Un coral prehistórico amenazado

AD5941colonia en es Grum de Sal, en sa ConilleraCristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
El aumento de la temperatura del agua está causando estragos en grupos de animales marinos como los antozoos, una clase que incluye corales, plumas de mar, anémonas y el coral pétreo endémico conocido como madrépora mediterránea (Cladocora caespitosa), un superviviente del Plioceno que, después de prosperar durante tres millones de años, se enfrenta hoy al reto del cambio climático. La especie ha sido clasificada recientemente (en 2015) en la categoría ‘en peligro’ de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y en la última revisión de la Lista Roja de los Invertebrados Marinos del Mar Balear, que elabora el Govern y donde puede leerse que “se sospecha de un descenso considerable de las poblaciones”. Las previsiones sobre el aumento de la temperatura del agua no permiten ser muy optimistas sobre el futuro de esta especie, concluye el informe del Govern.
En las Pitiüses, destacan las concentraciones de colonias que existen en el islote de s’Espardell, en la reserva marina de es Freus, y también pueden verse poblaciones interesantes en sa Conillera, a 15 o 20 metros de profundidad. En las localidades de Cala Galdana, en Menorca, y en Cap Blanc, Mallorca, se han hallado asimismo comunidades importantes.
Este cnidario colonial hexacoralino, descrito en 1767, es el único coral mediterráneo que forma arrecifes similares a los que construyen especies de mares tropicales, aunque de menor tamaño. En uno de los últimos informes sobre especies amenazadas en el Mediterráneo dado a conocer por la UICN y dedicado a los antozoos, se resalta que los más grandes y mejor desarrollados arrecifes de madrépora mediterránea conocidos hasta la fecha se encuentran en la reserva marina de Islas Columbretes y en el Parque Nacional de Mljet (Mar Adriático). Sin embargo, el verano anormalmente caluroso de 2003 provocó altas tasas de mortalidad en estas excepcionales poblaciones. Las mortalidades recurrentes (con dos periodos destacables de mortalidad de 2003 a 2006 y de 2008 a 2012) han representado pérdidas de población de hasta el 50 y el 80 por ciento en lugares como las Islas Columbretes. Los últimos quince años han supuesto una calamidad sin precedentes para diversas especies de antozoos.
Cladocora caespitosa es un “constructor de arrecifes”, un ingeniero de ecosistemas que tiene una gran importancia en la estructura de las comunidades marinas. Los registros fósiles más antiguos de los que se tiene conocimiento fueron hallados en 1998 en la cuenca Almería-Nijar y están datados en el Plioceno Superior. Y aunque se considera endémica del Mediterráneo, también existen poblaciones en áreas adyacentes del Atlántico. Es un coral de esqueleto calcáreo y de tonos marrones que habita hasta los 50 metros de profundidad, donde todavía alcanza la luz del sol. Los coralitos ovalados se van uniendo hasta formar colonias de incluso más de un metro de diámetro y cada uno de ellos muestra pequeños tentáculos retráctiles con una bolita en su punta. Es una especie de crecimiento lento y de larga vida (unos 300 años), con un limitado potencial de recuperación; a duras penas pueden equilibrarse sus bajas tasas de reclutamiento con la rapidez de las perdidas. Y, por si el calentamiento global no fuera amenaza suficiente, esta especie también sufre daños por la pesca de arrastre, los fondeos incontrolados, el desarrollo costero y la proliferación de algas invasoras como Caulerpa cylindracea, muy abundante en las reservas de es Vedrà, es Vedranell i els illots de Ponent.
La falta de información, según apunta la UICN en su informe, es un inconveniente añadido a la hora de buscar las fórmulas adecuadas para preservar las poblaciones de esta y otras especies de invertebrados marinos en riesgo de extinción, por lo que es necesario ampliar a nivel local “los conocimientos actuales sobre taxonomía, distribución, población y ecología de las especies”. En la plataforma observadoresdelmar.com, coordinada por el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (del CSIC) y creada para recopilar datos de especies marinas, existe un proyecto concreto sobre corales que permite a buceadores comunicar sus observaciones y ampliar así el conocimiento que los científicos poseen sobre la distribución de la especie.

