Las moscas farsantes

sírfido fotografiado en un níspero en es Broll de Buscastell.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Mimetismo batesiano es el concepto clave para entender a los sírfidos. Es una forma de mimetismo por el que las inofensivas moscas que son los sírfidos adoptan el aspecto de abejas o avispas para hacer creer a sus depredadores que cuentan con las defensas que esos himenópteros poseen. Es el mismo tipo de engaño que usa la serpiente falsa coral, que imita las franjas rojas, negras y amarillas (aunque en orden distinto) de la famosa y venenosa serpiente coral. Algunos sírfidos van un paso más allá y han aprendido a imitar el comportamiento de abejas y avispas, a volar como vuelan ellas, y a colocar sus patas de forma que parezcan largas antenas. 

En las islas, los sírfidos son abundantes, y se considera que en el conjunto de Balears existen algo más de cincuenta especies, aunque los estudios disponibles no son recientes y en las Pitiüses –como ocurre con todos los invertebrados y según a menudo destacan los expertos– harían falta más investigaciones para conocer tanto el número de taxones como su situación. 

los grandes ojos de este insecto anuncian que se trata de una mosca a pesar de sus rayas.CAT

En un tratado publicado en 1958 en el boletín de la Societat d’Història Natural de Balears, la cifra de sírfidos se eleva a 53 especies y 18 variedades (sumando las 20 y 14 nuevas que el experto que firma el trabajo, Arturo Compte, logró encontrar). El estudio se titula ‘Los sírfidos de las islas Baleares’ y, aunque la mayor parte de las referencias a investigaciones son de la isla de Mallorca, también se incluyen citas para la isla de Eivissa del zoólogo Juan Gil Collado, especializado en dípteros y a quien la isla debe la primera gran descripción de las moscas pitiusas, a principios de los años 30. Entre esas moscas descritas por Gil se encontraban sírfidos de los géneros Eumerus, Syrphus o Sphaerophoria, que son comunes en la actualidad en las islas. Lo cierto es que Gil Collado nunca estuvo en Eivissa, pero trabajó con los especímenes que había recolectado otro experto, José Giner Marí, que vivía en Sant Agustí, y que se conservaban (y allí deberían seguir) en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Muchos de los sírfidos ibicencos fueron usados por Juan Gil en su tesis doctoral, que dedicó a esta familia de moscas farsantes. 

Los sírfidos reciben nombres como moscas rayadas o moscas de las flores por sus dos características más destacadas; su imitación de las rayas negras y amarillas de abejas y avispas y porque, como los himenópteros que imitan, liban el néctar de las flores, lo que los convierte en importantes polinizadores. 

La imitación no es perfecta. Al menos el ojo humano puede captar las diferencias. Las antenas de los sírfidos suelen ser mucho más cortas que las de las abejas y los ojos suelen estar juntos y ser muy grandes y compuestos. Ello es debido a que, a pesar de su adquirida vestimenta de rayas, conservan antenas y ojos de mosca. Además, también mantienen alas de mosca, de díptero; es decir, tienen sólo un par de alas funcionales y los dos balancines (las dos alas atrofiadas) que caracterizan a las moscas. Respecto a su forma de volar, a pesar de que algunas especies imitan con bastante maestría la peculiar y zumbante manera que tienen las abejas de volar de flor en flor, lo cierto es que el vuelo marca asimismo una diferencia entre sírfidos e himenópteros, algo que rápidamente se aprende observando un rato los nísperos en flor de es Broll que frecuentan juntas abejas y falsas abejas, por ejemplo. Las moscas siguen siendo moscas, que no os engañen las rayas de tigre y los intensos amarillos. 

LA CLAVE. BEEFLIES

Los ingleses denominan a los sírfidos de la forma más sencilla posible, que es llamándolas moscas abeja (beeflies). Tal vez no resulta una familia de insectos muy conocida, el término ‘sírfido’ no ayuda a hacerlos muy populares y su importante función como polinizadores no ha sido ni tan estudiada ni tan divulgada como la de las auténticas abejas, pero existen alrededor de 6.000 especies en el mundo ampliamente distribuidas en diversos hábitats, climas y regiones. Y de las más de 700 especies de Europa, casi 400 se han citado en España, según recogen los escasos trabajos que existen en el país sobre la variedad de dípteros en cada una de las regiones y en los que se reconoce que aún quedan áreas por investigar y el número podría ser mayor.  

mosca cernedora, una de las especies más comunes, en Sant Jordi.CAT

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2020/01/12/moscas-farsantes/1115327.html

