez suele recordar en las charlas que ofrece sobre este molusco, y es que una especie protegida podría detener, o al menos modificar, un proyecto urbanístico. Imaginemos que quiere ampliarse un puerto, por ejemplo, y en la zona costera que va a encementarse para ello hay una colonia de dendropoma. Tal circunstancia, al menos en teoría, podría ser una alegación válida para variar el proyecto. 

Larva de dendropoma. Javier Guallart

Sin embargo, para ello es necesario saber que allí existe una población de esta especie. Y esa es la cuestión, que se trata de un animal del que apenas se tiene información sobre su distribución y el estado de sus poblaciones. Aquí entra en escena un proyecto del Govern y Seo/Birdlife denominado ARES, destinado a financiar pequeños pero ambiciosos proyectos de conservación y que ha apoyado un trabajo de recogida de información sobre esta pequeña caracola y otros nueve invertebrados marinos en peligro. De momento, se han recogido datos de su presencia en Cala Carbó, Cala Molí, Cala Codolar y s’Estanyol. Este último enclave es una aportación del biólogo Xavier Mas, que afirma que, en realidad, la especie está ampliamente distribuida en las costas ibicencas, por lo que el mapa final de su distribución será amplio. En el caso de dendropoma, el hecho de que se encuentre en primera línea de playa (está citado desde la rompiente hasta los tres metros de profundidad) y su adaptación a la vida sésil deberían facilitar la tarea para completar ese mapa. Estas dos condiciones se suman, sin embargo, a sus debilidades, porque sus colonias se hallan así en la zona más maltratada de las costas, expuestas a la contaminación, a las aguas residuales, a la alteración de su hábitat por el desarrollo urbanístico o la regeneración de playas y al continuo pisoteo y la masificación de bañistas y de recolectores de cebos o conchas. “Su capacidad de dispersión es muy baja y su capacidad de recuperación ante un desastre, ante la destrucción de una colonia, por ejemplo por una marea negra, es extremadamente limitada. En este sentido, son muy delicados. Y les gustan las aguas limpias y el movimiento”, indica Javier Guallart. En definitiva, se trata de lo que los expertos denominan una ‘especie centinela’, indicadora del estado de conservación del ecosistema litoral y de la calidad de las aguas. 

Sus reducidas posibilidades de dispersión, el hecho de que no tenga fase planctónica, determina además que sea un misterio cómo ha llegado esta especie a islotes y lugares aislados como la isla de Alborán, señala Guallart. “La hembra de esta especie incuba los huevos dentro de su propia concha, allí se desarrollan las larvas, que están como en una cápsula, y salen ya desarrollados con forma de caracoles, se desplazan un poco y ya se fijan al sustrato”, añade.

Hay otra circunstancia más que debe destacarse de dendropoma, y es que se trata de un molusco endémico en el Mediterráneo occidental. Lo cierto es que, hace tan sólo una década, estaba descrito como Dendropoma petraeum, una sola especie para todo el Mediterráneo, pero un equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (del CSIC) descubrió que, en realidad, existen diferencias genéticas que permiten hablar de cuatro especies distintas distribuidas en diferentes subcuencas del Mediterráneo. La propia del tramo occidental (costas peninsulares y Balears) ha tomado el nombre, lebeche, del viento llebeig. Estas conclusiones se publicaron hace apenas cuatro años. 

El dendropoma es uno de esos ejemplos en los que la importancia de un organismo no se mide por su tamaño, su fama o su evidente belleza y en los que la investigación se complica por la dificultad de llegar a la opinión pública y a quienes pueden aportar el dinero para su investigación. No es un lince ni un oso panda. No es una tortuga marina ni una ballena. Pero quizás estaba en el planeta antes que algunos de ellos, porque en Canarias se han encontrado fósiles de las bioconstrucciones de dendropomas que se remontan al último periodo interglaciar. 

