Rara avis negra en ses Salines

cigüeña negra fotografiada en ses Salines en el mes de enero.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Rara avis es una popular expresión latina con la que se hace referencia a cualquier persona, animal o cosa que sea una excepción a la norma, una rareza o una singularidad. Procede de un verso del poeta romano Juvenal, ‘rara avis in terris nigroque simillima cygno’, que alude a un cisne negro que se creía inexistente y que, literalmente, significa ‘rara ave en tierra muy parecida a un cisne negro’. Así que nada mejor que usar la fórmula para referirse a un ave rara que, además, es de color negro. El ave excepcional es, en esta ocasión, una cigüeña negra (Ciconia nigra), en concreto un joven ejemplar solitario que este invierno ha podido verse en ses Salines y que, según destacan ornitólogos de las islas, es una especie muy poco habitual entre el grupo de las invernantes en Balears. Una rara avis

Las cigüeñas, de hecho, y sean blancas o negras, son raras en las islas debido a su forma de volar, a su método de vuelo. Lo explica Manolo Suárez, coordinador de ornitología del Grup d’Ornitologia Balear (GOB), que señala que la cigüeña negra que ha pasado el invierno en ses Salines es una cita “muy curiosa” y que, aunque las blancas también son poco habituales, a veces llegan en pequeños grupos a territorio insular; se han visto al menos tres invernando este año en Mallorca. Por su parte, el ornitólogo Oliver Martínez, miembro del Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN), asegura que sólo ha podido ver cigüeñas negras en las islas un par de veces y que no es corriente ni su llegada ni que permaneciera en la isla tanto tiempo como lo ha hecho, ya que el ejemplar de la fotografía ha podido verse hasta entrado el año 2020 (la imagen es del 8 de enero) y ya había sido avistada, tanto en ses Salines de Eivissa como en Formentera, en el mes de octubre. 

Estas aves son grandes planeadoras, y eso significa que no llevan bien cruzar mares y océanos. Y es que las aves que planean –a diferencia de las que baten continuamente sus alas y también de las aves marinas que viajan en el viento–, usan las corrientes térmicas, las masas de aire caliente, para elevarse y volar. “Una vez entran en una térmica, ascienden y después se dejan llevar para desplazarse hasta que encuentran una nueva térmica”. Esas corrientes no se forman sobre el mar, “y, por tanto, estas grandes planeadoras tienen muchos problemas para llegar hasta las islas volando sin caer al agua”. Por ello las grandes planeadoras que realizan migraciones, como las propias cigüeñas, que se desplazan a África en invierno, usan estrechos como el de Gibraltar para acortar los vuelos sobre el mar. Pocas se atreven a arriesgarse hasta las islas. Igual les ocurre a los buitres, pero como, a veces, las cosas improbables ocurren, un grupo de leonados colonizó Balears en 2008 y hoy existe una colonia en la Serra de Tramuntana; los primeros pollos nacieron en 2012. El de los buitres es un buen ejemplo porque estas aves llegaron a las islas no sin dificultades, tras una fuerte borrasca que los empujó hacia el Mediterráneo, y algunos ejemplares cayeron exhaustos y murieron. 

No ha ocurrido lo mismo con las cigüeñas, que nunca han llegado a nidificar en las islas, aunque hay quienes recuerdan que, décadas atrás, algunos grupos llegaban a Eivissa cada invierno y podían verse en los campos de Talamanca. Eran cigüeñas blancas; la negra que ha podido verse este invierno en ses Salines es aún una especie más rara en las Pittiüses. También es más esquiva y está menos acostumbrada a la presencia del ser humano. 

Precisamente, SEO/Birdlife ha dedicado una de sus últimas monografías a la cigüeña blanca (Ciconia ciconia), y en ella queda patente que es una especie de la que se dispone de mucha información, ya que se han realizado diversos y numerosos estudios y ha sido anillada en España desde el año 1957, lo que ha permitido conocer al detalle sus migraciones y los cambios que se han sucedido a lo largo de los años. En las últimas décadas está cambiando sus patrones migratorios de forma que un importante número de aves ya no usan España sólo como zona de paso hasta África sino que muchos ejemplares centroeuropeos se unen a las aves nativas e invernan en territorio español. “Ejemplo típico de ave migradora de muy larga distancia, su condición de planeadora le obliga a minimizar el cruce de amplios brazos de mar, por lo que los viajes de ida y vuelta entre Europa (reproducción) y África (invernada) los realiza concentrándose en los dos extremos del Mediterráneo: los estrechos de Gibraltar (ruta occidental) y del Bósforo-Asia anterior (ruta oriental)”. Así, las islas quedan fuera de su rutas habituales. Y ya en el interior de África, la migración de las cigüeñas de Centroeuropa continúa a través del desierto del Sáhara hasta el cinturón del Sahel, donde se halla la principal área de invernada de la población occidental. Algunos individuos, posiblemente, proseguirán ruta hacia el Valle del Nilo y la fosa del Rift para unirse al grueso de la migración de cigüeñas procedentes de Rusia, Rumanía y repúblicas bálticas, que llegarán hasta Sudáfrica, aunque algunas se quedarán en países intermedios como Tanzania. Se han llegado a observar ejemplares anillados en España en Zambia o Sudáfrica. 

