El resplandor del gigante de hidrógeno

Júpiter reflejado en el agua frente a es Frares de Cap Martinet.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

“El rey de los planetas, Júpiter, es el más grande del Sistema Solar y está acompañado de cuatro grandes lunas, visibles incluso con prismáticos, que son también como planetas en sí mismas. Es un gigante de gas, donde nadie podría aterrizar, y al telescopio se caracteriza por sus franjas horizontales y la Gran Mancha Roja, con forma de ojo, que hay junto a una de estas franjas”. Así se describe este planeta gaseoso en el libro ‘Estels d’Eivissa. Noms popular d’estrelles, planetes i constel.lacions a les illes Pitiüses’ editado por la Agrupació Astronòmica d’Eivissa (AAE). En él se explica asimismo que, en Eivissa, el quinto planeta de nuestro sistema era denominado Gandul, “es decir, hombre a quien no le agrada hacer ningún tipo de faena”. Quien ofreció este dato a la AAE no aclaró el motivo de tal nombre, pero en el libro se añade que, en Terres de l’Ebre, a Júpiter se lo conocía como Dropo o Dròpol, un vocablo con el que coloquialmente también se hace referencia a un hombre vago. Y una explicación posible, investigada en el trabajo ‘Notes i lectures d’astronomia popular’, de Albert Aragonés Salvat, es que los lugareños consideran que, “por razón de su magnitud, habría de ser de movimientos más rápidos y avanzar más de prisa por el cielo; y, por una asociación de ideas, creen que eso influye sobre las cosechas, que devienen tardías y escasas el año que campea por la órbita celeste la noche de Sant Joan”.

Y es que Júpiter no se deja ver todo el año y es protagonista estos días del cielo nocturno pitiuso porque ya puede verse, nada más anochecer, levantándose sobre el horizonte como una gran bola de luz, que se refleja en el mar al igual que los destellos de un faro y a pesar de encontrarse a más de 600 millones de kilómetros de la Tierra, más allá de Marte y del cinturón de asteroides. Desde el este y desplazándose hacia el sur, va ascendiendo en el cielo, más rápido de lo que podría indicar su nombre popular, hasta que ya no se refleja en el agua pero sigue siendo una gran bola luminosa incrustada dentro de la Vía Láctea, que sube con él hasta quedarse vertical sobre la línea del horizonte. En realidad, es el desplazamiento de la Tierra el que confiere el movimiento a la bóveda celeste, por supuesto, pero desde el punto de vista de alguien detenido sobre un acantilado, es evidente que Júpiter se aleja del horizonte y del este, al igual que lo hacen el resto de los objetos que pueblan ese cielo una noche cualquiera. El brillo de Júpiter es tan espectacular durante el mes de junio que turistas que residen en verano en Cap Martinet han llegado a llamar a la agrupacion astronómica desconcertados por la luz, extremadamente intensa, que veían elevarse sobre el mar. No en vano, el nombre de Júpiter, dios principal de la mitología clásica romana, deriva de las raíces dyu, que significa luz, y piter, el pater del latín. Eso sí, aunque ahora Júpiter mantiene su protagonismo, no brilla tanto como lo hace el planeta Venus, que ha recibido distintos nombres populares en función de si se deja ver por la mañana o si es visible al anochecer. Así recibe nombres como Estel de s’alba, Estel des solpost, Estel des Pastors o en Gruasopes, uno de los nombres tradicionales astronómicos más conocidos y que hace referencia a que el planeta ‘merodea’ por el cielo cuando los pastores preparan su cena. Venus también puede verse reflejado en el mar de la Tierra. 

Hacia el día 7 de junio, además, Júpiter se sitúa ya en su punto más cercano a nuestro planeta, alcanzando por estas fechas tanto su mayor brillantez como su perigeo (el punto de la órbita de menor distancia). El día 10, concretamente, tiene lugar lo que se denomina la oposición de Júpiter, lo que ocurre aproximadamente cada 400 días y que significa que este planeta, la Tierra y el Sol se sitúan en línea recta y, por tanto, es una de las posiciones más cercanas a nuestro planeta, aunque no necesariamente la más próxima. Y es también el momento en el que Júpiter brilla más, ya que no tiene luz propia sino que refleja la del sol. A partir de entonces, Júpiter se irá alejando y a finales de junio ya se notará que su tamaño y su brillo se han reducido, aunque se podrá observar aún en buenas condiciones hasta los meses de septiembre u octubre. 

Ahora, por tanto, es el mejor momento para observar al gran planeta de hidrógeno y helio. El mejor para verlo, a simple vista, como si fuera una inmensa estrella sobre el mar o para coger unos prismáticos y observar cuatro de sus lunas, los denominados satélites galileanos (fue Galileo quien los descubrió en 1610). En realidad, se han descubierto ya hasta 79 satélites del planeta, pero los más grandes y más conocidos son Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. Con cualquier telescopio también es una buena ocasión para contemplar una de sus características más conocidas, su Gran Mancha Roja. 

LA CLAVE. LA TORMENTA ETERNA.– La Gran Mancha Roja que se observa en una de las franjas del planeta Júpiter puede observarse mejor este mes de junio con cualquier telescopio. Esta mancha, que va variando en tonos desde el naranja hasta el rojo intenso, es más grande que la Tierra y es en realidad un vórtice anticiclónico, una enorme tormenta que podría llevar más de tres siglos activa y en cuya periferia se registran vientos de 400 kilómetros por hora. Una de las preguntas sobre Júpiter que se formulan actualmente los astrónomos es cuándo se detendrá este gran tornado.