Publicado en Diario de Ibiza, en la sección Coses Nostres:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/19/coral-prehistorico-amenazado/935295.html

 

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El guardián de s’Espartar

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Es Frare y, en el horizonte, es Vedrà. Foto: CAT

Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa y CAT
A casi dos millas de la torre d’en Rovira, lo que por extensión se conoce como s’Espartar es, con mayor precisión, un conjunto de dos islotes y varios escollos y secas. Está dividido en dos por el paso des Freuetó; al este, hacia la costa, se extiende s’Espartar y en dirección suroeste se halla s’Espardell, al que no hay que confundir con el islote del mismo nombre que se encuentra en el paso de es Freus y que es el que goza de mayor protección de las Pitiüses. Y aún más al suroeste, separado por otro freuetó (un pequeño canal), se erige la espectacular roca de es Frare, el vigía hacia mar abierto, una roca elevada, cortada en ángulo recto en sus dos caras hacia el noreste y completamente irregular en el resto de su morfología. Se adentra en el agua formando pliegues y amontonando rocas y se une a s’Espardell con un canal de poca profundidad del que se elevan varios escollos, conocidos como es secs des frare, en los que suelen reunirse cormoranes y gaviotas.

AD5945ejemplares de 'Trapania lineata' a 18 metros de profundidad

ejemplares de Trapania lineata

Sorprende la riqueza toponímica que un pequeño conjunto como el de s’Espartar y sus escollos y arrecifes puede albergar; más de 50 nombres para todo tipo de formaciones, rocas, puntas, canales, secas y cuevas. Todo rincón parece tener un nombre. Desde es picatxet de s’escull, sa Somera y sa punta des Pou hasta es trenc de s’Espardell y sa cova des Frare. Dicha cueva, en el extremo del islote de s’Espardell es un túnel visible desde la superficie pero que continúa bajo el agua y suele utilizarse como una especie de entrada submarina hacia los fondos de es Frare. Frente al ángulo recto se pueden encontrar grandes bloques de piedra que parecen talladas, mientras que en la pared hacia mar abierto y hacia el sur, las rocas son más pequeñas y las laderas más suaves. De entre todas las inmersiones que pueden llevarse a cabo en la zona protegida de las reservas naturales de es Vedrà, es Vedranell y els illots de Ponent, si por algo puede destacar la de este escollo y sus alrededores es por la especial abundancia de un minúsculo nudibranquio (una babosa de mar) que apenas mide diez milímetros y que, por tanto, hay que buscar de modo expreso para encontrarlo. Se llama Trapania lineata, es una especie endémica del Mediterráneo y se halla, habitualmente, sobre las rugosidades de las esponjas negras del género Sarcotragus.

AD5951un cormorán en es secs des Frare

cormorán en es secs de Frare

El peñasco vigia de s’Espartar no es el único rincón de la isla que usa el nombre de un monje. En Sant Agustí existen las casas payesas can Frare Bassetes y can Frare Verd, esta última en la ladera del puig de Can Frare. Y existen referencias escritas de un yacimiento arqueológico relacionado con esta casa, del que se conservan dos piezas en el museo. También existe un torrent d’en Frare y el semibaluarte de Santa Llùcia era conocido como el baluarte des Frares por el convento de los dominicos que se halla a su vera. Pero estos topónimos están más relacionados con personas reales que con el aspecto del lugar, como sí es el caso de es Frares de es Cap des Llibrell o los de Cap Martinet, rocas que pueden recordar a grupos de frailes subiendo la montaña o adentrándose en el mar. Es Frare de s’Espartar es un fraile solitario, un asceta de piedra con una roca triangular en su blanca cima, con la sotana oscurecida en la parte que toca la superficie del mar y con los pies anclados en el fondo marino.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/13/guardian-sespartar/934227.html

 

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Un ineludible viaje al pasado

