La linterna de sa Bestorre

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

el discreto faro de es Vedrà, que fue baliza hasta 1971.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat.– Enfrentados al faro de es Vedrà, al otro lado del mar y en el punto más cercano a la isla de Eivissa, se encuentran el faro del Cabo de la Nao y, algo más al norte, cerrando la bahía de Jávea, el faro del Cabo de San Antonio. Al anochecer, este triángulo de luces separadas por un área marina incluida en el Corredor de Migración de Cetáceos se encienden y parecen comunicarse con su idioma de señales. Destellos aislados blancos cada cinco segundos la linterna de es Vedrà. El mismo ritmo desde el Cabo de la Nao y cuatro destellos seguidos el de Cabo de San Antonio. Como si fuera morse con linternas. Parecen narrarse historias de marineros, de aquellos barcos que, con su luz, salvaron de estrellarse contra los acantilados. Quizás podrían estar contando las ballenas que avistan desde sus privilegiadas atalayas mientras cruzan la oposición entre sus luces. 

Pero esta escena entre faros, las señales de su luz intermitente, no puede verse desde la mayor parte de los puntos del litoral ibicenco desde los que es habitual contemplar es Vedrà. A menudo, incluso, quienes contemplan la imponente roca desconocen que en ella se ubica uno de los diez faros con los que cuenta el litoral pitiuso. Y es que la farola de es Vedrà, pequeña, discreta y desconocida, se encuentra en el extremo suroeste del islote, en una pequeña punta mar adentro bajo la mole de la montaña de sa Bestorre, de 197 metros de altitud. De hecho, en la imagen más conocida y reproducida de es Vedrà, desde los acantilados de Cala d’Hort, no sólo no se divisa el faro, sino que tampoco se ve sa Bestorre, tapada por los más de 300 metros de altura de las crestas de es Vedrà. El faro, además, es una torre de bloques sin pintar de apenas tres metros de altura que no destaca demasiado del gris y pardo de las rocas sobre las que está construida. Únicamente resalta un poco la pintura roja de su linterna. Y tal vez las placas solares oscuras que se instalaron en el año 1986, cuando se sustituyó el antiguo sistema con gas acetileno por la luz fotovoltaica, reduciendo costes y evitando el engorroso y arriesgado trabajo que implicaba el desembarco y traslado de las botella de gas desde la barca hasta la torre. 

Desde Cap Llentrisca, desde donde se contempla la silueta del dragón de es Vedrà en todo el longitudinal esplendor de su cara sur, sí puede observarse el faro. Al menos cuando llega la noche y se ilumina. Y a lo lejos puede distinguirse otra luz en el horizonte, allá en la península, que es el faro del Cabo de San Antonio. La gran diferencia entre los faros, la más importante, es que el alcance luminoso del de Cabo de la Nao es de 23 millas náuticas, el de Cabo de San Antonio es de 26 y el de es Vedrà es de once millas. Es decir, la farola de es Vedrà es técnicamente un faro por la diferencia de una milla, ya que el límite que distingue una baliza de un faro es que el alcance nominal de la primera no llega a las diez millas náuticas. La instalación de es Vedrà fue inaugurada como baliza, pero se convirtió oficialmente en un faro cuando, en 1971, aumentó su alcance luminoso gracias a un mejor equipo óptico. Y, en realidad, desde Cap Llentrisca, factores como una excelente visibilidad, la altura y la transparencia atmosférica permiten observar con frecuencia la luz del Cabo de San Antonio, pero no es tan fácil verla desde menor altitud, donde la curvatura de la Tierra se convierte también en un obstáculo. Difícilmente se observa la luz de es Vedrà desde la costa contraria, así que sus diálogos de destellos blancos resultan pura ficción poética . 

DSC_6116_00001El faro de es Vedrà, pero aún como baliza, es uno de los que se levantaron en Balears en los años 1926 y 1927 aplicando el plan de alumbrado marítimo de las islas de 1924 y los avances del inventor sueco Gustaf Dalén en los sistemas automáticos de encendido, que permitieron la construcción de faros sin casas para los torreros que tuvieran que ocuparse de las linternas. Se inauguró en 1927, al igual que la baliza de s’Espardell y el faro de na Plana (ses Bledes), y contó con un presupuesto de 16.353,78 pesetas que asumió la Administración porque ninguna empresa participó en la subasta, según la información aportada por la Autoritat Portuària de Balears. Inicialmente, la baliza se encontraba más cerca del agua y a menor altura, pero un fuerte temporal la destruyó casi por completo en 1959 y, al plantearse su reconstrucción, se escogió un nuevo emplazamiento sobre las rocas, más alejada del agua y a casi veinte metros de altura. Hoy su linterna, su plano focal, se halla a 21 metros sobre el nivel del mar.

Sorprendentemente, numerosas publicaciones extienden la errónea información de que este pequeño faro no es visible desde la costa y lo sitúan en la zona norte del islote, a pesar de encontrarse claramente en el suroeste, sa Bestorre, en sa Punta des Faro, para ser más precisos. El error es la multiplicación de un error que tal vez se inicia al consultar la página de faros de Balears (farsdebalears.com), donde una flecha colocada con escasa exactitud parece indicar que el faro se encuentra, efectivamente, al norte y frente al islote de sa Galera (donde, por cierto, podría observarse desde muchos más puntos costeros de Eivissa). Sin embargo, sólo hace falta consultar un mapa para descubrir que la punta de sa Bestorre no se halla en tal punto cardinal; siempre y cuando se conozcan la montaña y el propio faro para poder situarlos. En las cartas náuticas, donde la localización del faro es necesariamente correcta, cruza, pegada a su costa, una isobática de 50 metros de profundidad. 