LA CLAVE. LAS CIGÜEÑAS FLECHA

A veces, la ornitología –como cualquier otro campo científico– avanza por métodos casuales y curiosos. Y en las cigüeñas se da una de estas circunstancias fortuitas. Ocurrió allá por 1822, casi ocho décadas antes de que se iniciaran los anillamientos científicos y cuando en Europa se buscaban explicaciones ingeniosas pero bastante fantasiosas a la desaparición de cigüeñas cada otoño, como que invernaban en el fondo de los lagos o que se transformaban en otra especie durante unos meses. El misterio empezó a resolverse cuando se capturó, en Klütz (Alemania), un ejemplar con una flecha atravesada, una flecha de las que fabricaban tribus de África central. En los años siguientes se documentaron otras cigüeñas a las que habían intentado cazar con arco, que fueron denominadas cigüeñas-flecha, y de esta forma se comenzó a aceptar que estas aves eran capaces de migrar a larga distancia. Las primeras cigüeñas blancas marcadas con fines científicos, según puede leerse en el monográfico sobre esta especie de SEO/Birdlife, fueron anilladas a principios del siglo XX por el propio creador del sistema, el ornitólogo danés Hans Christian Mortensen. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/dominical/2020/03/22/rara-avis-negra-ses-salines/1131274.html

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El rondador del pantano

hembra adulta de aguilucho lagunero fotografiada en s’Albufera de Mallorca.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Lo ves acercarse a lo lejos y patrullar sobre los estanques de ses Salines, asustando a los grupos de fochas y alborotando a las cigüeñuelas. Está buscando su oportunidad. Baja a pocos metros del agua, la sobrevuela, y, de pronto, observa una focha sola, que se ha alejado de la bandada. El aguilucho desciende, con las garras abiertas y preparadas, pero la focha se ha sumergido. La rapaz hunde sus patas amarillas en el agua, sin éxito, y se eleva para volver a intentarlo segundos después. Se queda acechando a media altura hasta que la focha aparece para intentar sumergirse de nuevo. El aguilucho se lanza al estanque, atrapa a su presa y la mantiene bajo el agua mientras mantiene el equilibrio extendiendo sus alas. La focha pesa demasiado para un aguilucho de poco más de medio kilo así que, una vez muerta, incapaz de elevarse con la presa, la arrastra fuera de la laguna para dar cuenta de ella entre los matorrales. Y así es el día a día de un aguilucho. Y quizás también de una focha.  

El aguilucho lagunero “es un ave rapaz muy asociada a las zonas húmedas –como bien indica su nombre–, aunque también puede verse sobre los campos de cultivo, especialmente de cereales, y en zonas abiertas, pero no en los bosques ni en las montañas”. Así lo explica Manolo Suárez, coordinador de ornitología del GOB (Grup d’Ornitologia Balear). En Eivissa y Formentera suele denominarse pilot d’àdenes, en Mallorca lo conocen como arpella y su nombre científico es Circus aeruginosus. Y aunque es relativamente fácil observar su vuelo sobre los estanques de ses Salines de Eivissa y Formentera, se trata de un visitante de invierno, de paso también en las migraciones prenupcial y postnupcial, pero no nidifica en las Pitiüses. El ornitólogo del GOB añade que la especie sí cría en s’Albufera de Mallorca, y, “desde hace pocos años, también lo hace en Salobrar de Campos”. El año pasado, en s’Albufera, el humedal más grande del archipiélago, criaron quince parejas. 

Para concretar más, los aguiluchos laguneros que migran de los países nórdicos y Centroeuropa en septiembre y octubre, pasan por las islas camino de África y algunos se quedan en ellas a pasar todo el invierno. En marzo, aproximadamente y teniendo en cuenta que el cambio climático obligará a los ornitólogos a reajustar lo que se conoce de las migraciones, las aves regresan hacia sus lugares de cría. 

La población de aguilucho lagunero, también llamado aguilucho lagunero occidental, se encuentra en proceso de recuperación en España; la desaparición de humedales, muchos de ellos arrasados para la construcción de urbanizaciones o el uso de sus aguas, y la persecución directa a la que han sido sometidas ésta y otras aves rapaces, redujeron el número de parejas a poco más de 200 en los años 80, según los datos de SEO/Birdlife. La población europea de esta rapaz diurna, de amplia distribución, se estima entre 93.000 y 140.000 parejas. 

“Machos y hembras son diferentes. Los jóvenes de los dos sexos son muy similares a las hembras adultas, oscuros pero sin las manchas blancas de cabeza y alas. Y si tienen manchas son muy pocas. Su color es más uniforme”. Además, Manolo Suárez destaca, como característica de los aguiluchos, que “cuando mantienen las alas en forma de V, y no planas como la mayor parte de las aves rapaces, y de esta manera se pueden distinguir a lo lejos”. Hay que añadir a la descripción de la especie que es una rapaz de tamaño medio, de  unos 50 centímetros y 140 de envergadura, y que al observar su silueta en el cielo también contribuye a su identificación su larga cola.  

LA CLAVE. DE AGUILUCHOS Y PANTERAS

El colorido del plumaje es una combinación de diversos tonos de marrón, rojizo, blanco y gris que varía en machos y hembras, también en los juveniles e incluso entre ejemplares del mismo sexo y edad, que pueden mostrar patrones diferentes, por lo que la identificación no siempre es sencilla. Y el asunto puede complicarse porque en esta especie no son raros los casos de melanismo, es decir, ejemplares con una pigmentación más oscura, una variación genética de la que la pantera negra es el ejemplo más conocido. A menudo, el aguilucho lagunero es confundido con el águila calzada, especie también presente en ses Salines pitiusas, a pesar de que la segunda presenta la zona inferior del cuerpo de color blanco. 