AD3443el edificio A del conjunto arqueológico

edificio A del conjunto arqueológico

Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
El conjunto histórico-arqueológico de ses Païsses de Cala d’Hort es el primer y único establecimiento rural antiguo excavado en las Pitiüses de una manera integral, incluyendo tanto viviendas como cementerios. Y ello aunque, a decir verdad, hay partes del mismo que siguen siendo desconocidas, sin que ello merme el valor y la trascendencia del yacimiento. Situado en la vertiente suroeste del Puig des Tossal, está formado por una completa villa púnicoromana que contó con instalaciones para elaborar aceite y vino, otra unidad habitada mucho menos estudiada, una necrópolis púnica y otro pequeño cementerio, algo más arriba en la colina, con dos tumbas bizantinas excavadas en 1983. Y fue en la primera necrópolis donde se halló el escarabeo de jaspe verde con el rostro del dios Bes que hoy el Museo Arqueológico de Eivissa y Formentera usa como logotipo.
Las investigaciones en este importante yacimiento se iniciaron hace cien años, en una época en la que los pioneros de la exploración arqueológica pitiusa aún daban prioridad a los cementerios, que aportaban más piezas interesantes para ser expuestas en el museo, y desdeñaban los establecimientos que habían ocupado los vivos. Entre el 19 de julio y el 24 de septiembre de 1917, Carles Roman Ferrer excavó la necrópolis rural púnica de Can Sorà, justo detrás de la païssa d’en Sorà, en la colina, y descubrió 18 hipogeos tallados en la roca viva; hoy pueden observarse menos de una docena. Todas las tumbas son hipogeos con sarcófagos, la mayoría fabricadas de piedra marés.

AD3441dos sarcófagos de una de las cámaras del cementerio púnico

dos sarcófagos del cementerio púnico

Ya en los años 80, el Consell continuó las investigaciones en la zona con cuatro campañas de excavaciones exhaustivas que, dirigidas por el arqueólogo Joan Ramon, revelaron todos los rincones de la completa villa púnica que los investigadores conocen como Edificio A, una construcción de más de 900 metros cuadrados que disponía de un patio interior y una instalación industrial para elaborar aceite, un celler (datado en el siglo I d.C.), almacenes, habitaciones y una cisterna adosada en la parte norte que hoy es una de las piezas más interesantes y peculiares del yacimiento; tiene más de cuatro metros de profundidad, ocho de largo y dos y medio de ancho. Y pueden observarse aún las canalizaciones que llevaban el agua hasta ella. En el fondo de la cisterna, cuando se excavaron los distintos estratos de restos acumulados, se hallaron piezas como una hoz de hierro, una piedra volcánica probablemente usada para tratar pieles, pesos para redes de pesca y, curiosamente, una veintena de cencerros de hierro que revelan que los usaban para los animales al menos en el siglo V d.C. En este establecimiento rural se han hallado múltiples restos y piezas (cerámicas, perfumeros, collares, trozos de ánfora, conchas, cuernos de cabra, vajilla con cruces ya cristianas o vasos de vidrio) entre los que hay materiales de importación extraebusitana y de muy diferentes épocas. La vivienda ya existía en los siglos V y IV a.C., tuvo su fase más importante en los siglos I-III (se ha reconstruido toda la planta completa de esta época) y AD3440la necrópolis se encuentra en es Puig des Tossalse considera que fue destruida por los vándalos en algún momento del siglo V d.C. A pesar de ello, y tal vez tras estar abandonado casi un siglo, este establecimiento rural se rehabilitó y reutilizó, con sus adaptaciones arquitectónicas, en la época bizantina y tal vez perduró hasta los inicios del siglo VIII. Tan prolongado periodo de utilización explica en buena medida la complejidad de las exploraciones en la zona. La casa tiene un porche que mira hacia el mar, hacia es Vedrà, y hasta una decena de estancias diferentes, de función desconocida en algunos casos pero probablemente habitaciones para dormir y quizás un lugar para el culto doméstico a diferentes divinidades. Una de las teorías sobre el funcionamiento de una vivienda tan grande (al menos grande para la época altoimperial) apunta a que varios núcleos familiares podían vivir en ella y compartir las instalaciones para la elaboración de aceite y de vino, así como los almacenes. Otra hipótesis argumenta que el establecimiento tenía unos propietarios que estaban al frente de un grupo de esclavos. Y las dos teorías no son excluyentes.
