Rara avis en la badia de Portmany

El falaropo observado en es Calò d’en Serral, creando remolinos en el agua para lograr su alimento. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat 

El archipiélago de Svalbard, la isla del Oso, Islandia y Rusia son su hogar y sus áreas de reproducción en Europa. Es decir, las costas del Ártico. Se trata del falaropo picogrueso (Phalaropus fulicarius), una especie limícola y migratoria que hasta este pasado mes de noviembre no se había citado nunca en Balears y que ha sido observada y fotografiada en es Caló d’en Serral, en la bahía de Sant Antoni. 

En invierno, la población europea de falaropos desciende hacia el Atlántico –según puede leerse en el Atlas de las Aves de SEO/Birdlife–, estableciendo su áreas de invernada probablemente mar adentro, frente a la costa oeste y sur de África. En su migración, siguiendo preferentemente rutas oceánicas, estas aves pasan por España y pueden verse en la costa cantábrica y gallega. Incluso en la costa andaluza.

Sin embargo, en el Mediterráneo son muy raros, explica el biólogo y ornitólogo Maties Rebassa, quien ha identificado el ejemplar observado en Eivissa, ha confirmado que era el primer registro del archipiélago balear y se ha ocupado de comunicar la observación al Comité de Rarezas de Balears (encargado de homologar la cita).  

El falaropo –conocido como escuraflascons en catalán– fue avistado en la tarde del pasado 29 de noviembre en la pequeña cala de es Calò d’en Serral. El ejemplar –con su plumaje de invierno– se mecía en las ondulaciones del agua cerca de la orilla. A primera vista y antes de usar el teleobjetivo de la cámara para observarlo mejor, podía tratarse de alguna gaviota reidora o alguna de las gaviotas que también pasan por las islas en invierno, que son más pequeñas que las comunes. Sin embargo, al contemplarlo más de cerca, se hizo evidente que su aspecto era más de un ave limícola que de una gaviota, aunque pertenecen al mismo orden (caradriformes). También su comportamiento era el de un ave limícola, ya que, entre las ondas de las olas, el animal creaba remolinos nadando en pequeños círculos, una práctica que realiza para atrapar los invertebrados de los que se alimenta y que recuerda a los movimientos que muchas otras limícolas realizan para lograr el alimento, removiendo el limo y el agua en las orillas para hacer salir a insectos y otros invertebrados..

Este año, además de la visita inesperada e inaudita de este falaropo picogrueso, las islas (y otras costas mediterráneas) están recibiendo cantidades inusuales de otras aves marinas y migradoras procedentes de países del norte, como algunas gaviotas, alcas comunes y charranes. Cada año, algunos ejemplares pasan por el Mediterráneo y se detienen en aguas de Eivissa y Formentera, pero esta temporada se están viendo más ejemplares de lo acostumbrado y los expertos se preguntan cuál es la razón. Y una de las hipótesis apunta a que los temporales que se registran en el Atlántico pueden haber empujado a estas aves a desplazarse hacia el Mediterráneo. 

LA CLAVE. ESPECIES NUEVAS

En el caso de observar (y a ser posible fotografiar) un ave que no había sido vista antes en alguna de las islas del archipiélago, es importante comunicar la cita a la sección de ornitología del GOB (Grup Balear d’Ornitologia i Defensa de la Naturalesa) para que la certifique el Comité de Rarezas de Balears. En Eivissa y Formentera, se puede comunicar también al GEN-GOB para que pasen la cita a los expertos. La información contribuye al conocimiento tanto de las especies que pueden verse como de sus pautas migratorias y las alteraciones que puedan producirse por el cambio climático o por otras circunstancias. En cualquier caso, si no se está seguro de la identificación ni del estatus de la especie observada, es preferible tratar de identificarla (existen aplicaciones de identificación muy útiles para ello) antes de enviarla a la sección de ornitología. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

El falaropo observado por segunda vez, ya en el mes de enero. CAT
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Algae attack. Tres décadas de algas invasoras

Asparagopsis en el escollo de s’Espartar.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat 

En un alarde literario de referencias ‘malditas’, algunos biólogos bautizaron a la primera alga invasora de la que se supo en Balears como la flor del mal. Sin embargo, más contundente y menos poético, el nombre que triunfó en los medios de comunicación fue el de alga asesina. Se cumplen ahora treinta años de la llegada a las islas de esta alga de origen tropical que –tras ser ‘liberada’ durante la limpieza de unos acuarios del Museo Oceanográfico de Mónaco– puso en alerta máxima a todo el Mediterráneo. 

Se llenaron muchas páginas en los periódicos hablando del alga que iba a “alterar irreversiblemente nuestros ecosistemas”. Sin embargo, antes de llegar al año 2000, el monstruo se había deshinchado como un tiranosaurio de helio el día después de la fiesta. “No se extendió y desapareció. Y creemos que fue a causa de algún patógeno que pueda afectar a este tipo de algas. Después llegaron nuevas algas que no han sido tan famosas y que seguramente han sido más perjudiciales”. Así lo explica la investigadora del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) Emma Cebrian. 

