Geometría estelar sobre Eivissa

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el triángulo de verano sobre el faro des Moscarter.CAT

 

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Habrá quien conozca Vega porque Carl Sagan la eligió como el punto concreto del firmamento desde el que se recibía una señal de vida extraterrestre codificada con imágenes del discurso de Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín. Habrá quien crea que el prolífico astrofísico se inventó la estrella como se inventó que esas imágenes de Hitler en el 36 fueron las primeras señales que llegaron al espacio desde la Tierra. Lo cierto es que Vega no sólo existe sino que fue la estrella polar unos 12.000 años antes de Cristo y volverá a serlo en un futuro lejano. Nunca se han recibido señales extraterrestres desde sus confines, pero es la estrella que se usa de referencia para fijar la magnitud, el brillo, de todas las estrellas del firmamento. 

Y Vega es también el punto superior del triángulo de verano, el asterismo celeste más notable de los meses de julio y agosto. “El triángulo de verano está formado por las tres estrellas principales de tres constelaciones distintas y es muy fácil de encontrar en el cielo, atravesado por la Vía Láctea”, explica el presidente de la asociación astronómica Club Newton, Pep Marcús. “Puede verse claramente a Levante, al este, ya a primera hora de la noche”, continúa, “y aunque en realidad es visible desde febrero hasta diciembre, sólo en verano, sobre todo en julio y agosto, puede verse tan bien y tan completo poco después de anochecer”. Especialmente espectacular es contemplarlo –por aportar una posición del triángulo desde Eivissa– cuando Vega alcanza la vertical del faro de es Moscarter, en Portinatx.

Los otros dos vértices de este triángulo son las estrellas Deneb y Altair. Y las tres, aunque desde la Tierra pueden verse como si estuvieran en un mismo plano, se encuentran a distancias distintas. Vega se halla a 25 años luz en la constelación de Lira, mientras que Altair, la más débil, en el Águila, está a 16 años luz (lo que significa que la luz que observamos de ella fue emitida por la estrella hace 16 años). Deneb, por su parte, es una rara supergigante blanca muy lejana, cuya distancia se calcula en unos 1.425 años luz de la Tierra. Se encuentra en la constelación del Cisne. “Es la estrella más lejana que es visible en el cielo a simple vista”, señala Pep Marcús. 

Cada una de las estrellas con sus correspondientes constelaciones tiene su historia mitológica. Lira forma parte del mito de Orfeo, el que amansaba a las fieras con su música. La constelación del Cisne, también llamada la Cruz del Norte (sa Creu del Cel en las islas), hace referencia a un ave amiga del hijo de Helios a la que, cuando él murió, los dioses situaron en el cielo para consolarla. La brillante estrella Deneb es la cola de ese cisne y la constelación destaca, astronómicamente, por los agujeros negros que se han descubierto en ella. La del Águila alude al mito del pastor Ganímedes, secuestrado por su belleza por un Zeus convertido en ave rapaz. Pep Marcús, sin embargo y respecto a esta tercera constelación, añade que el Águila, “entre otras mitologías”, representa también al ave que se comía el hígado de Prometeo por robar el fuego a los dioses, aquella a la que mató Hércules (Heracles), que también se encuentra representado en el cielo, junto a Sagitario, que puede simbolizar la flecha con la que el héroe griego mató al águila. Un mundo fantástico y complejo del que debe destacarse un mito de la cultura japonesa. 

“No podemos olvidarnos del Tanabata, una fiesta de las estrellas que se celebra en Japón rindiendo homenaje a una leyenda de la mitología oriental que habla de la princesa del cielo, Orihime, que se enamoró del pastor de las estrellas, Hikoboshi. El año pasado el Club Newton, para dar a conocer esta cultura, celebró su propio Tanabata en un recinto arqueológico de Mallorca, explicando a los asistentes la leyenda. La intención era hacerlo cada año”, explica el presidente del Club Newton, que considera la festividad “un sant Joan a la japonesa” y al que le gustaría potenciar en Occidente el conocimiento de esta leyenda y todo lo que a ella va asociado. Y la relación del cuento de la princesa y el pastor con el triángulo de verano es que ella está representada por la estrella Vega y él es Altair, separados por la Vía Láctea y por una maldición. Y cuenta la leyenda, con algunas variaciones según la fuente, que la Vía Láctea representa al río que los separa y que una sóla vez al año, el 7 de julio, los dos amantes pueden reunirse, con la ayuda de una bandada de grullas que con sus alas conforman un puente sobre la Vía Láctea.

Y más allá de la mitología, el triángulo guarda lo que Pep Marcús denomina “tesoros ocultos”, que otorgan al conjunto ya fantástico un aura de misterio esotérico. En el interior del triángulo puede encontrarse “un asterismo curioso que forma una percha invertida (cúmulo de Brocchi), entre Vulpecula y Sagitta”. También ‘nada’ dentro de la Vía Láctea y del triángulo la constelación del Delfín, Delphinus, una de las más antiguas que se conocen y que en Eivissa era antaño conocida como sa Dofinera. 