Publicado en la sección Coses Nostres del dominical de Diario de Ibiza: https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/06/09/resplandor-gigante-hidrogeno/1072212.html


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Las Malvinas versus es Malvins

Es Malvins desde el avión arribando al aeropuerto

es Malvins desde el avión arribando al aeropuerto. CAT

@territoriocat.– No son lo mismo las Malvinas que es Malvins. Las primeras están en el Atlántico Sur y se las disputaron Argentina y Reino Unido en los 80. La primera ministra británica, Margaret Thatcher, escribió en su biografía, ‘Los años de Downing Street’, que nada permanecía tan vivo en su memoria “que las once semanas de la primavera de 1982 en las que Gran Bretaña hizo y ganó la guerra de las Malvinas”. Aunque ella, como buena inglesa, las llamaba islas Falkland. Es Malvins, en cambio, a pesar de que también tienen cierto valor estratégico, no han sido el epicentro de contienda alguna, si no se considera como tal la que, en 1660, acabó con un vicario y sus oficiales desterrados en uno de estos islotes por la gracia del gobernador. Es Malvins ibicencos se encuentran en la entrada al puerto, a poco menos de una milla y media del faro de Botafoc. Y, desde la ampliación del área protegida del año 2015, forman parte, como los cercanos s’Esponja y es Daus, de la reserva marina de es Freus. 

Lo cierto es que la similitud del nombre ha llevado en no pocas ocasiones a relacionar los dos grupos de islotes. Al cumplirse un año de la guerra de las Malvinas, la delegacion balear de Radio Nacional de España realizó incluso un reportaje sobre es Malvins ibicencos para recordar la guerra al sur del Atlántico. Y si tal empalme resulta asombroso, tal vez lo sea aún más la teoría de un filólogo catalán que ha llegado a asegurar que el origen del nombre de las Malvinas se encuentra en los islotes ibicencos, a los que se habría rendido homenaje al bautizar las islas frente a las costas argentinas cuando las descubriera alguna de las naves de la expedición de Magallanes, en cuya tripulación habría catalanes que conocerían el antiguo topónimo pitiuso. En realidad, la mayoría de los expertos consideran que las Islas Malvinas derivan del francés Malouines (denominación que le asignaron navegantes franceses que partían del puerto de Saint-Malo) y no relacionan los dos conjuntos de islotes separados por un océano ni por casualidad. El nombre de es Malvins, por su parte, parece ser muy antiguo, y la palabra malví significa malva, una planta abundante en el área mediterránea presente en el litoral y relacionada con ambientes ornitocoprófilos, es decir, que prospera donde existen gran cantidad de excrementos de aves marinas. 

Es Malvins ibicencos son cuatro islotes, o dos islas y dos simples escollos, propiedad del Ministerio de Medio Ambiente. Las dos islas son es Malví Petit, Malví Pla o Malví Nord, de nueve metros de altura, y es Malví Gros, Redó o Sud, que alcanza 16 metros. En medio de las dos se encuentran las rocas de ses Xelles, sa Grossa y sa Petita. Son cuatro pequeños y modestos islotes, pero entre ellos y es Daus, al este, se registra un tráfico marítimo que muchos señalan como el más intenso del Mediterráneo durante los meses de verano y, sobre todo, atesora una gran biodiversidad. En las dos islas mayores abundan plantas como el alfals arbori (Medicago citrina), que también crece en ses Bledes pero que tiene tan reducida área de distribución que está clasificada como vulnerable, y las aves marinas representan uno de los capítulos más destacados de su lista de valores; si en las Malvinas destacan los pingüinos, en los más discretos peñascos ibicencos crían aves como el paio (Hidrobates pelagicus) o la baldritja (Calonectris diomedea). Los dos islotes mayores también cuentan con sus propias poblaciones de lagartija pitiusa y, a su alrededor, el hábitat de las praderas de posidonia y profundides de 30 metros han convertido estas rocas en reconocidos puntos de inmersion para submarinistas, igual que lo son las cercanas s’Esponja y es Daus.

En los últimos años, dos grandes amenazas han puesto en riesgo este discreto pero valioso paraje. El primero fue el hundimiento del buque ‘Don Pedro’ en la seca baix es Daus, el 11 de julio de 2007, y la posibilidad de que se produjera una marea negra por la perdida del combustible de la embarcación siniestrada; el día después de la catástrofe, la aparición de un cormorán alquitranado en es Malvins, además de diversas manchas en pollos y gaviotas, se convirtió en la primera señal de que el vertido estaba afectando a la fauna de la zona. Días después se hallarían algunos cormoranes y gaviotas muertos. Más recientemente, la celebración del Grand Prix (algo así como la Fórmula 1 del mar) en aguas de Platja d’en Bossa, en septiembre de 2014, supuso otro desafío para las aves de los islotes, en una época que, según recordó el Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN), estaban completando su periodo reproductor. Los pollos de paios o paíños estaban realizando sus primeros vuelos con la contaminación lumínica y sonora en contra y los de baldritges, aún en el nido, corrían el peligro de ser abandonados porque los adultos no regresaran debido al ruido y la constante presencia de lanchas. 

Es Malvins es un pequeño refugio de aves en el centro de una marabunta de luces y barcos, donde el intenso tráfico marítimo conlleva que, al menos por estadística, de vez en cuando se conviertan en el escenario de algún accidente. En marzo de 1982, el buque ‘Cala Portals’, de Naviera Mallorquina, chocó allí contra la seca de es Malvins cuando acababa de zarpar hacia Valencia y sólo tuvo tiempo de volver atrás para hundirse en el puerto de Vila. A finales de junio de 1983, un yate inglés se incendió y se hundió entre s’illa de ses Rates y es Malvins y en junio de 2008, un día de lluvia, un taxi náutico se hundió asimismo al chocar contra es Malví Pla. Hubo tres heridos. Otro ejemplo más es el de los dos hombres que en diciembre de 2006 fueron rescatados de es Malví Redó tras hundirse su catamarán. Es Malvins no son las Malvinas, pero también tienen su historia.  

LA CLAVE. EL DESTIERRO DEL VICARIO.– En 1660, el Gobernador de Eivissa, Jacinto Ferrán, desterró a es Malvins al vicario y canónigo de Tarragona, Pedro Roselló, y a sus oficiales. Un destierrro que al parecer duró cuestión de días pero que ponía de manifiesto que el hasta entonces poderoso poder eclesiástico estaba siendo desplazado por el poder real, encarnado en el gobernador. El episodio puede leerse en ‘Ibiza y Formentera en la Corona de Aragón’, de Bartolomé Escandell Bonet, aunque sin más datos, por lo que la única conclusión que parece extraerse es que el motivo fue que los dos representantes de tan altos poderes estaban calibrando su autoridad. 

