El fénix rosa de ses Salines

Detalle del largo cuello del flamenco y de su característico pico.CAT

Cristina Amanda Tur (CAT) @territoriocat

En ‘Las aventuras de Alicia en el país de las Maravillas’, la Reina de Corazones usa flamencos como mazos para jugar al croquet, algo que probablemente habría escandalizado a los ciudadanos de los primeros periodos del Antiguo Egipto, que consideraban a esta ave una representación del dios Ra, el dios del Sol. Es un símbolo en el estado de Florida, al igual que la sargantana lo es en Eivissa, y millones de flamencos de plástico, convertidos en objetos decorativos para el jardín o flotadores de playa, se venden al año en todo el mundo. El flamenco –con su tamaño, sus largas patas, su impresionante cuello, su gregarismo y su color rosado– es también el rey de los estanques de ses Salines de Eivissa y Formentera y una de las tres especies de avifauna más abundantes en este territorio. Compite en este ranking con dos aves algo menos populares pero igualmente importantes para el ecosistema, el zampullín cuellinegro (cabussonera, Podiceps nigricollis) y el tarro blanco (ànnera blanca, Tadorna tadorna). Y el récord de flamencos observados en los recuentos que se realizan en los distintos humedales de las islas se registró en Eivissa (en los estanques de es Codolar, es Cavallet y sa Sal Rossa) el 19 de julio de 2016, día en el que se contaron 895 individuos. La cifra se redujo sólo ligeramente en agosto y septiembre de ese mismo año, con 844 y 889 ejemplares contabilizados. 

Son las aves con las migraciones más irregulares que pueden verse en el parque natural. Un día de enero están en Eivissa y quince días después pueden estar en Italia. El ornitólogo Oliver Martínez, miembro del Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN), quien durante décadas ha participado en los recuentos de aves, lo explica así: “Se mueven un poco al tuntún entre los humedales”. Lo cierto es que los flamencos pueden verse prácticamente todo el año en ses Salines, y aunque sus migraciones “no son al uso”, podría establecerse un calendario y asegurar que, por regla general, la población se estabiliza más o menos de noviembre a febrero, desciende en febrero y marzo, y también durante los primeros meses del verano, para aumentar en el mes de julio y sobre todo ya a finales de agosto y en septiembre. En estas fechas es fácil observar ejemplares recién llegados, que, según destaca el ornitólogo, llegan exhaustos, sin energía, y eso los vuelve más sensibles a las molestias, a la presencia humana cerca de los estanques. Es un momento delicado. Estos ejemplares pueden estresarse fácilmente y morir si se les importuna y se ven obligados a alzar de nuevo el vuelo. Por ello, es necesario extremar el cuidado al visitar el parque, evitar las molestias a sus habitantes y, sobre todo, respetar la prohibición de acceder a las zonas acotadas y señalizadas. Es habitual, y Oliver Martínez también lo recalca, observar a personas, y también a perros y gatos, en el área de los estanques. Y no hay que olvidar que molestar a especies protegidas puede suponer un delito. Aunque no existe un riesgo inmediato para las poblaciones de flamenco común, la especie está incluida en el Libro Rojo de las Aves de España como ‘casi amenazada’ debido a los pocos enclaves en los que se concentra la mayor parte de la población reproductora europea, en los que cualquier incidencia en época de cría podría dar al traste con una parte importante de toda una generación.

flamencos en el estanque situado junto a la iglesia de Sant Francesc.CAT

Respecto a las zonas de las que proceden los flamencos que visitan Eivissa y Formentera, las anillas de PVC, de gran tamaño, con las que se anilla a algunos ejemplares en las colonias más importantes han permitido conocer que las islas reciben flamencos, principalmente, de la laguna de Fuente de Piedra (Málaga), de la Camarga francesa y del Delta del Ebro (los dos primeros puntos son las más valiosas áreas de nidificación europeas). En menor medida, llegan también de las salinas de Macchiareddu, en Cerdeña, y de los Valles de Comacchio, en el norte de Italia. Hay, asimismo, alguna lectura de flamencos anillados procedentes de salobrales de Turquía. Oliver Martínez aprendió, gracias a la información que aportan estas anillas, que los flamencos, posiblemente, crean grupos familiares, porque, a mediados de los 90 observó a una bandada de cinco o seis ejemplares y, un lustro después, volvió a ver juntos al menos a cuatro de ellos.   

En los últimos años, el flamenco ha colonizado nuevas áreas de cría en España y ya nidifica en las salinas de Santa Pola, en la laguna de Pétrola (Albacete), en el Delta del Ebro o en las marismas del Guadalquivir. Sin embargo, no nidifica en las Pitiüses ni hay datos que indiquen que lo haya hecho nunca, al menos en Eivissa; en Formentera sí nidificaba en el pasado, y se considera que el hecho de que s’estany Pudent se llamara, en los siglos XVII y XVIII, estany des Flamencs se debe a tal circunstancia del mismo modo que a la gran cantidad de aves que podían allí contemplarse. En los últimos años la población de flamencos invernante, y a pesar de la fluctuación de los datos debido a sus irregulares migraciones, parece haber aumentado en Eivissa, superando los 200 ejemplares en los recuentos del mes de enero. 