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Del mito del gato del farero a la realidad pitiusa

felino sorprendido en el interior de las motas de ses Salines

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Había una vez una especie de pequeño pájaro que sólo vivía en una isla deshabitada de Nueva Zelanda, la isla Stephens, y que vivía únicamente allí porque las ratas introducidas por los maoríes la habían hecho desaparecer de las islas mayores. El ave en su reducto no tenía nombre porque nadie había descrito la especie. Un buen día, el ser humano llegó también al islote, con él llegaron gatos que crearon una colonia asilvestrada y se construyó un faro. El farero tenía, asimismo, un gato, uno de esos que acostumbran a regalar las presas a sus dueños para demostrarles su amor. Y casi a diario, el gato cazador portaba al farero un pequeño pájaro. Y el farero, aficionado a la ornitología, cogió aquellos pequeños cadáveres y los envío a varios ornitólogos que, finalmente, describieron la especie, aunque, mientras lo hacían, el pájaro desaparecía del mapa. El gato del farero es una historia que a menudo se usa de ejemplo del rol de los gatos como depredadores, y aunque no fue ese gato en concreto el único factor que puso fin a toda una especie al mismo tiempo que era descubierta por los expertos, valga como paradigma de lo que los felinos domésticos pueden suponer para la biodiversidad, sobre todo en el territorio confinado de una isla. Hay que añadir que el pájaro de la historia (Xenicus lyalli) se extinguió por la depredación de los gatos, cierto, pero ante la pasividad de naturalistas a los que sólo preocupaba tener suficientes ejemplares que poder disecar. Entre ellos estaba el segundo barón de Rotschild, quien puso nombre a la especie, escribió un libro atribuyendo la extinción al amoroso gato del farero y fabricó, así, el mito del gran minino exterminador. 

Más cerca y más actual, en el río de Santa Eulària habitan diversas especies de aves acuáticas, como pollas de agua y patos, además de diversos pequeños pájaros como mosquiteros, gorriones y petirrojos. Las garzas y los cormoranes a menudo se adentran en el cañaveral. El río de Santa Eulària –o lo que queda de él– es un oasis de biodiversidad en una costa edificada hasta primera línea de playa. Y allí mismo existe una colonia de gatos silvestres, alimentados por voluntarios que a diario les dejan agua y comida en el puente, comida que, por supuesto, no reduce la gran amenaza que la presencia de los felinos supone para especies que incluso nidifican en tal enclave. Una de estas voluntarias asegura que hay once gatos en la colonia. La mayoría no están castrados. 

EL CASO DE SES SALINES 

En el parque natural de ses Salines no es ninguna rareza observar gatos en el interior de las zonas acotadas de los estanques. Algunos son gatos domésticos que los vecinos dejan pasear libres sin tener en cuenta el daño que puedan ocasionar y otros son individuos asilvestrados, gatos ferales. Todos ellos son una amenaza constante sobre las aves, principalmente sobre las especies nidificantes. Las quejas del personal de este parque natural son igualmente constantes. Aseguran que no es extraordinario encontrar patos con el cuello cortado, por ejemplo, ni que las jaulas que en ocasiones se han usado para atrapar a los depredadores aparezcan destruidas, saboteadas. “Hay personas que muestran mucha preocupación por estos gatos pero no parecen tener la misma sensibilidad por toda la fauna a la que ponen en peligro”, señala un agente medioambiental. Dentro del área del parque, dos puntos sensibles con frecuente presencia de gatos posiblemente con dueño son la zona de es Cavallet y es camí des Brolls (Formentera), donde es frecuente ver a los gatos del vecindario vagando por las motas salineras. 

uno de los gatos de la colonia del río de Santa Eulària

Situándonos en otro faro, mucho más cercano, uno de los naturalistas pitiusos que a menudo colabora en proyectos de conservación de fauna y flora señala que “pegado al faro de La Mola, los animalistas llegaron a instalar una de esas casetas para animales que se compran en las tiendas. Justo arriba de los acantilados en los que nidifica el virot”. De hecho, las colonias de gatos en zona de anidación del virot (pardela balear) en La Mola llevaron al Govern, hace dos años, a intentar poner en marcha un plan para acabar con el problema. Y ello derivó en una encendida polémica social tras la que los animalistas se comprometieron a controlar ellos mismos la población gatuna para evitar su eliminación. Muy críticos con el Govern, aseguraron que portarían los gatos, castrados, a otras colonias y recordaron que en la isla existe una organización alemana que esteriliza a los animales y tutela colonias de gatos. El tutelaje de colonias, de hecho, se ha convertido en la actualidad en la única solución que en las islas se está aportando al problema, una solución amparada, y financiada, por los ayuntamientos pero que los expertos consideran, como mínimo, insuficiente. De hecho, todos los ayuntamientos explican, desde concejalías de Bienestar Animal de nuevo cuño, que se trabaja con asociaciones animalistas porque se ha optado por seguir su patrón de capturar-esterilizar-soltar. Hay que destacar, sin embargo, que existe al menos una asociación que sigue una reglas de juego distintas; en Sabine’s Cat, el proyecto personal de Sabine, no vuelven a dejar en la calle a ninguno de los mininos que llegan a su casa. Los gatos son curados si estaban heridos, son vacunados y esterilizados y se quedan con Sabine hasta que consigue un hogar para ellos. Esta asociación no recibe dinero de ninguna institución y se financia, básicamente, con el dinero que los adoptantes pagan. 