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Las trompetas del infierno

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Recibe nombres populares tan sugerentes como trompeta del diablo, higuera loca, hierba del diablo o trompetero, pero incluso el nombre que parecería menos perturbador evoca tiempos de brujería y pócimas venenosas; la palabra estramonio rima con demonio. Se conocen con el nombre genérico de estramonio varias especies del género Datura (entre ellas D. stramonium, D. ferox, D. inoxia y D. candida, la más habitual en los jardines) que se caracterizan por sus grandes flores en forma de trompeta y por contener alcaloides como la escopolamina y la hiosciamina. Y si bien se han consumido y se consumen por sus efectos psicotrópicos, pueden ocasionar fácilmente la muerte. De hecho, en el año 2011, dos chicos murieron en una fiesta en Getafe por tomar estramonio y un tercero acabó en el hospital porque quería probar la sustancia que había matado a los otros dos. Años antes, dos jóvenes de Eivissa también tuvieron que ser trasladados a Urgencias por haberse bebido una infusión preparada con las plantas que recolectaron a los pies de las murallas. 

El estramonio es una planta originaria de zonas tropicales del mundo, más común que las margaritas en países como Costa Rica, donde la cultivan en muchos jardines, pero tampoco es raro encontrarla en campos abandonados de Eivissa, creciendo silvestre cerca de los muros de piedra o como planta ornamental junto a las casas. Y, a menudo, quienes la tienen cerca desconocen que se trata de una de las solanáceas que –junto al beleño, la belladona y la mandrágora– mayor relación guarda, históricamente y por sus propiedades alucinógenas, con las pócimas de las brujas y los ungüentos de los hechiceros. Con ellas podían ‘volar’ sobre sus escobas. En la actualidad, el estramonio (o, más concretamente, la escopolamina que contiene) es más conocido por el nombre vulgar que su uso para cometer delitos ha popularizado; el estramonio es la burundanga, la llamada droga de la violación, capaz de reducir la voluntad de quien la consume y de borrar su memoria. Hay que explicar, para que nadie se lleve a engaño, que conseguir que tan tóxica planta funcione como droga, ya sea por diversión o para cometer un delito, no es tan sencillo como preparar una simple infusión de flores, y que es más fácil acabar en el hospital que disfrutando de un viaje imaginario sobre una escoba voladora. 

En el Herbari Virtual del Mediterrani Occidental se señala que esta planta está presente en las islas de Mallorca y Eivissa. Sobre sus características, añade: “Es originaria de América pero se puede encontrar naturalizada em nuestras islas en lugares abandonados y campos de cultivo. Se caracteriza por las hojas, muy anchas y con el margen con dientes bien marcados. Las flores son blancas con forma de embudo, con los pétalos soldados prácticamente hasta arriba. Cuando fructifica forma unas cápsulas ovaladas cubiertas de largas espinas. Esta especie, como las otras del género, tiene unas potentes propiedades alucinógenas pero también son tóxicas. También puede encontrarse en las islas Datura inoxia (…) y Datura ferox”. 

LA CLAVE. ÁTROPOS O LA MUERTE

Los alcaloides de las solanáceas también tienen propiedades médicas y han sido empleados tanto por la medicina tradicional como por la convencional, aunque ya el botánico Font i Quer en su obra ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’  advierte de sus peligros y destaca que “como medicamento de uso interno queda excluisvamente reservado a los facultativos”. En la actualidad, la atropina en la que aparece convertida parte de la hiosciamina de estas plantas sigue teniendo múltiples aplicaciones en medicina, como antídoto en algunas intoxicaciones, como estimulante del corazón o para dilatar las púpilas en algunas pruebas oftalmológicas, por ejemplo. Atropos, por cierto, era el nombre de una de las Moiras (las Parcas), las divinidades griegas que personificaban el destino, y precisamente era ella la encargada de cortar el hilo de la vida. De tal personaje mitológico, equivalente a la Morta (Muerte) romana, deriva el nombre de la atropina.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza: https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2020/01/05/trompetas-infierno/1113971.html

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El misterio de las grullas insulares

grullas alzando el vuelo en ses Salines.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Pasan el invierno en el sur de Europa. Y unas pocas llegan, en esa migración invernal, hasta la isla de Eivissa y pueden verse en el área de ses Salines, principalmente en los campos de cultivo cercanos al aeropuerto. Son grullas comunes (Grus grus), las que, por su abundancia, hacen famosa la laguna de Gallocanta pero que en las Pitiüses son una rareza de invierno. Hay quien las confunde con las garzas reales (aunque las grullas parecen inconfundible por el plumero que sobresale en su cola y porque vuelan con el cuello estirado) y hay quien se sorprende de encontrarse con ellas al visitar el parque. 