DSC_5213_1499la cisterna del Edificio AEl yacimiento, con todos sus elementos y su complejidad, protagonizó el primer número de la colección ‘Quaderns d’Arqueologia Pitiüsa’, del que se hizo una segunda edición actualizada y ampliada en 1995, cuando estaba en trámite la donación al Consell de los terrenos del conjunto histórico-arqueológico, incluyendo la antigua païssa, restaurada hoy como extensión del museo etnográfico y en la que también se encuentra el observatorio astronómico. En la citada publicación se destaca que ses Païsses de Cala d’Hort conforman “un conjunto monumental de obligada visita en el marco cultural de Eivissa y Formentera”. Se conoce la existencia en la misma zona de otros establecimientos rurales antiguos, más o menos excavados e investigados, como el de s’era des Mataret, y los hallazgos evidencian que el territorio tuvo una población densa en los siglos V y IV a.C, pero, a partir de ahí, prácticamente sólo ses Païsses parecen tener continuidad hasta época bizantina. En el trabajo se reconoce que, como ocurre con la mayor parte de los descubrimientos arqueológicos de las islas, ses Païsses aún retiene entre sus piedras detalles de su historia que podrían resultar reveladores. Y deja la puerta abierta para que “la arqueología del futuro” pueda contestar a todas las preguntas que plantea el yacimiento y que no han podido contestarse durante las excavaciones llevadas a cabo a lo largo de un siglo, entre ellas si la reocupación del edificio A en una época en la que las Pitiüses se habían incorporado al imperio romano-bizantino de Constantinopla fue un caso aislado o se produjo un fenómeno similar en el resto del territorio. Dos décadas después del informe, aún podría investigarse mucho más. La arqueología es una ciencia que suele tener más preguntas que certezas.
Volviendo a la necrópolis púnica, a 140 metros del edificio A, los arqueólogos sugieren la posibilidad de que el cementerio fuera utilizado, en los siglos V y IV a.C., por diversas unidades familiares o incluso por diferentes vecinos que compartieran zona de enterramiento. El caso es que el número de tumbas hallado es elevado, aunque en el año 1995, cuando se realizó su limpieza y rehabilitación exhaustiva, sólo doce eran visibles y hoy la cifra de las que muestran algún mínimo interés ha quedado reducida. El lugar muestra las huellas, el deterioro, de un lugar abierto y abandonado; algunos hipogeos que hace una década se mostraban enteros, y reparados los rectángulos de sus sarcófagos, hoy están destruidos.
A decir verdad, y debido a la forma en la que se excavaba a principios del siglo XX y el escaso interés que se mostraba por los cadáveres, las primeras investigaciones impidieron posteriormente conocer la ubicación exacta de los restos humanos en cada tumba y de los elementos y objetos que los acompañaran, lo que se traduce en gran cantidad de información perdida. Sin embargo, también hay que apuntar que en los 90 se descubrió un hipogeo infantil muy bien conservado que no se cita en el informe de las primeras excavaciones. Los huesos, a menudo amontonados en los almacenes del museo arqueológico, siguen siendo una materia poco estudiada en la arqueología pitiusa moderna.
A un nivel superior en la colina se hallaron dos tumbas paralelas, dos fosas, que han sido datadas en época bajoimperial avanzada o quizás bizantina, aunque el hecho de que no se hallara ajuar funerario en ellas ha dificultado una datación más concreta. Sí había, en una de estas fosas, algunos huesos de la parte inferior de un cadáver. Es probable que si se siguiera excavando en toda la zona, algo improbable por el elevado coste de una excavación aleatoria sin garantías de obtener resultados, se hallaran nuevas tumbas en la colina, en es Puig des Tossals. De hecho, los arqueólogos admiten que en el lugar tuvo que existir un cementerio altoimperial cuyo rastro aún no ha sido revelado.