El alga tóxica no resultó tan calamitosa como se preveía, pero fue la primera, la que alertó a la sociedad sobre la problemática de las especies invasoras. Y el relevo llegó pronto, porque, en 1995 y al norte de Eivissa, era localizada una nueva especie, identificada como Lophocladia lallemandii, que fue invadiendo con rapidez Formentera, Cabrera, Mallorca y, finalmente, Menorca. Esta alga, que puede cubrir las praderas de posidonia, ha llegado a ser muy abundante. Y aunque se consideraba que había disminuido, este año se ha detectado un importante repunte; ha podido verse en zonas como es Vedrà a principios de verano y tapizando grandes áreas en las paredes de s’Espartar ya en el mes de septiembre. 

Respecto a esta invasora, se ha descubierto recientemente que su identificación no es correcta, lo que conlleva importantes implicaciones para los estudios de su evolución futura. En el Mediterráneo, el alga fue identificada primero en algunas zonas de Grecia, lo que llevó a pensar que se trataba de una especie lessepsiana, introducida desde el Mar Rojo a través del Canal de Suez. Sin embargo, tal y como explicó Emma Cebrian en el Nautilus de Ib3 ràdio, “a nosotros nos hacía sospechar que fuera más abundante en la zona de Balears, en el Mediterráneo noroccidental, que en las zonas orientales. Ahora, que tenemos más posibilidades de muestrear a lo largo de todo el Mediterráneo, en el Mar Rojo o en Canarias (donde había una especie muy similar) hicimos un estudio molecular. Y este estudio ha demostrado que no es Lophocladia lallemandii sino que se trata de L. trichoclados. Lo hemos de publicar aún, pero los resultados son muy claros. Y si no es L. lallemandii, eso significa que no viene del Mar Rojo sino que es una especie que se ha introducido desde el Atlántico. Esto es muy importante para las previsiones de futuro, para entender cómo afectarán las temperaturas más altas a la extensión de esta especie, por ejemplo”. 

CAMBIO CLIMÁTICO

La investigadora del CEAB-CSIC ha presentado en las VIII Jornadas de Medio Ambiente de Balears un trabajo con el descriptivo título de ‘Todo lo que hemos aprendido durante veinte años de estudios de las macroalgas marinas invasoras de Balears’. Una de sus principales conclusiones es que los ecosistemas bien conservados resisten mejor las invasiones. En este sentido, los investigadores que han participado en el estudio destacan su preocupación por los efectos del cambio climático. De hecho, temperaturas más elevadas de lo normal durante los meses de invierno podrían explicar la ‘reaparición’ espectacular que este año ha protagonizado Lophocladia.  

Matas de Lophocladia en s’Espartar.CAT

Además, en el estudio se señala la reciente introducción de nuevas especies. Una  de ellas, Batophora occidentalis variedad largoensis, ha sido localizada (en la primavera de 2020) en s’Estany des Peix. Otras dos especies (una verde y otra roja) que han sido localizadas en todas las islas y aún no han sido identificadas “nos obligan a estar atentos a su evolución”. Se cita asimismo la especie Halimeda incrassata, que, de momento, solo ha sido hallada en Mallorca. 

Y aunque Lophocladia (a partir de ahora L. Trichoclados) ha registrado un repunte este año, el alga probablemente más problemática de cuantas se han citado en las islas es Caulerpa cylindracea, muy extendida en grandes áreas de las Pitiüses. Es, asimismo, la especie que mejor muestra la relación entre dispersión de invasoras y entornos degradados. “Esta –explica la investigadora del CEAB-CSIC– es una especie que tiene un crecimiento muy alto, que es capaz de tener una abundancia del 80 o del 90 por ciento. Y gracias a seguimientos que se han hecho durante muchos años, sobre todo en Cabrera y también en Menorca (estación Jaume Ferrer), hemos aprendido que invade mucho más los sistemas degradados. En cambio, los que tenemos bien conservados, con especies estructurales en buen estado de conservación, sean macroalgas del género Cystoseira a poca profundidad o bosques de gorgonias a mucha más profundidad, hacen que la Caulerpa no pueda invadir con tanta fuerza”. Por otra parte, destaca Cebrian que esta alga –citada desde 1998– es consumida por las salpas, peces muy conocidos y muy abundantes en aguas someras. De esta forma, en los fondos hasta aproximadamente 25 metros de profundidad, estos peces herbívoros “pueden ayudar a controlar, de forma natural, la abundancia del alga”. 

Completan la lista de especies colonizadoras ya habituales en las islas, y citadas en el estudio, Acrothamniom preissii, Womersleyella setacea y Asparagopsis taxiformis. Las dos primeras fueron citadas por primera vez en Balears en 1994, mientras que la tercera fue localizada dos años después por el investigador del CEAB-CSIC Enric Ballesteros en el Pont d’en Gil, en Menorca; hoy puede verse también en es Vedrà o s’Espartar. 

Prácticamente todo lo que hoy sabemos sobre algas invasoras ha sido posible por el seguimiento de su evolución desde su llegada a las islas, algo que Emma Cebrian destaca con especial énfasis. Y el resumen del estudio en el libro de las  ponencia de las VIII Jornades de Medi Ambient de les Illes Balears finaliza con este mensaje: “Los monitoreos solo son posibles con la colaboración entre los científicos y administraciones que tienen en la conservación de los fondos marinos de Balears, y del Mediterráneo en general, su principal y común interés”. 