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Los duendes grises del bosque

curruca cabecinegra fotografiada en sa Sal Rossa

curruca cabecinegra en sa Sal Rossa.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Las currucas tienen todas un canto especial. Y lo manifiestan desde el mes de mayo, al iniciarse la época de cría, cuando los bosques y garrigas de las islas se llenan de las estrofas cortas y rápidas, de notas ásperas, de la abundante curruca cabecinegra, con su característico reclamo repetitivo. Pero además de oírse, las currucas también se dejan ver en esta época y muestran su plumaje de tonos grises, sobre todo la variedad balear, cuyos machos, ya a finales de invierno y al iniciarse la primavera, ascienden a la ramas más altas de la vegetación para cantar. Así lo explica Manolo Suárez, coordinador de ornitología del Grup d’Ornitologia Balear (GOB). “El resto del año pasan muy desapercibidos dentro de las matas y matojos donde viven, sin apenas emitir ningún sonido”, añade. De silenciosos y discretos habitantes del bosque pasan a ser hiperactivos y pequeños duendes cantarines saltando de rama en rama en cuanto la temperatura se vuelve primaveral. Subiendo más alto para que las hembras oigan su canto desde más lejos. “Es una especie sedentaria, muy pequeña, que vive habitualmente en matorrales bajos y secos, a veces en pinares y sabinares ralos. Evita los bosques maduros, vegetación tupida y cultivos. Podríamos decir que vive en lugares donde las condiciones son difíciles para otras especies”, añade el ornitólogo. En estas condiciones, los bosques despejados, de vegetación baja, de una parte importante del parque de ses Salines son un buen hábitat para la especie y son, de hecho, una zona oportuna donde observarla. La curruca balear es conocida en Eivissa como enganyapastors coallarga y en Formentera también la llaman ganyet, mientras que en Mallorca recibe el nombre de busqueret coallarg. En Menorca, curiosamente, esta pequeña ave de color gris pizarra no existe. Machos y hembras se parecen mucho, pero los tonos de los primeros son más intensos, de un gris más azulado, y tienen un anillo ocular rojo y el pico claramente naranja. Es una de las especies más buscadas por los birdwatchers extranjeros que visitan el archipiélago, asegura Suárez. 

A pesar de la rareza de que en Menorca no exista esta especie concreta, el género de aves del que forma parte es representativo de Balears, y prueba de ello es el hecho de que la revista de divulgación naturalística del Grup d’Ornitologia Balear lleva por título, precisamente, ‘Es Busqueret’. La especie balear es el único endemismo paseriforme del archipiélago, donde sólo se reconocen dos aves endémicas, este enganyapastors coallarga y el virot, la pardela balear (Puffinus mauretanicus), aunque sólo la segunda, un ave marina, está clasificada como especie en peligro de extinción. El nombre científico de esta curruca es Sylvia balearica y antes de ser reconocida como especie propia de las islas era considerada una subespecie de la curruca sarda. De hecho, y como suele pasar en este tipo de cuestiones taxonómicas, algunos expertos siguen sin estimar que la diferencias sean suficientes para describir una nueva especie.

curruca balear fotografiada en las inmediaciones de sa Torre de ses Portes

curruca balear fotografiada cerca de sa torre de ses Portes.CAT

La curruca más abundante es la cabecinegra, busqueret o enganyapastor de cap negre  (S. melanocephala), inconfundible por la cabeza azabache del macho, que es gris en la hembra, la cual, asimismo, muestra un plumaje más marrón. Aunque, “como buen busqueret”, la curruca cabecinegra también se oculta en la vegetación, es más fácil observar uno de sus ejemplares que una curruca balear, ya que ocupa un número más amplio de hábitats; no es raro verla, y escuchar su canto, incluso en los jardines. 

“El abandono de los cultivos y los incendios forestales pueden favorecer a estas dos especies”, comenta el ornitólogo del GOB, “por su capacidad de vivir en lugares con poca vegetación, al menos mientras se va regenerando”. Y aunque son las más comunes y las más célebres, no son las dos únicas currucas que existen en las islas. Manolo Suárez destaca la presencia de otros diez pájaros, aunque tres de ellos no están citados en las Pitiüses. Destaca, en primer lugar, el busqueret de capell (S. atricapilla), reproductor abundante en Mallorca y Menorca pero raro en Eivissa, aunque también nidifica en esta isla. Hay especies que pueden verse en todas las islas durante su migración, que sólo están de paso, como S. borin y S. cantillans, y otras extremadamente raras pero que en alguna ocasión han sido citadas, como S. curruca, S. hortensis, S. nisoria y S. ruppeli. En Mallorca y Menorca también crían S. subalpina, S, conspicillata y S. undata.  

Las currucas son aves del bosque, como bien indica el nombre del género, Sylvia, procedente del latín y que significa natural de los bosques o incluso reina de la naturaleza. Como bien han visto los mallorquines llamándolos popularmente busquerets. No son los únicos pájaros grises que pueden encontrarse en su hábitat, pero las plumas de los enganyapastors parecen mostrar todas las tonalidades existentes entre el blanco y el negro, entre la máxima luminosidad del macho que sube a cantar a las ramas más altas y la mínima de aquel que se oculta entre la vegetación para pasar desapercibido. 

LA CLAVE. ESPECIES INSECTÍVORAS.– Si bien el abandono de los cultivos y los incendios forestales, que dejan áreas de bosque despejado, puede beneficiar a las currucas balear y cabecinegra, otras consecuencias de la actividad humana son mucho más pejudiciales. Estas aves paseriformes son especies insectívoras, lo que significa que dependen de las poblaciones de insectos de su zona para prosperar, por lo que, en una reacción en cadena biológica, grupos de pájaros como estos pueden verse afectados seriamente por la crisis mundial de los insectos, la desaparición masiva de la que han alertado expertos y organismos de todo el mundo y que se produce por factores como el uso de pesticidas, la contaminación y la pérdida de hábitats. 