En Salobrar de Campos (Mallorca), que sigue a ses Salines pitiusas en importancia si hablamos de presencia de flamencos en Balears, se detectó un intento de nidificación en agosto del año 2006, que fracasó, según sospechan los expertos, por las molestias directas provocadas a las aves y el intenso tráfico que se registraba en la carretera de es Trenc. Oliver Martínez recuerda que la primera vez que los flamencos intentaron anidar en el Delta del Ebro, en el año 1992, un avión Canadair sobrevoló la colonia y frustró tal oportunidad. Y la presencia de aviones es uno de los aspectos a los que hace referencia al argüir por qué en Eivissa la nidificación no es fácil. “Los flamencos necesitan unas características muy precisas y en ses Salines hay mucha presión”, asegura. En las salineras ibicencas, la explotación de la sal sigue siendo una actividad en pleno rendimiento, “quedan pocos rincones vírgenes” y estos animales necesitan una profundidad determinada que no encuentran en unos estanques demasiado profundos. Lo cierto es que hace décadas que se plantea la posibilidad de instalar unas isletas artificiales para intentar que los flamencos nidifiquen en ellos, pero no hay ningún proyecto concreto para ello. 

El flamenco es un ave longeva, que puede alcanzar más de veinte años de edad (según confirman las lecturas de las anillas), y el color rosado lo adquiere a lo largo del tiempo debido a su alimentación (una combinación del crustáceo Artemia salina y el alga planctónica Dunaliella salina), por lo que se pueden identificar fácilmente los ejemplares juveniles porque aún no han adquirido tonalidades rosas. Existen varias especies de flamenco, y la que frecuenta ses Salines es, concretamente, el flamenco común (Phoenicopterus roseus), que hace tan sólo una década se desligó de la especie P. ruber, de la que se consideraba subespecie. Su nombre común hace referencia a una flama, a una llama, y al color rosado de los ejemplares adultos (aunque la especie europea no alcanza el tono intenso que puede verse en el flamenco rojo de las áreas tropicales). Es también el ave con las alas del fénix, el que renacía envuelto en fuego, según su denominación científica, ya que el nombre del género proviene del griego ‘phoinix’, fénix o escarlata, y ‘pteros’, que significa alas. 

LA CLAVE. LA AMENAZA DE LOS TENDIDOS ELÉCTRICOS

A la elevada presión humana que los flamencos, al igual que el resto de los habitantes del humedal, sufren en ses Salines se suma el peligro que para las aves representan los tendidos aéreos eléctricos que, año tras año, quienes gobiernan las instituciones se comprometen a eliminar sin que ello llegue a suceder jamás (incluso se han llegado a anunciar partidas concretas para tal fin). Cada año mueren algunos ejemplares al colisionar contra los tendidos, a pesar de los ’salvapájaros’ (unas espirales de PVC) que Red Eléctrica instaló en 2013. Al parecer, la efectividad de estas espirales, que, además, han perdido sus colores vistosos, deja mucho que desear. Y hay que tener en cuenta que la mayoría de las aves chocan contra los cables cuando, al atardecer, emprenden el vuelo hacia las zonas en las que pernoctarán, y la visibilidad es menor en ese momento del día. 

flamencos volando sobre los estanques de sa sa Sal Rossa. CAT

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/10/20/fenix-rosa-salinas/1099055.html

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El cura que contaba estrellas desde el tejado del Seminario

Inicio de ‘Explicación astronómica del fin del mundo bíblico’ del ejemplar conservado en el Arxiu Històric d’Eivissa

Cristina Amanda Tur @territoriocat

“¡Quién sabe si Dios nuestro Señor en sus inescrutables designios tendrá determinado que el fin del mundo, es decir, la extinción de la vida sobre la Tierra, tenga por causa la conversión de nuestro Sol en estrella nueva!”. La frase está extraída del texto ‘Explicación astronómica del fin del mundo bíblico’, escrito por Vicent Serra i Orvay en noviembre de 1938 y en el que el sacerdote ibicenco diserta sobre la posibilidad de que el Apocalipsis devenga por la conversión del Sol en estrella nova (la estrella Nova Persei, a la que cita, se había descubierto hacía poco más de treinta años). Actualmente, la Astrofísica sabe que el Sol no explotará como nova o supernova, que se apagará como una vela tras consumir toda su energía y que, cuando pase, además, ya no habrá vida en el planeta Tierra para presenciarlo. En los años 30 aún no estaba claro cómo iba a acabar su existencia la estrella madre del Sistema Solar, y Serra i Orvay, sin perder de vista los conocimientos científicos de la época, necesita que sea un final apocalíptico, con estrellas que caigan del cielo y fuego exterminador. “Creemos firmemente que el fin del mundo bíblico existirá. No nos contentamos por lo tanto con un fin del mundo cualquiera, con un fin del mundo más o menos científico, que puedan defenderlo (como de hecho lo defienden) aún los incrédulos, y con el cual, sin embargo, parece que se conforman (no nos explicamos cómo) algunos apologistas católicos”. Es uno de los textos más conocidos del sacerdote, astrónomo y filólogo ibicenco, hijo ilustre de Sant Josep y nacido en Sant Jordi hace ahora siglo y medio, el 7 de octubre de 1869. Fue inicialmente una conferencia, se imprimió como folleto por suscripción popular y se conserva una copia en el Arxiu Històric d’Eivissa (Col.lecció Joan Palau). 