Brotes de Caulerpa cylindracea en sa seca de ses Bledes.CAT

EL PRINCIPAL PEZ HERBÍVORO DEL MAR BALEAR 

Las salpas se han revelado como un importante medio de control de una de las algas invasoras más extendida de la islas, Caulerpa cylindracea. “No la elimina del todo, pero la reduce a poblaciones lo suficientemente bajas como para que no causen impacto en las comunidades autóctonas”, señala Emma Cebrian, que reconoce que la importancia que han cobrado estos peces en esta lucha biológica ha sido una sorpresa. Los investigadores se preguntaban por qué esta determinante función de las salpas no se había detectado desde los primeros años y han descubierto que estos peces aprenden con el tiempo que el alga es comestible y, cuando lo han aprendido, la convierten en su alimento preferido y la buscan. “Nosotros creemos que también hay aquí un juego de aprendizaje, que las salpas mayores enseñan a los juveniles”, añade la investigadora.

CIENCIA CIUDADANA PARA SABER MÁS 

“Si buceas o haces snorkel, puedes ampliar la información sobre algas invasoras. Ante una especie objetivo o que no hayas visto antes, toma una foto que facilite su identificación y datos de su ambiente. Si visitas la misma zona contribuirás a evaluar la expansión de las especies identificadas”. Estas frases pueden leerse en la página del proyecto algas invasoras de la plataforma de ciencia ciudadana Observadores del Mar. A través de ella, se puede colaborar para ampliar el conocimiento que los expertos tienen sobre las áreas de distribución de las invasoras. Esta misma plataforma, que tiene muchos otros proyectos de observación, ha recogido también los blooms de las denominadas algas filamentosas o mucilaginosas, que en ocasiones puntuales recubren praderas y colonias de animales como las gorgonias y pueden sofocarlas. 

Reportaje publicado en el dominical de Diario de Ibiza

Alga Batophora localizada en s’Estany des Peix y fotografiada por el biólogo Enric Ballesteros.CAT
En la imagen, en sa Galera (es Vedrà) en junio, pueden observarse invasoras como ‘Asparagopsis’ y ‘Lophocladia’ y el fondo recubierto de algas filamentosas.CAT
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Aves de Eivissa y Formentera

La editorial Balafia Postals presenta el último libro de Cristina Amanda Tur (CAT). En esta ocasión, y junto al experto en aves Óliver Martínez, la periodista publica un libro sobre aves de Eivissa y Formentera. Es un libro que no está pensado como una guía de especies, sino como un gran reportaje que combina fotos de ambos autores y que destaca en los textos información que permite acercarnos a las aves para aprender a valorar la destacable diversidad que existe en las islas así como las amenazas que pesan sobre ellas. 

Los párrafos siguientes constituyen el preámbulo del libro, una declaración de intenciones que resume los objetivos de esta obra

“Denys Finch-Hatton y yo hicimos una excursión con el señor Bulpett hasta la cima de las colinas de Ngong para celebrar su setenta y siete aniversario. Cuando nos sentamos allí comenzamos a discutir qué haríamos si nos ofrecieran un par de alas de verdad, de las que no podríamos despojarnos nunca, si las aceptaríamos o las rechazaríamos”. Algunos ya lo habrán deducido por el personaje de Denys, pero el inicio que hemos escogido para introduciros en este libro sobre aves es un fragmento de la novela Memorias de África, de Isak Dinesen. Y es la premisa, una pregunta, con la que queremos presentar nuestro trabajo a los lectores. Si os ofrecieran el mundo aéreo de las aves (o al menos de la mayoría de ellas), con la condición de que no podríais volver atrás, ¿lo aceptaríais? ¿Son las alas, la capacidad de volar, lo que hace que las aves nos fascinen? En cualquier caso, esa fascinación por su mundo y el propósito de contribuir a su conocimiento constituyen los fundamentos de este libro. Es lo que nos ha llevado a embarcarnos en este proyecto. 

En Ibiza y Formentera se han observado más de 260 especies. Y no parece un dato despreciable para la biodiversidad de tan pequeño territorio en el Mediterráneo si se considera que en toda la región paleártica se han citado algo más de 500 especies. Algunas se han visto una sola vez, de manera excepcional, fuera de su área habitual, y otras son tan numerosas que podemos contemplarlas a diario. De hecho, las aves nos acompañan todos los días, aunque a veces no les prestemos atención, o al menos la atención que merecerían. Están en la ciudad, en el jardín, en las playas, en los acantilados, los campos y los bosques. Las gaviotas llegan a los muelles en bandadas al atardecer acompañando a los pescadores, los estorninos se adueñan en noviembre de los cielos otoñales de las Pitiüses, los flamencos de ses Salines se han convertido en una de las imágenes más empleadas para promocionar las islas–no siempre para beneficio de la especie–, los charranes llegados del norte pescan en el puerto de Vila durante los meses de invierno y los gorriones se posan en las sillas de las terrazas de los bares que frecuentamos. 

En este libro vamos a volar con especies tan conocidas como las citadas y con otras que no lo son tanto. Y lo haremos situando a nuestras protagonistas en su hábitat, desde las aves marinas, las que, por derecho propio, mejor pueden definir y representar la avifauna de unas islas, hasta los halcones de los acantilados y las lechuzas de la noche. Hablaremos de endemismos como la pardela balear y nos detendremos en las historias particulares que en Ibiza y Formentera han vivido –a menudo sufrido– especies como el cuervo o el águila pescadora. 