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La órbita de Cala Llentia

_DSC3123_00001Cristina Amanda Tur @territoriocat

Entre Cala Corral, al sur, y Cala Codolar, al norte, se abre en la tierra la herida de Cala Llentia, una estrecha entrada de mar bajo un acantilado que oculta un grandioso cementerio del Cretácico inferior. Millones de protozoos marinos acabaron allí sus días y hoy sus conchas, sus esqueletos, forman parte de la composición de las rocas y de las paredes arcillosas de los inestables acantilados que protegen la cala. De hecho, la propia playa debe su nombre a los fósiles que la integran, porque llentia no significa más que lenteja y ese es el nombre popular que se usa para designar a la familia de foraminíferos que allí fueron a morir allá por la época en la que aparecían las primeras plantas monocotiledóneas y aún existían dinosaurios, algunos de ellos evolucionando ya hacia las aves. Estos fósiles con forma de lenteja son orbitolinas, integrantes de un orden, el de los foraminíferos, que es afín a las amebas y del que muchos representantes siguen en la actualidad habitando los fondos marinos y formando parte, con los depósitos de sus conchas calcáreas, de las playas. Se encuentran fosiles de foraminíferos incluso de 500 millones de años atrás, pero las orbitolinas caracterizan el periodo Cretácico y colonizaron los mares al mismo tiempo que lo hicieron los equinodermos (básicamente erizos de mar) y cuando llegaba a su fin el reinado marino de los abundantes, prolíficos y conocidos ammonites. 

El geólogo Luis Alberto Tostón señala que estos restos “serían algo así como los dinosaurios de los fósiles de seres vivos de una célula, porque fijaos la concha tan enorme que fabrican”. Efectivamente, y aunque su tamaño de lenteja parezca poca cosa, la comparación sólo puede ser válida con otros seres unicelulares, y los 30 milímetros de diámetro que tienen las conchas circulares de estos foraminíferos resultan ser un gran tamaño. La explicación es que la concha que construían para protegerse era mucho más grande que ellos. Y, aún así, los ejemplares que pueden observarse incrustados en las rocas de Cala Llentia suelen ser de apenas medio centímetro y rara vez alcanzan uno. A pesar de que en algunas enciclopedias se señala que pueden llegar a los tres centímetros. 

una de las rocas de Cala Llentia, repleta de fósiles

una de las rocas de Cala Llenita, repleta de fósiles.CAT

En Eivissa, estos protozoos son propios de las rocas calcáreas del periodo Aptiano o Aptiense, de unos 125 millones de años atrás, millón más o menos, con características generales de lo que los geólogos llaman urgoniano, que viene a ser la forma informal pero muy recurrida con la que estos expertos se refieren fundamentalmente al Aptiano cuando está formado por un conjunto carbonatado muy fosilífero de orbitolinas y unos moluscos bivalvos también extintos conocidos como rudistas. “Las orbitolinas eran bentónicas y su presencia marca muy bien las condiciones ecológicas de su formación, ya que vivian en unas profundidades muy precisas. En Eivissa estan presentes, y caracterizan junto con otros fósiles como los rudistas, las rocas  calcáreas y margosas del Aptiense, llamadas facies urgonianas, solamente presentes en la unidad tectónica de Aubarca”, explica el geólogo.

El descenso por tierra, por el acantilado de arcillas amarillas, hasta la playa de cantos rodados que es Cala Llentia no es fácil, por lo que no es un enclave muy frecuentado ni muy conocido. La estrecha cala facilita que queden encallados en ella ramas, plásticos y trozos de fibra de vidrio, restos de naufragios arrastrados por las corrientes. Y en su zona norte se observan los pedazos de una caseta de madera. Desde arriba, desde el llano, se contempla al suroeste es Vedrà y al noroeste s’Espartar. Y durante algunos meses, cuando llega la primavera, puede verse la gran bola de fuego del sol ocultándose justo detrás del centro del segundo islote. En la plana de Cala Llentia se encuentran dos curiosas obras que fueron levantadas por el propietario de la mansión cercana, las Puertas de Cala Llentia y la escultura Time and space de Andrew Rodgers, que levantaron polémica por la zona costera en la que se ubican y por las que el Ayuntamiento de Sant Josep abrió un expediente. Estas dos obras parecen mucho más conocidas y visitadas que la estrecha cala y sus peculiaridades fosilíferas. 

Las orbitolinas (que aparecen citadas como orbitulinas incluso en textos científicos) no son exclusivas de Cala Llentia, sino que son también abundantes en otras áreas de la costa oeste pitiusa. Son características de acantilados de es Amunts y fáciles de identificar en rocas de sa Ferradura, de Cala d’en Sardina, ses Fontanelles o es Portitxol. También aparecen en islotes como sa Conillera y s’Espartar. Y, según la información aportada por Luis Alberto Tostón, las especies más frecuentes en Eivissa de esta clase de foraminíferos son Orbitolitolinopsis subkilliani, O. aquitanica, Orbitolina texana parva y Palorbitolina lenticularis.

Cala Molí y Cala Llentia, más al sur de es Amunts pero igualmente al oeste, suelen ser los dos nombres que más se citan cuando se trata de hablar de estas lentejas unicelulares, unos animales que se consideran gigantes a pesar de que a menudo no llegan al centímetro de diámetro y que iban construyendo alrededor del cuerpo su enorme concha, con microscópicos agujeros para dejar salir los tentáculos (unos finos pseudópodos). Hasta formar ese círculo ligeramente cónico que, observado de cerca, dibuja una elipsis y recuerda a un pequeño microuniverso en órbita alrededor de una estrella central. Una sorprendente forma de vida creada alrededor de una sola célula que dejó un bonito cadáver. Millones de ellos. Millones de lentejas del Cretácico inferior.