LA CLAVE. LAS GORGONIAS BAJO EL FARO

Bajo la superficie del agua, bajo la punta de sa Bestorre sobre la que se ubica el faro, la pared de es Vedrà cuenta con una de las más conocidas e importantes colonias de gorgonias rojas (Paramuricea clavata) de las islas. Este campo de gorgonias se encuentra algo más abajo de los 40 metros de profundidad que suponen el límite recomendado para el buceo recreativo, pero si hay un lugar en Eivissa en el que realmente valga la pena saltarse un poco los límites y bajar quizás hasta los 50 metros, es, probablemente, éste. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

Anuncios
Publicado en Faros, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

El trapecio de oro

s'Illot de s'Or desde sa punta de ses Eres Roges

s’illot de s’Or desde sa punta de ses Eres Roges.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat. – Al noroeste de Tagomago, frente a sa punta de ses Eres Roges y el tramo de costa conocido como s’Albadar, a menos de cien metros, se alza sobre la superficie del mar la forma de trapecio de s’illot de s’Or. Tan curiosa referencia en piedra al elemento químico con 79 protones no es el único nombre que recibe el escollo, aunque sí es la denominación que suele figurar en las cartas náuticas y en los mapas del litoral pitiuso. Illot de s’Or, de s’Ora y de s’Hort son los tres nombres habituales para este islote de 18 metros de altura. Y que las tres denominaciones suenen de forma tan similar parece indicar, en realidad, tres intentos distintos de representar gráficamente el sonido de un topónimo cuyo origen se ha perdido en el tiempo. Como illot de s’Ora aparece en el libro ‘Es Amunts: vida, cultura i paisatge’, del Grup d’Estudis de la Naturalesa, por ejemplo, y es el término preferido por la Enciclopèdia d’Eivissa y Formentera, que no recoge la tercera denominación. Incluso hay un cuarto nombre, porque el viajero archiduque Luis Salvador de Austria, en la obra que dedicó, a mediados del siglo XIX, a su visita a las islas, se refiere a la roca como s’escull de s’Or y también como es Paganet. Probablemente por error. 

Como illot de s’Hort aparece en la enciclopedia virtual de los vertebrados españoles del Museo Nacional de Ciencias Naturales (del CSIC) al hacer referencia a la distribución geográfica de la lagartija de las Pitiüses. De hecho, este es el nombre que aparece, probablemente por imitación, en bastantes estudios sobre sargantanes (Podarcis pytiusensis) al citar los ejemplares de este islote; era la denominación que figuraba en los primeros estudios sobre estos reptiles y, por ello, la subespecie fue bautizada como P. p. hortae (descrita por Buchholz en 1954). Esta pequeña población de lagartijas sobrevive en una plataforma vegetal de apenas 40 metros de diámetro formada, en buena medida, por arbustos de lentisco (Pistacia lentiscus). Hace tres años, un equipo alemán de tres investigadores (Marten van den Berg, Mike Zawadzki y Michael Kroniger) desembarcó en el islote, al igual que visitó el resto de los que cuentan con poblaciones del endémico saurio, y consiguió atrapar siete ejemplares. En su informe escribieron que la coloración de estas lagartijas se asemeja más a la mayoritaria en la isla de Tagomago (de un azul turquesa) que a la existente en la parte más cercana de la costa ibicenca. Y al referirse a la población mayoritaria de Tagomago aludían los autores al hecho de que los ejemplares que encontraron en las inmediaciones del quiosco que existe en el lado oeste de Tagomago no lucían igual coloración. Y fue cerca de s’illot de s’Or, de s’Ora o de s’Hort, precisamente, donde unos excursionistas en kayak avistaron, en  abril de 2018, una serpiente de herradura; el GEN advirtió entonces del riesgo de que los ofidios invasores alcancen también las frágiles poblaciones de sargantanes de los islotes. 

Si s’illot de s’Or parece un trapecio visto desde el sur, se asemeja más a un volcán con la cúspide truncada si se observa desde arriba, un volcán muerto en cuyo cráter cegado ha crecido la hierba. Su aspecto es el de una montaña submarina que hubiera emergido a la superficie tras una erupción volcánica –como el islote que en 2015 nació en el Pacífico, entre las islas de Hunga Tonga y Hunga Ha’apai, y que ahora la NASA intenta comparar con Marte– aunque en la zona la profundidad es de apenas cuatro o cinco metros. En las paredes de s’illot de s’Ora no hay vegetación y sus rocas parecen divididas en placas. Su composición arcillosa tiene cierto tono dorado y de tal circunstancia, tal vez muy forzada, podría proceder la versión del nombre que alude al oro. Otra hipótesis, la que se usa para dar preferencia a la denominación de s’illot de s’Ora, señala que podría tratarse de una derivación de illot de sa Vora, por su su cercanía a la costa. Detrás del escollo de los tres nombres está es Figueral y a lo lejos, dirección noreste, se observa sa Punta Grossa y los restos de su faro abandonado. Pero más cerca, justo al oeste, bajo los acantilados de s’Albadar, también puede encontrarse una breve playa, a la que prácticamente solo puede accederse por mar, con la que el escollo comparte nombre, cualquiera de ellos. Y, finalmente, al este, mar adentro, donde rompen las olas, se halla sa Llosa de es Figueral, donde al anochecer se enciende una luz blanca que emite grupos de dos destellos para advertir a los navegantes del peligro. 

LA CLAVE . SA LLOSA DE ES FIGUERAL.– S’illot de s’Ora se encuentra dentro de la reserva marina de Tagomago recientemente creada por el Govern balear. Y, a su derecha, extendiéndose como un rectángulo inclinado en dirección noreste, que acaba en la línea imaginaria que uniría sa Punta Grossa con s’escull d’en Bet (Tagomago), se ha delimitado una zona de reserva integral alrededor de sa Llosa de es Figueral, un peligroso punto para la navegación que se encuentra señalizado con una marca de peligro aislado iluminada durante la noche. La zona se ha protegido como reserva integral (una catalogación que también tiene s’Espardell) por las recomendaciones de estudios científicos que la consideran un ‘punto caliente’ de biodiversidad que concentra importantes poblaciones de dentón, cirvioles y meros. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Así sabe el cloroformo