Está muy lejos este libro de pretender ser una guía de aves. Es, en definitiva, una suma de las historias de algunas de las especies más representativas, más fascinantes, más curiosas e incluso de las más insólitas, uniendo la información y los datos que hemos considerado que mejor cumplen el objetivo de despertar un mayor interés por las especies con las que compartimos las islas. Es un extenso reportaje y, por ello, hemos trabajado mucho para mantener un equilibrio perfecto entre la belleza de las imágenes escogidas y la precisión de los textos y de la información que queríamos transmitir. Hemos trabajado tanto como hemos disfrutado y esperamos que se note. Quizás, tras leerlo, podáis responder a la pregunta inicial y decidir si os pondríais unas alas para siempre y si querríais compartir el cielo con las gaviotas.

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El vigía de los matorrales

Macho de tarabilla fotografiado en ses Salines.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Es el pájaro que cualquier aficionado a las aves aprende a identificar en su primera salida al campo. Su silueta resulta inconfundible y habitual sobre las ramas de los árboles. Y es que, si por algo se caracteriza la tarabilla europea (Saxicola rubicola) es por su afición a las alturas y a los posaderos que sobresalen de la maleza. 

Este pequeño pájaro de cola y alas cortas tiene la costumbre de situarse siempre en lo alto de los árboles, en las ramas más destacadas de los matorrales y en los puntales de las vallas, y su porte en esas atalayas resulta inconfundible. De hecho, su nombre popular en Eivissa y Formentera, cagamànec o cagamànecs, hace referencia a este hábito de observador que siempre está en las ramas más sobresalientes, que se posa en los palos más destacados entre la vegetación o en las herramientas y construcciones humanas. Si observas un pajarillo posado sobre las estacas que circundan los estanques de ses Salines, hay un elevado porcentaje de posibilidades de que se trate de una tarabilla o de un petirrojo (al menos en los meses de otoño y de invierno). 

La tarabilla está considerada una especie reproductora sedentaria moderada en Eivissa; invernante y migrante abundante en las dos islas, según los datos recogidos en el libro ‘Nacida para volar. Aves de Eivissa y Formentera’, publicado recientemente. Es decir, la población residente se incrementa de manera notable durante los meses de otoño e invierno. Es una de las aves –un paseriforme de apenas veinte centímetros de envergadura– más vistosas de las zonas abiertas, que escoge áreas agrícolas con árboles dispersos en los que encontrar sus oteaderos. Y los que más destacan son los machos, con su combinación cromática, su cabeza negra, su collar blanco, su pecho anaranjado y su parte superior marrón, con un obispillo blanquecino sobre la cola. Las hembras y los ejemplares más jóvenes muestran un diseño similar pero con tonos más discretos y más pardos. 

Por otra parte, la tarabilla norteña (Saxicola rubetra) también se observa en las Pitiüses, de manera habitual, durante los dos pasos migratorios.

LA CLAVE. DIMORFISMO SEXUAL

La tarabilla europea es un ave que muestra un evidente dimorfismo sexual, en el que machos y hembras tienen un plumaje distinto, con un patrón de colores diferente. Sin embargo, aunque las hembras tienen tonos pardos y no tienen la característica cabeza negra con mancha blanca en el cuello de los machos, su silueta, sus gestos y su comportamiento delatan inmediatamente de qué especie se trata. 

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Los misterios de la reina Danaus

Una mariposa monarca sobre una asclepia.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat 

La mariposa más famosa del mundo es, sin duda, la monarca, un lepidóptero que protagoniza una de las migraciones más espectaculares del planeta. Millones de ejemplares vuelan cada año entre América del Sur y del Norte usando su brújula magnética y la posición del sol. El origen de esta mariposa tropical y subtropical, de nombre científico Danaus plexippus, queda lejos de Balears y, sin embargo, este año se ha registrado, en todas las islas, una espectacular llegada masiva que ha causado sorpresa entre los expertos y que plantea cuestiones importantes. 

Hay que explicar primero que, aunque es más rara en Eivissa y Formentera, en los últimos años, en la migración de finales de verano y otoño, se dejan ver en Balears algunos ejemplares. Xisco Truyols, investigador del TAIB (The International Albufera Biodiversity Group), que se dedica al estudio y la conservación de la biodiversidad de las islas, señala que las observaciones han sido recurrentes en los últimos años, que han podido verse dos o tres, tal vez cinco, ejemplares cada temporada. “Este año ha habido lo que podríamos llamar una explosión demográfica, y el motivo es una incógnita”, añade. 

Según explicó el biólogo en el programa Nautilus de IB3 radio, se ha planteado la posibilidad de que las mariposas procedan de una liberación llevada a cabo por alguna de las empresas que se dedican a soltar mariposas en bodas o en otros eventos, una hipótesis que vendría afianzada por el hecho de que esta especie es una de las que se usan para este fin (por su fama, sus colores intensos y su vuelo lento). Sin embargo, también es probable que los ejemplares se hayan desplazado a las islas favorecidos por las altas temperaturas. En este sentido, Xisco Truyols recuerda que, desde hace más de una década, existen poblaciones de la especie en algunos puntos de la Península. 