LA CLAVE. EL DESCUBRIDOR DE MUNDOS

Una región comprendida entre Deneb y Vega fue el campo de trabajo del observatorio espacial Kepler, lanzado en 2009 con la misión de buscar exoplanetas (planetas extrasolares que orbitan otras estrellas). El resultado fueron más de 2.000 exoplanetas localizados, la revelación de que los planetas rocosos como la Tierra y situados en zonas habitables son abundantes y la acumulación de un sinfín de datos que, a sólo año y medio del fin de la misión, aún se están analizando. 

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La llama del mensajero sobre el faro

DSC4079 el cometa sobre el faro de sa Conillera a las 23.23 del pasado 15 de julio

El cometa sobre el faro de sa Conillera el pasado 15 de julio, a las 23.23. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Antaño los cometas eran impredecibles y se consideraba que auguraban catástrofes diversas, de forma que los mongoles los conocían como ‘hijas del diablo’, Aristóteles se afanaba por relacionar una lista de desastres con su aparición y cuentan que Calixto III, un Borgia especialmente excéntrico, excomulgó al cometa Halley (aunque aún no se llamaba así) para ver si con ello podía desviarlo de su trayectoria. En las Pitüses, los cometas eran llamados estels amb coa, igual que las estrellas fugaces. Y se conserva en la tradición ibicenca una especie de glosa astronómica que revela la gran alarma que, en el año 1910, provocó el paso del cometa Halley: “Sa gent fuig per dins ses coves/altres s’en van a pregar/sa por cobreix tota s’illa/no es sent ucar ni cantar”.

En la serie ‘Cosmos’ Carl Sagan nos explicó que los cometas, mensajeros del cielo, vaticinaban la muerte de príncipes y la caída de imperios y que Moctezuma, el emperador azteca, ejecutó a sus astrólogos porque no habían pronosticado la llegada de uno de estos cuerpos celestes. Aunque también nos enseñó que, en el siglo XIII, el pintor Giotto, pionero del Renacimiento italiano, presenció el cometa Halley y lo convirtió en la estrella de Belén del pesebre que estaba pintando, inaugurando una nueva forma de interpretar un cometa, al menos artísticamente. Por ello fue bautizada como ‘Giotto’ la sonda espacial que se lanzó en 1986 para estudiar el Halley. 

La llegada del cometa Neowise se ha vivido en Eivissa de forma bien distinta a como se vivió el paso del Halley en 1910. Y aunque habrá quien diga que en un año extraño sólo faltaba un cometa, lo cierto es que en la actualidad tales cuerpos celestes ya no portan augurios de desastres sino que constituyen un espectáculo esperado con interés, tanto por los astrónomos como por los aficionados a la astronomía y a la fotografía nocturna. Los cometas no traen mensajes de cataclismos, sino buenas nuevas.  

El cometa Neowise, conocido así por el telescopio espacial que lo descubrió el pasado 27 de marzo, se ha podido ver también desde las Pitiüses a simple vista, en todo su esplendor. Los primeros días, a principios del mes de julio, el cometa era visible de madrugada hacia el noreste, justo bajo la brillante estrella Capella. Había que levantarse a las 5 de la madrugada, cuando aún había oscuridad pero ya se materializaba la franja amarilla del sol que se alzaba. Presenciarlo de madrugada, con unos simples prismáticos y con el aspecto de un proyectil enfilado a la Tierra, tenía un aliciente añadido; el paisaje nocturno entero, por el brillo especial que el planeta Venus (el lucero del alba) y la estrella Aldebarán, ambos visibles a la izquierda del cometa, exhiben en verano antes del amanecer. Ya a mediados de mes, el Neowise siguió su órbita alejándose del Sol y ello hizo posible observarlo, incluso sin prismáticos, al noroeste, alrededor de una hora después de que se hubiera ocultado el Sol tras el horizonte y hasta la medianoche. Con los prismáticos podían contemplarse incluso las dos colas del cometa, la formada por gas, normalmente azulada, y la de polvo, anaranjada como una llama.  

Al ser visible bajo la Osa Mayor, hacia el noroeste, el Neowise se ha exhibido espléndido sobre sa Conillera desde la zona de Platges de Comte, llegando a situarse en la vertical de la linterna. La foto del cometa sobre el faro se convierte en un homenaje al sacerdote, astrónomo y filólogo ibicenco Vicent Serra i Orvay, quien, un siglo atrás, pasó muchas noches observando las constelaciones desde ese mismo islote.

LA CLAVE. HASTA DENTRO DE 6.800 AÑOS

El cometa Neowise, cuya designación sistemática es C/2020 F3, no volverá a ser avistado desde la Tierra hasta dentro de unos 6.800 años, cuando su órbita alargada lo lleve de nuevo a las cercanías del Sol. Y desde el Hale-Bopp, en 1997, no había podido contemplarse ninguno tan espectacular al pasar cerca de la Tierra.

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El reloj de los muertos de Formentera

unas vallas protegen el monumento megalíticoCristina Amanda Tur @territoriocat

En la cima de un pequeño cabo que se adentra en s’Estany Pudent, habitantes de los inicios de la Edad del Bronce construyeron un complejo sepulcro para seis hombres y dos mujeres que, cabe suponer, eran miembros destacados de la sociedad en la que habitaban. Lo demuestra el hecho de que sólo para ellos se levantara tan aparatosa tumba circular orientada a Poniente, un monumento megalítico que hoy se considera único en el mundo porque, al parecer, suma más elementos arquitectónicos prehistóricos conservados que ninguna otra construcción similar. Para la cultura pitiusa, más importante que la complejidad, la suma de elementos y los misterios de sus moradores, es su aportación histórica, ya que, hasta su descubrimiento, la prehistoria no existía en las islas. Es decir, las referencias más antiguas eran fenicias y aún podía dudarse de que Eivissa y Formentera hubieran estado habitadas antes de los púnicos. 

Al abrirse las puertas del sepulcro de Ca na Costa se abrió una puerta a un pasado mucho más lejano y se iniciaron las investigaciones de la prehistoria pitiusa. Tras Ca na Costa se excavó en es Cap de Barbaria, donde informaciones y citas antiguas hablaban de restos que merecían una prospección, y se investigaron los megalitos de Can Sargent y las pinturas rupestres de ses Fontanelles. Todo ello quiere decir también que la historia de la prehistoria de las islas es muy reciente, ya que el monumento funerario megalítico de Ca na Costa fue descubierto en el año 1974, después de que el profesor Manuel Sorà, quien fuera presidente de la junta del Patronato del Museo Arqueológico, informara de unos vestigios junto a s’Estany Pudent que podían ser interesantes. Al año siguiente, el entonces director del museo, Jordi H. Fernández, y el responsable del museo de Menorca, Lluís Plantalamor, un especialista en cuestiones prehistóricas, iniciaron las excavaciones y sacaron a la luz el sepulcro. Aunque el interior había sido removido en el pasado y crecía un olivo (un acebuche) en el centro, la estructura estaba relativamente bien conservada y la excavación permitió recuperar tanto la cámara circular central y su área circundante como diverso material cerámico, piezas en hueso, colmillos y conchas (destacan aquí quince botones), tres objetos de sílex y algunos restos humanos. 

Si, a menudo, para los poco iniciados en la arqueología y en los misterios del pasado, para los escasamente sensibles a la información que guardan las piedras, los yacimientos arqueológicos que se encuentran en las dos islas pueden parecer poco más que rocas amontonadas, el sepulcro de Formentera resulta sorprendentemente llamativo. Sin necesidad de compararlo con Stonehenge, la tumba colectiva de Ca na Costa es como un gran reloj de sol –de hecho, los formenterenses la conocen como es Rellotge– del que destacan inicialmente los siete ortostatos (las losas de piedras verticales, en lenguaje más común) de dos metros que conforman la cámara central, enclavados con una regata circular en la roca y que sostendrían algún tipo de cubierta, también de losas o quizás de madera. La cámara funeraria (ligeramente elíptica y de 3.80 metros de diámetro de este a oeste), los anillos de piedra que la circundan, el sistema de contrafuertes, la plataforma exterior, el corredor de entrada y prácticamente todos los elementos que constituían el sepulcro pueden observarse aún en el lugar. 

En cuanto a los cuerpos para los que el mausoleo estaba destinado, lo cierto es que se han encontrado escasos restos de ellos. Y, sin embargo, esos fragmentos han sido suficientes para determinar que había dos mujeres y seis hombres y han permitido poner fecha al monumento gracias a los análisis de carbono 14. Se considera que el sepulcro fue construido y usado entre el 2.000 y el 1.600 antes de Cristo, que puede parecer un dato no demasiado preciso pero que nos sitúa en los inicios de la Edad del Bronce. 

LA CLAVE. BIEN DE INTERÉS CULTURAL  

En 1980 se incoaba el expediente que debía llevar a su declaración de monumento, pero no fue hasta el año 1994 (con traspaso de competencias a las autonomías y multiplicación de figuras de protección de por medio) que el sepulcro de Ca na Costa fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC), el 20 de octubre.

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Aliens de jardín

una joven mantis de la especie Sphodromantis viridis que aún no ha desarrollado las alas por completo

un joven ejemplar de Sphodromantis que aún no ha desarrollado las alas por completo.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Su aspecto impresiona. Lo miras y observas las espinas de sus patas delanteras, su cabeza triangular y esos puntos negros de sus ojos, tan similares a pupilas y que hacen que el pequeño monstruo parezca tener personalidad, y te preguntas qué pasaría si fuera más grande, si midiera un metro. “Si midiera un metro, el mejor consejo sería que te quedaras muy quieto al verlo”, sugiere el profesor de zoología de la UIB Miguel Ángel Miranda, porque estos animales responden al movimiento para localizar a sus presas. 

Y a la impresión que causa su aspecto se suma la leyenda negra, algo más que una leyenda, sobre la costumbre de las hembras de mantis de devorar a los machos. Lo cierto es que “quizás un veinte o un treinta por ciento de los machos son devorados” al intentar copular o tras hacerlo, y tal comportamiento no se debe a que estos insectos sean monstruos sino al carácter depredador de la especie, a que la hembra puede identificar al macho como una presa. Por regla general, y por esa relación entre el movimiento y la caza, el macho se acerca muy lentamente, por detrás de la hembra, para intentar tener éxito. Muchos lo logran, evidentemente, o la especie no lograría prosperar como lo hace y no se verían en los campos pitiusos, al intuirse la primavera, las ootecas que sirven de nido y de las que saldrán centenares de pequeñas mantis muy similares a las adultas pero aún sin alas (las mantis no pasan por la fase de larva; es decir, las crías, las ninfas, son réplicas a pequeña escala de los adultos).  

Pero las mantis, y debería ser lo primero que se destacara de ellas, son, a pesar de su turbador aspecto, unos insectos inofensivos y beneficiosos: “no pican, no son venenosos ni atacan y son muy útiles para el control de plagas de otros insectos”, destaca Miguel Ángel Miranda, especializado en entomología. 

La especie más conocida, muy frecuente en las islas, es Mantis religiosa, conocida simplemente como mantis (por extensión se conoce así a todos los miembros del orden de los mantodeos) y también como santateresa. En Balears, sus nombres más comunes son cavall de serp y pregadéu, nombres compartidos con otras áreas de habla catalana. 

Habitual en los días de verano es también la especie Iris oratoria, la mantis mediterránea, que suele confundirse entre las polillas y los insectos que normalmente se agrupan, al anochecer, en las luces de los porches de las casas. Y muy similar a estas dos es la especie Sphodromantis viridis, que Miranda destaca como una especie africana en expansión. El naturalista Xavier Canyelles (que, junto a Gabriel Alomar, citó por primera vez la especie en Mallorca, en el año 2006) señala que esta mantis africana podría estar desplazando a la especie Mantis religiosa. 

Para completar la lista, también están citadas en el archipiélago tres especies del género Ameles, A. decolor, A. abjecta y A. spallanzania. Además, Xavier Canyelles recuerda que en Eivissa también puede encontrarse Empusa pennata, bastante menos frecuente que Mantis religiosa o Iris oratoria. Y, para complicar la cuestión taxonómica, algunos autores citan una cuarta especie del género Ameles, A. insularis, endémica y sólo presente en Mallorca, aunque Canyelles señala que esta cuestión aún está por aclarar. Sí está citada, sin embargo, en el Bioatles de Balears, una herramienta del Servei de Protecció d’Espècies que se puede consultar en la web del Govern y en la que hay datos de la distribución en las islas de miles de especies de fauna y flora, incluyendo las invasoras. 

Finalmente, a las características de la mantis que la convierten en un ser inquietante hay que añadir aquella que le da algunos de sus nombres, y es esa postura que adopta, con el protórax levantado y sus poderosas patas delanteras dobladas, que hace que parezca que está rezando. La palabra ‘mantis’ es de origen griego y significa ‘adivino’, ‘vidente’ o ‘espiritual’. Las mantis son como pequeños extraterrestres de grandes ojos sobre cabezas de triángulo. Como aliens de jardín. 

LA CLAVE. PREGADÉU. En Balears, sus nombres más comunes son cavall de serp y pregadéu, nombres compartidos con otras áreas de habla catalana. 

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‘La balada de Johnny Cash’, también en e-book

portada johnny

Ya sabéis que este blog está destinado, en principio, a reportajes y artículos de opinión sobre temas patrimoniales, sobre todo de medio ambiente, pero también lo uso para informar sobre los libros que escribo, aunque tengan poco que ver con la temática habitual del sitio, como en este caso. En esta ocasión, la entrada es para anunciar que este libro está ya en e-book y recordaros de qué va.

Ésta es la nota de prensa:  La novela ‘La balada de Johnny Cash’, publicada por la periodista Cristina Amanda Tur (CAT) el año pasado, se encuentra disponible también en formato digital a través de la plataforma Amazon, junto a otros títulos de la autora como ‘El hombre de paja. El crimen de Benimussa’ o ‘Sa Penya Blues. El crimen del minusválido’. 

Esta novela, ambientada en un pueblo americano en los años 60 y en la que se suceden los guiños a importantes iconos y episodios de la cultura americana, es la primera novela de CAT no ambientada en la isla de Eivissa. 

Johnny Ray tiene 12 años, una madre que escucha a Johnny Cash a todas horas y un padre borracho que trabaja en un taller mecánico en la salida del pueblo, Bluvalley, una pequeña población del sur americano en la que los chicos de su edad se las ingenian, mal o bien, para no sucumbir al aburrimiento. Y ésta es la historia de un verano de su vida, un verano de finales de los años 60 que se preveía tedioso e interminable y que, sin embargo, se anunció ya agitado el día en el que, en la orillas del río, apareció el cadáver de un presidiario huido de la cárcel del condado. En su espalda, el hombre llevaba un murciélago tatuado, y esa marca, que Johnny Ray encontrará en otros hombres que aparecen por el pueblo en las semanas siguientes, le llevarán a descubrir quién es realmente su padre, cómplice de una banda de delincuentes, y de lo que es capaz su madre para salvar a su familia.

‘La balada de Johnny Cash’ es la historia del verano en el que Johnny Ray, que lleva tal nombre precisamente por el cantante country, aprende a valorar a su madre, a la que consideraba una mujer debíl sometida a un marido borracho. A la hora de la verdad, la madre, Luisa, es capaz de enfrentarse al marido, Tony Malone, a la banda entera, y cambiar el equilibrio de poder en la casa y ante los ojos de sus hijos. 

En esta novela, los lectores encontrarán una sucesión de guiños a importantes iconos y episodios de la cultura americana, a sus músicos de blues y country, a sus canciones, a los clásicos de Stephen King, a las películas de John Wayne, al ‘Cuenta conmigo’ de Rob Reiner o a ‘Matar a un ruiseñor’, de Harper Lee, al asesinato de Kennedy o a los forajidos del Viejo Oeste. Todo ello contribuye a hacer de esta obra, la número 12 de las publicaciones de CAT, uno de sus libros más originales, distinto a los otros pero con el mismo estilo para contarlo. 

A la venta en Amazon:

 

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El templo de los vencejos

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bandada de vencejos en la torre de la catedral.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Cada día al atardecer –o especialmente al atardecer– Dalt Vila se llena con sus chillidos, breves y agudos, y sus vuelos, veloces y repentinos. Cruzan los callejones como aviones en vuelo rasante sobre la ciudad, como cazas burlando al enemigo en el desfiladero. Dan vueltas sobre el mar y alrededor de las murallas como si no pudieran parar de volar. 

A los vencejos, voladores extremos, les gusta la catedral de Eivissa. Quizás porque es el lugar más elevado de la ciudad y están más cerca del cielo abierto. Todo en este animal prodigioso está pensado para el vuelo, de tal forma que la única fase de su vida que transcurre en tierra firme es la nidificación. Y eso es precisamente lo que los lleva a regresar al sur cada mes de marzo (aunque el grueso de la población llega a las islas ya en el mes de abril). El vencejo –falzia en las islas–  “se pasa la vida volando. Día y noche. Duerme mientras vuela, se alimenta mientras vuela, descansa mientras vuela e incluso las parejas copulan en el aire. Sólo toca tierra para hacer el nido, que siempre está a cierta altura –un agujero bajo las tejas, por ejemplo– ya que para salir se lanza al aire”. Así resume la vida de un vencejo el ornitólogo Manolo Suárez, del Grup d’Ornitologia Balear (GOB). 

El nombre científico del vencejo común es Apus apus, y la palabra, repetida en género y especie, significa ‘sin pies’. “Realmente, sí tiene patas, pero muy cortas, ya que no las hace servir casi para nada, sólo para colgarse de las paredes donde tiene el nido –explica el ornitólogo del GOB–. Tiene las patas tan cortas y las alas tan largas que si lo pones en tierra no puede levantar el vuelo”. 

La catedral de Eivissa no sólo es el lugar más elevado de la ciudad, sino que tiene otra característica que la hace muy especial para los vencejos. Y es que sus muros conservan los resquicios necesarios en los que instalar sus nidos, esos agujeros elevados desde los que lanzarse al aire a los que hace referencia Manolo Suárez. Las edificaciones modernas –acristaladas, sin grietas ni huecos– se han convertido en uno de los principales problemas de conservación para las aves urbanas, para aquellas que construyen sus nidos en las ciudades. Pero los cascos urbanos antiguos como el de Dalt Vila aún mantienen los muros de piedra adecuados y se han convertido así en el principal refugio de especies como los vencejos. Un motivo más para conservar el aspecto de una ciudad histórica. Precisamente, la organización SEO/Birdlife tiene en marcha una campaña de conservación de los vencejos que incluye la recogida de firmas para pedir que la planificación urbana tenga en cuenta las necesidades de las aves más cercanas, aquellas cuya presencia es un indicador de la calidad de vida de las urbes y del aire que en ellas se respira. 

También es buen momento para recordar qué hay que hacer si te encuentras algún pollo caído del nido. No es extraordinario encontrarse un pequeño vencejo en el suelo y la forma de intervenir en el caso de estas aves podría ser algo distinta a la que podría adoptarse con otras especies, ya que, por regla general, no podrá devolverse al nido y sabemos que no podrá andar y que no irán a buscarlo, así que hay que ayudarlo. Por otra parte, no siempre resulta fácil identificar la especie de un pollo, así que lo mejor es llamar al Consorci per a la Recuperació de la Fauna de les Illes Balears (COFIB), al teléfono 607554055, operativo las 24 horas al día, y aportarles datos sobre la situación de la cría y, a ser posible, una foto. 

Año tras año, los vencejos vuelven a los muros de Dalt Vila. A los tejados de las casas. Llegan cada mes de marzo a anidar en las islas y convierten la catedral –compartiéndola como pajarera con otras especies como los gorriones– en uno de sus lugares de nidificación favoritos. Su fortaleza cerca del cielo. La mayoría de ellos se marchará antes del mes de agosto.

LA CLAVE. LA SILUETA DEL VENCEJO

La oscura silueta del vencejo en vuelo, con su forma de ballesta, sus alas estrechas y largas y su corta cola ahorquillada es la clave para distinguir esta ave de otras de similares características y hábitos, como golondrinas y aviones. 

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Las flores de purpurina

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Cristina Amanda Tur @territoriocat

El exuberante racimo de originales flores de tonos rosados de la orquídea piramidal es, desde el mes de mayo, un auténtico espectáculo de la naturaleza en las zonas en las que esta orquídea salvaje prospera. Son flores purpurina –de simetría bilateral (zigomorfas) y de un tono rosa más intenso en los bordes– que se agrupan en densas inflorescencias que pueden tener más de 50 piezas y que son preferentemente polinizadas por mariposas, tanto diurnas como nocturnas, y por algunas hormigas. 

La orquídea piramidal (Anacamptis pyramidalis) no sólo es una de las orquídeas silvestres más conocidas sino que, además, es una de las más frecuentes y la más fácil de identificar y también de encontrar; nunca hay una sola planta y podemos descubrir rincones de la geografía pitiusa en los que la especie prolifera y adquiere con ella, un mayo tras otro, este color rosa purpurina. Hay campos destacables de estas plantas, por ejemplo, en la zona de sa Caleta, en Sant Rafel, en la carretera de Sant Miquel a Sant Joan o en el islote de Tagomago. Y las orquídeas son plantas perennes que, durante buena parte del año, no pueden verse porque sobreviven como tubérculos, hasta que, a menudo ya al empezar el otoño, desarrollan sus roseta de hojas y un nuevo bulbo que crecerá y florecerá en la próxima primavera, de forma que sabes que, cada año, si no se produce alguna catástrofe, se repetirá el espectáculo en los mismos lugares. 

En Eivissa y Formentera existen unas veinte especies de orquídeas silvestres y la mayoría de ellas pertenecen al género Ophrys, conocidas popularmente como abelleres o abejeras. Ninguna de ellas, a pesar de su belleza y vistosidad, destaca tanto como Anacamptis pyramidalis, con su pirámide de flores rosas y el tamaño de incluso medio metro de altura que puede alcanzar. Antiguamente, esta orquídea, conocida como barreret o flor caputxina en catalán, también estaba clasificada en el género Ophrys, y es una de las especies con las que se prepara el salep, un brebaje que fue usado como droga medicinal y que hoy es conocido como bebida tradicional en algunas zonas de Oriente Medio, principalmente Turquía. “Para obtener un excelente salep deben escogerse los tubérculos nuevos, los jóvenes, tersos y pálidos”, se explica en el libro ‘Plantas medicinales, el Dioscórides renovado’ de Pío Font Quer, que añade que se han de colectar cuando la flor ya está marchita. Lo cierto es que esta práctica ha puesto en peligro muchas poblaciones de orquídeas en los países en los que el salep es una bebida muy consumida y, en España, todas las especies de orquídeas salvajes están protegidas por ley, por lo que está prohibido recolectarlas. 

LA CLAVE. EL SALEP TURCO

Con la harina de los tubérculos de ésta y otras especies de orquídeas se elabora una bebida caliente llamada salep, típica en Turquía y en Irán. Esta harina, al ser muy nutritiva, se usa también en dietas para personas debilitadas por alguna enfermedad, y su consumo, por la intensidad de la recolección de ejemplares, ha puesto en peligro poblaciones de orquídeas en Oriente Próximo y Oriente Medio. 

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El rojo perfecto

DSC8343 (1 de 1)Cristina Amanda Tur @territoriocat

La flor roja por excelencia. El rojo más hermoso de la naturaleza. Y aunque existen más de cien especies de amapola ninguna otra tiene el tono escarlata, intenso y brillante, de los delicados pétalos de la especie Papaver rhoeas. De hecho, el nombre de la especie, rhoeas, hace referencia a su color. Inimitable. Y es la amapola más frecuente en las islas, donde su nombre más común es el de rosella. Lo cierto es que, tanto en castellano como en catalán, esta planta tiene múltiples nombres, y entre los más conocidos pueden citarse ababol y pipiripip (que sirven para los dos idiomas), ababolera, gallo, monja, fraile, adormidera silvestre, flor de lobo, gallaret, badabadoc y paparola. En realidad, hay que especificar que los nombres de fraile y monja, que pueden referirse por extensión a toda la planta, aluden, en principio, a los capullos. Y a un juego infantil. Si aún están muy verdes, los pétalos del interior del capullo son blancos y se denominan monjas; cuando maduran se vuelven rojos y cambian su nombre a frailes. Adivinar si era monja o fraile fue antaño un extendido juego en el área mediterránea. 

En las Pitiüses pueden encontrarse hasta cuatro especies del género Papaver, tres de diferentes tonos de rojo y una de color rosado de la que, a veces, de manera excepcional, puede hallarse una variedad de pétalos blancos. La rosella por excelencia –aunque todas pueden recibir tal nombre– es P. rhoeas. Menos abundantes son P. hybridum (más pequeña, de pétalos separados y un tono más granate) y P. pinnatifidum (con un rojo mucho más suave). La cuarta especie es la adormidera, P. somniferum, llamada cascall en catalán y conocida porque es la planta de la que se extrae el opio y, por tanto, la morfina. Antiguamente, se creía que la rosella también contenía opio, y lo cierto es que su alcaloide principal, la rhoeadina (readina), tiene efectos ligeramente narcóticos pero muy alejados de las propiedades somníferas del cascall. Todas las amapolas se caracterizan por la fragilidad de sus pétalos y por el esplendor del fruto geométrico, una cápsula en forma de urna que queda sobre el tallo cuando estos caen. Es en ese fruto, sobre el que se distingue la estrella de siete a doce radios que son los estigmas, donde se concentran los alcaloides. En el libro ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’, de Pío Font Quer, puede leerse, citando al botánico Leclerc, que antiguamente se prescribían las amapolas “para calmar la tos y vencer el insomnio de los niños, viejos e individuos delicados”. 

La flor parece pesar demasiado para su largo y delgado tallo plagado de finos y tiesos pelos blancos, por lo que en ocasiones se ve a estas flores combadas hacia abajo, que es como están antes de abrirse. De la amapola se recolectan pétalos para ensaladas, hojas y frutos, y las semillas de ésta y otras papaveráceas son usadas en la actualidad en bollería. De ellas se extrae, además, uno de los aceites más utilizados en la pintura al óleo.  

LA CLAVE. EFECTOS NARCÓTICOS

La amapola silvestre pertenece al mismo género de plantas, las papaveráceas, que la que produce el opio. De hecho, muchas especies de este grupo cuentan con alcaloides de efectos sedantes, incluida P. rhoeas, que contiene rhoeadina. Pero ninguna otra tiene un principio activo con efectos tan poderosos como P. somniferum, que contiene morfina, además de rhoeadina.

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Al sol del Mioceno

Es Picatxos en primer término y, detrás, la silueta de es Vaixell (ses Bledes)

Es picatxos, en primer término, y, detrás, el islote de es Vaixell.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

La silueta de es Picatxos de s’Illa des Bosc es un clásico de la fotografía de atardeceres en la isla. El sol cayendo tras esta formación geológica, dibujando las aristas de sus contornos sobre el mar, resulta siempre un gran momento fotográfico. Y, si hay suerte, el sol, en lugar de desaparecer sin pena ni gloria en la línea del horizonte marino, se desvanecerá antes de alcanzarla y lo hará en franjas de colores calientes. El cielo, cada día, se enciende y pinta de negro los islotes. Quienes inmortalizan tan fotogénicos picos negros con el sol naranja detrás, sin embargo, a menudo saben poco más que su nombre. Y vale la pena conocer exactamente qué se está fotografiando porque la simple exposición del esplendor de la costa pitiusa, de cualquier aspecto del patrimonio natural de las islas, en realidad, no resulta suficiente para ponerla en valor. 

Lo más interesante que puede decirse de es Picatxos precisa una explicación geológica. Y la da el geólogo Luis Alberto Tostón. “Son rocas del Mioceno inferior”, señala, unos veinte millones de años atrás, aproximadamente y a escala geológica, lo que significa que la datación no es muy precisa, millón arriba o millón abajo, y que en el Mioceno, cuando los homínidos se separaban en varias ramas evolutivas, estas rocas, con otro aspecto, ya eran testigos de atardeceres rojos. “Son rocas calizas dispuestas en capas finas, de entre diez y cuarenta centímetros, con intercalación de calizas margosas, más blandas, y calcarenitas, más duras y con granos de arena”, añade, y esa combinación de resistencia y fragilidad es la causa de sus caprichosas formas, porque las fuerzas de la naturaleza, viento y agua, no erosionan los materiales al mismo ritmo. En palabras de Luis Alberto Tostón, “esa diferencia de resistencia condiciona la manera de disponerse geomorfológicamente la serie, ya que el mar erosiona más rápido los tramos margosos, lo cual da estas formas de picos irregulares que dan nombre a esta zona. Curioso es que la cercana Illa des Bosc, formada por esta misma unidad, básicamente, aparece muy deformada por pliegues y fallas espectaculares, que reflejan la deformación general que estaba sufriendo la isla en esos momentos, al igual que toda la Cordillera Bética, en la que se encuentra Eivissa”. 

Es Picatxos es la punta norte de s’Illa des Bosc, que se une a es Cap des Blancar (sa Conillera) por un cordón de roca submarino, una zona de poca profundidad que todos los marineros conocen, donde saben que hay tramos con dos metros de agua, que apenas se llega a los siete en la zona central y que, por tanto, hay que controlar la sonda y reducir velocidad. Puede verse fácilmente la línea que une los dos islotes, separados de la isla mayor hace unos 6.000 años, en imágenes por satélite. 

De cerca, los picos son placas apiladas, como carpetas en un escritorio, que forman líneas de distintas tonalidades. En las últimas décadas, algunas de estas placas han caído de los montículos y se encuentran amontonadas a sus pies, poniendo en evidencia la fragilidad inherente a la roca expuesta a los elementos. Un día, es Picatxos serán vencidos por el agua y el viento y caerán, como caerán es Frares de Cap Martinet, una formación rocosa similar, y es Paller d’en Camp, en es Figueral, que hoy se alza, desafiante pero ya anunciando su mortalidad, a diez metros del suelo. Es Picatxos caerán como cedió el Pou des Lleó, que quedó destruido en los temporales del mes de enero.  

LA CLAVE. 6.000 AÑOS

Tanto sa Conillera como s’Illa des Bosc y s’Espartar se separaron de tierra firme, de Eivissa, hace 6.000 años. Mucho antes, en la última etapa glacial en la que se inició la fragmentación del litoral, se separaron es Vedrà, es Vedranell y ses Bledes.

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La flor de papel de seda

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Cristina Amanda Tur @territoriocat

Su flor es tan delicada que fácilmente caen sus pétalos al tocarla. Su fragilidad, su textura arrugada y semitranslúcida, e incluso su tono de rosa fucsia o malva, recuerdan sin duda al papel de seda que se usa para hacer manualidades. Destaca el contraste del suave color rosa de su corola de piezas arrugadas con el intenso amarillo dorado de su centro de estambres. Esos estambres tan llamativos, que rodean el gineceo y que producen gran cantidad de polen, poseen un atractivo especial para los insectos polinizadores, sobre todo para los himenópteros, a los que atrae el color amarillo. Es por ello que estas flores tienen una gran importancia en la producción de miel en las islas. 

La estepa blanca (Cistus albidus), conocida en muchos lugares de España como jara, es uno de los arbustos más abundantes de los campos, pinares y matorrales ibicencos y está presente en todas las islas mayores del archipiélago. Las hojas de su tallo son de un mate verde claro y están cubiertas de suaves pelillos blancos que dan nombre a la especie (albidus). Han sido usadas tradicionalmente como repelente de insectos (frotándose la piel) y como estropajo, para fregar platos y limpiar herramientas, y es por tal uso para limpiar enseres que en las islas es habitual aún oír llamar a esta planta como estepa d’escurar o herba d’escurar. Incluso había quien usaba las suaves hojas elípticas para limpiarse los dientes o las fumaba secas como sustituto del tabaco. Es una especie tan popular como abundante y no hay ibicenco que no sepa identificar esta estepa, la única del género con flores de color rosa. Además de sus citados usos, cabe añadir que de algunas especies de jaras se extraía un fijador usado en perfumería, aunque de las variedades que pueden hallarse en las Pitiüses se extraería menor cantidad de producto que de la jara pringosa que puede encontrarse, en abundancia, en Andalucía.   

Cistus albidus es una especie propia del Mediterráneo occidental y de ambientes soleados y secos. Y si el rosa de sus pétalos contrasta con el amarillo de sus estambres, la fragilidad de la flor lo hace con la resistencia de sus semillas y de las cápsulas que las contienen. Son capaces de resistir bien los incendios del bosque mediterráneo, y esta característica explica que sean las jaras las plantas que prosperan enseguida en los claros que ha dejado el fuego en el terreno. 

Además de la estepa blanca, en las islas podemos encontrar otras especies del género Cistus, especialmente la estepa negra (Cistus monspeliensis), que, a pesar de su nombre, se caracteriza por su flores blancas, más pequeñas que las rosadas de la jara blanca. Sus hojas tampoco se parecen, ya que son alargadas y de un verde oscuro. También pueden encontrarse la estepa borda (Cistus salviifolius), de blancas y pequeñas flores, y el esteperol (C. clusii), que, al contrario que las tres primeras, es más frecuente en los campos y garrigas de Formentera que en las de Eivissa. El esteperol es corrientemente llamado romero macho por el gran parecido que guardan sus hojas con el romero; de hecho, la confusión es habitual, pero las flores de una y otra especie son muy diferentes y, en floración, es imposible confundirlas. Comparten hábitat entre lospinos, pero el esteperol amplía su radio de acción desde los pinares a las zonas de suelos arenosos de los alrededores de las playas. Para diferenciarlos, en realidad, en el Herbari Virtual del Mediterrani Occidental aportan la mejor sugerencia: “no hay más que oler las hojas (del esteperol) y darnos cuenta de que no tienen aroma”. Nada huele como el romero. 

LA CLAVE. A LA SOMBRA DE LA JARA

En las raíces de las jaras, sobre todo de la estepa blanca, crecen y se enroscan unas plantas parásitas también muy conocidas en las islas y denominadas magranetes de mel. En el mes de marzo, surgen de la tierra, con unos colores amarillos y rojos espectaculares, para ser polinizadas por las hormigas. Del dulce sabor de estas plantas, de las que en Eivissa existen dos especies, deriva la expresión ‘això es mel de magraneta’. 

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