oruga de mar fotografiada en es Codolar

oruga de mar fotografiada en es Codolar.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat.– Fáciles de identificar por su suave color lila, un tono poco habitual en las zonas de arena en las que podemos encontrarlas, las flores tetrámeras en racimo de la oruga de mar son pequeñas, de un centímetro cada pétalo. Y ahora, al llegar la primavera, pueden verse elevándose desde los gruesos y carnosos tallos de la planta, que puede alcanzar medio metro de altura y que forma arbustos que, por su carnosidad y por los distintos tonos verdes que se suceden en los brotes, recuerda algo a las salicornias, tan abundantes en ses Salines y ses Feixes. Con las salicornias comparte hábitat y, como ellas, está adaptada para superar intensos periodos de sequía, fuertes vientos y el salitre del mar. La oruga de mar (ruca de mar o ravenissa de mar en catalán y Cakile maritima en su nombre científico) forma parte de un tipo de vegetación, de un conjunto de plantas, que puede encontrarse en uno los ambientes más extremos de Eivissa y Formentera, así como del resto de las islas grandes del archipiélago, incluyendo Cabrera. Es la vegetación de arena, viento y sal, la que se ha vuelto resistente para contribuir a retener las dunas. La oruga de mar, también llamada rucamar, crece incluso en terrenos degradados y puede resistir una transitoria inundación si una subida del nivel del mar la alcanza. La relación de esta planta con el agua salada aún va más allá, ya que Cakile maritima, que tiene un fruto en forma de hierro de alabarda, usa las aguas del mar para propagarse, aprovechando que sus semillas flotan (hidrocoria es el nombre preciso de este tipo de diseminacion). De hecho, tal particularidad le ha permitido colonizar costas de muchos lugares del mundo, y si en las Pitiüses es una planta que forma parte sustancial de un hábitat protegido, en áreas del litoral de América del Norte es considerada una especie invasora. 

Se encuentra en casi toda la costa pitiusa, pero puede destacarse su presencia en la zona de es Codolar, entre los cantos rodados, las hojas secas de posidonia, la arena y también los escombros que los temporales del invierno han ido acumulando en las orillas. Puede observarse en costas del Atlántico incluyendo Canarias (fue localizada en la isla de Gran Canaria, por primera vez, en 2003) y su distribución llega hasta Finlandia, pero es propia del ámbito mediterráneo. En verano, a pleno sol, es fácil observar mariposas de la especie Gonepteryx cleopatra (la más amarilla de las mariposas de las islas) buscando las flores más apetecibles de la oruga de mar. Este lepidóptero, como muchos otros, tiene predilección por las flores con tonos lila. 

Existen diversas subespecies de la planta, como scopoli, integrifolia o maritima (a menudo pueden diferenciarse por la observación de sus frutos), porque, a decir verdad, Cakile maritima es un taxón de gran diversidad morfológica. 

Tiene pocos usos medicinales, pero parece ser que se utilizó como remedio contra el escorbuto. Y en ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’, de Pío Font Quer, puede leerse, de manera algo sorprendente, que tiene un sabor “picante y aromático muy pronunciado, que recuerda a la vez el del cloroformo y el de la mostaza”. Y aunque tal referencia a un anestésico usado asimismo como disolvente pueda parecer poco recomendable para loar las virtudes alimenticias de una planta, más adelante se añade: “a quienes gustan los berros y la mostaza, no les desagradarán unos brotecitos tiernos de la oruga marítima añadidos a la ensalada. Abre el apetito y es un buen excitante”. 

LA CLAVE. SU DISTRIBUCIÓN.– Aunque es una planta propia del Mediterráneo, también puede encontrarse en las costas atlánticas, en Canarias (en 2003 se localizó en Gran Canaria) e incluso en el litoral de Finlandia. Su método frecuente de propagación, con semillas que flotan en el agua y germinan cuando las olas las depositan en la arena, le ha permitido colonizar amplias zonas del mundo. En costas de América del Norte es considerada una especie invasora. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/03/31/cloroformo/1057343.html

Publicado en Flora de Eivissa y Formentera, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Portales de cal y canto

_DSC1236

aspecto de uno de los portales de es Prat de ses Monges.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat. Recuerdan a los dólmenes del Neolítico. Es como si hubieran evolucionado, incorporando una valla de madera, y se hubieran adaptado a la actividad agrícola del siglo XVII, época en la que se conformó la red de acequias que hoy conocemos. Los portals de feixa resultan sorprendentes para quien desconoce su historia o no se ha acostumbrado a verlos, porque parecen, simplemente, puertas rotas en campos abandonados. Y eso es, ciertamente, lo que son la mayor parte de los que aún quedan en ses Feixes de Eivissa; restos de un curioso elemento arquitectónico tras los cuales crece el cañaveral. Antaño fueron la entrada, de piedra y argamasa encalada, a los bancales, a las tierras de cultivo, y estaban precedidas por un pequeño puente sobre el canal. Puede parecer una puerta imposible e inútil, pero lo cierto es que, de no pasar por ella, quien quisiera acceder a los huertos debía mojarse atravesando las acequias, y es de suponer que tal dificultad, aunque modesta, debía desalentar a muchos de los que pudieran considerar la posibilidad de robar unos cuantos boniatos, higos, uvas, lechugas o cualquier otro tubérculo, hortaliza o fruto de la gran variedad que llegó a cultivarse en estos campos. Algunos portales aún han evolucionado un poco más y han sido restaurados como entradas a las casas, pero han perdido su función como acceso a las huertas. 

DSC_1387Y, a pesar de lo ya apuntado sobre la época de estos huertos ganados a las aguas salobres, hay que señalar que fue en época islámica que se crearon las primeras feixes mediante el drenaje de los humedales y prolongando, con canales artificiales, las cuencas de los principales torrentes que iban a desembocar a la bahía. Torrentes como el de sa Llavanera, es Fornàs o d’en Capità, según puede leerse en ‘Vila i ses Feixes. Els camins de l’aigua’, el libro publicado por el GEN (Grup d’Estudis de la Naturalesa) en el año 2009. El diseño de estos bancales, los primeros huertos, es de origen islámico, pero la red de canales que conocemos actualmente y que pervivió hasta los años 50 del siglo XX, es del siglo XVII. De hecho, el momento de máxima expansión del sistema fue a mediados del XX, cuando existían más de 140 parcelas agrícolas con una extensión de más de 600.000 metros cuadrados. Pero, a partir de entonces, el abandono de la actividad agrícola y el urbanismo sin control en aras del turismo sin cálculos, supusieron la degradación sistemática del lugar. Incluso a pesar de la importancia que, en las últimas décadas y en el mundo entero, han cobrado los humedales como reservas de diversidad biológica y áreas de invernada de avifauna migradora. A lo que en ses Feixes se suma la relevancia etnográfica y cultural de lo que ha llegado a denominarse el pulmón verde de Vila. 