En Eivissa, la mariposa monarca se ha observado principalmente en es Broll de Buscastell (aunque también hay referencias de que podría haberse visto en ses Salines). No es casualidad, ya que en es Broll existen las plantas nutricias preferidas por este lepidóptero, las llamadas popularmente cotonoses o algodoncillos (asclepias), y que en el Mediterráneo son vegetales exóticos, plantas ornamentales para jardines. 

Xisco Truyols destaca que esta especie y la mariposa monarca tigre (Danaus chryssipus), de la que también se han visto ejemplares en Eivissa, se pueden establecer en Balears precisamente por la presencia de su planta nutricia, importante para el desarrollo de las larvas (en Mallorca se ha registrado ya su reproducción). Su preferencia por especies vegetales exóticas es el motivo de que –al menos de momento y pendientes de la evolución del fenómeno– no se considere a Danaus plexippus una especie invasora. Aunque, resalta Truyols, “hay todo un listado de posibilidades de interacciones que pueden darse con plantas autóctonas y habrá que tenerlo en cuenta”. 

Y otra cuestión importante –la gran pregunta pasada la temporada de mariposas– la plantea el hecho de que estos lepidópteros tropicales precisan de temperaturas elevadas para prosperar. Así que ahora, la incógnita es qué pasará –o que está pasando ya– con todas las mariposas monarca que han llegado en septiembre y octubre a las islas. Una posibilidad es que todas ellas desaparezcan por el frío. Pero también es posible que aquellas orugas que hayan llegado a pupar (algo que hacen aproximadamente a las dos semanas de nacer) permanezcan en fase de crisálida durante todo el invierno, como hacen muchas otras mariposas, y salgan cuando los día sean de nuevo cálidos. Y así, la monarca tal vez conquiste nuevos territorios. 

LA CLAVE. ORIGEN TROPICAL

Aunque usualmente relacionada con México, donde cuenta con una reserva de la biosfera que lleva su nombre, la mariposa monarca es originaria de todo el trópico americano, con una amplia distribución desde el sur de Canadá hasta Perú y noroeste de Argentina. Sin embargo, ya se ha citado en varios países de Europa, en África, Asia e incluso en Australia. 

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La estrella azul del otoño en ses Salines

Esta hembra de martín pescador se ha convertido en la protagonista del otoño en ses Salines.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat 

Por regla general, los flamencos son los astros más brillantes de ses Salines, las aves más grandes, llamativas y fotografiadas de los estanques. Sin embargo, este otoño, ha llegado una pequeña estrella azul a robarles el protagonismo. Este año, una hembra de martín pescador (Alcedo atthis) se ha convertido, sin duda, en el animal más fotografiado y observado del parque natural. Y cada día, desde el observatorio de aves instalado junto al Toromar, frente a los estanques de Sant Francesc (s’Estany Roig), un buen número de fotógrafos y aficionados a la fotografía esperan durante horas a que el pájaro azul regrese –con el tiit tiit que lo precede– a su posadero habitual, una rama colocada sobre el agua del canal perimetral que ha convertido en su área de pesca predilecta. 

Aunque sobrevolando el canal han llegado a verse tres individuos distintos, el protagonista de todas la fotografías parece ser siempre el mismo ejemplar, una hembra que se ha acostumbrado ya a una presencia humana que, si bien es discreta, oculta y a cierta distancia, sin duda, detecta. Se ha acostumbrado a los ruidos y a los múltiples disparos de las cámaras. Y sabemos que es una hembra porque, al ampliar las fotos, es fácil identificar el único rasgo que distingue a machos hembras y que es una mancha anaranjada en la parte inferior del pico.

Los martines pescadores tienen algo muy especial. Serán sus colores eléctricos y brillantes, sus tonos de azul metálico, su forma de moverse, sus vuelos rápidos o su forma de pescar. Será la leyenda. Estas aves también son conocidas como alcedos o alciones en homenaje a Alción (Alcíone), que se enamoró de Hésperos desafiando a los dioses. Ambos intentaron escapar, de noche, en una barca mar adentro. Ella acabó convertida en pájaro azul y él, en una llama que subió hasta el firmamento y se convirtió en la estrella de la mañana, es decir, el planeta Venus, que también puede ser el lucero vespertino. Este mito, como todos, tiene múltiples formas, pero en la mayoría de ellas, Alción acaba convertida en pájaro azul. 

Cada invierno –a partir del mes de octubre y hasta marzo– unos pocos ejemplares de esta especie llegan a las Pitiüses y se quedan a invernar en el parque de ses Salines, en los estanques de Eivissa o en s’Estany Pudent. Aunque se dejan ver, ocasionalmente, en otras zonas, como ses Feixes de Talamanca o la desembocadura del río de Santa Eulària. Durante los pasos nupciales pueden verse individuos en cualquier punto de las islas en el que encuentren agua, aunque sea de un safareig, pero muy pocos de ellos –quizás dos o tres– se quedarán a pasar todo el invierno, instalándose en los humedales.