camada de gatos de una colonia

“El problema de los gatos no se ha puesto sobre la mesa; está en las trincheras y de momento sólo se ponen parches”. Así lo asegura uno de los técnicos de Medio Ambiente que trabaja en las islas para la protección de su biodiversidad. Cuando en las distintas administraciones con responsabilidad en la materia se habla de especies invasoras con potencial peligro para el ecosistema se establecen grados de prioridad; hoy, los mapaches en Mallorca y las serpientes en Eivissa y Formentera se encuentran en los primeros puestos de la lista. Los gatos asilvestrados, sin embargo, y a pesar de los continuos intentos de algunos técnicos de abordar la cuestión, podrían estar exterminando sargantanes al mismo ritmo que las serpientes y son rescatados continuamente de las listas de prioridades porque los políticos no quieren enfrentarse al problema. Saben que plantear la necesidad de controlar las poblaciones de gatos de una manera eficaz no da votos (quizás hasta los arrebata) y provoca enfrentamientos con asociaciones animalistas. El caso de La Mola, que podría considerarse una escaramuza, fue la prueba de ello. Los gatos tienen buena prensa; las serpientes, no. 

La situación puede analizarse así. Los parches de los que habla este técnico son subvenciones a estas asociaciones para castrar gatos y una recogida y suelta de animales que acaba cronificando el problema. Estos expertos no olvidan –a pesar de que su prioridad es el compromiso con la biodiversidad–, el bienestar de los gatos y recuerdan que son animales domésticos y que vivir en la calle, aunque se trate de colonias tuteladas, no es su modo de vida ideal. De hecho, la política seguida con estas colonias, que consiste en esterilizar gatos y controlar el número de individuos de cada población soltando luego los animales en grupos distintos a aquel al que originalmente pertenecían, conlleva la rápida transmisión de enfermedades como la leucemia felina. “Las expectativas de vida de estos gatos ya es muy baja”, afirma el técnico medioambiental, que destaca que estos felinos son animales domésticos y que lo unico bueno para ellos es la adopción. Por ello, el objetivo es llegar al punto en el que la adopción pueda absorber la población de gatos que exista en Eivissa y Formentera. La pregunta, lo que hay que debatir, es cómo llegar hasta ese punto, que ahora mismo se presenta como un horizonte muy lejano. La castración de gatos se revela para ello insuficiente. Alimentar y tutelar colonias, de hecho –y a pesar de las castraciones que puedan llevarse a cabo y que nunca alcanzarán un nivel óptimo– aumenta la capacidad de reproducción de la especie. Es biología de primero: si los gatos están bien alimentados en colonias, su capacidad de reproducción aumenta, tendrán más crías que si entran en el circuito natural como gatos salvajes y crían en el bosque. 

alimentando a una colonia en Santa Eulària

El Ayuntamiento de Vila tiene en marcha, desde agosto de 2018, un programa de tutelaje que incluye que los ciudadanos del municipio puedan dar de alta aquellas colonias de las que se ocupen. Tal medida, con la que se obtiene un carnet, implica ciertas responsabilidades pero también que el Ayuntamiento se haga cargo de esterilizaciones y, en algunos casos, de atención veterinaria. La concejala encargada del área de Bienestar Animal, Montse García, asegura que en estos momentos hay veinte colonias controladas por su departamento y que, desde que se inició el programa, se han esterilizado 175 animales a cargo de la institución (263 en total). En este Ayuntamiento tienen un acuerdo con la asociación Care 4 Cats para capturar y esterilizar gatos de colonias. Montse García es consciente de que la proliferación de gatos callejeros representa un problema pero confía en la esterilización, el tutelaje de colonias y la adopción que se realiza desde el centro de recuperación de animales de sa Coma para reducir el problema y la población. 

Desde el Ayuntamiento de Sant Antoni reconocen que “la situación de los gatos asilvestrados del municipio es un tema complicado de afrontar, aunque se está trabajando para llegar a una solución óptima tanto para los gatos como para los seres humanos y lugares con los que interaccionan”. En este Consistorio también dan “mucha importancia” a la esterilización porque aún confían en que conseguirá “una declinación gradual” de la población gatuna (en 2019 se esterilizaron 153 individuos). Al mismo tiempo, consideran que la adopción responsable y la concienciación sobre la necesidad de castrar y colocar chips a las mascotas es parte imprescindible de cualquier plan para abordar la cuestión. 

En Sant Josep, por su parte, también creen en la efectividad de la esterilización para llegar a una población gatuna que no sea un problema medioambiental. Este ayuntamiento prepara una ordenanza sobre el tema y ha propuesto al resto de municipios mancomunar las actuaciones que puedan llevarse a cabo. La concejala responsable del área, Guadalupe Nauda, anuncia además su intención de iniciar en breve una campaña, con un presupuesto de 20.000 euros, por la que los vecinos de Sant Josep podrán esterilizar a sus felinos caseros al mismo tiempo que los animales son dados de alta y se les coloca un chip. La concejala considera sostenible la existencia de colonias felinas en lugares que no sean sensibles para la fauna silvestre y recuerda que la concesionaria fundación Natura Parc, encargada del servicio de recogida y adopción de animales del municipio, ha abierto un centro en Corona en el que también se recogen gatos abandonados y se trabaja para su adopción.  