Es un lugar con mucha historia. Incluso criminal. En el libro editado por el GEN se hace referencia a un crimen del 6 de mayo de 1838 que tuvo como escenario ses Feixes. El mayoral de uno de estos huertos, Vicent Ramon Escandell, asesinó a tiros a su esposa, Esperança Escandell, y los carabineros lo encontraron llorando junto al cadáver. En el relato de la causa criminal, puede leerse, sobre el escenario de los hechos, que el cuerpo estaba “a cosa de diez minutos de distancia de esta ciudad, junto a un portal de cal y canto, con reja de madera, perteneciente a la feixa propia de Miguel Nadal que se halla a mano derecha de camino llamado el segundo puntet, calificado a la orilla del mismo camino”. La pistola de pedernal con la que se había cometido el crimen fue hallada, enterrada en la feixa, un mes después. 

Casi tres décadas más tarde, el archiduque Luís Salvador de Austria visitó Eivissa, dibujó los portales de cal y canto y escribió de ellos: “es bien curioso el aspecto que confiere al paisaje este mar de puertas, por mor del contraste del blanco de las piedras con el ufano verde de las plantas”. Pero más chocante es la descripción que ofrece el valenciano Víctor Navarro, en 1901, en su obra ‘Costumbres en las Pithiusas’, en el que, en buena medida, se basó Blasco Ibáñez para escribir su polémica novela ‘Los muertos mandan’, que tan mala acogida tuvo en la isla por lo que de sus costumbres salvajes contaba. Dice Navarro que “el efecto que produce al viajero que por primera vez ve desde lejos el prat de ses Monges, con aquella gran cantidad de marcos formados por montantes y dinteles de una blancura sorprendente, plantados en medio del campo, sin estar unidos a ninguna tapia o valla, ni cerrados aparentemente por ninguna puerta, es que se tiene a la vista un gran cementerio, cuyos monumentos pertenecen todos al estilo egipcio; y cuando se contempla de cerca , y se comprende el motivo por el cual han sido construidos, al punto le acude a la mente la reflexión de que sí, de que puede ser útil ponerle puertas al campo”. Resulta remarcable como los portals de feixa, únicos en el mundo, llamaron la atención de todos los viajeros que visitaron la isla y quedaron, así, descritos en libros y diarios de viajes. Como remarcable resulta también el abandono  en el que se halla el conjunto de ses Feixes a pesar de sus valores. 

LA CLAVE. EL PORTAL DEL AEROPUERTO. Una de las particularidades destacables de estos elementos arquitectónicos conocidos como portals de feixa es su localismo; sólo se encuentran, o se encontraban, en ses Feixes, tanto en las de la zona de es Pla de Vila como en el Prat de ses Monges. Sin embargo, han sido imitados para decorar jardines o entradas de viviendas, aunque sin cumplir la función para la que fueron creados. Y, durante décadas, una de las postales más conocidas de la isla fue la del portal de feixa que recibía a los pasajeros en el aeropuerto de es Codolar desde su inauguración. Aún hoy, bajo la torre de control, en una zona en la que no aterrizan los vuelos comerciales, hay tres imitaciones de portals. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/03/24/portales-cal-canto/1055660.html

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

El geómetra de los baluartes

baluarte de Sant Jaume

baluarte de Sant Jaume.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat.– El 25 de noviembre de 1554 fue una fecha señalada en la historia de las Pitiüses, aunque no figure reflejada en las crónicas. Aquel día, un atemorizado ingeniero militar italiano llamado Giovanni Battista Calvi embarcaba desde Dénia hacia la isla de Eivissa con la misión real de revisar y recomponer el obsoleto sistema defensivo de la ciudadela. En realidad, llegaba dos años tarde, porque el italiano evitaba el mar como quien huye de la peste y, a pesar de los deseos del príncipe Felipe, pospuso una y otra vez el viaje a las islas para ocuparse de sus fortificaciones. Siempre tenía a mano la excusa de que prefería dejar otras obras bien encaminadas en Perpiñán, Roses o Barcelona antes de dirigirse a Balears. Finalmente, el Consejo de Guerra le transmitió instrucciones precisas para que desde Málaga, mientras se encontraba de periplo por el sur, zarpara hacia las islas sin dilacion. Y aún así, un terco Calvi se rebeló a esta orden, recibida en verano, y decidió embarcarse desde Dénia para que el viaje fuera más corto y se redujera la probabilidad de toparse con las galeras piratas que infestaban las aguas y que eran, a la sazón, el motivo de su animadversión al mar al mismo tiempo que la razón de que un ingeniero en fortificaciones como él estuviera tan bien valorado que se permitiera contravenir los deseos del rey. Durante el trayecto, a pesar de su precaución, el bergantín en el que Calvi viajaba se topó primero con catorce galeras argelinas de las que los marineros lograron zafarse y, ya al anochecer, avistaron otras cuatro embarcaciones piratas. Al día siguiente, Calvi contaría estos detalles en una carta dirigida al virrey de Valencia, el Duque de Maqueda, una carta en la que aseguraba que sobrevivir había sido “un auténtico milagro”. Estaba convencido de que, en la oscuridad, los piratas habían confundido la bandera del bergantín por una enseña aliada y que ello les había librado de un abordaje. 

es Freus desde el baluarte de sant Jordi

es Freus desde el baluarte de Sant Jordi.CAT

Giovanni Battista Calvi había llegado a Barcelona para trabajar al servicio de la monarquía hispánica probablemente el 2 de junio de 1552, procedente de Génova, y el primer proyecto que inició fue la fortificación de Roses. Nació en Caravaggio, la ciudad de Lombardía que en el siglo siguiente se haría famosa por ser la tierra del pintor Michelangelo Merisi, aunque se desconoce el año de tal nacimiento y los historiadores no se deciden entre 1525 y veinte años antes. Pero lo que realmente vale la pena saber de este lombardo es que llegaba ya a la corte de Carlos V con el aura de un gran ingeniero, el discípulo eminente del arquitecto Antonio Da Sangallo ‘el Joven’ y su supervisor, por ejemplo, en las obras de la fachada del Palazzo Farnese, el palacio de la legendaria familia que dio un papa aristócrata a la historia, que hoy es la embajada de Francia en Roma y con el que Sangallo se erigió en ingeniero jefe de las fortificaciones pontificias. Era Sangallo un arquitecto avanzado a su tiempo, un innovador, pionero en el uso incesante del baluarte como elemento defensivo. Y siguiendo su estela, Giovanni Battista Calvi llegó a España como una gran autoridad en la evolución hacia una fortificación moderna, pensada para acoger piezas de artillería y para ser tan efectiva como para parecerlo.