LA CLAVE. FOSILES GUÍA La rápida evolución, su abundancia y su distribución mundial han convertido a los conocidos ammonites, que dominaron los mares durante más de cien millones de años y casi desaparecieron con el impacto del mismo meteorito que los dinosaurios, en fantásticos fosiles guía. Eso significa que son fósiles que permiten datar, con bastante precisión, el estrato en el que se encuentran; por las distintas especies de ammonites incrustados en las rocas se han identificado muchas zonas del litoral pitiuso. Cuando finalizó la era de los ammonites, las pequeñas orbitolinas se convirtieron en uno de los animales más abundantes del planeta y son los fósiles guía de su era. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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Muerte entre las flores

los expertos se percataron primero de la muerte en masa de polinizadores como las abejas

Los expertos se percataron primero de la desaparición en masa de polarizadores como las abejas y otros himenópteros.CAT

Cristina Amanda Tur (CAT).– El apocalipsis llega cargado de cifras. Un análisis científico global presentado este año por la Universidad de Sydney y que recoge datos de muchas investigaciones realizadas en los últimos años a lo largo de los meridianos y a lo ancho de los paralelos del planeta señala que las poblaciones de más del 40 por ciento de las especies de insectos se está reduciendo y que una tercera parte de ellas está en peligro de extinción. Cada año se pierde una masa del 2,5 por ciento del total de insectos. No hay estudios en todos los países, pero los datos se suceden sin tregua y la crisis de los insectos se presenta repleta de números que a menudo uno puede preguntarse de dónde salen. Muchos de estos informes globales deberían empezar por alimentarse de cifras locales y lo cierto es que, al menos en Balears, faltan estudios para poder poner cifras al desastre. Lo cual no significa que el desastre no sea evidente. Expertos en entomología como los profesores de la UIB Miguel Ángel Miranda y Guillem X. Pons aseguran que el problema les preocupa y que la sensación de que vemos menos insectos volando sobre campos y bosques es más que una sensación, pero a ella hay que ponerle datos. “Se nota. Hay menos biodiversidad en zonas de cultivo, mientras que en zonas de pastos ecológicos la situación cambia radicalmente”, señala Pons. Y Miranda, que afirma que la disminución de especies de insectos es “innegable”, incide en la necesidad de contar con “estudios rigurosos” para poder evaluar el problema. “Tenemos una serie de estudios a nivel global que aprovechan datos de otras investigaciones y realizan una serie de análisis con modelos estadísticos, y con ello marcan una tendencia”, explica este profesor de zoología, que califica todos esos datos como “una aproximación” a la realidad.  

En el caso particular de Balears, Miranda explica que ni siquiera existe un catálogo de artrópodos (insectos, arácnidos, crustáceos y miriápodos) de las islas. La conselleria de Medio Ambiente trabaja en un Bioatlas que se va actualizando, es cierto, pero hacen falta más estudios con los que rellenarlo. Y las causas de esta falta de información pueden resumirse en la escasa promoción de la investigación científica en este sector por parte de las instituciones y en el hecho de que se trata de un grupo difícil de estudiar y que llama poco la atención de los alumnos de las carreras relacionadas con la materia. “Te encuentras alumnos que quizás quieren estudiar Biología y se quieren dedicar a los primates o a los cetáceos. Cuando les recuerdas que hay un grupo de animales que se llaman insectos, éstos no les parecen muy interesantes, no son tan populares”, explica Miranda. Y si a nivel balear, la situación es de oscuridad informativa, en Eivissa y Formentera la carencia es aún más aguda. Sin universidades ni organismos que puedan promover y respaldar investigaciones científicas en el campo de la entomología, los estudios con un seguimiento de las poblaciones son una auténtica rareza. El biólogo Joan Carles Palerm, presidente del Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN), suele insistir en estas lagunas. “En las Pitiüses, como siempre, no tenemos programas de seguimiento ni trabajo de investigación de base y no podemos saber cuál es la situación y si es similar a otros lugares del mundo. El hecho de ser islas a veces hace que, para bien o para mal, la situación no siempre sea la misma”. Y una forma de intentar solucionarlo, según también suele explicar Palerm, sería que instituciones como los dos consells promovieran la investigación con líneas de subvenciones destinadas a tal fin. Con algo similar a “pequeñas becas”, que no precisan grandes dispendios por parte de la administración, tal vez biólogos y otros investigadores se animarían a realizar trabajos dentro del campo de los artrópodos que pudieran aportar datos a este panorama de oscuridad. “Ésta podría ser una buena ocasión para que realmente demos a este grupo de organismos la importancia que tiene, porque es la base de todo”, añade Miguel Ángel Miranda. Si el pequeño cosmos de los insectos colapsa, colapsa el planeta. Reacción en cadena.

la pérdida de humedales en las islas pone en peligro a libélulas y otros odonatos

la pérdida de humedales en las islas pone en riesgo a libélulas y otros odonatos.CAT

Lo cierto, y sin que suponga consuelo alguno, es que la situación de Balears no es una excepción, porque ya los entomólogos que comenzaron a notar la desaparición de comunidades de insectos, en lugares como Alemania, lamentaron la escasa información que existía del pasado para ayudar a entender el presente. Los programas de monitoreo son complicadas inversiones a largo plazo y otorgan pocos réditos a corto plazo (no seduce igual descubrir un endemismo que anunciar un proyecto de tres años para estudiar la comunidad de escarabajos de ses Salines). Además, alguien tiene que pagar estos programas y los fondos de universidades e instituciones suelen tener un plazo muy corto. Recuerda Palerm que en Eivissa sólo había un trabajo de seguimiento de poblaciones de insectos que podría haber ayudado ahora a conocer el problema de la desaparición de especies, pero se canceló después de los recortes que se produjeron en el Ibanat (Institut Balear de la Natura) y Espais de Natura Balear y por los que se despidió al naturalista que se encargaba de mantener actualizados los datos. Se trata del seguimiento de mariposas diurnas que se realizaba en ses Salines dentro del proyecto europeo Butterfly Monitoring Scheme. Con él se describieron 18 especies entre los años 2005 y 2012, cuando estuvo activa la estación 74, que era el nombre que recibía la base ibicenca. Como promedio anual se registraron 272 ejemplares. Los responsables del parque natural han manifestado en repetidas ocasiones su deseo de intentar recuperar este trabajo, aunque se han perdido años de datos que “ahora serían interesantes” para poder confirmar si ha habido un descenso de ejemplares y de especies. 