Antaño, la grulla común nidificaba en España, pero la persecución directa a la que fue sometida y la desaparición de sus hábitats la ahuyentaron. La última cita de una pareja nidificante es de mediados de los 50, en la Laguna de la Janda (Cádiz), que fue desecada en los 60 por intereses agrícolas; aún hoy existen movimientos ecologistas y una asociación creada ad hoc que intentan reparar el atentando medioambiental y reclaman la recuperación de los humedales. 

En las islas, la grulla nunca ha nidificado, y la única conexión de Eivissa con cualquier gruido es que algunos ejemplares de la especie común Grus grus se detienen a pasar el invierno en ses Salines. Tampoco grulla alguna ha nidificado en el resto del archipiélago ni ha formado parte de su fauna en eras recientes y, sin embargo y sorprendentemente, dos conocidas grullas coronadas portan el nombre genérico de ‘Balearica’. Son la grulla cuellinegra (Balearica pavonina) y la grulla cuelligris (B. regulorum), y tal curiosidad tiene su origen en una acumulación de errores que se remontan dos mil años atrás, al escritor y naturalista Plinio el Viejo, el mismo que demasiado a menudo se cita para aludir a la invasión de serpientes porque se equivocó al decir que la tierra ibicenca las ahuyenta. 

grulla coronada cuelligris fotografiada en el Ngorongoro (Tanzania).CAT

Plinio, en su ‘Historia Natural’, al referirse a algunas aves de Balears apreciadas en Roma, cita textualmente a una “grulla balearica” y ornitólogos posteriores se preguntarán a qué especie haría referencia el autor romano. Dos investigadores valencianos, Juan Jiménez Pérez (del Servicio de Vida Silvestre de la Generalitat Valenciana) y Abilio Reig-Ferrer (de la Universidad de Alicante), tiraron del hilo y exploraron cómo la información errónea se transmitió entre expertos, “de escrito a escrito”, hasta dar nombre al género de dos grullas que, en realidad, son africanas. La información llegó a un ornitólogo del XVII, Ulises Aldrovando, que parece ser que fue el primero en asociar la grulla balear directamente con la grulla coronada y que utiliza dos dibujos de esta última en su libro ‘Ornithologiae’ para ilustrar la que en esos siglos ya era conocida como Grus balearica sin que nadie hubiera demostrado cuál era tal ave y si existía en verdad en el archipiélago. Pero el error se propaga y otro reconocido zoólogo, Jacques Brison, recoge el testigo y publica un libro en el que la grulla coronada “se encuentra en África y en las Islas Baleares”. Otros pondrán en duda que la grulla balear de Plinio pudiera ser una grulla coronada, pero llegamos al siglo XVIII y la coronada sigue citándose como fauna antigua de las islas, ya desaparecida pero sin duda existente en algún momento porque Plinio lo dijo. 

Según apuntan los autores de la indagación histórica, que puede encontrarse en la página web del Govern balear, las únicas grullas coronadas reales de las que han encontrado referencia en su búsqueda eran aves escapadas de “colecciones privadas” de Mallorca. “Era objeto de comercio desde África a Europa, a través de Portugal o de los Países Bajos, para las colecciones de personas pudientes y curiosas. Con el aumento del tráfico comercial, inclusive llegó a estar presente en parques y jardines públicos”, señalan, y aseguran que dos ejemplares que aún se vieron en 1991 en s’Albufera eran “escapados de cautividad”. En este aspecto, cabe incluir la siguiente observación de estos dos investigadores valencianos: “En estos tiempos en los que señalamos a la alteración del hábitat, la introducción de especies invasoras y la persecución como causas de la desaparición de especies, valdría la pena no olvidarnos que, en tiempos, fue el coleccionismo, en buena medida con fines científicos y educativos, el causante de la desaparición de algunas especies”.  

En el XIX encuentran citas a una supuesta grulla coronada que incluso posee el un nombre popular de grúa ab caparutxo, lo que refuerza su “carácter nativo” y mantiene así hasta casi el siglo XX la leyenda de la grulla balear.  