Tras menos de un día de viaje desde Dénia, Calvi, aquel geómetra de la defensa, pisaba Eivissa por primera vez. Frente a él se levantaba una destartalada muralla medieval que había quedado obsoleta cuando, en el paso del siglo XV al XVI, se hizo extensivo el uso de la artillería. Aquella muralla no sólo no estaba preparada para alojar cañones sino que, además, las piedras que la conformaban podían convertirse en mortífera metralla si el enemigo la bombardeaba. Y, por si ello fuera poco, los habitantes de la ciudad habían construido casas a sus pies aprovechando su solidez y al mismo tiempo debilitándola como defensa. Aquello necesitaba con urgencia la intervención de un ingeniero, y mejor si era italiano; por aquel entonces, nadie como los italianos había avanzado tanto en la construcción de fortalezas. Los monarcas españoles lo sabían tan bien que Carlos V había conseguido a Giovanni Battista Calvi prácticamente a la fuerza tras la toma de Piacenza por la tropa de Francesco Gonzaga. El ingeniero trabajaba en la ciudadela de esta localidad del valle del Po cuando, aprovechando que la obra estaba a medias, fue asaltada por el aliado del emperador Carlos, y ante la tesitura de la prisión o poder seguir trabajando, tanto Calvi como el otro ingeniero de Piacenza, Domenico Gianelli, optaron por pasarse al servicio del monarca español. Gianelli siguió en la ciudad asaltada y Calvi aún se quedó cinco años en Italia, ejecutando obras en lugares estratégicos del Imperio en ese país. Así se explica en la tesis doctoral del doctor en historia del arte Damià Martínez Latorre, titulada ‘Giovan Battista Calvi. Ingeniero de las fortificaciones de Carlos V y Felipe II (1552-1565)’, presentada en el año 2002 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sobre el temperamento del personaje, dibujado mediante la correspondencia conservada, destaca que era “plenamente renacentista, en la acepción humanista del término, por su talante experimental, polifacético, plenamente capaz de reflexionar y argumentar sobre temas que extralimitaban su profesión de mero ‘arquitecto militar’ en sus funciones, repetidamente asumidas, de consejero militar, político, económico y social”. 

Formentera desde el baluarte de Sant Bernat

Formentera desde el baluarte de Sant Bernat.CAT

Volviendo al caso ibicenco, tres años antes de Calvi, el conde Ugo de Cessena ya había estado en la isla para realizar algunos trazados para la mejora de su defensa, pero la muerte de este ingeniero no permitió llevarlos a cabo. Y mientras llegaba Calvi, los jurados ibicencos desobedecieron las órdenes reales de no tocar nada hasta la arribada del ingeniero y encargaron a un maestro de obras mallorquín, de nombre Simón Ballester, iniciar algunas reformas. 

Y así, en estas circunstancias y con tal panorama, llegó a la isla quien había de levantar sus murallas, la fortificación que al arquitecto Fernando Cobos le gusta denominar ‘máquina’, en alusión al significado que a la palabra se da en el ‘Tesoro de la lengua castellana’ de Covarrubias (de 1611); la máquina como una “fábrica grande e ingeniosa”. Y eso es la fortaleza de Calvi. La fortificación entendida como una máquina militar, que es, de hecho, como se denomina a menudo a los recintos amurallados en la documentación del siglo XVI. “Ibiza es una obra maestra de Calvi”. Asi de contundente es Cobos, redactor del plan director de las murallas de Eivissa, es decir, el responsable de los trabajos de restauración que se han venido haciendo en la fortificación desde el año 2000. “La adaptación al terreno, a la colina, provoca que las murallas ibicencas sean excepcionales”, explica, y añade que “la pieza maestra” de tal ingenio, el elemento fundamental, es el baluarte. Y en la isla, los baluartes “se conservan íntegros, son únicos en el mundo y representan uno de los grandes valores de la obra”. 

La primera estancia de Calvi en la isla duró apenas cuatro meses, porque el 14 de marzo de ese año 1555 embarcaba ya hacia Mallorca para dirigirse a Menorca; construir el castillo de San Felipe, en Maó, era una prioridad para la Corona. Pero el italiano aprovechó bien el tiempo pasado en las Pitiüses, o concretamente en Eivissa, ya que en Formentera había demasiados piratas para su gusto. Y a pesar de que su intención era circunnavegar las dos islas, a la menor de las Pitiusas sólo la observó a cierta distancia y usó las narraciones de los isleños para dibujarla. Ello queda patente, según explica el historiador del arte, en el mapa que trazó el ingeniero, un primer mapa en el que Eivissa, dibujada con precisión, resulta reconocible pero en el que Formentera “sale más distorsionada”. Calvi realizó dos mapas de Eivissa, conservados en el Archivo de Simancas y en la Biblioteca Nacional, y, según se señala en la tesis, “nunca se había tenido una imagen en papel tan clara y fidedigna del territorio insular ibicenco hasta que Calvi no lo dibujó”. 