Reportaje del dominical de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/12/ineludible-viaje-pasado/934095.html

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Del cristal al sudario

AD5078Cristina Amanda Tur Bernat. Fotos: Joan Costa
En época romana, y al menos en los primeros siglos del Imperio, dos formas muy distintas de deshacerse de los cadáveres, la cremación y la inhumación, coexistieron y mantuvieron sus propios rituales. La isla de Eivissa no fue una excepción. Y aunque parece ser que la inhumación gozó de mayor predicamento entre sus habitantes, en el siglo I y en la primera mitad del II después de Cristo la cremación es aún una práctica que, según explica el arqueólogo Benjamí Costa, está bien documentada. Sin embargo, “en algún momento del siglo II, la cremación desaparece, no sólo en Eivissa sino en todo el imperio romano”. Los motivos de que quedara relegada por completo y que, de hecho, no volviera a ser usual hasta hace apenas unas décadas, es otro de los misterios que hacen a la Arqueología una ciencia con mucho campo por explorar, pero es muy probable que tenga relación con la importancia ritual de no hacer desaparecer el cadáver y el avance del Cristianismo. Las supersticiones, creencias y ceremonias varían con el tiempo.
AD5079.JPGEn el museo de Puig des Molins se expone una urna cineraria muy preciada porque se encontró completamente entera, sin mácula en su vidrio irisado, que pertenece a un enterramiento con incineración del siglo I y que fue hallada en las excavaciones que en 1983 y 1984 se llevaron a cabo en el yacimiento de la calle León. Entre la ceniza que conservaba en su interior se hallaron algunas astillas de hueso, pequeños fragmentos que revelan la calidad de la incineración (a temperatura más elevada, más pequeños son los trozos óseos preservados) y que permitieron conocer que se trataba de los restos de una mujer joven, de 18 o 19 años. Su urna de cristal fue depositada en un hoyo, cubierta con una teja y una piedra y con otros objetos significativos a su lado; cuencos de terra sigillata (expresión que alude a una cerámica romana de calidad y característico tono rojizo), y un curioso candil, una lucerna, que destaca, en primer lugar, por la fidedigna representación de una lucha de gladiadores que se muestra en su cara superior. En la cara inferior está grabado el nombre del fabricante, Opius, que tenía diversos talleres en Italia y el sur de la Galia. La arcilla de esta pieza, colocada en el ajuar para iluminar al espíritu de la fallecida en su paso al otro mundo, procede del norte de África.
AD5080ungüentariosY a ello hay que sumar la presencia de dos ungüentarios de vidrio que fueron encontrados en el interior de la urna y que, según explica Benjamí Costa, director del Museo Arqueológico de Eivissa y Formentera, están relacionados con los ritos de unción que se practicaban en los enterramientos. A menudo, en las excavaciones de tumbas, se encuentran los recipientes que habían contenido los aceites y perfumes empleados en los rituales. De hecho, ni la presencia de la lucerna ni la de los ungüentarios y las vasijas de cerámica son una rareza en el ajuar funerario del siglo I después de Cristo; la existencia de los tres elementos convierte este conjunto, expuesto en el Museo Monográfico de Puig des Molins, en un ajuar romano tipo, con la particularidad de que la urna de las cenizas, una pieza destacada, se ha conservado entera durante 20 siglos. El Museo Arqueológico de Eivissa y Formentera guarda una notable representación de elementos análogos, de ungüentarios, vasijas y lucernas, en diferentes formas y materiales y de distintos periodos de la Historia.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/07/cristal-sudario/933170.html

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La flecha plateada

AD1028barracudas en bestorre, es Vedrà

barracudas en Bestorre, es Vedrà

Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
Si ya es emocionante encontrar dos, tres, cuatro o cinco de estos peces afilados, de rasgos marcados y colas ahorquilladas, contemplar bancos de decenas, centenares, de especímenes formando largas líneas de plata en el islote de sa Galera, o círculos concéntricos rodeándote en s’escull de s’Espartar o en sa seca des esculls d’en Ramon, es una de las experiencias más fascinantes que pueden vivirse en aguas de las islas. Sobre todo desde la primavera hasta principios de otoño, cuando más se acercan al litoral. Las voraces barracudas son depredadores de emboscada y persecución corta y muy rápida, y observarlas salir del grupo y cazar a media agua es todo un espectáculo.
Hay grandes barracudas agresivas, de dos metros de longitud, capaces de atacar de repente a buceadores, pero las del Mediterráneo, los espetones, espets, sin dejar de ser superdepredadores, no son como esas bestias de otros mares. También hay barracudas tropicales cuya carne puede resultar tóxica por los peces venenosos de los que se alimentan, y tampoco es el caso de los espetones mediterráneos, aunque no son piezas de gran interés pesquero y no son lo que se denomina un manjar. Su nombre suena tan amenazador como su aspecto, con su poderosa mandíbula, sus grandes dientes y una longitud que a menudo supera el metro, pero ninguna de las dos especies de barracuda presentes en aguas mediterráneas se muestra especialmente agresiva.