Y es que los lepidópteros, al menos los diurnos (los ropalóceros, aunque este término está en desuso), son un caso particular dentro del desconocimiento general del grupo de los artrópodos, porque existen más estudios sobre este orden en el conjunto de Balears. Guillem X. Pons recuerda que el Observatorio Socioambiental de Menorca (Obsam) ha hecho un seguimiento de sus poblaciones de mariposas y que el Grup d’Ornitologia Balaear (GOB) de esta isla también ha iniciado un proyecto de seguimiento de invertebrados en distintas fincas. De hecho, el proyecto del Obsam ha servido ahora para confirmar que, efectivamente, ha habido una regresión de las comunidades de lepidópteros. “Hay una serie de grupos, dentro del mundo de la entomología, que son más populares, como las mariposas o los escarabajos, y más investigadores se animan a estudiarlos, incluso a nivel aficionado, pero luego hay toda una gran cantidad de insectos menos populares de los que no sabemos nada” asegura Miranda. Como ejemplo, cita toda la fauna ligada al suelo de los bosques, “que forma parte de los ciclos de la materia y de la energía del bosque”, de la que se sabe muy poco y que, si estuviera desapareciendo, podríamos tardar mucho en enterarnos. 

las múltiples causas de la desaparición de insectos son todas provocadas por el uso que el ser humano hace del planeta

las múltiples causas de la desaparición de insectos son debidas al uso que el ser humano hace del planeta.CAT

LA DESTRUCCIÓN DEL HÁBITAT.– Aparte de la falta de información, Balears también es un caso particular porque las causas primordiales a las que se achaca la disminución de la masa de insectos son algo distintas a las que se apuntan como principal razón del declive mundial. Si a nivel global los expertos destacan la incidencia del abuso de pesticidas en terrenos agrícolas de explotación intensiva, “en lugares como el nuestro, donde no hay una agricultura industrial extensiva, lo que tendría un mayor impacto en las poblaciones es el uso del territorio y su modificación. Hace treinta o cuarenta años, muchas zonas eran un continuo de un ecosistema, pero nosotros lo hemos fragmentado y todo eso hace que las poblaciones de insectos lo tengan más difícil para conseguir las mismas poblaciones que tenían entonces”, sostiene Miguel Ángel Miranda. Y continua relatando cómo en las últimas tres décadas se han construido carreteras nuevas y nuevas urbanizaciones, en zonas que quizás antes eran agrícolas o junto a áreas naturales, y con ello “lo que hacemos es competir por el espacio con las especies de insectos y quitarles la capacidad de criar en esas áreas”. El impacto en sus ciclos biológicos es innegable. 

Las libélulas y otros odonatos, así como cualquier otra especie relacionada con la presencia de aguas estancadas, representan uno de los grupos a los que debería prestarse atención, dada la desaparición de hábitats de este tipo que han sufrido las islas en las últimas décadas. De hecho, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ya ha advertido de la grave destrucción de humedales en toda la cuenca mediterránea, del riesgo que ello conlleva para las poblaciones de odontocetos y de la necesidad de adoptar medidas que frenen la destrucción de estos ecosistemas. 

las mariposas son buenos bioindicadores y uno de los grupos de insectos más estudiados

las mariposas son buenos bioindicadores.CAT

Primero, la desaparición de abejas provocó la alarma a nivel mundial. Luego fueron todos los polinizadores y ahora la crisis biológica se ha extendido al conjunto de los insectos. Sin embargo, como bien apuntan tanto Miranda como Pons y Palerm, no sólo los insectos desaparecen. La ONU acaba de hacer público un informe demoledor, firmado por 450 expertos de 50 países, en el que se asegura que un millón de los ocho millones de especies de flora y fauna existentes en la Tierra están amenazadas de una extinción inminente, cuestión de décadas, si no se pone freno a la destrucción de los ecosistemas. Y todas las amenazas a las que alude este estudio son consecuencia de la actividad de una sola especie, Homo sapiens: cambios en el uso de la tierra y el mar, explotación de organismos (la sobreexplotación pesquera es el caso más significativo), el cambio climático, la contaminación (principalmente por plásticos) y las especies invasoras son los cinco factores de destrucción más importantes. Es el estudio Evaluación Global sobre Biodiversidad y Ecosistemas y analiza cinco décadas de cambios en lo que denominan “crisis de biodiversidad”. Bien podria ser llamado apocalipsis. Y si bien asistiremos, siguiéndola al minuto, a la desaparición del rinoceronte debido a la caza furtiva o del oso polar, hundiéndose con el poco hielo que quede en el Ártico, o del lince ibérico, acorralado por la degradación de los bosques, los cazadores y los atropellos, otras miles de especies se irán en silencio, sin que apenas nos demos cuenta. Y, si nos percatamos, nos preguntaremos cuándo ha pasado. De hecho, la reducción de la masa de insectos que se ha popularizado con la expresión ‘efecto parabrisas’ (en los viajes en coche, antes era más frecuente tener que ir apartando insectos del cristal) empezó a tomar la forma de alarma biológica en 2017 cuando los entomólogos detectaron, de pronto, un brutal descenso de la biomasa entomológica de un parque natural. Acto seguido, entomólogos de todo el mundo hacían públicos su temores de que lo mismo estuviera sucediendo en sus zonas de residencia. De pronto, habíamos identificado el instrumento del Armagedón. 