DESPIECE. PROYECTO ARES

En 2018, el Govern balear y la organización proteccionista SEO/Birdlife pusieron en marcha el proyecto denominado Actuaciones para la Recuperación de Especies Silvestres (ARES) destinado a financiar pequeños proyectos de conservación en las islas y con el que se han pagado, por ejemplo, un programa de recuperación del ferreret en Mallorca y un estudio para el conocimiento y la conservación de flora pitiusa amenazada. En el caso del  plan para invertebrados, en el que participan miembros de Soldecocos y del Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN), se trata de una iniciativa que implica a submarinistas, bañistas y pescadores en la recogida de información sobre la presencia de diez especies en las costas de las islas (dendropoma, cigala o cigarra de mar, bogavante o llamàntol, madrépora mediterránea, coral rojo, gorgonia roja, la nacra, la nacra rugosa, el tritón o corn y el centollo o cranca de Balears).  ARES debía acabar este año, aunque la investigadora Balma Albalat  señala que se espera dar continuidad al trabajo con las especies marinas para que los datos que se obtengan resulten realmente útiles y pueda conocerse la evolución de estos animales en sus áreas de distribución. Toda esa información resulta imprescindible para poder desarrollar planes de conservación. El mail al que puede dirigirse cualquier persona que tenga información sobre la presencia de alguna de estas especies es el del Servei de Protecció d’Espècies del Govern, especies@dgcapea.caib.es. También debe recordarse que en la plataforma de ciencia ciudadana de Observadores del Mar se recogen datos sobre algunas de ellas y vale la pena comunicarles también la información. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

Las cápsulas en las que se desarrollan los caracoles. Javier Guallart
En esta foto se observa ya la forma del caracol.Javier Guallart
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Punto de encuentro en Dalt Vila

sa pujada des Piló a primera hora de la noche.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Es uno de esos elementos de Dalt Vila que, a pesar de encontrarse a plena vista y en lugar opulentamente concurrido, pasa siempre  desapercibido. A fin de cuentas, es el simple remate de un muro en forma de columna y bola de piedra, el pilón que separa el patio de armas de la subida hacia la plaça dels Desamparats (la de la estatua de Isidor Macabich). Y, sin embargo, si en los años 80 y 90 los chavales de Vila convirtieron en punto de encuentro el reloj de s’Alamera (cuando el reloj no tenía aspecto de árbol de hojalata), mucho antes, en tiempos en los que Dalt Vila y su plaza tras el patio de armas podían considerarse céntrico enclave de la vida pública ibicenca, es Piló fue un recurrido lugar de encuentro. 

“En algún otro punto de la ciudad, donde se impone una vuelta, hay esas esferas de piedra. La de la Plaça de Vila recibió las manos de veinte generaciones, casi como reliquia. No suelen, sin embargo, llegarle manos blancas. Pero es lugar de encuentros, saludos y charlas. En él se cruzan los que suben a la ciudad alta con los que bajan de ella. –Els vaig trobar girant es Piló… ¿Cuántas veces hemos dicho esta frase los ibicencos?”. El párrafo está extraído del libro ‘Lo que Ibiza me inspiró’, de Enrique Fajarnés Cardona, todo un recurrido (también) compendio de recuerdos.

De manera algo más enrevesada y jocosa se describía este modesto elemento en un destacado de la edición del 26 de abril de 1980 de Diario de Ibiza titulado ‘Piló magne de Dalt Vila’. “Es Piló, remate del muro que media la Plaza Luis Tur y Palau y la Calle Ignacio Riquer, muñón cilíndrico de piedra gris, término de la zanca de piedra y argamasa que prolonga la muralla de la parte sur del patio de armas, hacia poniente, es piló, o pila, en su parte superior ‘llombrigolat’, centinela mudo de la balconada de la Plaça de Vila, torniquete taciturno de la entrada principal de la vieja Dalt Vila, crujía del ir venir de generaciones, testimonio silencioso de conversaciones afectuosas y discordias, báculo pétreo inmoble, espectador apagado, invidente, de hileras religiosas y formaciones militares, acompañamientos fúnebres, manifestaciones populares, itinerario de grandes personalidades, vecino inseparable del magistrado romano que preside el comercial de la ciudad alta, juguete inmóvil de gente menuda, engrasado del sobar, sin intermisión, mutilado por su duradera misión urbana de tantos años de servicio público”.

La plaza Lluís Tur Palau es, evidentemente, la plaça de Vila, que, justo un año después de este texto, cambiaba de nombre haciendo oficial el que ya se usara popularmente desde hacía muchos años, incluso siglos. Y a tal relación de sustantivos adjetivados podría sumarse la de testigo de un crimen, el de un zapatero conocido como Pepet de sa Jaia. Es otra de las historias que cuenta Fajarnés Cardona en su libro, una historia fragmentada por la subjetividad de la memoria y sin fecha. El tal Pepet era portero del Teatro Serra (conocido en sus inicios, en los años 20, como sa Barraca) y una noche discutió con un joven que, al finalizar la función, lo siguió hasta Dalt Vila. Pepet vivía en la calle Pere Tur y el joven lo siguió hasta la Plaça de Vila, donde le aplastó la cabeza con un mazo de pescador. 