Pero la pregunta de a qué especie haría referencia Plinio al hablar de esta grulla insular sigue sin respuesta. En Malta y Mallorca han aparecido restos del Pleistoceno de dos antiguas grullas y se preguntan los autores si pudieron sobrevivir hasta la llegada de los romanos. También podría referirse a la grulla damisela, muy diferente a la coronada pero de la que sí hay referencias, al menos en Mallorca, desde donde dos ejemplares llegaron al Gabinete de Historia Natural de Madrid que creó Carlos III. Sin embargo, esas damiselas también debían ser aves de paso o escapadas de cautividad, no aves naturales de la isla. 

En cualquier caso, una cadena de errores repetidos a lo largo de los siglos ha llevado a dos grullas africanas a llevar un nombre que parece indicar que Balears es su patria originaria. Hasta tal punto la leyenda cobró forma que, inexplicablemente, la primera revista ornitológica de las islas (de 1956) se llamaba ‘Balearica’ y en su primera portada lucía una grulla coronada. 

LA CLAVE. DE OCTUBRE A MARZO 

La grulla común es una especie en la categoría de ‘Extinguida’ en el Libro Rojo de las Aves de España y que figura como ‘De interés especial’ en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Su presencia en las Pitiüses se considera rara, pero en los últimos inviernos, puntualmente, al llegar octubre y noviembre, algunos ejemplares se dejan ver en ses Salines y suelen quedarse hasta el mes de marzo, cuando regresan a sus áreas de reproducción en el norte de Europa. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza: https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/12/29/misterio-grullas-insulares/1112956.html

grullas comunes fotografiadas en el parque natural de ses Salines.CAT


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La conquistadora blanca

garcilla bueyera fotografiada en Caño Negro, Costa Rica, país en el que se registró por primera vez su reproducción en 1958. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Es la más pequeña y común de las garzas –de hecho, se usan los diminutivos para referirse a ella– y la que puede encontrarse en una mayor diversidad de hábitats, desde los humedales de ses Salines y ses Feixes hasta los cultivos de zonas interiores de las islas. También es la más internacional de las aves zancudas, una garza que si bien es oriunda de zonas tropicales y subtropicales de África ha sido capaz de colonizar todas las áreas templadas de los continentes de forma que sólo está ausente en la Antártida. Su proceso de expansión es el más rápido y sorprendente que jamás ha protagonizado ave alguna. Eso sí, a pesar de que no es raro verla en las islas, se considera en las Pitiüses un ave invernante y sólo consta (en el Estatus de l’Avifauna Balear de l’Anuari Ornitològic de Balears editado por el GOB) un caso de nidificación accidental en la isla de Formentera, en el año 1997. 

La garcilla bueyera, esplugabous en catalán y Bubulcus ibis en su nomenclatura científica, debe su nombre a su relación con el ganado, y ya sea en los campos de Jesús o Sant Jordi o en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Caño Negro, en Costa Rica, no es raro observar a estas garcillas junto a  caballos, ovejas o vacas –o también sobre ellos– esperando poder capturar a los pequeños animales que saltan a su paso; insectos como escarabajos y saltamontes y también ranas y algunos pequeños mamíferos. Este comportamiento las hace las menos acuáticas de todas las aves ardeidas y las menos pescadoras. El nombre del género en el que actualmente se inscriben estas aves, Bubulcus, significa ‘pastor’ en latín. En su origen, en las tierras de África, estas garcillas viven asociadas a grandes herbívoros salvajes como el ñu, el antílope o el búfalo, pero se han adaptado a la ganadería a medida que el ser humano la ha hecho extensiva y ello ha contribuido a la asombrosa expansión de la especie. 

En un informe publicado en el año 2010 en el Anuari Ornitològic de Balears se señala que las primeras citas de esta especie en el archipiélago son del año 1964, cuando ya llevaba un siglo adscrita al género Bubulcus (del que es la única representante) y no en Ardea, como la garza real o la imperial; en realidad recuerda más a la garceta común, Egretta garzetta, muy frecuente también en ses Salines. Esas primeras citas fueron de animales “cazados y llevados a embalsamar”. Y en la primera edición del libro del biólogo Joan Mayol ‘Els aucells de les Balears’, de 1978, figura la garcilla como especie “rarísima”. Nidifica en la Albufera de Mallorca desde 1997 y en 2010 ya figura como especie sedentaria en expansión en Mallorca y Menorca, invernante y migrante escasa en Eivissa e invernante escasa en Formentera, datos que, casi una década después, quizás habría que revisar, a juzgar por la rápida expansión de la especie en el resto del país y la facilidad con la que en la actualidad pueden observarse ejemplares en campos de las dos Pitiüses. La colonia del Delta del Ebro, por ejemplo, pasó de 2.582 parejas a 5.577 de 1990 a 1998. 