Ante este panorama, y con el punto de vista de los técnicos de medio ambiente enfrentado al de los animalistas, se hace de nuevo evidente la brecha existente en las islas entre el ecologismo y el animalismo, la misma que aún mantiene candente el debate de la eliminación de las cabras de es Vedrà para salvaguardar la diversidad de su flora protegida. Curiosamente, la liquidación de gaviotas patiamarillas a tiros en el vertedero (en una práctica que hasta los expertos consideran poco o nada efectiva) o la eliminación de conejos o ratas en los islotes no es objeto de debate alguno porque no parece preocupar a las asociaciones animalistas. Y el caso particular de los gatos es, para los expertos en medio ambiente, un debate necesario y también urgente que saben que no va a pasar desapercibido y sin polémica, porque no es lo mismo un gato que una serpiente, una gaviota o una rata y porque los gatos son eficaces e implacables depredadores pero tienen cara de ángel. Lucifer también era un ángel y a veces se nos olvida. 

joven gato de una colonia de Sant Rafel gatos

Publicado en el dominical de Diario de Ibiza:

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Cuando el diablo come pepinillos

pepinillo del diablo localizado bajo las murallas de Eivissa.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Con la flora que puede encontrarse asociada a las murallas renacentistas de Eivissa podría describirse un hábitat entero. Y un arsenal de venenos, porque entre las especies que pueblan este universo vegetal no son raras las plantas tóxicas como el beleño o el estramonio, célebres por su relación con la brujería y por sus propiedades psicotrópicas. Algo menos conocido pero igualmente peligroso es el pepinillo del diablo (Ecballium elaterium), la única especie descrita del género Ecballium, de la misma familia que las calabazas y que, a pesar de que antiguamente tenía usos medicinales por sus propiedades purgantes, la elaterina y la cucurbitacina que contienen serían capaces de provocar la muerte sin dificultad en dosis abundantes. 

En las islas es conocida esta planta como cogombre del diable –en catalán también recibe nombres como esquitxagossos o cogombre amarg– y destaca a los pies de las murallas desde mediados de febrero por sus flores amarillas, de un notable color limón. La flor, de alrededor de tres centímetros, se identifica inmediatamente como la típica de las cucurbitáceas, de corola de cinco pétalos de suaves y delicados márgenes, que se arrugan con facilidad, ligera forma acampanada y estigmas o anteras muy marcados. El pepinillo del diablo puede ser dioico o monoico, lo que significa que existen plantas de flores con un único sexo y otras que combinan flores masculinas y femeninas. Es fácil encontrarlas e identificarlas en los ribetes ajardinados de la entrada a Dalt Vila por es Soto Fosc. Para reconocer la especie también es conveniente saber que sus hojas, dentadas, acorazonadas y triangulares, son muy ásperas y tanto ellas como los tallos y frutos están cubiertos de pelitos blancos y cortos; da la sensación de que pinchen, pero, aunque ásperas, estas fibras son bastante blandas. 

El nombre de pepinillo del diablo –la mayoría de sus nombres populares, en realidad– deriva de una de las características más destacadas de esta planta, y es su peculiar método de dispersión de semillas. El fruto maduro es una especie de cápsula, como un pepinillo, muy sensible a cualquier pequeño golpe o presión, que conseguirá que estalle y lance las semillas a varios metros de distancia. 

La alusión al diablo, claro está, se debe a la toxicidad de la planta. En el libro ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’, de Pío Font Quer, pueden leerse algunas indicaciones sobre su antiguo uso como medicamento: “Aunque no sólo los frutos, sino la raíz y los vástagos, tiene propiedades purgantes, en Medicina se suele emplear el extracto de esta planta, llamado elaterio”. Y acaba la entrada sobre la especie asegurando que “la Medicina egipcia ya utilizaba esta planta, según resulta del famoso Papiro de Ebers. Por tanto, es una de las que se emplean desde más antiguo”. 

LA CLAVE. LA FAMILIA DE LAS CALABAZAS

El pepinillo del diablo, que florece desde el mes de febrero y durante todo el verano, es una planta de la familia de las cucurbitáceas, plantas trepadoras, lo que significa que está emparentada con muchas especies de interés horticultural, como calabazas, pepinos y melones. 

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El cómplice de la xylella

en la imagen se aprecia el tamaño del ‘espumer’ en comparación con la margarita en la que se encuentra.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

En el aeropuerto, un repetitivo mensaje te recuerda que está prohibido sacar especies vegetales de las islas. El motivo es la presencia en Balears de la bacteria Xylella fastidiosa, que llegó a Mallorca en el año 2012 (aunque la medida de contención se aprobó cinco años más tarde, cuando se descubrió la infección) y que es conocida principalmente por afectar a los olivos; lo cierto es que el departamento de Agricultura del Consell d’Eivissa ha encontrado incluso romeros infectados. Y como los árboles y arbustos no se besan ni abrazan, el microorganismo usa como método de transmisión a un pequeño insecto de la misma familia que las veraniegas cigarras y que se conoce como cigarra espumadora, espumer en catalán. 