El martín pescador se conoce como blauet en las islas y, siendo puristas, el nombre completo de la especie es martín pescador común, ya que, en realidad, existen decenas de especies de alcedinos; solo en Costa Rica pueden encontrarse seis de ellas. En Eivissa y Formentera no habría confusión posible, porque la especie Alcedo atthis es la única que pasa por nuestro territorio. 

Este año, Alción, la hembra que ha elegido su territorio de alimentación frente al observatorio de aves, está consiguiendo que toda una serie de fotógrafos y aficionados conozcan, a fuerza de observación, las costumbres y los métodos de pesca de una especie rara en las islas y poco cercana que, sin embargo, de vez en cuando ofrece el regalo de su brillante presencia azul. Alción –o Alcíone, como la estrella más poderosa de las Pléyades– está allí cada día para recordar a todos que la diversidad de la avifauna unida a los estanques va mucho más allá de los grandes flamencos, las cigüeñuelas o los patos. Y que, para poder disfrutar del espectáculo que nos ofrece, es necesario luchar por una mayor protección efectiva de ses Salines. 

LA CLAVE. LA CALIDAD DEL AGUA

En la última revisión del Libro rojo de las Aves de España, el martín pescador ha pasado a la categoría de especie en peligro. El motivo es “un declive generalizado de la especie” debido a la pérdida de hábitats, principalmente por la brutal degradación que sufren en el país los ecosistemas fluviales y los humedales de los que depende, que incluye la pérdida de peces y la contaminación de las aguas. Sorprendentemente, en algunas comunidades del norte de España –y según puede leerse en el citado libro rojo– hay asociaciones de pescadores que solicitan que se maten blauets “por considerar que el consumo de peces por parte de esta especie es una de las causas del declive de las poblaciones de salmónidos”. 

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Archipiélago supernova

Las rocas más destacadas de Cala Nova.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Como si una explosión de supernova hubiera dejado las orillas llenas de meteoritos, entre es Canar y Cala Nova se suceden tramos de costa que, además de estar urbanizados más allá de cualquier límite, se caracterizan por parecer pedregales que se adentran en el mar, como trincheras entre tierra y agua. De hecho, la parte central de este litoral, justo entre Cala Nova y la Punta de ses Calderes, se conoce precisamente como ses Pedrisses, lo que vendría a ser un pedregal. Y quizás por extensión y porque forma parte de una misma unidad geológica, el grupo de rocas que cierra al sur Cala Nova, en la misma orilla de la playa, es a menudo conocido como ses Pedrisses. En realidad, no parece tener un nombre, algo tal vez inusual en unas islas donde la toponimia alcanza los rincones más inverosímiles (como ejemplo, solo el islote de s’Espartar tiene más de 70 rincones bautizados con nombre propio). 

Este grupo de rocas –un miniarchipiélago en la orilla– se ha convertido en lo que muchos llamarían un hito fotográfico, un elemento destacado que aporta un valor añadido para la composición de una fotografía. Desde luego, lo que suelen considerarse hitos en el paisaje son más impresionantes –es Vedrà, es Paller d’en Camp o es Frares de Cap Martinet serían tres buenos ejemplos–, pero la costa pitiusa está también plagada de pequeños hitos que hay que saber aprovechar.

El pequeño archipiélago de Cala Nova destaca por su cercanía a la orilla, porque a veces el agua cubre prácticamente todas las rocas y porque una de ellas se eleva como un monolito, como si realmente tuviera vocación de un gran hito paisajístico. Habitualmente, rozan o se elevan sobre la superficie del agua menos de una decena de estas rocas, pero lo cierto es que la zona es especialmente pedregosa, la más áspera de una playa que, por lo demás, se caracteriza por sus arenas blancas, su longitud y la claridad de sus aguas de azules turquesa. Habría que añadir, asimismo, entre sus singularidades, que se trata de una playa tranquila –lo que suele llamarse una playa familiar–, con un perfil de usuarios sorprendentemente distinto a lo que puedes encontrarte, por ejemplo, en Platges de Comte. En definitiva, el porcentaje de posibilidades de que se te ponga al lado un grupo de clubbers con algún equipo de música se reduce de forma considerable, como bien saben los vecinos de Santa Eulària que frecuentan la cala.

En las imágenes por satélite se aprecia que el miniarchipiélago forma parte de la punta que cierra Cala Nova al sur, cortada como una L tan perfecta que parece artificial, como si fuera el resultado de una intervención humana. El grupo de rocas, con su discreto monolito, compone y cierra un semicírculo. 

En esas mismas imágenes por satélite se hace evidente la enorme presión humana que ha sufrido el lugar. Desde es Canar hasta Cala Nova, las construcciones llegan exactamente hasta donde han podido llegar sin derrumbarse en el agua. De hecho, en el tramo hasta ses Pedrisses, en el poco espacio natural que aún quedaba, se construyó un paseo marítimo que hoy resulta un buen ejemplo de lo que, en la actual situación de emergencia climática, científicos y diferentes investigadores aseguran que hay que evitar ‘a toda costa’. Diversos estudios señalan que el aumento de los fenómenos costeros adversos y el aumento del nivel del mar provocarán –de no revertirse la tendencia actual– la destrucción de muchas infraestructuras entre las que resulta obvio que se encuentran la mayoría de los paseos marítimos. Y lo cierto es que temporales como Gloria –con olas de más de 14 metros en Balears– ya lo han demostrado. La renaturalización de una costa sobreexplotada, tanto en zonas de arena como de roca, es la opción más razonable para afrontar el cambio climático. 