Serra Orvay en la torreta del Seminario observando un eclipse a través de un cristal ahumado. Fotografía cedida por la Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera (Arxiu d’Imatge i so del Consell)

Indudablemente, Vicent Serra i Orvay era de esas personas capaces de conjugar sin conflictos un espíritu científico con unas fuertes convicciones religiosas. A decir verdad, no debe ser tan complicado, porque los sacerdotes con vocación de astrónomo no son una rareza en la historia; sacerdote fue también Georges Lemaître, conocido como el padre del Big Bang, y lo fueron los italianos Riccioli y Grimaldi, que hicieron el mapa de la Luna en el siglo XVII, o el español Ramón María Aller Ulloa, que descubrió cuatro estrellas y que da nombre a un cráter lunar (de hecho, hay tres clérigos españoles incluidos en la cartografía de la Luna por sus aportaciones científicas). La histórica relación entre Iglesia y Astronomía va mucho más allá del proceso inquisitorial a Galileo Galilei por defender el heliocentrismo y asegurar que la que gira es la Tierra, no las estrellas, y ha sido a menudo más cordial que hosca. Rehabilitado oficialmente por Juan Pablo II en 1992, se cumple este año una década del homenaje que la Iglesia rindió a Galileo con motivo del Año de la Astronomía. 

Y Vicent Serra i Orvay, conocido como ‘Margalits’ por la casa familiar de su infancia, es la aportación ibicenca a la ciencia astronómica, un hombre incansable, de talante polemizador, inquisitivo y curioso, según se llega a conjeturar leyendo sus escritos y aquello que se ha conservado de su extensa correspondencia. Parte de esta correspondencia son las cartas que escribía a a su discípulo Daniel Escandell, quien sería uno de los fundadores de la Agrupació Astronòmica d’Eivissa i Formentera. En una de esas cartas, inédita y facilitada por un familiar del también fallecido Escandell, se evidencian las relaciones epistolares que mantenía Serra i Orvay, que comunica al alumno haber recibido una carta muy alentadora del director del Observatorio de Madrid, al que anteriormente había informado “de la invención de tu fórmula para la determinación de los diámetros estelares”. El método obtendría reconocimiento en diversos círculos científicos gracias a la intervención del maestro. La carta es de febrero de 1952. No todas  las que se enviaron a lo largo de los años tuvieron, sin embargo, el mismo carácter erudito, porque, un mes después, el sacerdote escribirá a Daniel Escandell, que entonces tenía veinte años y estudiaba en Barcelona: “Mi muy querido Daniel. De mi hinchazón no hay que hacer caso. Tan pronto sube un poco como baja despacio. Por haber subido bastante en los últimos días, el médico me ha vuelto a poner en cama continua, excepto para comer (y escribir estas líneas). Por lo tanto no te preocupes”. Se refiere el sacerdote a una enfermedad, la hidropesía (una acumulación anormal de agua en el organismo), que llegaba a dificultar sus movimientos, que arrastraría durante años y que, finalmente, le llevó a la tumba. 

cartas de Serra i Orvay y apuntes astronómicos de su discípulo Daniel Escandell.CAT

LAS TRES MISIONES DE SERRA i ORVAY

La ciencia astronómica llegó a Serra i Orvay con más de treinta años, cuando ya era rector del Seminario, con una formación matemática que le sería muy útil en sus nuevas inquietudes cosmológicas. Instaló el material para sus observaciones del firmamento en el tejado, en lo que denominaban la torreta,  y allí se aficionó a pasar largas horas de la noche. Se obcecaba en cálculos sobre las distancias estelares (paralaje) o en estadísticas sobre las lluvias de estrellas (toda una serie de artículos iniciados en 1934 con el título ‘Número de estrellas volantes en las lluvias de las mismas’). Sus trabajos sobre la magnitud estelar de Venus consiguieron el reconocimiento del ámbito científico de la época y sus cálculos del número de electrones del universo arrojaron cifras muy similares a las del astrónomo británico Arthur Eddington, el hombre que verificó la teoría de la relatividad de Einstein. Publicó numerosos artículos en la revista Urania (de la Sociedad Astronómica de España y América, de cuya directiva formó parte) y mantenía correspondencia con investigadores y centros astronómicos a los que corregía sin dudar si encontraba posibles errores en sus hipótesis. Y si la torreta del Seminario era su observatorio particular, también hay que decir que pasó muchas noches observando las constelaciones desde sa Conillera, islote que frecuentaba por su amistad con la familia del torrero del faro. 

Antes de astrónomo, una afición que le llegó de improviso por un libro francés de astronomía que un buen día encargó por curiosidad, Serra i Orvay era sacerdote. A los doce años ingresó en el Seminario, y aún no se había ordenado cuando empezó a dar clases de matemáticas, física y química. Posteriormente, también impartiría asignaturas de filosofía y griego. Isidoro Macabich, otro sacerdote ilustre de la isla, fue su alumno. Y años después –en 1936, y en una reunión del Comité Antifascista celebrada en el Teatro Serra para debatir la ejecución de los sacerdotes de la isla–, se acordó no molestar en ningún momento a Macabich, como hombre de letras, y a Serra i Orvay, como hombre de  ciencias. Eran demasiado valiosos para la isla, a pesar de ser curas.

Serra i Orvay se licenció en Teología, su primer destino eclesiástico fue como coadjutor de la parroquia de Sant Antoni y fue nombrado canónigo de la Catedral el año 1895, tres años antes de ser nombrado, asimismo, rector del Seminario. Ya sería rector hasta su muerte, el rector que pasaba largas horas nocturnas observando las estrellas en el tejado. Vicario capitular años más tarde, en 1919, puso su empeño en lograr que se restaurara el obispado pitiuso.