Pequeño pero matón. Es la expresión con la que suele sintetizarse el hecho de que, a menudo, es en animales pequeños donde se concentran mayores cotas de peligrosidad. Son exotismos como la avispa marina o la rana dardo dorada, pero el caso más especial es el de un simple mosquito, que puede propagar enfermedades como la malaria. Es decir, la peligrosidad del mosquito no radica en sí mismo –no es su culpa, por decirlo de alguna manera– sino que deriva del hecho de que funciona como un vector biológico; lo utiliza un patógeno como organismo de transmisión. Y ese es también el peligro del discreto insecto que la bacteria Xylella fastidiosa está usando para acabar con olivos, almendros o vides. 

En las islas se conocen tres especies de afrofóridos, que es la familia a la que pertenecen estos insectos, y son más abundantes en Eivissa que en Mallorca. Lo explica el profesor de zoología de la UIB Miguel Ángel Miranda, especializado en entomología y cuyo equipo está actualmente estudiando los ciclos de estos insectos, cómo transmiten la bacteria y la genética de sus poblaciones, lo que se lleva a cabo comparando muestras de cada una de las islas del archipiélago. Asegura Miranda que la cigarra espumadora es un insecto algo particular porque se alimenta de “la savia bruta de la planta, del xilema de las plantas”, y, al hacerlo, si porta la bacteria Xylella en el aparato bucal, la trasmite al vegetal. Sin embargo, destaca, “no hay que considerar al espumer una plaga; sólo es un pobre insecto al que le ha tocado en suerte ser el transmisor de esta bacteria, pero en el archipiélago no es realmente abundante como puede serlo en Italia, por ejemplo”. 

Las tres especies de afrofóridos citados en la comunidad autónoma son Philaenus spumarius, Neophilaenus campestris y N. lineatus. Las investigaciones han determinado que las tres especies son capaces de transmitir la bacteria, aunque la primera es más generalista, lo que significa que puede infectar a un más amplio grupo de vegetales. Estas pequeñas cigarras espumadoras, de apenas un centímetro, no son fáciles de ver si uno no es especialmente observador, pero no pasan igualmente desapercibidos los nidos de espuma que forman las ninfas para protegerse de los depredadores y mantener la temperatura y humedad adecuadas. A mediados de marzo o en el mes de abril –aunque el cambio climático y las altas temperaturas podrían adelantar el proceso– comenzarán a verse en los campos, en los tallos de muchas plantas, unas características secreciones blancas que indican que ha ‘despertado’ la única generación de estos insectos del año, explica Miguel Ángel Miranda. En mayo, estas ninfas ya se han convertido en adultas y ascienden de la vegetación baja en la que vivían como juveniles a los árboles y arbustos de los que se alimentan. Es entonces cuando, si portan la bacteria, su ‘cómplice’ provocará la infección. Las cigarras espumadoras se pasarán el verano en esas zonas más elevadas y en otoño descenderán a la vegetación baja, a las plantas herbáceas, para iniciar de nuevo su ciclo depositando los huevos. 

Más que cómplice, cooperador necesario, aunque involuntario, la pequeña cigarra espumadora es un insecto hemíptero que puede encontrarse incluso en regiones más frías como Suecia o Finlandia y que recibe la bacteria cuando se alimenta de un árbol ya enfermo, pero que no lo aloja de forma que pueda transmitirlo a su descendencia. El mensaje que en los tres aeropuertos isleños te recuerda que no pueden extraerse vegetales a causa de la bacteria Xylella fastidiosa y de su involuntario vector también te recuerda, sin pretenderlo, que mientras estamos en cuarentena para proteger al resto del mundo de lo que desde las islas pueda transmitirse, en ningún momento hemos gozado de la misma salvaguarda para evitar la entrada de los olivos en los que ‘viajan’ las serpientes, la principal invasión que en estos momentos sufren, concretamente, Eivissa y Formentera. 

LA CLAVE. BICHOS DE MENOS DE UN CENTÍMETRO 

Las cigarras del aliso, espumadoras del aliso o cigarras espumadoras son insectos que no alcanzan un centímetro de longitud y guardan cierto parecido, salvando la diferencia de tamaño, con sus primas las cigarras, las que ‘cantan’ durante los meses de más calor. Las espumadoras (la familia de los afrofóridos) pueden verse saltando en las plantas durante los meses de verano, aunque es más corriente que sean los nidos de espuma de sus ninfas (de marzo a mayo) los que revelen su presencia en los campos de las islas. Son más frecuentes en las Pitiüses que en Mallorca, lo que, según apunta Miguel Ángel Miranda, puede deberse a la gran área de campo de cultivo abandonado que existe en Eivissa y Formentera. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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Las lagartijas no son mascotas

primer plano de una lagartija de Tagomago.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

“450 lagartijas de Formentera que habían sido exportadas ilegalmente al Reino Unido por un traficante de animales fueron devueltas a España ayer en una operación conjunta en la que participan las secciones española e inglesa de Greenpeace, las aduanas del Reino Unido, el servicio de conservación de la naturaleza del Gobierno balear y la compañía aérea British Airways, que se ha ofrecido a transportar desinteresadamente a los pequeños reptiles”. Éste es el primer párrafo de una noticia publicada en Diario de Ibiza el 23 de diciembre de 1988. Es uno de los casos más conocidos –entre otras cosas por la elevada cantidad de reptiles incautados– del tráfico de estos populares, endémicos y apreciados lacértidos. Pero ni es el único ni es una rareza. En este caso, los animales fueron decomisados en el aeropuerto de Bristol, se encontraban todos vivos y, según se añadía en la nota de prensa que British Airways envió a los medios de comunicación, “el coleccionismo de estos reptiles se ha puesto de moda”. De hecho, ese mismo año 1988, en el mes de febrero, otras 400 lagartijas endémicas de las Pitiüses fueron halladas en el interior de una maleta en el aeropuerto de Heathrow. 