Las garcillas se caracterizan por su pequeño tamaño con respecto a otras garzas blancas y por su pico amarillo. En su plumaje níveo se producen algunos cambios en época nupcial, cuando aparecen en el píleo (la parte superior de la cabeza), la nuca, el pecho y la espalda tonos amarillos, anaranjados o incluso rosados, aunque de manera muy sutil. El pico, las patas y los ojos también cambian y se vuelven rojizos en época reproductora. A decir verdad, el color de las patas es bastante variable en estas aves, desde un tono verdoso o rojizo hasta el gris y el negro, por lo que éste resulta un rasgo poco revelador. 

Las diferencias entre garcillas bueyeras de distintos puntos del planeta han llevado a describir dos subespecies, aunque algunos expertos consideran que las dos variedades deberían considerarse especies separadas. La existente en África, América y Europa es la subespecie nominal, Bubulcus ibis ibis, mientras que la que puede observarse en Asia y Australia es B. ibis coromandus. También hay ornitólogos que ya describen una tercera subespecie en las Seychelles, donde la garcilla ha sido introducida por el ser humano, al igual que lo ha sido en otros lugares como Hawai o Chagos, para controlar plagas de insectos. Es decir, si la expansión natural de la especie ya resulta asombrosa, a ello hay que sumar el impulso que las actividades humanas han dado a tal propagación. 

LA CLAVE. CONTROLADORA DE SALTAMONTES

“La especie entró desde el norte de África a la Península, donde se instaló en los grandes humedales del sur para luego continuar su avance hacia otros lugares propicios en un proceso que, por el momento, continúa”, así explica su llegada a España SEO/Birdlife en la ficha sobre esta especie, en la que señala además que “durante el siglo XX se expandió  –valiéndose de sus dotes migradoras— desde África a Sudamérica y, desde allí, a América Central y del Norte; también ha llegado hasta Australia y Nueva Zelanda —posiblemente ayudada por introducciones de la especie— e, incluso, al archipiélago de Hawái, donde ha sido introducida con absoluta certeza”.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/12/22/conquistadora-blanca/1111948.html


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Los golpes del martillo de Thor

tormenta eléctrica sobre Sant Rafel el pasado 22 de octubre.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Un rayo aportó la electricidad necesaria para conferir vida al monstruo de Frankenstein. Y los dioses más vengativos han usado el poder y la potente imagen de rayos y relámpagos –que no es exactamente lo mismo– para atemorizar a los simples mortales. Hasta la autoridad del Dios de los cristianos se ha escenificado con rayos. Sin embargo, es Thor, dios del trueno e hijo de Odín en el panteón clásico nórdico, quien encarna la relación mitológica más conocida con este fenómeno que el ser humano intentó explicar de forma bastante apocalíptica hasta que entendió la electricidad y los pulsos electromagnéticos. Hoy incluso puede contabilizarse el número de rayos que caen sobre una región concreta y la Agencia Estatal de Meteorología trabaja con datos como la densidad anual de descargas o los días y épocas de mayor actividad. Así, según la información facilitada por la Aemet en Balears, en Eivissa y Formentera suelen caer al año entre 1.100 y 1.300 descargas, y la cifra resulta de multiplicar la densidad de descargas (que en las Pitiüses es de entre 1.5 y 2 descargas por kilómetro cuadrado) por la superficie (654 kilómetros cuadrados). Sin embargo, la cifra anual puede oscilar mucho y en el año 2017 se registraron nada menos que 2.324 descargas; un año después, la cifra descendió hasta 1.455. Y, hasta mediados del mes noviembre del presente año, se han contado 1.299 rayos. Se sabe, asimismo, que el día de mayor actividad fue el pasado 27 de agosto; cuando llegó la gota fría y prácticamente se inundó toda Eivissa, la Aemet registró 289 rayos. Y el segundo día en el ranking de la electricidad de los cielos fue el 22 de octubre, fecha en la que cayeron 209 chispazos sobre las dos islas. Las tormentas eléctricas son habituales en las Pitiüses y, como cabia esperar, los datos de la Aemet señalan que suelen producirse al final del verano e inicios del otoño, principalmente en el mes de septiembre. 