Mossèn Margalits se asignó tres misiones en este mundo. Si la primera de ellas fue devolver a las islas el obispado, suprimido por el concordato de 1851, la segunda fue la divulgación astronómica, con sus estudios y sus charlas, conferencias y artículos de lo que el llamaba ‘vulgarización astronómica’. 

Y la tercera fue una cruzada lingüística. En 1906 participó en el I Congrès Internacional de la Llengua Catalana con un estudio titulado ‘Apreci en qu’és tinguda a Eyvissa la llengua pròpia. Ullada dalt dalt a algunes questions illades de gramàtiga eyvissenca’, el primer tratado sobre el ibicenco. Consideraba el eminente sacerdote que había que valorar más la lengua catalana y el dialecto ibicenco (por aquel entonces, prácticamente sólo Macabich y él escribían en su propio idioma) y consiguió publicar el primer catecismo en catalán dialectal. “Sería muy conveniente que los primeros libros que tuviesen los chicos en la escuela estuviesen en su lengua propia”, defendía, y en su intervención en el congreso explicó que la “gente de ciudad” despreciaba la pureza del lenguaje, llenándolo de “castellanismos ridículos”. Colaboró en la elaboración del Dicccionari català-valencià-balear y el reconocido lingüista Antoni María Alcover, autor del citado diccionario y sacerdote igualmente, lo consideraba una autoridad en la materia. Fue una conferencia de Alcover en Eivissa, en abril de 1902, en la que defendió el estudio y la dignificación del uso del catalán, la que probablemente despertó el interés lingüístico de Serra i Orvay.

Un año antes de su muerte, el Vaticano le concedió la dignidad canonical de arcipreste de la Catedral de Eivissa. Murió el 24 de mayo de 1952 en el Seminario. Tenía 82 años. Su discípulo, y ya también colaborador, Daniel Escandell, lo calificó años más tarde, en un homenaje que se le rindió en el Ayuntamiento de Sant Josep, como “el apóstol de la ciencia del cielo” y añadió: “En Ibiza se aprecia al hombre y se admira al sabio, más era en los centros científicos de España, Europa y América donde su personalidad era comprendida en toda su magnitud”. Y el presidente de la Sociedad Astronómica de España y América, Federico Armenter, escribió, al conocer su fallecimiento: “Ibiza está de luto y lo está también la ciencia española”. 

“Y es postulado de la ciencia astronómica que ya hay soles apagados, estrellas que ya fenecieron, mundos a los cuales llegó ya su fin. Y un ejemplo bien patente de ello tenemos en el pequeño mundo de nuestro satélite la Luna, en la cual no pueden distinguir las pupilas penetrantísimas de nuestros gigantescos telescopios modernos, sino señales de desolación y de muerte. Y de todos esos mundos fenecidos decretó su fin el mismo Dios que los había creado, si no con decreto especial, al decretar las leyes de la Naturaleza; y sin embargo el fin de ninguno de ellos llevó consigo el fin de todos los restantes”. Fragmento de ‘Explicación astronómica del fin del mundo bíblico’. 

reportaje del Dominical de Diario de Ibiza:
https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/10/06/cura-contaba-estrellas-tejado-seminario/1096174.html

folleto de la Colecc.ció Joan Palau, del Arxiu Històric d’Eivissa
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El muelle de la sal

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Al final del muelle se levanta una estructura destinada a facilitar el paso de la sal a las bodegas de los buques que llegan a la isla para llevarse lo que, antes del turismo, representó el motor económico de las Pitiüses. Y en esa estructura se enciende, cada atardecer, la primera gran luz que anuncia la noche y que no tarda en reflejarse sobre el espejo de las aguas. En verano, la potente farola del extremo del muelle compite con la intensidad de Júpiter cruzando el cielo y con las luces todo horizonte que exhiben en sus mástiles las decenas de veleros que allí se concentran para pecnoctar fondeados en la saturada bahía sur de la isla. 

La luz sobre la estructura del metal contribuye a la fotogenia del lugar, que suma a su encanto la historia y el bagaje sentimental de unas islas unidas secularmente a la producción de sal. Es el único cargador que existe hoy de los tres puntos en los que antiguamente se cargaba la sal en barcazas para trasladarla a los barcos foráneos que esperaban la mercancía en el puerto. Cuatro, en realidad, contando el carregador de Formentera. Y éste punto en concreto era el carregador de Ponent o sa Canal, del que existió uno más antiguo que fue reemplazado por el actual cuando se ejecutaron obras de modernización en la salinera, en el siglo XIX. A veces, era conocido como el carregador de sa Cova Llarga, porque ese es el nombre de la punta de tierra que cierra la bahía por el oeste, en el mismo macizo en el que se encuentra es cap des Falcó. Algo más al sur de este largo muelle para transportar sal, después del grupo de casetas varadero del pequeño núcleo de población de sa Canal, se conservan restos de otra construcción más antigua, lo que queda de una rampa y unos rieles que se adentran en el mar. Son las antiguas atarazanas donde la empresa salinera reparaba sus embarcaciones. Y junto a estas ruinas se deshace desde hace décadas otro vestigio de tal pasado, una de las antiguas barcazas en las que se embarcaba la sal y que ninguna institución pitiusa ha sido capaz de salvar del abandono. 