A toda la historia que ya acumula es Piló, añade quien firma el citado destacado de Diario de Ibiza –un tal A. Tur (Fornet)– que ha dado también origen a sobrenombres como Joanet des Piló, Marieta des Piló y sa botiga des Piló. Y ha dado lugar, asimismo, al topónimo de sa pujada des Piló. 

Entre es Piló y el muro del Museo de Arte Contemporáneo de Eivissa que hace esquina con el portal que cierra el patio de armas (la puerta sobre la que descuella una cruz), el Ayuntamiento ha instalado unas enormes y modernas jardineras que rompen por completo la estética renacentista, el encanto de ciudad antigua, de este rincón de Dalt Vila. Y, por ende, malogran prácticamente cualquier fotografía en la que se quiera incluir parte del patio de armas y sa pujada des Piló. Cuestión de detalles.

LA CLAVE. EL CRIMEN DE UN ZAPATERO 

La historia de este crimen la cuenta Enrique Fajarnés Cardona en ‘Lo que Ibiza me inspiró’. Ocurrió cuando, tras una discusión en sa Barraca, un joven siguió al portero del cine mientras este se encaminaba a su residencia en la calle Pere Tur, y, alcanzándolo en la plaça de Vila, le golpeó en la cabez con un mazo de pescador. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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La primavera de invierno en una flor

safrà bord fotografiado en una zona boscosa de Sant Rafel.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Es una flor sorprendente, una flor que surge directamente de la tierra a finales de septiembre y que lo hace en terrenos en los que en ese momento los colores predominantes están en la gama de los marrones y los verdes. Nace en prados y también se encuentra en los bosques, abriéndose paso entre las agujas secas de los pinos, musgos y líquenes. Sus colores, el tono entre rosado y lila de sus pétalos (tépalos es el término más apropiado), así como el amarillo intenso y dorado de sus estambres, no pueden evitar llamar la atención. En algunas zonas, pueden juntarse tantas flores de esta especie que el bosque parece cubrirse con una alfombra. Y cada flor es única, una sola flor para cada planta, y una flor que aún destaca más por el hecho de que parece nacer de la nada, porque las hojas de la planta suelen estar ausentes durante la floración. La flor, de pronto, surge de un bulbo enterrado y da por inaugurada la segunda primavera; en Balears –aunque quizás más en Mallorca–, el inicio del otoño, el final del verano, es conocido como la primavera d’hivern, el momento en el que, tras el parón biológico del verano mediterráneo, algunas especies vegetales e insectos vuelven a ‘despertar’ antes de que llegue el frío más intenso. 

El nombre científico de esta planta es Colchicum filifolium (también Merendera filifolia). Y su relación con las islas ya queda patente en el nombre que antaño se usó para describir la especie; Bulbocodium balearicum. Puede encontrarse en buena parte del Mediterráneo occidental y está presente en todas las islas mayores y en numerosos islotes. 

Es conocida comúnmente como safrà bord (azafrán borde, cástamo o quitameriendas) debido a su similitud con el azafrán. Con el mismo nombre común se conoce asimismo otra planta similar, del mismo género que el verdadero azafrán (Crocus), que también florece en otoño, tras las primeras lluvias potentes (las que activan geófitos como esta planta), pero con los tépalos más anchos y sólo tres estambres. Asimismo, en la Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera puede leerse que en Sant Joan denominan safrà bord al lirio azul y silvestre que en otras zonas de habla catalana llaman cabeçolí (Gynandriris sisyrinchium). 

Y ninguna de las tres plantas, a pesar de su nombre, posee los rojos estigmas que caracterizan al verdadero azafrán y que lo convierten en una preciada especia. En cualquier caso, llama la atención que, con la gran cantidad de plantas con flores amarillas que existen en el planeta, sean precisamente especies con flores lilas o violáceas las que usen como nombre común uno que lleva tal color en su origen; azafrán proviene del árabe zaferán, que significa amarillo y que le es dado, en realidad, porque es el color del que tiñe la especia. 

El safrà bord, que florece desde finales de septiembre hasta diciembre, da vida a una flor que anuncia la primavera d’hivern, pero no es la única, porque comparte hábitat y tiempo de floración con otras llamativas especies como las escilas o los narcisos de otoño. También el romero y el brezo pueden encontrarse en flor en los mismos bosques donde crece el safrà bord. No todas las flores son para la primavera. 