En las últimas décadas, con el aumento de los controles aduaneros, el tráfico de esta especie ha descendido, pero, aún así, se intercepta de vez en cuando a algún traficante que intenta llevarse algunas lagartijas de las islas para venderlas en el mercado ilegal de las mascotas, destinadas a ser encerradas en terrarios. En el año 2001, por poner un ejemplo más reciente, se descubrieron cuarenta lagartijas que eran transportadas en el barco de Formentera a Eivissa. También en esta ocasión, los animales –que son muy resistentes, lo cual favorece su comercio– estaban todos vivos y fueron devueltos a su hábitat. Su destino final parece ser que era Alemania, donde, según explicaba entonces a Diario de Ibiza el biólogo Jaume Estarellas, un ejemplar podía alcanzar un valor de 10.000 pesetas. La bióloga María Antonia Cirer, que ha centrado buena parte de su trabajo en esta especie y sus subespecies en los microcosmos de los islotes, suele destacar el valor añadido que, para el mercado de las mascotas, tiene la gran variedad de colores de las distintas poblaciones existentes. A lo que hay que añadir que son animales poco esquivos. 

lagartija fotografiada en Sant Jordi.CAT

En la actualidad, la principal amenaza de estos vertebrados ectotermos, que antes de la llegada del ser humano llevaban cinco millones de años evolucionando tranquilamente, es la invasión de serpientes llegadas en los troncos de olivos que son exportados sin ningún control. Tampoco hay que desdeñar el peligro que para las poblaciones tienen las colonias de gatos asilvestrados. Lo cierto, sin embargo, es que estos reptiles especiales, el único vertebrado endémico de las islas, se han visto superando una amenaza tras otra a lo largo de su historia. Cuando, a mediados del siglo XIX, comenzaron las investigaciones científicas de las poblaciones de lagartijas de Balears, el interés de la ciencia llegó acompañado de la caza intensiva de ejemplares para las colecciones de muchos museos europeos, lo que puso en jaque poblaciones de reptiles que habían sobrevivido a la llegada del ser humano aisladas en pequeños islotes. De esta forma, el descubrimiento de su exclusividad, de la esencia única de las sargantanes fue también un momento crítico para su supervivencia. En este aspecto, el caso de Podarcis pityusensis y Podarcis lilfordi –que tales son los nombres científicos de las dos especies del archipiélago– no es excepcional; las exploraciones naturalistas, antes del siglo XX, supusieron auténticas masacres para muchas poblaciones de fauna y flora a lo largo y ancho del mundo, poblaciones que eran diezmadas para la investigación y las colecciones de un número creciente de museos y gabinetes científicos. 

Las lagartijas son las supervivientes de la fauna antigua anterior a la llegada del ser humano y los depredadores que con él llegaron; gatos, martas y culebras. En las islas de Mallorca y Menorca, de hecho, las lacértidos, muy poco acostumbrados a tener que defenderse, no resistieron y desaparecieron hace alrededor de 2.000 años, quedando relegados a los islotes; el archipiélago de Cabrera, una decena de islotes mallorquines y una quincena de Menorca. 

En Eivissa y Formentera la situación fue distinta. No llegaron martas ni serpientes, pero la característica diferenciadora es que en estas islas los reptiles sí tenían algunos depredadores –grandes aves como algunas lechuzas que, al parecer, no existían en el resto de las islas– y sabían defenderse algo mejor que mallorquinas y menorquinas. Las sargantanes sobrevivieron para convertirse en el símbolo de las Pitiüses, de la biodiversidad y de la magia de la evolución microinsular. En la actualidad, hay poblaciones de lagartija pitiusa en más de cuarenta islotes y se reconocen más de una veintena de subespecies. Y si en Eivissa y Formentera, P. pityusensis es un endemismo protegido, considerado amenazado debido a la fragilidad de las poblaciones únicas de algunos islotes, puede ser potencial especie invasora fuera de su hábitat. De hecho, en el País, Vasco, en San Juan de Gaztelugatxe, la lagartija pitiusa se introdujo en los años 90 en un área protegida y amenaza con desplazar a la lagartija propia del lugar, la lagartija roquera. La pregunta es cómo llegaron allí las sargantanes y si fue quizás su tráfico para el mercado de las mascotas el origen de tal problema. También hay una población de lacértidos pitiusos en las murallas de Palma de Mallorca. 

LA CLAVE. COLAS DE LAGARTIJA

En las Pitiüses, a las personas nerviosas o que se mueven mucho se las ha conocido tradicionalmente como ‘coues de sargantana’. Y la expresión deriva del hecho de que las lagartijas pueden perder la cola cuando son atacadas, y esa cola, tras la amputación, sigue moviéndose durante un rato para distraer al depredador. La autotomía caudal, que es como se llama este mecanismo, es común a muchas especies de reptiles. Sin embargo, al vivir durante siglos con pocos depredadores (prácticamente ninguno en el caso de Mallorca y Menorca), los lacértidos de las islas redujeron su capacidad de perder la cola fácilmente, por lo que se volvieron más vulnerables y hoy son presas más fáciles para gatos o serpientes. Lo explica Valentín Pérez Mellado, uno de los más conocidos expertos en las lagartijas isleñas, en el libro ‘Les sargantanes de les illes balears’, el número 3 de la colección Galeria Balear d’Espècies editado por la Conselleria de Medi Ambient del Govern.