En el citado informe de la ONU también se recalcan las dificultades que entraña la estimación del mundo de los insectos. Más del 40 por ciento de las especies de anfibios caminan hacia su desaparición, al igual que un tercio de los arrecifes coralinos, tiburones y especies asociadas a ese hábitat. También un tercio de los mamíferos marinos está amenazado. En el caso de los insectos, asumiendo el desconocimiento general y a pesar de las cifras que constantemente se suceden, quienes han elaborado el informe consideran que puede hablarse de un 10 por ciento de especies amenazadas. Una cifra más. Todo ello requiere, para revertir el proceso de esta sexta extinción, tan a menudo silenciosa, de profundas transformaciones en el uso que el ser humano hace del planeta. 

una fura, un popular escarabajo endémico cuyas poblaciones podrían estar desapareciendo

una fura, un popular escarabajo endémico.CAT

De las sospechas a las pruebas, en derecho penal va una condena; en biología, la falta de pruebas del desastre puede conllevar que no se tomen algunas de las medidas que aún podrían adoptarse. Sin investigaciones, sin números y sin datos no se aprueban partidas presupuestarias para la recuperación de especies, por ejemplo. En las Pitiüses existen muchos taxones de insectos endémicos, muchos escarabajos, sobre todo, cuya condición de exclusividad justificaría planes de protección y divulgación de su importancia ecológica si existieran datos que demostraran un descenso de las poblaciones. Un buen ejemplo sería el caso del escarabajo llamado fura (Pimelia elevata), el más conocido de los tenebriónidos de las islas. Se considera común y frecuente en tierras secas y caminos arenosos del litoral, pero existe la percepción de que es más difícil encontrar una fura hoy de lo que lo era hace tres décadas. No sabemos si esa impresión es cierta. 

En derecho penal, de las sospechas a las pruebas va una condena; a veces, en biología también. El declive de los insectos anunciado a nivel mundial como un apocalipsis, el término que popularizó el New Yok Times al emplearlo en un reportaje sobre el tema, debería servir de aliciente para que los organismos públicos “promuevan más investigaciones y se impliquen más”, según destaca Miguel Ángel Miranda. La defensa de la biodiversidad debe erigirse en tema prioritario en la estrategia política. Y debe empezar a nivel local. 

Publicado en Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/05/19/crisis-insectos-perspectiva-pitiusa/1067586.html

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Cristal oscuro

trozos de vidrio recogidos en diferentes playa de Eivissa

cristales recogidos en Eivissa.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

En sa Caleta, sa Sal Rossa, Benirràs, Cala Tarida, Port de Sant Miquel, Cala d’Hort o Cala Boix, entre arena, restos de algas y foraminíferos, brillan pequeñas piezas pulidas de cristal, restos de botellas rotas arrojadas algún día, mucho tiempo atrás, al mar. Son verdes, marrones y blancas y ello ofrece una idea muy aproximada sobre su procedencia; es decir, hay gran cantidad de lo que antaño fueron botellines de cerveza. Sus cantos redondeados y su pulimento mate dan cuenta de los años, décadas o siglos, en las que los cristales han estado erosionándose por la accion de viento y mar y la fricción con arena y roca. El desgaste ha transformado en amagos de gema lo que fue un residuo cortante, basura lanzada al mar y con la que cualquiera corría el peligro de cortarse. Tras este proceso y visto el resultado, la pregunta que cabe plantearse es si la transformación debe entenderse casi como una mutación capaz de pasar de considerarlo basura que hay que eliminar a valorarlo como parte de la singularidad de una playa. A fin de cuentas, el cristal no es más que dióxido de silicio procesado, y el sílice es el componente principal de la arena, aunque no todas las arenas estén formadas del mismo material. Tal vez no haya tanta diferencia. 

En playas de Eivissa como las citadas de ejemplo, los pedazos de cristal, aunque muy visibles y comunes, no transforman el paisaje. Pero existen calas, en otros lugares del mundo, en las que los miles de cristales de colores que las constituyen se han convertido en su principal atractivo. La playa del Bigaral, al sur de Luanco (Galicia), y otra playa en la Costa da Morte, en el municipio de Laxe, son dos ejemplos españoles de enclaves que, si son conocidos, es precisamente por sus cristales. Glass Beach del Parque estatal MacKerricher y la playa de Davenport, en California las dos, y la playa de Steklyashka, en Rusia, son dos buenos ejemplos de fama internacional. Hay calas similares en Hawai, Bermudas y en Bahamas. Son todas playas, sin embargo, que si hoy son interesantes por sus cristales ello es debido a actos incívicos previos que la naturaleza ha reinventado a su manera, arreglando el estropicio con la paciencia de la erosión. Son, en definitiva, el resultado de usar la costa, durante decenios, como vertedero. Y la de Rusia incluso tuvo cerca una fábrica de porcelana que arrojaba allí sus desperdicios; ahora está llena de trozos de vidrio y cristales de botellas de vodka. 

Tal es la importancia de estos rincones costeros, a menudo denominados ‘playas de los cristales’, que es habitual que esté prohibido llevarse las piezas que les dan nombre. El argumento es sencillo; los cristales ya no cortan, no suponen un peligro pero sí convierten las playas en paisajes originales. Aunque no sea natural. Incluso se hace referencia a estas piezas como vidrio marino, se usan como cuentas en joyería y hay coleccionistas que buscan las mejores en playas de todo el planeta.

Y ante todo ello, a los grupos y organizaciones que se dedican a la limpieza de playas y a la conservación del medio marino se les plantea la cuestión de si los cristales pulidos deben considerarse basura y retirarse o si no vale la pena dedicarle esfuerzos y resulta más práctico dejarlos donde están. Organizaciones ecologistas de distintos lugares del planeta toman decisiones al respecto y adoptan como principio que aquello que mayor mal causa a los ecosistemas, es decir, el plástico, tiene prioridad frente a un material que ya no causa estragos al medio marino. La mayor parte de los grupos de voluntarios que recogen desperdicios en el litoral ibicenco, sin embargo, aunque cierto es que tienen como principal razón de ser la retirada de plásticos, también cogen y contabilizan los fragmentos de cristal con el razonamiento de que ello no forma parte de la naturaleza. Aunque se haya añadido ya al ecosistema. Sílice que regresa a sus orígenes, aunque fuera procesado para ser algo más que dióxido de silicio. 

Agnès Vidal, educadora ambiental del Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN), explica que en los muestreos en las playas, por el sistema empleado, se recoge tanto plástico como cristal y que, una vez analizadas las muestras e identificados los microplásticos, tampoco los pedazos de vidrio, aunque no se contabilicen, regresan a las orillas, porque “no es un elemento natural”. 