AD0654barracuda fotografiada en sa conillera

barracuda en sa Conillera

Las dos variedades están catalogadas como especies de ‘preocupación menor’ en el Libro Rojo de los Peces de Balears, y una de ellas, Sphyraena viridensis, está citada entre los taxones que se han beneficiado del llamado ‘efecto reserva’; en las zonas en las que se goza de algún tipo de protección, hay evidencias de que las poblaciones se recuperan y prosperan. De hecho, todas las áreas antes citadas como ejemplo se hallan en el ámbito marino de las reservas naturales de es Vedrà, es Vedranell i els illots de Ponent.
Sphyraena viridensis y S. sphyraena son las dos especies de esfirénidos citadas en aguas de las islas, y ambas son muy similares, pero la primera presenta marcadas listas oscuras y transversales en la mitad superior de su cuerpo y no tiene escamas en la parte posterior del preopérculo (uno de los huesos que protegen las branquias). Hay cierta confusión entre ambas especies, pero el análisis de buena parte de la literatura científica existente y una observación minuciosa de los ejemplares fotografiados en las islas conducen a la conclusión de que S. viridensis es, efectivamente, la especie más común, más abundante, y la que de forma habitual podemos observar en aguas de Balears. Las dos especies tienen muy visible la línea lateral, un peculiar órgano sensorial que detecta las vibraciones de otros seres en el agua, lo que les permite orientarse y cazar en aguas turbias.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/07/28/flecha-plateada-barracuda/931483.html

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Un cangrejo invasor que prolifera en las costas de Balears

AD5931Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
Fue citado por primera vez en Eivissa en 2001 y existen referencias anteriores para la isla de Formentera y el resto de islas de Balears. Hoy, tres lustros después, el llamativo cangrejo araña Percnon gibbesi, una especie subtropical y procedente del Atlántico, ha prosperado en las costas pitiusas y es particularmente abundante en el litoral de Portinatx. En los alrededores de s’illot des Renclí las poblaciones son muy numerosas a muy poca profundidad; diversos estudios realizados en diferentes puntos del Mediterráneo sobre este invasor coinciden en señalar que habita en la zona infralitoral, por debajo de la línea de rompiente de las olas, que puede hallarse hasta a tres metros de profundidad y que las mayores densidades se dan a un metro de la superficie. De hecho, los ejemplares fotografiados fueron localizados entre medio metro y poco más de un metro de profundidad, y se observaron más de una veintena de individuos.
Respecto al potencial peligro de este invasor, el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras indica que “existe cierto grado de solapamiento de hábitat con otros cangrejos”, aunque no se considera que sean competidores potenciales “por no existir solapamiento trófico”. Es decir, en las islas comparte un hábitat similar, con ligeras diferencias en la profundidad prioritaria, con otros decápodos como el también abundante cangrejo zapatero (Pachygrapsus marmoratus) o Eriphia verrucosa, conocido en Eivissa como cranca peluda, pero no comen lo mismo. El hábitat del cangrejo zapatero se halla justo un poco más arriba, en la superficie, en las rocas bañadas por el agua y a muy escasa profundidad, mientras que la cranca peluda vive en el primer medio metro de agua. Cada especie de cangrejo ocupa así un estrato distinto del mismo tipo de hábitat, por lo que parece ser que el invasor ha ocupado un nicho trófico que se encontraba vacío, según se señala en un estudio realizado en Mallorca y publicado por la Societat d’Història Natural de les Balears en 2005. En el número 43 del boletín de esta entidad cultural se hace referencia a las primeras citas sobre la presencia de este decápodo y se explica que hasta agosto del año 1999 esta especie no había sido observada en el mar Mediterráneo, y que fue hallada en diversos puntos de la costa balear “en el transcurso de trabajos rutinarios de prospección litoral”, primero en la costa norte de Menorca (Cap de Favàritx) y luego en el sur de Mallorca (Cap Salines), en localidades donde, a pesar de las continuas inmersiones, no había sido detectada antes. “Casi simultáneamente a nuestras primeras observaciones, la especie fue detectada en la pequeña isla volcánica de Linosa (estrecho de Sicilia)”, se señala en el informe. Desde entonces, la dispersión del cangrejo invasor se ha producido con rapidez y ha alcanzado Libia y Turquía.
AD5929 (1)Estos cangrejos llamaron la atención del biólogo Joan Carles Palerm hace unos años, cuando vio al primero de ellos en la zona de ses Balandres y averiguó de qué especie se trataba. También los ha observado en Porroig. El biólogo Xavier Mas, por su parte, los ha encontrado en Cala Codolar, es Jondal, sa Caleta, s’illa de sa Sal Rossa, Cala Olivera o es Vedranell. Es un animal inconfundible. Tiene unas largas patas con anillos amarillos sobre el color general marrón o verdoso y vistosas líneas blancas y azuladas, casi parecen luminiscentes, en los ojos, en las antenas, rodeando el caparazón y en las primeras articulaciones de las patas.
El cangrejo araña Percnon gibbesi está ampliamente extendido en la costa occidental africana, desde el Golfo de Guinea hasta las Azores, y en la costa oriental y occidental de Sudamérica. En Gran Canaria, donde es muy frecuente y no se considera especie invasora, se conoce como marañuela. Su introducción en el Mediterráneo se produjo a través del estrecho de Gibraltar por migración de adultos o dispersión de las larvas por las corrientes. También pudo incidir el transporte marítimo (puede viajar en el agua de lastre de las embarcaciones o como incrustaciones en los barcos) y el escape accidental o intencionado desde acuarios (se trata de una especie popular en acuariofilia). Y parece ser que el aumento de la temperatura del agua facilita su expansión; el ya citado estudio realizado en Mallorca apunta a que el calentamiento del mar parece estar ligado a etapas reproductoras más largas. Ello, unido a su alimentación herbívora y poco selectiva y una larga vida larvaria que da lugar a juveniles vigorosos, ha hecho que su área de distribución aumente a pasos agigantados.