LA CLAVE. RENATURALIZAR LA COSTA

La zona de es Canar se ha unido a Cala Nova por una sucesión de construcciones que llegan hasta el límite marítimo. El paseo que alcanza hasta la punta des ses Calderes es un buen ejemplo del tipo de infraestructuras que el cambio climático y los intensos temporales que ocasiona ponen en peligro. 

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El controlador de mosquitos

Mosquitero fotografiado en ses Salines.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Las aves insectívoras revelan la estrecha y directa relación que existe entre los insectos y los pájaros. Si todo el planeta necesita, en última instancia, de grandes poblaciones de invertebrados para que el sistema funcione, las insectívoras dependen directamente de esta abundancia para sobrevivir, de modo que la crisis de los insectos –su desaparición en masa– necesariamente deberá afectarles.

Sin embargo, el calentamiento global parece estar favoreciendo determinadas plagas, como las de mosquitos, y aquí, de nuevo, se revela la importancia de las conexiones que rigen la naturaleza; si hay una plaga de un insecto determinado, siempre hay otro animal que puede ejercer de controlador. Y si hay un pájaro especialista en cazar mosquitos ese debe ser el que lleva tal característica en su nombre común, un nombre que algunos pronuncian casi como si se refirieran a los mosqueteros de la guardia del rey Luis XIII, pero no hay que confundir un mosquete con un mosquito. 

Más de sesenta especies conforman el gran grupo de los mosquiteros, pequeños insectívoros del Viejo Mundo, pero el común, el pardalet de fred, es el único que inverna en Eivissa y Formentera, y además es un invernante abundante.

El mosquitero común (Phylloscopus collybita en su nombre científico) es un paseriforme de aspecto dulce y frágil, de colores suaves entre amarillos, verdes y grises, que puede observarse a partir del mes de octubre –y hasta marzo– en toda una diversidad de hábitats. Aunque es, preferentemente, un ave forestal, con frecuencia pueden verse ejemplares sobrevolando los estanques de ses Salines, cazando los mosquitos que se posan sobre el agua aprovechando la tensión superficial. 

Más allá del mosquitero común, hay que destacar que el mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) es asimismo abundante en los pasos migratorios, según la información extraída de un libro sobre aves de las Pitiüses que se publicará en breve. Podemos añadir a la lista al mosquitero silbador (Phylloscopus sibilatrix) y al papialbo (Phylloscopus bonelli), que también pasan por las islas en sus migraciones, aunque en menor cantidad, y agregar que individuos de otras dos especies, el mosquitero ibérico (Phylloscopus ibericus) y el bilistado (Phylloscopus inornatus), han sido capturados en las campañas de anillamiento de sa Conillera u observados en Eivissa en alguna ocasión, pero pueden considerarse avistamientos raros en las Pitiüses.

LA CLAVE. CHIFFCHAFF

Si el nombre común del mosquitero hace referencia a su dieta fundamental, el nombre científico de su género, Phylloscopus, quiere decir algo así como ‘mirar entre las hojas’, que probablemente también alude a su modo de alimentarse. En cambio, el nombre de la especie, collybitas, es una derivación de kollubistes, ‘cambiador de monedas’, y parece que se refiere al canto de esta especie, como un tintineo de monedas. En inglés, su nombre es chiffchaff, que se debe, asimismo a su repetitivo reclamo. En las islas, su nombre popular, pardalet de fred, alude a que es una especie que podemos ver solo en los meses de invierno. 

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La única rana de las Pitiüses

Cristina Amanda Tur @territoriocat

El de los anfibios no es, desde luego, un grupo animal muy bien representado en Eivissa y Formentera. Lo cual puede que no resulte extraordinario, dado el clima de las islas y la persistente situación de sequía. De hecho, esta clase de animales, paradigma de la transformación, cuentan con la representación de una única rana y de un solo sapo, y únicamente las poblaciones de la primera prosperan, y lo hacen por la existencia de safaretjos, fantásticos hábitats para toda una diversidad de pequeña fauna, y por su notable capacidad de colonizar cualquier lugar en el que haya agua, incluyendo la fuente del parque de la Paz. 

La única rana pitiusa es la especie Rana perezi (o Pelophylax perezi), muy común en España y endémica en la península ibérica y el sur de Francia. Es un anfibio que muestra una diversidad destacable de patrones de manchas y colores entre individuos; a menudo pueden verse juntas ranas verdes y pardas y es fácil pensar que son especies distintas. En todas ellas destaca el intenso color bronce bruñido de sus ojos, la línea clara que cruza su cuerpo recorriéndoles la espalda y unas líneas a los costados –son pliegues laterales– que también son, habitualmente, de tono bronce. 