El actual muelle fue reconstruido para poder cargar la sal directamente a los barcos, mediante cintas transportadoras, sin necesidad de usar las barcazas ni a los jornaleros que las cargaban. Ya era el único que funcionaba aún entrado el siglo XX y en la actualidad sigue siendo visitado, cada otoño, cuando se recoge la sal de los estanques, por los cargueros que transportarán la sal a grandes conserveros de pescado del Norte, como Islas Feroe y Dinamarca, o a lugares que, como Escocia en 2010, precisan de la sal para fundir la nieve dejada en la carretera por los temporales. De los otros dos carregadors que existieron, el de sa Sal Rossa y el de es Cavallet (también llamado de Levante o de la sal blanca) también quedan los restos.

LA CLAVE. La doble vía

En los años 80 y 90, el ayuntamiento de Formentera intentó llevar adelante un plan denominado la ‘doble vía’ de comunicación marítima, del que los medios informaron con insistencia, que preveía la adecuación del muelle de sa Canal para el traslado excepcional de enfermos y heridos desde la menor de las Pitiüses; cuando el estado del mar, con viento de Levante, dificultara la llegada al puerto de Vila cruzando es Freus. Lo cierto es que, históricamente, sa Canal ya fue empleada por llaüts de Formentera cuando había que trasladar a Eivissa, con urgencia y a pesar de las condiciones adversas del mar, a algún residente en la isla. 

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Rinocerontes de jardín

ejemplar de escarabajo rinoceronte.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Ni pican ni muerden ni embisten ni son venenosos. Los inofensivos escarabajos rinoceronte tienen, eso sí, un aspecto combativo y son considerados los animales más fuertes que se conocen en el mundo; algunos experimentos apuntan a que estas criaturas acorazadas y armadas pueden levantar cargamentos que rebasan 850 veces su propio peso, una cifra que a muchos puede resultar inabarcable. En cualquier caso, es bueno recordar que este coleóptero no resulta peligroso cuando observas, al atardecer, a un ejemplar de casi cinco centímetros acercándose hacia ti y te parece estar viendo a un pequeño y torpe rinoceronte granate avanzando entre los cactus. El espectacular insecto ha surgido de la tierra, donde estos animales suelen pasar las horas del día en las que hay más luz y hace más calor.

En las Pitiüses están presentes dos especies de dos géneros distintos de lo que se conoce genéricamente como escarabat banyut, escarabajo rinoceronte. El ejemplar de la fotografía es, concretamente, de la especie Oryctes nasicornis, un complejo taxón con múltiples subespecies. El naturalista Xavi Canyelles indica que “la subespecie grypus es la mediterránea y peninsular” y, por tanto, la que puede encontrarse en Balears, (en la Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera aluden a la especie O. n. ssp. laevigatus, aunque en diversas publicaciones se señala que, en realidad, ésta coloniza el sur de Francia, buena parte de Italia, Córcega y Cerdeña; en Europa central la subespecie descrita es la nominal, O. n. nasicornis). La segunda especie presente, y frecuente, en las islas es el escarabajo Copris hispanus, más pequeño, más negro, más achaparrado y con los élitros estriados. Ambos son coleópteros (que viene a ser la forma científica de nombrar al órden de los escarabajos) de la amplia familia Scarabeidae y la subfamilia Dynastinae (popularmente, los dinastinos), de los que existen casi 1.400 especies identificadas en el planeta. 

Canyelles aporta también algunos nombres más con los que este escarabajo rinoceronte es conocido en Balears: escarabat candeler, escarabat del dimoni, escarabatot, escarabat de banya y escarabat vermell. El primero de estos nombres, explica, se debe a que antaño “los niños le ponían un poco de cera en el cuerno y lo encendían”. El profesor de zoología de la UIB Miguel Ángel Miranda, experto en entomología, especifica que el cuerno de este rinoceronte granate en miniatura es una herramienta para excavar que se transforma en arma “en las luchas entre machos por el derecho a aparearse con las hembras”. 

Miranda destaca el “gran dimorfismo sexual de esta especie”, ya que es el macho el único que muestra ese gran cuerno que lo asemeja a un rinoceronte. O a un Centrosaurus. Las larvas, que también alcanzan un tamaño considerable, tardan entre dos y cuatro años en desarrollarse “y lo hacen sobre una amplia gama de árboles, desde olivos a palmeras”. En cambio, los ejemplares adultos, añade Canyelles, “viven unos pocos días”. Y son activos en las horas crepusculares y nocturnas. “Vuelan de noche buscando pareja, atraídos por los focos de luz”, según puede leerse en la ficha que el naturalista elaboró sobre esta especie. Lo cierto es que no resulta fácil imaginar a este gran coleóptero volando, aunque, como la mayoría de los insectos, puede hacerlo. Su vuelo es algo desmañado, pero sus alas tienen un hermoso color amarillo dorado. Las larvas se alimentan de la madera en descomposición, mientras que los individuos ya adultos, tras pasar por su fase de pupa, apenas se alimentan y sólo viven para garantizar nuevas generaciones de grandes y brillantes escarabajos con cuernos. Respecto a sus depredadores, rapaces, tanto diurnas como nocturnas, incluyen a estos insectos en su dieta. 

En su ficha sobre la especie, Xavi Canyelles señala que pueden verse ejemplares adultos de mayo a julio “y a veces hasta mitad de agosto” y que es frecuente en Balears, “donde puede llegar a ser abundante durante la época de explosión demográfica”. Sus hábitos nocturnos y subterráneos consiguen, sin embargo, que pasen desapercibidos. A pesar de su tamaño, muy variable, que se estima entre 25 y 40 milímetros (el ejemplar de la imagen, ya muerto, es un megarinoceronte que mide 48).  