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Lo que cuenta un collar de azabache

AD5076Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
La colección del Museo Arqueológico de Eivissa y Formentera es asombrosa. Y cada pieza cuenta una historia, a través de ella se puede seguir un rastro y enlazando los datos la obra cobra una nueva dimensión detrás de la vitrina en la que se halla expuesta. El collar de oro y azabache es único en el museo y es también lo único que se encontró en el ajuar de una de las tumbas de Puig des Molins que fue excavada en el año 2005. Y estos primeros datos ya van trazando un relato.
El collar es del siglo II de nuestra era, de época romana, un periodo histórico del que el museo cuenta con multitud de valiosos vestigios, a pesar de ser más conocido por sus colecciones púnicas. En la época en la que el collar está datado se estaba produciendo una evolución de los rituales funerarios; la cremación desaparece y, al mismo tiempo, se reduce el ajuar funerario, es decir el número de piezas (amuletos, joyas, máscaras, candiles y un sinfín de objetos) con las que los muertos eran enterrados para obedecer así a sus muchas supersticiones. Es por ello que el hallazgo de esta pieza exclusiva en un enterramiento resulta tan significativo. Es lo único con lo que fue enterrado una ebusitana en la necrópolis de es Molins (el esqueleto de esa tumba era femenino), lo que lleva a la conclusión de que se trataba de una mujer con cierta posición social. Hay que tener en cuenta que el valor de este collar, una cadena de oro con cerradura de dos piezas en la que se engarzan pequeñas cuentas cilíndricas de azabache, debía ser elevado en su época. “Con toda seguridad fue fabricado fuera de la isla”, añade el director del museo, el arqueólogo Benjamí Costa. El oro podía proceder del África subsahariana o de las minas de oro de las Médulas (León), que fueron explotadas por los romanos hasta el siglo III y de las que se obtenían seis toneladas de metal al año, lo que las convertía en las más importantes de la época. Y el azabache, madera fosilizada abundante en la costa atlántica española y en Gran Bretaña, podía proceder de un lugar entonces tan lejano como York, el mayor centro de azabache en época romana. En cualquier caso, era una joya extremadamente valiosa que procedía de lugares lejanos y que acabó en una tumba en Puig des Molins. “Hay dos posibilidades”, señala Costa, “o fue un regalo que se hizo a la mujer para su entierro o era un objeto muy preciado por la difunta”.
AD5077Si en Eivissa esta pieza es única, hay que apuntar que en la ciudad romana de Pollentia (en Alcudia), el yacimiento arqueológico más importante de Mallorca, se ha hallado una pieza muy similar, con cierre y el mismo estilo de cuentas, lo que permite establecer conexiones. Y aunque la información de la que se dispone narra ya una historia, lo cierto es que un sencillo, pero valioso, collar de oro y azabache aún podría revelar más datos interesantes para la arqueología. Los expertos del museo no descartan que, en un futuro, un análisis de espectrometría aporte más información, aunque reconocen que estudios más especializados (y muy costosos) de esta pieza sólo serían asumibles, por ejemplo, en el marco de una investigación más amplia sobre piezas de la época concreta a la que esta pertenece. Y así es cómo un collar romano va contando su historia.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

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