LA CLAVE. GEÓFITO

La palabra clave aquí es geófito, un término que hace referencia a todas esas especies vegetales que durante el verano han permanecido en ‘modo subterráneo’, como bulbos o rizomas, y que parecen renacer con las lluvias que dan paso al otoño. Son especies que llaman la atención precisamente porque es como si aparecieran de repente, cuando muestran sus flores al mundo. Y, en concreto, a los polinizadores. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibizahttps://www.diariodeibiza.es/dominical/2020/10/18/primavera-invierno-flor/1176839.html

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Las espinas del demonio

el tono azul de los ojos identifica esta libélula como Sympetrum fonscolombii.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Su multitud de nombres y sus traducciones a la mayoría de los idiomas del mundo resultan ser palabras especialmente hermosas, tanto como fascinante es el insecto en cuestión. Libélula en castellano, dragonfly en inglés y draco musca en latín (literalmente, la mosca dragón). En las islas, aunque también se usa la adaptación libèl.lula, la nomenclatura popular es variada; algunas formas son muy conocidas, como la de helicòpter, agulla o agulleta, mientras que otras, como tallanassos, tallaxerrics o cavall de serp, son más raras y parecen circunscritas a zonas muy concretas del territorio. Hay que añadir que a las libélulas también se las denomina cavallets del diable, quizás por extensión, por que lo cierto es que los caballitos del diablo son, en realidad, otros odonatos, muy similares pero que, al posarse, lo hacen con las alas juntas. En definitiva, caballitos del diablo y libélulas serían dos subordenes distintos de odonatos (zigópteros y  anisópteros), pero las fronteras entre los nombres populares se desdibujan y los dos, tanto libélula como caballito del diablo, se usan a menudo en sentido amplio para designar a todos los odonatos.                                                       

Y de todos los nombres que podemos encontrar, quizás el más sorprendente sea el que mayoritariamente se usa en el conjunto de las áreas de habla catalana, espiadimonis, que significa que espía a los demonios o tal vez que es un demonio que espía, un curioso nombre que podría derivar de sus grandes ojos (etimólogicamente, espiar significa estar atento o no perder algo de vista) y de que él mismo parece un demonio, un pequeño genio (daimónion en griego). Pero hay otra posibilidad, la que da forma a la hipótesis de que se trate de la reducción a una palabra de la expresión espiga de dimoni o espina de dimoni. En cualquier caso, sus nombres son muchos y a menudo muestran la fascinación –a veces el temor– que este insecto ha despertado a lo largo de las tiempos. 

Tras la disertación nominal, lo más sobresaliente que hay que decir de las libélulas es que, desde finales de agosto, pero sobre todo en los meses de septiembre y octubre, incluso ya entrado noviembre, los campos de las islas se llenan de ellas, como una invasión de pequeños helicópteros brillantes. Los márgenes de los estanques de ses Salines y las charcas, o los canales de ses Feixes y los safareigs de es Broll de Buscastell y el río de Santa Eulària, se llenan de mosquitos y pequeñas moscas. Y, tras ellos, vuelan las libélulas, efectivas controladoras de plagas. Y una de las especies más comunes, tal vez la más abundante, es la denominada libélula dardo o dardo de venas rojas (Sympetrum fonscolombii), una especie con un claro dimorfismo sexual (el macho es de un rojo intenso y la hembra muestra un color amarillento o verde). A decir verdad, en la islas pueden observarse dos especies de este mismo género, muy similares, pero se desconoce si crían en Eivissa o si todas las que pueden verse son ejemplares en migración. 

Según explica el naturalista mallorquín Xavi Canyelles, que espera realizar (el próximo año) un trabajo sobre las libélulas pitiusas, el de lo odonatos es un grupo de insectos del que aún falta mucha información. Poco se sabe de sus poblaciones isleñas, aunque en Eivissa y Formentera hay citadas al menos diez especies. Sólo tres de ellas se sabe con seguridad que críen en territorio pitiuso (dos del género Orthetrum y Crocothemis erythraea); del resto se desconoce si existen poblaciones locales, lo que sólo podrá averiguarse controlando las charcas y aguas estancadas en las que puedan poner sus huevos. 

LA CLAVE. LA DUALIDAD

El aspecto bello y al mismo tiempo feroz de estos insectos, con sus grandes ojos con punto negro y las potentes mandíbulas de gran depredador que explican nombres como tallaxerrics (odonato significa mandíbulas dentadas), ha provocado sentimientos contradictorios a lo largo de la historia. La asociación con el diablo ha sido frecuente y, al mismo tiempo, las libélulas han sido mensajeras de buena fortuna y símbolo de la victoria, especialmente para los samuráis. Y es difícil no recordarlas ligadas al modernismo, que las utilizó ampliamente en sus diseños. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibizahttps://www.diariodeibiza.es/dominical/2020/10/11/clave/1175303.html

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