LA CLAVE. LA CONSTELACIÓN DEL DRAGÓN 

La estrecha relación de los pitiusos con sus ‘sargantanes’, que podían estar ya presentes en el Mioceno, llega incluso a las estrellas. La constelación del Dragón, Draco, una de las circumpolares, es conocida tradicionalmente como ‘sa Sargantana’. Draco cuenta con una estrella, Thuban, que fue estrella polar (la más cercana al polo norte celeste) alrededor de 4.800 años atrás. 

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Las estrellas de cristal de Steinbeck

ofiura fotografiada en la cueva de Ángel, bajo els Hortets de Corona. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

En el año 1951, John Steinbeck publicó ‘Por el mar de Cortés’, la historia de un viaje de seis semanas que el escritor americano realizó con un amigo biólogo para recoger muestras de fauna marina. Y en el libro hace referencia a las estrellas de vidrio: “Ésta era la primera vez que recolectábamos por la noche, y a la luz de nuestras linternas vimos al pez soplador alimentándose perezosamente junto a la superficie del agua. En el fondo, las estrellas de vidrio, que siempre habíamos encontrado bajo las rocas, se arrastraban como pequeños reptiles. Raras veces se mueven a la luz del día”.  Y tal nombre deriva del hecho de que, en inglés, las ofiuras se conocen como brittle stars, estrellas frágiles o quebradizas, por la facilidad con la que pueden desprenderse de uno de sus cinco flexibles tentáculos si se sienten en peligro; por la facilidad con que se rompen esos brazos. Las ofiuras se parten una vez secas sobre la cubierta de un barco de pesca, que antaño debía ser la forma más usual en la que estos invertebrados equinodermos –como estrellas de mar, erizos y holoturias– debían ser vistos, y tal circunstancia podría explicar también la denominación de estrellas quebradizas. Son, aún en la actualidad, víctimas habituales de la pesca de arrastre y es frecuente ver sus restos por piezas cuando las redes son extendidas en los muelles. Junto a los cadáveres también habituales de sus hermanas, las estrellas de mar. Es lo que se conoce, de una forma casi eufemística, como captura accesoria o accidental. 

En la clase de los ofiuroideos se inscriben alrededor de 2.000 especies, caracterizadas todas por tener un disco central, “un cuerpo redondo y compacto” –en las palabras que usa Steinbeck en ‘Por el mar de Cortés’– y “largos brazos reptiles”. Estrellas serpiente es otro de los nombres populares por los que estos equinodermos son conocidos y sus largos brazos, efectivamente, parecen moverse como serpientes por los fondos marinos; la palabra ofiuro procede de la raíz griega ‘ofio’, que significa serpiente. Sobre sus nombres populares, hay que añadir que existen referencias que señalan que, antiguamente y en las islas, estos animales eran conocidos como bruixes de mar, aunque tal nombre no parece haberse conservado. 

A pesar de la enorme biodiversidad citada, en el mar Mediterráneo sólo pueden encontrarse algo más de treinta especies, algunas son endémicas y al menos dos son especies exóticas invasoras, llegadas de mares más cálidos. En un trabajo publicado en 1984 en el boletín de la Societat d’Història Natural de les Illes Balears se citan ya 21 especies de ofiuroideos en Balears. Y en aguas pitiusas no es difícil ver algunas de las más comunes, como Ophioderma longicauda (tal vez la más observada por los buceadores y llamada comúnmente ofiura lisa) y Ophiothrix fragilis, ofiura de espinas finas. Ambas pueden habitar incluso más allá de los cien metros de profundidad y no son raras a menos de cuarenta metros. Su actividad es fundamentalmente nocturna pero, a menudo, cuando uno se ha acostumbrado ya a observar la vida en las grietas de las rocas, pueden verse sus característicos e inconfundibles brazos sobresaliendo de algún agujero. En las cuevas oscuras puedes sorprenderlas ‘reptando’ sobre las piedras. A las ya citadas, podrían añadirse las especies Ophiomyxa pentagona, también muy corriente, aunque a más de 50 metros de profundidad, Ophiura ophiura, más habitual en fondos de arena que en rocas, y las más raras Ophiura albida o algunas del género Amphiura, que en ocasiones pueden verse (algunos trozos y principalmente los discos) en las redes de arrastre que llegan a puerto. 

LA CLAVE. ANIMALES EXTRAORDINARIOS 

Sabido es que las estrellas de mar son capaces de regenerar cada brazo perdido cuando, por ejemplo, un cangrejo se lo arranca. De hecho, con una sola de esas patas y una pequeña parte del disco central ya puede surgir una nueva estrella y, en algunas especies, el potencial regenerativo aún va más allá y basta un trozo de brazo para formar un nuevo animal en un mes. Sin embargo, se considera que los asteroideos pierden únicamente los brazos cuando un depredador las ataca; se sabe que las ofiuras, en cambio, pueden perder voluntariamente un tentáculo cuando se sienten atrapadas y en peligro. Tentáculo que, por supuesto, volverá a crecer por ese extraordinario poder regenerador del que disponen algunos equinodermos. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza: https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2020/02/16/estrellas-cristal-steinbeck/1123420.html

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