LA CLAVE. LA MEGAAVISPA PARÁSITA

Se pueden citar otras dos curiosidades relacionadas con el escarabajo rinoceronte, concretamente con sus larvas. La primera de ellas es que a menudo éstas se confunden con larvas del picudo rojo, según explica Xavi Canyelles. A ello probablemente contribuye que los rinocerontes también pueden poner sus huevos en las palmeras. Por otra parte, el biólogo Joan Carles Palerm, presidente del Grup d’Estudis de la Naturalesa, señala que existe “una avispa enorme, de las más grandes de Europa y que mide unos cuatro centímetros”, cuyas hembras parasitan las larvas del escarabajo rinoceronte, lo que hace que estas dos especies se relacionen y sea fácil hallarlas en la misma zona. Respecto a la avispa (la especie Megascolia maculata), prácticamente tan grande como el escarabajo, Palerm asegura que “a veces me llegan consultas por si es una especie exótica, porque es tan grande que da miedo a la gente”. 

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Aracnofobia de otoño

Argiope lobata envolviendo a una presa en seda.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Son las arañas de los ojos brillantes, o al menos a eso apunta la etimología de su nombre, pero, en realidad, destacan más por su gran tamaño y su llamativo abdomen. Si se tiene en cuenta la longitud de sus patas, siempre extendidas y amenazadoras, son las más grandes que pueden encontrarse en los campos pitiusos, no aptas para aracnofóbicos. Estas arañas son del genéro Argiope (argos significa brillante en griego y ops, ojos), un nombre que también evoca a una ninfa de la mitología griega, y que empiezan a verse con suma frecuencia desde el mes de septiembre, cuando acaba el verano, y comienza la época de apareamiento. Son arácnidos que tienden grandes telarañas orbiculares entre las ramas y resultan inconfundibles por sus características patas con bandas negras y amarillas y por las formas y colores de sus abdómenes, que permiten distinguir con facilidad cada una de las tres especies que son abundantes en Eivissa. La primera de ellas se conoce popularmente como argiope lobulado (A. lobata) y es la que muestra mayores diferencias con respecto a las otras dos. La araña avispa o argiope avispón (A. bruennichi) y el argiope listado (A. trifasciata) presentan rayas negras y amarillas que recuerdan a las abejas y avispas; también son conocidas como arañas tigre por ese mismo aspecto rayado. Y esas marcas advierten de su veneno, que aunque, en principio, no es muy peligroso para el ser humano, puede provocar una reacción similar a la de una picadura de avispa. 

A decir verdad, y respecto al tamaño, los ejemplares visiblemente grandes son sólo las hembras, cuyos cuerpos (sin contar las espectaculares patas) pueden llegar casi a los tres centímetros y que resultan ser tres veces más grandes que los machos. El dimorfismo sexual en estas especies es sorprendente, y la primera vez que observas en la misma tela a macho y hembra, crees que el individuo más pequeño es de una especie diferente. Además, en el género Argiope se da el canibalismo y, al finalizar el apareamiento, el macho tiene que escapar con rapidez si no quiere ser atacado por la hembra, que se lo zampará licuado.  

También hay que hacer una precisión en relación con el nombre, ya que estos arácnidos se denominan ‘ojos brillantes’ porque poseen lo que se denomina tapetum, un tejido detrás de la retina que es el mismo que hace que los ojos de gatos y perros brillen en la oscuridad; es una especie de espejo que refleja la luz cuando, por ejemplo, los enfocamos con una linterna.   

Hay otras dos curiosidades relacionadas con estas arañas que vale la pena citar. La primera de ellas es que, al igual que otras especies, cuando se sienten amenazadas se balancean en su telaraña hasta alcanzar tal velocidad que se vuelven prácticamente invisibles. La segunda singularidad tiene el nombre de stabilimentum o estabilimento, y se trata de un grueso entramado de seda en zigzag que estos arácnidos tejen sobre su telaraña y a la que los científicos llevan años buscando una explicación. Las hipótesis propuestas apuntan a que podría servir para alertar a animales grandes, a los pájaros, por ejemplo, de la existencia de la tela o que tal vez atraería presas a la red. Otras especies de arañas que también tejen telas orbiculares realizan sus propios diseños de estos estabilimentos. 

En Balears hay citadas 330 especies de arácnidos, aunque en las Pitiüses sólo se ha identificado un centenar de taxones, algunos de ellos endémicos. Podrían existir muchos más, según resaltan a menudo los expertos de las islas, pero los estudios en este campo, y sobre los artrópodos en general, son muy limitados. 

LA CLAVE. EL RANKING DEL TAMAÑO

Aunque por sus largas y llamativas patas a rayas, las representantes del género Argiope son las arañas de mayor tamaño y más espectaculares que pueden encontrarse en las islas, les van a la zaga las especies del género Araneus, unos arácnidos de abultados abdomenes de color marrón, con manchas blancas que identifican las distintas especies, y fáciles de encontrar en los jardines, en el centro de sus grandes telarañas. Asimismo, puede alcanzar un tamaño considerable la tarántula (araña lobo) que existe en las Pitiüses, la especie Lycosa munieri, aunque no parece tan abundante ni es tan fácil de observar como los individuos de los géneros Argiope y Araneus, ya que es una araña que construye túneles en la tierra. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/09/15/aracnofobia-otono/1091673.html

A.trifasciata fotografiada en Sant Jordi.CAT
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Un rastro de almas en el cielo

Vía Láctea, es Frares de Cap Martinet y Formentera al fondo.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

En un complejo ejercicio de cartografía estelar, un equipo de científicos ha logrado el mapa tridimensional más completo de la Vía Láctea que se haya confeccionado hasta el momento. En la nueva carta astral, publicada en revistas como Science y Nature Astronomy, se ha incorporado el brillo de las estrellas variables denominadas cefeidas y se ha constatado que la galaxia no es plana, que está torcida y deformada en sus laterales como si dibujara una alargada S. Tal vez porque la fuerza de la gravedad se debilita lejos de las zonas internas. 