En el baluarte de Sant Bernat destacan las esquinas de piedra marès

en el baluarte de Sant Bernat destacan las esquinas en piedra mares. CAT

En esos cuatro meses, el ingeniero reconoció el territorio y diseñó las murallas, aprovechando el desnivel del terreno y siguiendo, por el exterior, el perímetro de las murallas medievales. Con suma rapidez se realizó el trazado del fuerte, con seis baluartes y sus cortinas, se consiguieron los primeros mil ducados (aportados por particulares) con los que habían de iniciarse los dos primeros baluartes de los seis previstos y se comunicó el envío a la isla de 13.000 libras para el proyecto. En enero las obras ya estaban en marcha. Comenzaron, según las investigaciones de Fernando Cobos, por Sant Jordi y Sant Jaume, los baluartes que miran a es Molins, “la parte más débil” de la ciudadela. Y el tercero de ellos se inició cuando Calvi estaba ya en Mallorca, desde donde informó a la princesa gobernadora de los avances, demostrando que, a pesar de su partida, estaba bien informado de la evolución de la obra. De hecho, en esa misma carta, aseguraba que el proyecto podría continuar perfectamente sin él. “Había hecho un modelo de madera que reproducía un baluarte a escala, había plantado estacas en el terreno delimitando el contorno que la obra debía seguir y había dejado al cargo de las obras a un capacitadísmo maestro”, puede leerse en la tesis de Damià Martínez. El maestro mayor de las obras era Antoni Jaume, quien le mantenía puntualmente informado. De hecho, el sistema de trabajo de Calvi era el de tejer una red de maestros de obra locales en las plazas en las que trabajaba, a los que formaba en su concepción de la fortaleza artillada y que sabrían tenerle informado cuando ya no pudiera estar en el lugar. Lo cierto es que el italiano se hizo tan imprescindible primero para Carlos V y luego para Felipe II que, en las palabras usadas por Martínez Latorre, “se le cuidaba entre algodones pero, al mismo tiempo, se le necesitaba tanto que también se le forzaba en exceso”. En este aspecto, el profesor ha calculado que en los casi catorce años que Calvi se ocupó de los proyectos defensivos de la monarquía hispánica, pudo realizar más de 13.000 kilómetros, que superarian los 20.000 sumando los desplazamientos por mar en galera, a Balears y al norte de África. 

Y todo ello a pesar de la enfermedad “recurrente” que sufría, problamente tuberculosis, a la que hace referencia constante “durante su peregrinar por España”. Por otra parte, cobraba bien por sus servicios, al parecer, aunque a veces lo hiciera con retraso. Se sabe que en 1556, por ejemplo, “su sueldo, al margen de otros complementos, era de casi ochocientos ducados anuales. Una cifra claramente extraordinaria si la comparamos con cualquier otro profesional, de la arquitectura o de otros campos, que trabajara en España en aquellas fechas”. Calvi no dejó de negarse nunca a realizar viajes por mar, de forma que, en una ocasión, el maestro de obras ibicenco, Antoni Jaume, tuvo que trasladarse a Perpiñán para reunirse con el ingeniero y recoger dinero para continuar las obras. Nunca llegó a destino. Su barco se hundió, él desapareció para siempre y el baluarte de Sant Pere quedó por ello inacabado. Era el año 1558, según la tesis de Martínez Latorre (otras fuentes señalan que la fecha fue 1562). 

el castillo, en proceso de trasnformarseen parador, desde Sant Bernat

el castillo desde el baluarte de Sant Bernat.CAT

Damià Martínez ha podido documentar que Calvi regresó a Balears, no sin antes litigar con el Consejo de Guerra para que no lo embarcaran en un pequeño bergantín sino “en navío seguro”, a principios de 1561. Esta segunda visita ha sido un tema controvertido entre los expertos durante muchos años. Según los datos obtenidos por el autor de la tesis, el ingeniero intentó evitar el viaje hasta el punto de ofrecerse a trabajar sin salario el resto de su vida, “porque si plaze a Dios no quiero verme como la otra vez que fuy a las dichas yslas, que tres vezes me halle en medio de corsarios”. Sin embargo, cruzó de nuevo el mar y llegó para rematar dos baluartes de los seis previstos. Estuvo en las islas (también visitó Mallorca y Menorca) menos de un mes.

Giovanni Battista Calvi, el creador de la máquina, falleció en Perpiñán a finales de 1565 sin regresar jamás a su país. La muralla no estaba acabada y entonces llegó, ya en 1574, otro italiano, el ingeniero Giacomo Paleazzo ‘il Fratino’, y planeó el séptimo baluarte, en realidad un semibaluarte, el de Santa Llúcia. Cuatro años más tarde, la seguridad de las murallas, aún por finalizar, fue puesta a prueba por un ataque turco al puerto de Eivissa. Muchos vecinos pudieron refugiarse en la fortificación, pero 120 personas que intentaron guarecerse en la iglesia de Sant Elm fueron capturadas y vendidas como esclavas en Oriente. 

 EL PROYECTO DE FORMENTERA. Formentera merece un apartado especial, porque, en aquel entonces, mediados del siglo XVI, y en palabras del propio Calvi, allí “los moros están ordinariamente como en sus casas”. En una carta fechada el 10 de enero de 1555, el ingeniero proponía al príncipe la construcción de dos fortalezas, y acompañaba su sugerencia con el ejemplo de catorce barcos enemigos que acababan de partir de s’Espalmador para atacar la costa alicantina y asegurando a su majestad que las obras podrían hacerse a un bajo coste que, en cualquier caso, compensaría las millonarias pérdidas que los corsarios argelinos y turcos provocaban al reino. No pasó mucho tiempo hasta que encargaron a Giovanni Battista Calvi que se ocupara de elaborar un presupuesto, aunque ya advertían que la jurisdicción eclesiástica sobre la isla, que pertenecía al arzobispo y no al rey, podía representar un problema. 

Pero Calvi no pudo visitar la isla, al menos en su primer viaje a Balears, ni para dibujarla en un mapa porque los piratas, desde luego, no abandonaron las aguas de es Freus para ponérselo fácil. Ya desde Mallorca, Calvi contaba: “De la isla de Formentera no pude hacer la traza como le escribí a su alteza porque había por estos mares doce galeotas que se quedaban normalmente en esa isla” (las cartas de esta época están escritas en un antiguo italiano y, con el tiempo, Calvi irá incorporando a ellas el español). Según explica Damià Martínez, ya no hay más referencias al proyecto de fortificar Formentera hasta 1560, año en el que regresa a las Pitiüses, cuando quizás Calvi sí pudiera acercarse a Formentera y cuando vuelve a mencionar al rey el plan de fortificarla, apoyando las pretensiones del aristócrata portugués Ruy Gómez de Silva, el príncipe de Éboli, que se ofreció al monarca a financiar las obras si le cedía la isla. Crearía en ella un pueblo de 300 vecinos para que la labraran, y, según señalaba Calvi, “ello sería un gran beneficio para todas las otras islas y toda la costa de España y su navegación”. Pero Formentera nunca fue de Ruy Gómez de Silva, jamás se construyeron las dos fortalezas y los piratas, realmente, sólo dejaron de ejercer presión sobre el Mediterráneo en 1830, cuando Francia tomó Argelia. 