Hay que tener en cuenta que si bien este fenómeno de la naturaleza resulta un fabuloso espectáculo en los cielos nocturnos del que muchos, sobre todo algunos fotógrafos, disfrutan, la Agencia Estatal de Meteorología debe tratar con él como un “fenómeno meteorológico adverso”, ya que “todos los años, a nivel global, miles de personas son fulminadas y los daños en infraestructuras y bienes materiales son muy cuantiosos”. Son palabras que pueden leerse en el informe ‘Climatología de descargas eléctricas y de días de tormenta en España’ (Aemet). En este informe se ofrecen algunos datos que revelan la magnitud del peligro, como que en el año 1955 murieron en España 133 personas alcanzadas por rayos. Y por aportar un detalle más humano a las frías cifras, en su edición del 12 de diciembre de 1975, Diario de Ibiza informaba de la muerte de un soldado en un destacamento de Felanitx cuando cayó una descarga eléctrica sobre las líneas teléfónicas cuando el muchacho estaba comunicándose con otro puesto. Entre 1995 y 2015 se contaron 52 fallecimientos. Hay que tener en cuenta que “el despoblamiento rural, la labor de divulgación de los peligros asociados a las tormentas y las alertas a la población en base a los avisos meteorológicos han contribuido a que estas cifras disminuyan drásticamente en España”. 

De las tormentas eléctricas también hay que saber que van asociadas a nubes del tipo cumulonimbus y que, a grandes rasgos, el rayo es la descarga brusca de electricidad propiamente dicha, la chispa, y que el relámpago es, concretamente, el fugaz resplandor que lo acompaña. El trueno, claro está, es el estruendo sordo que sigue al rayo y que es provocado por la expansión del aire calentado por la descarga eléctrica, el sonido de la onda de choque. El tiempo que media entre rayo y trueno puede usarse para calcular la distancia de la tormenta, porque la luz y el sonido no viajan a la misma velocidad, y puede servir como base que si el tiempo es de seis segundos, la distancia será de dos kilómetros.  

Lo cierto es que cuando la Aemet pone cifras a los rayos –sean fallecimientos, descargas o fórmulas para calcular tormentas– el maravilloso espectáculo de un relámpago azulado y violeta rompiendo los cumulonimbos en una noche tormentosa pierde algo de su romanticismo y de su misterio. Pero siempre se puede seguir combinando la ciencia con la imagen del dios del trueno creando rayos con los golpes de su martillo Mjolnir, cuyo nombre, según una de las hipótesis que se manejan sobre sus orígenes, significa precisamente rayo. Siempre nos quedará Thor. 

LA CLAVE. LA FÓRMULA DEL TRUENO

Para conocer a qué distancia se encuentra una tormenta hay que calcular el tiempo que transcurre entre el rayo y el trueno. Y la fórmula para determinarlo es Distancia=número de segundos/3. Quizás a muchos les resulte más sencillo aprenderse que si el tiempo es de seis segundos, la distancia es de dos kilómetros, y realizar desde este punto una sencilla regla de tres. También puede saberse si una tormenta se acerca o se aleja efectuando el cálculo un par de veces y dejando transcurrir uno o dos minutos entre una descarga y la siguiente.  

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza.
https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/12/15/golpes-martillo-thor/1110554.html

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Pequeño gran halcón

pareja de xoriguers en la copa de un pino. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Se sitúa proa al viento, cara al viento, como un velero cuando hay que izar la vela mayor. Y se queda allí, batiendo las alas y suspendido en el aire, mientras busca a una posible presa en tierra. Se denomina vuelo estacionario. Cuando considera que tiena alguna a su alcance, tal vez un ratón o una lagartija, se lanza en picado como un proyectil. Si alguien no lo ha visto –en Eivissa, en Formentera o en cualquiera de las otras islas del archipiélago– es que no sabe observar la naturaleza que le rodea. Y es que el cernícalo vulgar, más conocido como xoriguer y de nombre científico Falco tinnunculus, es el ave rapaz más común y abundante de las Pitiüses y además, como es una especie flexible, una todoterreno, se deja ver en una gran variedad de ambientes, desde acantilados y campos de cultivo hasta zonas urbanizadas. De la misma forma, tampoco es muy exigente a la hora de escoger dónde nidificar y puede poner sus huevos en nidos en acantilados, en árboles, carteles publicitarios, en el suelo o en macetas en cualquier balcón en plena ciudad; el año pasado, una pareja de cernícalos anidó en una ventana del instituto sa Colomina, lo que el profesorado, con el asesoramiento del GEN (Grup d’Estudis de la Naturalesa), aprovechó para convertir en una herramienta educativa para que los alumnos conocieran la especie; se llegó a instalar una webcam para seguir el desarrollo del nido. 

Este pequeño gran halcón, como lo denominara Félix Rodríguez de la Fuente en uno de los capítulos de ‘El hombre y la tierra’, apenas alcanza los 80 centímetros de envergadura y 30-35 centímetros de largo, y puede verse escogiendo sitios elevados sobre los postes de la luz, los cables de los tendidos eléctricos, el tronco despejado de la copa de un pino o las farolas de la carretera de Sant Antoni, lugares desde los que puede contemplar el mundo y controlar los alrededores. Cuando se acerca para posarse anuncia su llegada con un sonido estridente y agudo que, una vez identificado, no se olvida jamás y que resulta inconfundible. Siempre sabes cuándo llegan a ese pino que suelen frecuentar frente a tu ventana, por ejemplo. 

Y la misma capacidad de adaptación que muestran al medio revelan a la hora de alimentarse. Los pequeños mamíferos, ratones y musarañas, insectos grandes como saltamontes y cigarras, lagartijas y pequeños pájaros están en su dieta según la oferta disponible. 

Aunque es un ave residente en las islas, lo que significa que puede verse durante todo el año, la población crece durante la migraciones, cuando llegan a Eivissa y Formentera (igual que al resto de Balears y a la Península) aves invernantes procedentes de países del norte o del centro de Europa. Algunas se quedarán y otras están de paso para llegar a África. 

Según los datos que maneja SEO/Birdlife, aún reconociendo que no hay censos precisos, la población europea de esta común especie ha experimentado un retroceso de aproximadamente el diez por ciento en los últimos años, aunque se estima que aún existen entre 330.000 y 500.000 parejas reproductoras. En el caso de la Península y Baleares, si hace menos de una década se calculaba que podían existir entre 25.000 y 30.000 parejas, la cifra parece haber descendido (en la Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles del Museo Nacional de Ciencia Naturales CSIC se ofrece una estimacion de 20.000-24.000 parejas). Esto significa que la situación y evolución del cernícalo requerirá atención en los próximos años, pero no es una especie en peligro. Está incluida en el Catàleg d’Espècies Amenaçades de les Illes Balears como especie en régimen de protección especial. 

También hay que saber del xoriguer que se han descrito dos subespecies, F. t. tinnunculus en la Península y Baleares, y F. t. canarienses en Canarias. Existe un claro dimorfismo sexual en la especie y la hembra es algo más grande que el macho, más rojiza, con una coloración más regular y sin los tonos grises en cabeza y cola que tiene el macho. En ambos destaca el color amarillo que lucen las garras, un llamativo anillo ocular y la base del pico. 

LA CLAVE. EL ESPÍRITU SANTO

A la forma que el xoriguer tiene de mantenerse supendido en el aire, sobre un punto fijo, mientras busca una presa se la conoce, al menos en gran parte de la isla de Mallorca, como fer l’esperit sant. Y lo cierto es que el halcón con sus alas extendidas en el cielo, y con el permiso de las palomas, podría ser una buena representación del espíritu santo.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/12/01/pequeno-gran-halcon/1107701.html


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Buscando al cazador de invierno

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Un elemental ejercicio de astronomía. La que probablemente sea la constelación más conocida del mundo, Orión, empieza a verse en otoño, saliendo por el este, por Santa Eulària, en el cielo nocturno ibicenco. Orión, avanzadilla del invierno, llega justo antes del frío. Y a pesar de ser una celebridad astronómica, quienes no tienen costumbre de observar el espectáculo de la noche tal vez no sepan reconocer al cazador de invierno, que es como a menudo se denomina a esta constelación, que porta el nombre del hermoso hijo de Poseidón. Pues bien, a primeras horas de la noche puede distinguirse, muy baja en la zona de Llevant pero elevándose poco a poco, una cometa, una de esas que muchos habrán hecho volar de niños, una clásica y típica cometa romboide con una cinta detrás. También podría recordar a un arco preparado para lanzar su flecha. Es el fragmento más nítido y más fácil de identificar de Orión, principalmente el cinturón de Orión, las tres estrellas conocidas como las Tres Marías (Alnitak, Alnilam y Mintaka), que cierran la cometa por la izquierda. En Eivissa, tradicionalmente, estas tres estrellas han sido conocidas por nombres como Ulls de Nostro Senyor, Ulls de Santa Llúcia, es Bordons y es Deiols, y sobre todo por los dos últimos, según puede leerse en ‘Estels d’Eivissa. Noms popular d’estrelles, planetes i constel.lacions a les illes Pitiüses’, editado hace unos años por la Agrupació Astronòmica d’Eivissa. Estos dos nombres, es Bordons y es Deiols, aparecen en glosas populares como la siguiente: “Ma mare sortiu, veureu/ es Deiols i ses Cabrelles/ I cent mil que van amb elles/ I també la Vera Creu”. 

Identificar el asterismo (conjunto de estrellas que parecen formar una figura) de Orión puede ser el primer paso para un metafórico viaje galáctico de invierno. A Pep Marcús, presidente de la agrupación astronómica mallorquina Club Newton, le recuerda más a una cafetera, “italiana, de esas de toda la vida”, que a una cometa. Una representación que, ciertamente, es mucho más completa que la idea de la cometa, ya que incluye más estrellas de esta gran constelación. Y es Deiols serían así el centro que separa las dos piezas de la cafetera. 

Pep Marcús explica que Orión “viene rodeado de animales”, porque junto a él se encuentran constelaciones como Canis Maior y Canis Minor. También Canes Venaciti (Lebreles), “a sus pies”, y Columba. “Son todas constelaciones invernales”. El cielo nocturno de invierno tiene asimismo “al gran toro, Tauro, que brilla con los cuernos preparados para proteger a ses Cabrelles” (es como en las islas se conoce el cúmulo de estrellas azules de las Pléyades, ubicadas dentro de Tauro). Estas constelaciones realizan un recorrido de este a oeste de forma que a Tauro –donde se encuentra Aldebarán, “que brilla con una luminosidad roja extraordinaria”– sigue Orión. Las Pléyades salen primero. Y ahora que anochece tan pronto, estos objetos celestes pueden ya contemplarse con todo su fulgor incluso antes de las diez de la noche, sin necesidad de trasnochar demasiado. 

En Orión se encuentran dos de las diez estrellas más brillantes del firmamento, Rigel (Beta Orionis) y Betelgeuse (Alpha Orionis), la más célebre supergigante roja conocida, que no tiene nada que ver con el personaje Bitelchus de Tim Burton, a pesar de que se pronuncia de un modo similar; en realidad, viene a significar algo así como ‘la casa de los gemelos’, y tal denominación se explica porque antaño esta conocida estrella se consideraba parte de la constelación de Géminis. Rigel y Betelgeuse son extremos de la cafetera y quedan fuera de la cometa con la que, inicialmente, puede identificarse Orión como ejercicio para principiantes.

Señala el presidente del Club Newton que, aunque la noche de verano “nos regala la Vía Láctea que, sorprendentemente, mucha gente asegura no haber visto jamás”, el cielo de invierno tiene muchas más estrellas brillantes. La Vía Láctea también es visible, en realidad, pero no es tan nítida y no se observa su parte más espectacular. 

Y respecto a las lluvias de estrellas de invierno, cierto es que suelen despertar menos expectación que las de verano, pero ello se debe, probablemente, a que el clima no acompaña para pasar la madrugada a la intemperie. Sin embargo, vale la pena abrigarse y probar: “He llegado a subir al Puig Major a tres grados bajo cero y he disfrutado mucho de las Gemínidas”, señala Marcús, que destaca esta lluvia, la del mes de diciembre, porque nada tiene que envidiar a las veraniegas Perseidas; las Gemínidas pueden alcanzar una actividad de 100 meteoros por hora y con la singularidad de que cruzan el cielo más lentas que las Perseidas, lo que facilita su observación. Las estrellas-meteoros de las Gemínidas no proceden, contrariamente a lo acostumbrado, de un cometa, sino que su cuerpo progenitor es un asteroide llamado Faetón (Phaeton), descubierto en 1983. Por todo ello, y a pesar de que los días de mayor actividad la Luna estará muy crecida, Pep Marcús recomienda probar suerte con esta lluvia de meteoros entre el puente de diciembre y Navidad, cerca de los días 12 y 13. La actividad de la lluvia de meteoros no se circunscribe a un día o dos, sino que puede prolongarse durante más de una semana.

LA CLAVE. TIEMPO DE ESTRELLAS BRILLANTES

En los cielos de invierno destacan más estrellas brillantes que en las noches de verano. Entre estas estrellas invernales pueden citarse las dos de Géminis, Cástor y Pólux, y el ojo rojo de la constelación de Tauro, Aldebarán, que aunque no puede considerarse entre las diez más brillantes sí es remarcable por la intensidad de su rojo y la facilidad para identificarla en el firmamento. También resaltan Sirio (está en Canis Maior y es la más brillante de todas), Procyon (Canis Minor) y las más brillantes de Orión, una supergigante azul y una supergigante roja; Rigel y Betelgeuse. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/12/08/buscando-cazador-invierno/1109017.html

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