El Centro Galáctico de la Vía Láctea, la galaxia espiral en la que se halla el Sistema Solar, puede contemplarse desde las Pitiüses durante todo el verano, e incluso hasta el mes de octubre, si se busca a la izquierda de Júpiter, uno de los cuerpos celestes más fáciles de identificar en los cielos estivales porque es la primera luz que parece encenderse en el firmamento al caer el sol (si se exceptuan, obviamente, los días de Luna). 

Lejos estaban de imaginar la Vía Láctea como hoy nos la muestran los científicos quienes siglos atrás bautizaron al brazo visible de la galaxia como el camí de ses Ànimes, que es uno de los nombres con los que los ibicencos han conocidos, desde tiempos inmemoriales, a este rastro de estrellas y polvo estelar que atraviesa el cielo nocturno, según se recoge en el libro ‘Estels d’Eivissa. Noms popular d’estrelles, planetes i constel.lacions a les illes Pitiüses’ que la Agrupació Astronòmica d’Eivissa editó hace tres años.

El viaje que las almas emprenden tras la muerte y su relación con la estela brillante plagada de puntos luminosos que puede verse elevándose en la bóveda celeste, es, curiosamente, un mito compartido por diversas culturas del mundo; si antiguamente, los campesinos ibicencos, y sin saber aún que estaban viendo una parte de nuestra galaxia, conocían a esta banda estrellada como el camí de ses Ànimes, diversas tribus indias de América del Norte la habían incorporado a su propia mitología para considerarla la senda que conducía a los espíritus hasta el país de los muertos. Los vikingos también creían que portaba a los difuntos al Valhalla. 

Aún más sorprendente es la universalidad del segundo nombre con el que la cultura popular de las islas conocía la Vía Láctea, que es la versión catalana del camino de Santiago, el camí de Sant Jaume, un nombre que aún perdura. Así como también se ha perpetuado la falsa creencia de que el nombre se debe a que este recorrido de estrellas y gas interestelar guiaba en la noche a los peregrinos que realizaban el camino de Santiago. Lo cierto es, sin embargo, que la Vía Láctea cambia de posición con respecto a la Tierra a lo largo de todo el año e incluso en una sola noche, en la que puede verse el brazo de la galaxia aparecer por el horizonte, casi paralelo a él, para acabar levantándose perpendicular. Dificilmente, un camino que cambia de posición puede servir de guía. Por otro lado, también varía el tramo de la galaxia que puede verse en las distintas estaciones, aunque, contrariamente a lo que muchos creen, no es cierto que la Vía Láctea sólo sea visible durante los meses de verano. Durante el invierno, eso sí, el brazo de la galaxia que puede contemplarse es menos espectacular porque el denominado Centro Galáctico –la zona más brillante, a la altura en la que se encuentran Escorpión, Ofiuco y Sagitario– no es visible. 

En realidad, la razón de que la Vía Láctea sea conocida como camino de Santiago, se halla en el Códice Calixtino, donde se cuenta que el apóstol Santiago (sant Jaume en catalán) se apareció al rey Carlomagno durante tres noches seguidas y le dijo que siguiera aquel camino de estrellas para encontrar su tumba y liberar su tierra de infieles. Tal explicación también aparece en el libro ‘’Estels d’Eivissa’, en el que se señala que “es coherente con el hecho de que el nombre camino de Santiago se emplee en diversos puntos del continente europeo, aunque sea obvio que la dirección a seguir para llegar a Santiago de Compostela desde cada uno de estos puntos debe ser diferente”. 

Y aún hay más referencias en la tradición cultural pitiusa para la espina dorsal de la noche, tal y como la denomina Carl Sagan en ‘Cosmos’ haciendo alusión a un mito del pueblo !Kung del desierto de Kalahari. Una de ellas es la adivinanza ‘Quin és l’únic camí del món que mai ningú ha fonyat ni mai es veurà espanyat?’. Y, finalmente, en un mito que recoge el libro citado y cuya información fue aportada “por una persona mayor originaria de Sant Josep”, las nebulosas de la Vía Láctea se formaron con el polvo que levantaban los cascos del caballo del apóstol Santiago en su huida de los soldados del rey Herodes, que había ordenado su muerte (hechos narrados en la Biblia). Las herraduras, además, habrían sido colocadas al revés para confundir a los perseguidores. Este mito del polvo dejado atrás por el caballo tiene ciertas similitudes con las leyendas de otras culturas del mundo para las que el polvo o gas que parece humo se asemeja al rastro de un animal huyendo; para los cherokees era un perro que esparcía granos de maíz que se convertían en estrellas.

Todas las culturas antiguas que concibieron mitos para lo que veían en el cielo y elaboraron metáforas para intentar comprender lo que contemplaban estaban aún muy lejos de entender la verdadera naturaleza, forma y tamaño del camino de las almas. En cambio, podían apreciarla a simple vista de tal forma que en la actualidad no podemos alcanzar a imaginar, porque, paradójicamente, mientras más sabe el ser humano de la galaxia en la que se encuentra más se diluye ésta en el cielo nocturno por culpa de la creciente contaminación lumínica. 

LA CLAVE. LA GALAXIA AL NATURAL

El ojo humano no tiene la suficiente sensibilidad para captar todas las estrellas, polvo cósmico y gas interestelar que conforman la Vía Láctea, pero una cámara fotográfica, sí. Y por ello es tan distinto lo que puede verse en una fotografía, con una Vía Láctea mucho más exuberante y refulgente, que lo que puede contemplarse a simple vista; y también por ello, hay quien se muestra decepcionado la primera vez que busca en la noche el espinazo del diablo. Sin embargo, escogiendo lugares con escasa contaminación lumínica y acostumbrando a los ojos a la oscuridad durante unos minutos, resulta asombroso comprobar cómo la Vía Láctea se materializa en el negro del firmamento,  como una nube de humo en la que, poco a poco, se van encendiendo estrellas y concentraciones de ellas, y en la que incluso pueden distinguirse las formas que adoptan las nebulosas y el gas del Centro Galáctico, el centro de rotación de la galaxia, donde los astrónomos afirman que se oculta un agujero negro supermasivo al que llaman Sagitario A*. 

Publicado en el dominical de Diario de Ibiza: https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/09/08/rastro-almas-cielo/1090216.html


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El rompeolas de ‘Tramuntana’

el islote fotografiado desde es pujolet des Morts. Al fondo, las grúas del Xarraca Bay. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

La estrecha y serpenteante bahía de es Portitxol de Portinatx queda cerrada al norte y noroeste, protegida de la Tramuntana, por un islote cuya existencia suele olvidarse cuando se enumeran las islas menores que bordean las Pitiüses y cuyo nombre pocos parecen recordar. Lo cierto es que este peñasco a duras penas puede considerarse un islote, porque está separado de tierra por un estrecho paso por el que ni la embarcación más pequeña puede navegar; un simple kayak roza el fondo al cruzar. 

El nombre de este islote que es casi una península con el istmo recién roto, es sa Guardiola, un topónimo que probablemente proceda del uso como puesto de vigilancia que antiguamente tuviera este pequeño trozo de tierra que se eleva, en pendiente, hasta los 32 metros de altuea. Otros enclaves de las Pitiüses con los que comparte topónimo, como sa Punta de sa Guardiola de s’Espalmador (donde se levanta la torre de sa Guardiola) también tienen esa acepción de emplazamiento para montar guardia. De hecho, en el libro ‘La toponímia de la costa de Sant Joan de Labritja’, Enric Ribas plantea la posibilidad de que el trozo de tierra que cierra Portinatx al noroeste tuviera, como nombre original, el de sa Galera “y que su utilización con finalidad defensiva o de vigilancia impusiera el nombre actual”. 

En su vertiente norte, el erosionado acantilado y las grandes rocas caídas a los pies del islote revelan la marca del embate de las olas, del frecuente viento invernal de Tramontana, el que llega desde ‘más allá de la montaña’ y que azota de manera especial el archipiélago balear. 

Tal vez lo más conocido del lugar sean las dos cuevas que, como dos mordiscos, destacan en el mapa del islote, en el sur y sureste de su orografía, y que tienen por nombre algo tan prosaico como sa Cova Grossa y sa Cova Petita. Sa Guardiola tiene una extraña forma de la que se distinguen dos partes diferenciadas; la primera es el promontorio elevado, con cierto perfil de concha de mar, de mejillón más redondeado de lo normal, y la segunda es un brazo de roca sin vegetación que sale del promontorio en su lado norte y se extiende hacia el oeste, como si se hubiera derramado líquido del molde con el que se fabricara el islote y se hubiera solidificado lleno de burbujas que han pasado a ser agujeros. Esta zona de roca blanca, irregular y porosa tiene la misma textura y configuración que sa Punta de sa Torre y otras plataformas calcomargosas que abundan en la costa norte y que ofrecen un peculiar paisaje lunar al entorno. Y, observando desde el cielo, existe en sa Punta de sa Torre un saliente más pequeño conocido como na Berenguera que junto con la punta de sa Guardiola cierra las playas de Portinatx como los bates de una máquina de Pinball. 

El apéndice de sa Guardiola se llama, por cierto, Punta Galera, aunque tal nombre parece haberse extendido a toda la plataforma que protege es Portitxol por el norte, y que, a pesar de su reducido tamaño aún es rico en topónimos. De ellos puede destacarse, como curiosidad, que la colina que se extiende desde la cala hasta sa Guardiola se conoce como es Pujolet des Morts. En el citado libro, su autor recoge los testimonios de dos lugareños que aseguran que tal nombre “tiene su origen en los hallazgos habituales de calaveras de tiempos antiguos”. Tal vez el lugar mereciera algún estudio arqueológico. 

LA CLAVE. LA MINUCIOSIDAD DEL ARCHIDUQUE

El archiduque Luis Salvador, curiosamente, no se olvidó de tan pequeño islote en sus crónicas de las islas y así se refiere a él: “A la torre de Portinatx sigue el puerto de igual nombre, protegido por una especie de doble coraza de rocas; a este dique natural se suma una isla muy cercana a la orilla, de rocas negras y tan erosionadas por las olas que diríase una esponja”.  

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/09/01/rompeolas-tramuntana/1088793.html

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