Con los anfibios de las Pitiüses se da una situación curiosa y que destaca el biólogo Joan Carles Palerm. Y es que esta única rana presente en las islas es una especie estrictamente acuática, que no puede vivir sin agua, y cuyas poblaciones son, a pesar de esta limitación, muy exitosas. Por otro lado, el único sapo pitiuso –un endemismo balear– es un anfibio que se supone muy resistente, capaz de sobrevivir durante meses fuera del agua y del que existen referencias de que, hace apenas cincuenta años, podía verse incluso en la ciudad; sus renacuajos (cabots) aparecían en las charcas que se formaban en los socavones de las calles de Puig des Molins, por ejemplo. Y, sin embargo, la rana “está hoy por todas partes” mientras que apenas quedan sapos; el Govern tiene en marcha un proyecto para su reintroducción en Eivissa y un estudio de sus poblaciones. Este sapo, catalogado en peligro en las Pitiüses y conocido como calàpet, es considerado un endemismo balear –una evolución del común sapo verde– desde hace poco más de una década y media y teniendo en cuenta la lentitud con la que los cambios taxonómicos van asumiéndose en la comunidad científica.

Por otro lado, tanto la rana como el sapo de misteriosas poblaciones son especies introducidas antiguamente por el ser humano y naturalizadas en Balears, amenazadas hoy por la excesiva urbanización, la sobreexplotación del agua y el uso de pesticidas. En un trabajo sobre la herpetofauna balear firmado por los investigadores Samuel Pinya, de la UIB, y Miguel A. Carretero, de la Universidad de Oporto, en 2011 (The Balearic herpetofauna: a species update and a review on the evidence) se indica que la rana de agua ibérica “se considera introducida en fecha desconocida probablemente para el control de insectos”. Respecto al sapo verde, se señala similar origen y se añade que los ejemplares del sur de Italia, Córcega, Cerdeña y Balears son especie distinta a Bufo viridis; han pasado a ser Bufotes balearicus

LA CLAVE. LAS AMENAZAS

Las principales amenazas de los únicos dos anfibios citados en las Pitiüses son la pérdida de hábitats por la urbanización, la desaparición del agua por la sobreexplotación y el uso de pesticidas. 

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Los mil nombres satíricos del buitrón

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Es un pajarillo que a duras penas suele llegar a los diez gramos, con ese aspecto frágil y hermoso que tienen la mayoría de las aves del grupo de los paseriformes. Cuesta imaginar un ser con plumas más alejado del aspecto de una gran y carroñera ave rapaz. Y, sin embargo, su nombre común es buitrón. 

No es un ave muy llamativa, pero es fácil verla –si se practica la capacidad de observación– en zonas como el parque natural de ses Salines o en ses Feixes, ya que prefiere humedales y cañizos; es bastante común en Eivissa y más rara en Formentera. Su nombre común catalán es trist, de nuevo una denominación que no parece muy adecuada para ennoblecer a esta especie insectívora que está extendida en más de un centenar de países y que está clasificada como casi amenazada en el Libro Rojo de las Aves de España (revisado el año pasado). No es fácil entender cómo el buitrón pudo parecer triste a alguien hasta el punto de convertir tal estado de ánimo en el nombre con el que referirse al animal, aunque es probable que trist haya derivado de la onomatopeya de su canto –una especie de tzit tzit como cortes de tijeras, monótono y repetitivo–, que se convierte en un  chillido agudo al levantar el vuelo. 

En las Pitiüses es también conocido como butxaqueta, un curioso nombre que parece hacer referencia a su pequeño tamaño, a que es un pájaro que cabe en un bolsillo. 

El buitrón o cistícola buitrón (Cisticola juncidis) es un insectívoro de la familia de los sílvidos, al igual que las currucas, que nidifica en las islas y que muestra un curioso comportamiento reproductivo; a menudo, los machos, que atraen a las hembras con el canto, construyen un nido –o la estructura inicial de un nido– que exponen para que ellas lo vean. Las hembras son las que, finalmente, instalarán el nido real entre los tallos de las plantas, un nido tejido con fibras vegetales y con una ligera forma de pera o copa.

En la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes puede encontrarse un artículo del naturalista Héctor Garrido Guil en el que se recogen muchos de los nombres populares que este pequeño pájaro recibe a lo largo de toda la geografía española. Y sorprende la ironía con la que ha llegado a bautizarse. En muchos lugares se ha optado por nombres que aluden de forma sarcástica a su minúsculo tamaño: en algunas zonas de Andalucía se conoce como tumbabarcos (a ello tal vez contribuya la costumbre que se le supone de posarse en barcos varados) y tumbacarretas, mientras que en Valencia se ha registrado el nombre de esclafamuntanyes. En el área de Doñana se han recogido las denominaciones de seislibras y cienlibras. Asimismo, se conocen nombres como pájaro mosca y moscareta, de Badajoz y Teruel. En lugares de Catalunya y Valencia aparecen nombres que ya parecen más acordes con la identidad de este pájaro gracioso, bonito e inquieto, como petit-rei, y tintín en Murcia. 

De todos los curiosos nombres que recibe la especie Cisticola jundicis ninguno es, sin embargo, tan sorprendente como el más común de ellos, ese contundente buitrón que no solo parece aludir a un buitre sino que además lo describe como grande. El colmo de la ironía ornitológica. 

LA CLAVE. PÁJAROS EN EL BOLSILLO

El nombre popular más usado en las Pitiüses para referirse al cistícola buitrón es butxaqueta, que sin duda hace referencia a su pequeño tamaño; tan pequeño que cabe en un bolsillo. 

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