Xisco Sobrado, técnico del área marina del GEN, considera que hay que tener en cuenta que el coste-beneficio de retirar estos residuos es muy grande. Y resalta que “es mejor actuar en el origen que en la playa”. Es decir, y el argumento vale tanto para el plástico como con el cristal, es mejor no crear residuos que tener que recogerlos; o tener que plantearse si vale la pena hacerlo. 

En este sentido, los datos de la isla revelan que el reciclaje empieza a estilarse tanto como limpiar playas. Eivissa y Formentera lideran el crecimiento en la recogida de vidrio en Balears y lo hacen con una media de 39 kilos por persona depositados en el contenedor verde el año pasado, según los datos que recientemente ha aportado Ecovidrio y que los medios de las islas han publicado. En el archipiélago se reciclaron, durante 2018, 45.187 toneladas de vidrio, un incremento del 4,2 por cientop respecto a 2017; en Menorca y Mallorca, la media por persona fue de 25 y 24 kilos. Sin embargo, ningún dato nos dice si, en realidad, Eivissa y Formentera generaron más basura y por ello se vieron obligados a reciclar más 

Ello nos lleva un paso más atrás. Y es que lo más importante, antes de recoger basura en las playas y antes del reciclaje, es el consumo responsable; reducir la generación de residuos, de cualquier tipo, siempre es mejor que tener que reciclarlos. Un concepto en el que los portavoces del GEN han incidido con constancia. 

Desde la asociación Noctiluca, organización recientemente creada para la divulgación de la ciencia marina,  también señalan que los vidrios de mar no son dañinos y que, aunque entienden que siguen siendo residuos, “no bióticos”, no pasa nada por dejarlos y que “formen parte del ecosistema social del mar”. La clave sigue siendo establecer prioridades también en cuanto a los problemas que sufre el ecosistema marino.

Los cristales de mar, en realidad y para ser más precisos, suelen ser vidrios, una distinción de carácter científico que distingue las copas de las botellas por los componentes con los que se fabrican. El vidrio de las playas es cristal oscuro, aquel que, una vez roto y pulido por las mareas, plantea confusión entre basura y especie de joya, y hay que decidir si hay que buscar las esquirlas, como en el clásico de Jim Henson, o dejar que el mar se las quede para seguir puliéndolas. 

LA CLAVE. PAISAJES TRANSFORMADOS

En playas de diferentes partes del mundo, los pedazos de vidrio pulidos, o incluso trozos de porcelana, han logrado transformar el paisaje y convertirse en el principal atractivo de tales enclaves, en los que a menudo se prohíbe llevarse tales piezas. La playa del Bigaral, al sur de Luanco (Galicia), y otra playa en la Costa da Morte, en el municipio de Laxe, son dos ejemplos de las denominadas ‘playas de los cristales’.

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

 

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Una novela con el espíritu de Johnny Cash

portada johnny

la portada de la novela

Este blog está destinado, en principio, a los reportajes sobre temas patrimoniales que voy publicando, pero me permitiréis que también lo use para informar sobre los libros que escribo, aunque tengan poco que ver con la temática habitual del sitio. Pues bien, en esta ocasión, se trata de una novela ambientada en un pueblo americano de los años 60 y en la que se suceden los guiños a importantes iconos y episodios de la cultura americana.

Y a partir de aquí, copio la nota de prensa que la editorial, Punica Granatum, ha enviado a todos los medios:

Licenciada en Ciencias de la Información y Diplomada en Criminología Superior, Cristina Amanda Tur, más conocida como CAT, después de los numerosos títulos publicados abordando principalmente ensayos sobre criminología, con especial atención en sucesos ocurridos en Ibiza y Formentera, publica ahora, en abril de 2019 y a través de la editorial granadina Ediciones PG, su reciente novela ‘La balada de Johnny Cash’. 

CAT inició su carrera de periodista en Diario de Ibiza, donde pronto se convirtió en responsable del área de sucesos y tribunales, además de convertirse en la redactora de sucesos más reconocida de las islas. Actualmente es reconocida también por su trabajo en la divulgación científica y del patrimonio natural e histórico de las islas, en secciones de las que es responsable tanto en el dominical de Diario de Ibiza como en el programa Múltiplex de IB3 ràdio.

En Ibiza, la novela ‘La balada de Johnny Cash’ será presentada el próximo día 9 de mayo en la librería sa Cultural. Los seguidores y lectores de CAT encontrarán una narrativa distinta en ella pero en la que se identifican plenamente su estilo y sus referencias. Su estructura, construida con elegancia, mantiene una descriptiva que remite a un pueblo del sur norteamericano, donde un joven de 12 años, Johnny Ray, y sus amigos construyen con sus vivencias una crónica en un verano de los años 60 que preveían tedioso e interminable y sin embargo se anunció ya agitado el día en el que, en la orillas del río, apareció el cadáver de un presidiario huido de la cárcel del condado. En su espalda, el hombre llevaba un murciélago tatuado, y esa marca, que Johnny Ray encontrará en otros hombres que aparecen por el pueblo en las semanas siguientes, le llevarán a descubrir quién es realmente su padre, miembro de una banda de delincuentes, y de lo que es capaz su madre para salvar a la familia. Todo ello, con Johnny Cash y su música planeando sobre todos los personajes de esta historia. 

En esta novela, los lectores encontrarán una sucesión de guiños a importantes iconos y episodios de la cultura americana, a sus músicos de blues y country, a sus canciones, a los clásicos de Stephen King, a las películas de John Wayne, al ‘Cuenta conmigo’ de Rob Reiner o a ‘Matar a un ruiseñor’, de Harper Lee, al asesinato de Kennedy o a los forajidos del Viejo Oeste. Todo ello contribuye a hacer de esta obra, la número 12 de las publicaciones de CAT, uno de sus libros más originales, distinto a los otros pero con el mismo estilo para contarlo. 

La versión en el diario:

https://www.diariodeibiza.es/cultura/2019/04/30/cristina-amanda-tur-publica-nueva/1063559.html

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