Reportaje publicado en el dominical de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/03/17/geometra-baluartes/1054158.html

aspecto general del recinto en el que se aprecian tramos de los dos periodos de su construcción

aspecto general del recinto, en el que se aprecian tramos de los dos periodos constructivos más importantes.CAT

Publicado en Historia, patrimonio, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

La flor que hubiera dibujado Asimov

Flor de borraja fotografiada en la zona de sa font den Perella

borraja fotografiada en la zona de la font den Perella.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat.– En la comarca de Perella, a la que puede llegarse desde uno de los caminos que se unen a la carretera de Santa Eulària a Sant Carlos, la tierra es roja y fértil. Y en campos que antaño fueron cultivados, en los márgenes de los huertos, crecen y florecen, justo cuando acaba el invierno, las borrajas, tiñendo el lugar de su azul intenso. Perella es una de las zonas en las que, en Eivissa, puede encontrarse borraja silvestre en todo su esplendor, junto a la fuente del mismo nombre o del trull del siglo XVIII que, en 2014, el ayuntamiento anunció que iba a rehabilitar. 

La borraja, borratja en catalán y Borago officinalis en su nomenclatura binominal, es una planta propia del Mediterráneo, de la que los expertos aún discuten si procede de Siria o es autóctona de la parte occidental, y antaño era usual en las islas usar sus hojas frescas como ingrediente de los buñuelos. Aún hoy, los buñuelos de viento con borraja son un típico producto gastronómico de Mallorca. Lo cierto es que tanto las hojas, consumidas como verdura, como las singulares flores de esta llamativa planta se usan en múltiples recetas, incluidas infusiones, y para adornar, con su azul intenso, las ensaladas. Y ello a pesar de que, al parecer, las propiedades nutritivas de la planta son escasas y ello podría explicar el dicho popular de que algo quedó “en agua de borrajas”. En el libro ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado”, de Pío Font Quer, se explica que en Mallorca, “con las mismas hojas recién arrancadas y bien lavadas, hacen unos buñuelos de viento de muy agradable sabor. Se prepara una mezclilla con huevos batidos y un poco de harina de trigo candeal, que sirve para embadurnar las hojas una a una, por ambas caras, cogiéndolas por el rabillo; échanse así embadurnadas en una sartén con abundante aceite bien caliente, y el aire que las hojas retienen aprisionado entre sus bollos y rugosidades, dilatándose súbitamente, forma ampulosos buñuelos de color tostado o rubios, dentro de los cuales, la borraja, queda como una delgada película verdinegra”.

Más allá de sus usos gastronómicos, y a pesar de su escaso valor nutritivo, el segundo término del nombre científico de la especie revela que esta planta sí es de interés para la medicina tradicional; ‘officinalis’ es un epíteto latino medieval que puede encontrarse en diversas especies y que hace referencia a la ‘officina’, la despensa de un monasterio en la que los monjes guardaban los medicamentos, hierbas curativas y pociones de diverso tipo. La borraja es, de hecho, una de las plantas oficinales más antiguas y se cultivaba antaño en los conventos tanto para ser consumida como verdura y por sus propiedades curativas como por ser una planta melífera, muy adecuada para las abejas de las colmenas de los monasterios.

Se le atribuyen propiedades diuréticas, y en el ‘Dioscórides renovado’ puede leerse que, para facilitar la digestión, “en muchas comarcas de nuestro país, las hojas de borraja se dan a los enfermos, a los convalecientes, y personas delicadas, simplemente hervidas con agua y sal, como si fueran espinacas, aderezadas con un poco de aceite de olivas del más fino”. Tradicionalmente, la borraja se ha considerado una de las cuatro flores cordiales por excelencia, junto a la buglosa, la violeta y la rosa roja. Es decir, son flores que se mezclan para administrar, como sudorífico y en infusión, a los enfermos. Además, la planta también es conocida por estimular la producción de adrenalina y, por tanto, inducir estados de euforia. 

Pero si por algo destaca esta especie es por la estructura y vistosidad de su peculiar y hermosa flor azul índigo, que habitualmente se comba hacia abajo. La flor de borraja es una nave nodriza de tono intenso en una inflorescencia, una pequeña galaxia, de tallos y botones llenos de pelos blancos y brillantes. La parte más característica de esta flor es la estructura cónica de sus cinco estambres, que protegen el pistilo en su centro y conforman un cono oscuro surgido de un círculo de escamas blancas en mitad de la corola estrellada. Parece que, en cualquier momento, al igual que una nave nodriza que regresara a la Tierra a recoger a algún viajero interestelar, los estambres fueran a abrirse como una compuerta de la que fuera a aparecer una columna de luz blanca. Con la estructura de sus órganos reproductores y sus pétalos formando una estrella de cinco puntas, tiene algo de alienígena, de quimera, de criatura ideada por la ciencia ficción. Es la flor que tal vez habría dibujado Isaac Asimov. Quizás imaginó así las plantas extraterrestres que cita en el relato ‘Manchas verdes’. 

Al peculiar aspecto de la flor se suma la aspereza de los pelos blancos que la borraja presenta en prácticamente toda la planta y a los que debe su nombre, que proviene de ‘borra’, del latín ‘burra’, la pelusa más tosca de la lana. Borago officinalis se vuelve silvestre con suma facilidad y coloniza campos, terrenos de cultivo y hasta basureros; la variedad que suele cultivarse es la blanca y la azul es silvestre. 

LA CLAVE. LOS NOMBRES POPULARES. La borraja es borratja en catalán y Borago officinalis en su nomenclatura binominal. Además, tiene, en tierras de habla catalana, nombres curiosos como herba de la tos, orella d’ós, flor cordial, pa amb vi y pa-i-peixet. El primero de estos últimos nombres está claro y se debe a ciertas propiedades de la planta para aliviar la tos y combatir la bronquitis, el segundo hace referencia, posiblemente, a la forma de las hojas y los dos últimos a su uso como condimento de algunos alimentos. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/03/17/flor-hubiera-dibujado-asimov/1054107.html

Publicado en Flora de Eivissa y Formentera, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario

La alegoría del Mediterráneo

llaüt destinado a la pesca de 'gerret', al amanecer cerca de es Jondal

Llaüt destinado a la pesca de ‘guerreo’, al amanecer al sur de sa Punta des Jondal.CAT

C.A.T. @territoriocat.- No hay imagen que transporte mejor a uno al Mediterráneo que un llaüt, a ser posible de madera, blanco y dedicado a la pesca. La barca tradicional de Balears es aún usada para la pesca artesanal y se ha convertido en embarcación de recreo, una idílica estampa de días marineros, pero los llaüts, muy versátiles, también han sido empleados para el contrabando, para huir a Argelia, como barcos correo o barcos de línea entre las Pitiüses y para ejercer el corsarismo y la piratería. Algunos hicieron el servicio de transporte de mercaderías entre sa Cala y Vila, cuando era más fácil la vía marítima que coger carro y camino a la ciudad, otros trajeron patatas de Cartagena y una de estas embarcaciones sirvió al criminal conocido como Baló para huir a Argelia tras intentar matar a su padre. Hubo llaüts que trasladaron hielo y nieve, procedente de la Serra de Tramuntana, desde Mallorca al resto de las islas, y uno llamado ‘San Fernando y San Antonio’, de seis toneladas, una tripulación de 26 hombres y con base en Maó, practicó el corso por costas de Córcega, Génova y la Toscana.  

Estos dos últimos datos son del libro ‘El llaüt. La barca de la Mediterrànea’, de los mallorquines Bartomeu Homar y Bernat Oliver, en el que nos explican la evolución de esta embarcación desde sus orígenes en una Edad Media en la que la variedad de toda la flota existente era remarcable, hasta la actualidad, donde los llaüts se han convertido, mayoritariamente, en embarcaciones para el ocio y en reclamos turísticos, la imagen más romántica de las islas. 

El llaüt era originariamente una barca auxiliar de embarcaciones de mayor eslora y calado, de la misma forma que en tiempos de contrabando también sirvieron para acercar a la costa las mercancías que llegaban en barcas más grandes. La novela ‘Tirant lo Blanch’, de Joanot Martorell y del siglo XV, es tal vez la primera obra literaria en la que se menciona el llaüt, y en ella aparece reseñado como barca auxiliar y como embarcación pesquera. En sus comienzos, ningún llaüt debía medir más de doce metros, pero lo cierto es que, a pesar de que la imagen típica es la de una pequeña barca pesquera, la eslora no es una de las características invariables de este tipo de barcos y los tamaños en los que se han construido han sido bien variados. 

La rapidez y la manejabilidad, así como el uso de la vela latina, sí han caracterizado siempre a los llaüts. Y por ello, de hecho, fueron habitualmente escogidos para transportar nieve y como correo urgente. Curiosamente, las empresas que hoy en día alquilan o venden llaüts para la navegacion recreativa los promocionan como barcos que “no son para ir rápido sino para disfrutar navegando”, muy adecuados para travesías “tranquilas”. 

En cuanto a la forma, en el libro de Homar y Oliver se resume bien su evolución en la siguiente frase: “Los motores impusieron unas formas más parecidas a las de las lanchas, más parecidas a la ‘caja de zapatos’ que a la ‘hoja de laurel’, que durante años y años había sido el modelo de inspiración de los llaüts”. Más allá de los cambios en sus funciones, la auténtica transformación fue, efectivamente, la introducción del motor a principios de los años 20. Y, sin embargo, en ‘El llaüt. La barca de la Mediterrànea” puede leerse que la vela, los remos y el motor convivieron en igualdad durante muchas décadas debido a la resistencia de los armadores a realizar el cambio, a que aún solían ser motores aparatosos y poco prácticos y a que las penurias económicas derivadas de la Guerra Civil no permitían grandes dispendios en tecnología. Pero, poco a poco, los llaüts se redondearon y reforzaron para sostener motores cada vez más potentes. El llaüt ya no necesitó tener forma de hoja de laurel para navegar rápido, así que ‘engordó’. La otra gran transformación no llegaría hasta los años 60 del siglo XX, cuando se empezó a usar la fibra en la construcción naval. Según Homar y Oliver, la primera embarcación de poliéster se registró en la Comandancia de Marina de Balears en el año 1965.  

las casetas varadero de es Calonet, en Cala Tarida

las casetas varadero de es Calonet.Cala Tarida.CAT

Y la forma, por cierto, es también responsable del nombre, ya que, aunque pueda parecer una explicación tan obvia como inverosímil, parece cierto que el llaüt fue bautizado como tal por cierta similitud con el instrumento denominado laúd. El parecido explica, además, que existan, en otros lugares del mundo, barcos de tipo bien distinto que también reciben nombres derivados de la palabra árabe que identifica a esta suerte de guitarra. Por otra parte, también se pueden encontrar, en otras zonas mediterráneas, barcas muy similares a la tradicional balear, incluso con la misma simbología de romanticismo marinero. Es el caso del gozzo de Liguria o el pointu de la costa mediterránea francesa. 

Aún cabría destacar otra característica que identifica a un tradicional llaüt de las islas, y es su prominente roda, la pieza vertical que , surgiendo de la quilla, despunta en la proa y que recibe nombres como capellet, cap de mort o capirot. 

De hoja de laurel a caja de zapatos, la nao del Mediterráneo está íntimamente relacionada con su ‘caja’, es decir, con las casetas varadero (varadors o escars) que se encuentran diseminadas por la costa de todo el archipiélago y que completan la estampa marinera. Los conjuntos de estos varaderos han dado lugar a algunos topónimos como la punta des Llaüts, en Pou des Lleó, es racó des Llaüts, en cala Mastella, o ses cases des Llaüts de Cala d’Hort. 

Los pequeños llaüts, así como las humildes embarcaciones de marineros ibicencos, han ido relegándose a los amarres más discretos de los puertos de Balears, desplazados por las lanchas que mejor encarnan el lujo y toda una serie de catamaranes de empresas de chárter náutico, que dan más dinero que la pesca. Sólo unos pocos llaüts, tal vez los más vistosos, mantienen amarres en lugares destacados de los puertos de las islas; con ellos se potencia el símbolo, la imagen más romántica de las islas mediterráneas. 

LA CLAVE. EL MOTOR Y LA FIBRA. Las dos circunstancias que produjeron las mayores transformaciones en la forma y estructura de los llaüts fueron la introducción del motor, a principios de los años 20, y el uso de la fibra en la construcción naval, en los años 60 del siglo XX.  

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/03/03/alegoria-mediterraneo/1051046.html

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario