El pirulí del acantilado

en la foto se aprecia la ubicación del faro, sobre un acantilado de cuarenta metros de altura

en la imagen se observa la ubicación del faro sobre un acantilado de 40 metros de altura.CAT

Cristina Amanda Tur.- Diez faros alumbran las costas pitiusas, incluyendo sus islotes, y si contáis más de diez es porque estáis sumando balizas. Y no es lo mismo. Es, quizás, un simple tecnicismo para quienes no son marineros pero sólo es un faro si su luz, por regla general blanca, alcanza más de diez millas náuticas, por lo que, a pesar de su aspecto, no son técnicamente faros ni la torre del rompeolas del puerto de Vila (es Muro), que, de hecho, emite una luz roja porque indica la entrada al puerto por babor, ni la blanca torre al norte de los muelles de La Savina (donde se encuentra la zona de aparcamientos). Cierto es que la señal de es Muro sí fue antaño un faro, y su luz y el color de la cúpula cambiaron a rojo al convertirse en baliza de entrada. Por el contrario, sí es propiamente un faro, aunque a muchos no se lo parezca, la discreta señal sobre una torre de apenas tres metros y sin pintar que da luz desde el islote de es Vedrà, aunque sólo por una milla de más y desde el año 1971, cuando se instaló un nuevo equipo luminoso. 

Y el décimo faro, el último que se ha construido en las Pitiüses, es el faro de Punta Moscarter, el número E-0270 según el código internacional, y la torre más alta de Balears, con 52 verticales metros de hormigón y dos bandas helicoidales, blanca y negra, como un pirulí de nata y chocolate. Fue anunciado en el 76 como el faro más alto de España sobre el nivel del mar; es decir, el que alcanzaba mayor altura si se tenía en cuenta el acantilado de 41 metros sobre el que quedaba asentado. Pero lo cierto es que, con estos parámetros, no hay que ir muy lejos para hallar un faro que lo supera y lo superaba ya entonces, ya que la linterna de Formentor, en Mallorca, se halla sobre un imponente acantilado y a 210 metros sobre el mar, aunque su torre sólo mide 22 metros. La torre en la Punta des Moscarter, sin embargo, figura en todas las listas de los faros más altos de España, listas en las que figuran faros que cuentan con una alzada de alrededor de 50 metros y de los que destaca la torre del de Chipiona, que supera al de es Moscarter en diez metros. 

Resalta también de esta señal luminosa a 93 metros sobre el nivel del mar, el hecho de que fue levantada en apenas 17 días, todo un récord en el historial de las obras públicas españolas. Eso sí, también hay que explicar que ello fue en el año 1976 y que su instalación se había aprobado una década antes, con el objetivo de poner una luz en el amplio tramo de mar a oscuras entre los faros de Tagomago y sa Conillera, toda la costa norte y noroeste. Fue uno de los faros propuestos en el Plan de Mejora del Alumbrado de 1967, como el de Barbaria en Formentera o el de sa Mola en Andratx, un plan con el que se decidió también aumentar la altura del faro de Tagomago y cambiar la apariencia diurna de algunas torres con bandas, espirales o rombos como los del faro de n’Ensiola, en Cabrera. La obras de la señal de Punta Moscarter no se salieron a subasta hasta 1974 y, finalmente y aunque levantado en 17 días, no entró en funcionamiento hasta un año más tarde del final de las obras. 

El faro fue un proyecto de Fernando Moscardó y Rafael Soler, un dato que puede leerse mil veces repetido al hablar de este faro pero en el que nadie suele detenerse. Fernando Morcardó, más que un nombre unido sin más explicaciones a los textos sobre el faro de es Moscarter, fue ingeniero jefe del Grupo de Puertos de Baleares en los 70 y 80 y suyo fue el proyecto por el que se amplió la vía de la antigua carretera de Santa Eulària y se construyó el denominado Muelle de Ribera de Poniente, donde quedó emplazado el tráfico entre las dos Pitiüses. Asimismo, fueron obra suya los pantalanes para los pescadores que se construyeron a principios de los 80 en La Savina. Pero, sobre todo, su nombre ha quedado unido a un plan que podría calificarse de megaproyecto, que pendió como una amenaza sobre un emblemático enclave de la isla durante décadas y que llegó a figurar en los presupuestos del Estado y en el Plan de Puertos para los años 1985-1990. Fernando Moscardó fue uno de los impulsores, y redactor del anteproyecto, de la construcción de un puerto industrial en sa Caleta, exactamente encima de las casetas varadero, encementando la mola de sa Caleta y prolongándose hasta es Codolar. Puertos de Balears se gastó diez millones de pesetas en un estudio (encargado a una empresa externa) que estimó el puerto “necesario” para la isla. Y tenía un presupuesto de 2.415.657.951 pesetas. El segundo artífice del faro de Punta Moscarter, el ingeniero Rafael Soler, por su parte, fue director de la Autoritat Portuària de Balears cuando ésta acababa de crearse y el impulsor de la exposición de señales marítimas instalada actualmente en el reconvertido faro de Portopí, en Palma. Fue el redactor de múltiples proyectos en los puertos de las islas desde los años 60, como los muelles comerciales del puerto de Vila, en 1989, o las torretas para el balizamiento de la entrada al puerto de Sant Antoni. 

El faro de Portinatx, debido a su altura, parece temblar los días de tempestad, cuando las olas rompen contra el acantilado sin lograr alcanzar la espigada torre. Al caer la noche se enciende automáticamente y emite destellos aislados cada cinco segundos que pueden observarse a 18 millas náuticas de distancia (o sea, unos 33 kilómetros). Además de ser el faro más alto de Balears, esta señal para navegantes es remarcable porque fue la primera del archipiélago que incorporó a su linterna un sistema de alumbrado eléctrico mediante lámparas de haz de sellado, montadas en un hexágono giratorio, lo que en esos años 70 suponía un avance destacado en la evolución de las señales marítimas. 

LA CLAVE. FARO O BALIZA. A pesar de su aspecto, la torre que se encuentra en el rompeolas de Vila, conocido popularmente como es Muro, no es un faro, aunque lo fue en el pasado. Se trata de una baliza que indica la entrada al puerto y, por ello, su luz es hoy de color rojo, así como lo es su cúpula. Tampoco son faros la baliza de recalada del puerto de La Savina o la señal luminosa que se encuentra sobre el islote de s’Espardell. Y es que la principal diferencia entre un faro y una baliza es el alcance luminoso de su linterna, y ninguna de las tres citadas llega a las diez millas náuticas en las que se marca la diferencia. El faro de Botafoc, que hoy alcanza las 14 milla náuticas, también tuvo antiguamente un alcance nominal que hoy la catalogaría sólo como baliza. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

Anuncios
Publicado en Faros, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

La estrella blanca del diablo

los detalles de la flor con un objetivo de microscopio(b,radius11,smoothing4)_00001

detalles de la flor con un objetivo de microscopio

Es una planta discreta, con pequeñas flores que parecen estrellas blancas con corazones amarillos, que forma arbustos de un verde intenso y que crece por doquier entre el resto de la flora que cubre unos campos fértiles por las húmedas mañanas de invierno. Es una planta a la que no suele prestarse atención, pero la hierba mora (Solanum nigrum) es una especie peculiar con una larga historia detrás y que habría que conocer, al menos para saber que es tóxica, aunque, como suele ocurrir con la flora que contiene alcaloides potencialmente peligrosos, también ha sido usada por la medicina natural. 

Sus nombres más habituales en catalán son herba mora, morella vella, morella negra y pebre d’ase, pero en las islas es denominada, con mayor frecuencia, tomatera borda. Y lo cierto es que la hierba mora pertenece a la misma familia que los tomates. Su cáliz es como una pequeña campana de cinco sépalos sobre la que se asienta una corola blanca y estrellada, de seis a doce milímetros de diámetro. En su centro se observan las amarillas anteras de los cinco estambres, y en verde, se distingue el estigma. Esta flor guarda mucha similitud con la flor de la patata, lo cual no es de extrañar porque también con esta planta comparte familia, la de las solanáceas, un amplio grupo en el que se incluyen especies que son alimentos (la berenjena y los pimientos también lo son) y especies conocidas por su toxicidad como la belladona o el estramonio. Las flores se convierten en bayas oscuras del tamaño de un guisante y bastante tóxicas, sobre todo al madurar, cuando contienen mayor concentración de alcaloides como la solanina. De hecho, las referencias a casos de intoxicación señalan que muchas de ellas han podido producirse por confundir estas bayas con guisantes. Plinio, en su Historia natural, escribió de esta planta, usada por sus efectos psicoactivos, que “bastan algunas gotas de su zumo para perturbar la razón. Sin embargo, los autores griegos juegan con ella: según dicen, a la dosis de una dracma provoca imaginaciones lascivas, visiones fantásticas, que parecen reales; a dosis doble, una verdadera locura, y a cualquier dosis mayor, la muerte”. Y puede leerse en la entrada sobre Solanum nigrum en el libro ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’, de Pio Font i Quer. Lo cierto es que Plinio podría referirse a S. villosum, que algunos autores consideran una de las variedades más extendidas de S. nigrum mientras que otros la diferencian de tal modo que podría tratarse de una especie distinta. Cuestiones taxonómicas que a menudo resultan controvertidas y que a veces se reducen a tecnicismos poco prácticos aplicados a la divulgación. 

El profesor de antropología cultural Josep María Fericgla, en un trabajo titulado ‘Enteógenos en el Mediterráneo’, incluye esta planta entre las que tienen propiedades psicoactivas y eran empleadas antiguamente en la cuenca mediterránea. Lo más interesante del estudio es que asegura haber recogido, en la isla de Mallorca, testimonios de campesinos que secaban y guardaban las bayas, aunque no explica exactamente sus usos.  

Algunos expertos aseguran que apenas seis bayas de esta planta pueden resultar mortales para un adulto, a pesar de que la toxicidad y sus efectos dependen de múltiples variables más allá de la cantidad del veneno. En cualquier caso, esta planta de contrastes es citada en todas las listas de flora que hay que mantener lejos de perros, gatos y niños. Hay que tener en cuenta, asimismo, que su veneno puede ser efectivo a través de la piel, por lo que tampoco es conveniente tocarla. Y, a pesar de todo ello, y por sus propiedades narcóticas, la hierba mora se ha empleado tradicionalmente como analgésico, así como para tratar afecciones de la piel. Asimismo, en algunos lugares del mundo, como en las Antillas, se ha cultivado para consumir sus hojas como si fueran espinacas (previamente hervidas para eliminar la efectividad de sus componentes tóxicos). 

Existen diversas variedades de esta especie y cierta confusión entre ellas. Actualmente, muchos expertos consideran que S. nigrum y S americanum son una única especie. Y tanto ella como sus variedades se encuentran en la lista de casi 200 plantas cuya venta está prohibida en España (orden SCO/190/2004 de 28 de enero), aunque no parece haber necesidad de adquirirla dada la abundancia que de ella se encuentra en prados y sembrados. 

A la hierba mora también la conocen como tomatillos del diablo o solano negro, y se ha extendido, asilvestrada, por buena parte del globo terráqueo. En las islas es abundante en campos de cultivo, en campos abandonados, en márgenes de caminos y en torrentes. Los únicos terrenos que esta planta no coloniza son los humedales salinos. Como curiosidad, la denominación del género Solanum parece provenir del viento solano, que sopla del Este, tal vez por la forma de estrella de su flor o por antiguas leyendas que cuentan que esta planta, al igual que el influjo continuo de ciertos vientos, puede inducir a la locura. 

LA CLAVE. UNA PLANTA DE CONTRASTES

La hierba mora es citada en todas las listas de flora que hay que mantener lejos de perros, gatos y niños. Sin embargo, al mismo tiempo que es considerada un veneno y un potente psicoactivo, también se ha empleado como analgésico y en algunos lugares del mundo sus hojas son consumidas como si fueran espinacas. 

Publicado en Flora de Eivissa y Formentera, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

La seta que llega con el invierno

Fredolics fotografiados en la zona de es Puàs de Santa Agnès

fredolics fotografiados en la zona de es Puàs, en Santa Agnès.CAT

El invierno ha llegado. Y con él los bosques y campos pitiusos cambian su aspecto. A ras de suelo también se producen relevantes transformaciones que a menudo pasan desapercibidas pero que son evidentes y también importantes para botánicos, micólogos y buscadores de setas aficionados. Y es que acaba la temporada de pebrassos (níscalos) y las setas de otoño dan paso a las de invierno, a los hongos que fructifican cuando baja la temperatura. Y entre estas setas de invierno destaca el fredolic, posiblemente la más conocida de este grupo invernal, lo que ya indica el hecho de que tenga variados nombres populares como brunets, esteperols, grisetes, negrets o gírgola d’estepa. El nombre de fredolic, probablemente el más extendido, hace referencia, de hecho, a su condición de seta de bajas temperaturas (del catalán fred). Y la especie a la que habitualmente se conoce con tal denominación es Tricholoma terreum, aunque, por extensión, reciben tal nombre otras especies del mismo género, muchas de ellas comestibles. En castellano, es conocida como ratón, negrito o negrilla por su color grisáceo, que tira a un tono más oscuro, a veces negro, hacia el centro del sombrero. 

Carlos Constantino, responsable de la sección de micología del Museu Balear de Ciències Naturals, explica que pueden diferenciarse tres etapas en la época de setas y que se suceden según van bajando los grados. Las primeras en llegar, tras el verano e incluso durante esta estación, son las setas llamadas termófilas, que soportan grados que la mayoría de las setas no toleran, y que en las islas están bien representadas por lo que despectivamente se llaman pixacans, como el Boletus aereus y otros dentro de la misma familia. “Y éste también ha sido un buen año para los pixacans”, señala Constantino, que destaca que, en general, ha sido una estupenda temporada de setas. Posteriormente, con el otoño y después de las lluvias, llegan ya los especímenes más conocidos y apreciados, los del grupo taxonómico Russulaceae (las rusulas), en el que se encuentra el género Lactarius, al que pertenecen los codiciados pebrassos (níscalos en castellano y esclata-sangs para los mallorquines). Finalmente, cuando ya los pebrassos no aguantan el frío, cuando el otoño da paso al invierno, muchos consideran que la temporada ha finalizado, pero lo cierto es que hay una tercera ofensiva. Es el momento en el que reinan estas setas de sombrero gris, grueso e irregular, que pueden formar grupos, crecen en los pinares y reciben su nombre más popular por llegar con el frío. 

Sin embargo, no sólo hay fredolics en el grupo de setas tardías y Carlos Constantino destaca también la presencia en Balears del popularmente conocido como picornell pelut o lengua de vaca (Hydnum albidum), una especie blanca y comestible. Por otro lado, tampoco hay que omitir que existen especies que pueden encontrarse en los bosques incluso en verano, como es el caso de algunas de las que brotan en los troncos de los árboles caídos. 

El presidente de la sección de micología del museo de ciencias balear ha realizado recientemente una serie de prospecciones micológicas en las islas de Eivissa y Formentera acompañado por expertos de las universidades de Barcelona y Alcalá de Henares y los micólogos más reconocidos de Balears, como Josep Siquier y Joan Carles Salom. Estos estudios se realizan periódicamente desde hace ocho años y alternándose las distintas islas. En esta ocasión le ha tocado a las Pitiüses, donde, según señala Constantino, se han recogido “cosas interesantes” que deberán analizarse en los próximos meses. Sin embargo, este grupo de micólogos esperaba encontrar en Formentera algún ejemplar de una especie de momento sólo citada en esta isla, en troncos de sabina, pero esta vez no ha podido hallarse. En Balears, afirma, se han citado alrededor de 2.100 especies de setas y hongos, aunque tal cantidad no representa una especial riqueza micológica si se tiene en cuenta que se calcula que en el mundo existen “millones de especies”. Cada año se encuentra algún ejemplar nuevo. También en Balears. 

LA CLAVE. POSIBLES CONFUSIONES 

La especie Tricholoma terreum es ampliamente conocida y es poco probable que personas con cierta afición a los bosques y a la búsqueda de setas confundan el color blanco roto del pie y las láminas y el gris del sombrero de esta seta con ninguna otra. Sin embargo, el responsable de la sección micológica del Museu Balear de Ciències Naturals señala que el fredolic podría confundirse con algunas especies del género Inocybe que pueden resultar tóxicas por contener muscarina (el mismo alcaloide que la famosa Amanita muscaria, la seta roja con manchas blancas representada en los cuentos infantiles y que no está citada en las Pitiüses). En cualquier caso, ante cualquier posible duda, la mejor recomendación que puede ofrecer un micólogo es no coger la seta. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

Publicado en Flora de Eivissa y Formentera, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

La luz de babor

Un llaüt pasa junto a s'illa Negra

un llaüt pasa junto a s’Illa Negra.CAT

Cristina Amanda Tur. La entrada al puerto de Eivissa está señalizada por dos luces. A estribor se enciende, noche tras noche, la luz verde del espigón del dique de es Botafoc. Y a babor, la luz roja de la marca lateral que corresponde al sistema de balizamiento de esta parte del mundo alumbra, al caer el día, a los navegantes que arriban a la ciudad y les indica la entrada correcta a puerto. Es la luz de babor. Y está instalada sobre s’illa Negra, una pequeña roca bajo la ladera de es Soto Fosc, al sureste, entre la Punta de la Mar Loca y la caleta de s’Arany, una zona que décadas atrás era frecuentada por los muchachos de Dalt Vila y los alrededores. La baliza roja fue instalada en el año 2004, después de que se construyera el dique de es Botafoc y fuera necesario situar, enfrentada a la luz que se colocó en su extremo, la segunda luz que balizara la antedársena de Eivissa.  

S’illa Negra, aunque no parece destacar mucho desde la costa, de la que dista menos de 200 metros, se revela menos pequeña al acercarse a ella en llaüt. Dibuja una ladera inclinada hacia el sur, está cubierta por un manto verde y en uno de sus lados, mirando a tierra, se ha fabricado un diminuto muelle de cemento para amarrar la embarcación en la que puedan arribar los técnicos en señales marítimas que deben vigilar el buen funcionamiento de todas las balizas y faros de Eivisa y Formentera. Y s’illa Negra no es el único islote del litoral pitiuso que recibe tal nombre, el mismo que el séptimo álbum de Las aventuras de Tintín y Milú, sólo que en el cómic de Hergé, la isla es realmente oscura y su nombre parece así tener mayor sentido. Son rocas negras también las que conforman la Isla Negra bautizada por Pablo Neruda. Sin embargo, las islas negras que pueden encontrarse alrededor de las Pitiüses no resultan ser muy sombrías. Y s’illa Negra con la luz de babor no debe confundirse con ses illes Negres que se encuentran al oeste de s’illa des Penjats y de las que se extrajo la piedra de marés con la que se construyeron los cantos, las aristas, de los baluartes del proyecto del ingeniero italiano Giovanni Battista Calvi; en los de Sant Bernat o Sant Jordi pueden observarse estas piezas, diferentes al resto de los muros. Entre los topónimos pitiusos no es infrecuente el color negro como sustantivo, y existe incluso Cala Negra, en la zona de Pou d’es Lleó, y las Puntes Negres en Formentera. Al menos cinco cuevas se denominan así, incluida la que se encuentra sobre la superficie del agua bajo la urbanización Club Delfín (en sa Punta Negra). Esta cueva, a la que puede accederse navegando con una embarcación pequeña, destaca por la luminosidad que reflejan sus aguas turquesa, no por su oscuridad, a pesar de tratarse de una caverna.

sa Corbeta, es Maalvins y Formentera desde el baluarte de Sant Jordi

sa Corbeta, es Malvins y Formentera desde el baluarte de Sant Jordi.CAT

Pero si s’illa Negra, la que guarda la marca lateral de babor, tiene conexión con algún otro punto geográfico con el que comparta nombre, es con otro pequeño islote, alargado, escorado al noroeste y a 200 metros de la costa, que se encuentra muy cerca, bajo la Punta del Calvari y de es Salt de s’Ase, un punto que antiguamente era conocido como s’illa Negra del Sud o s’illa Negra de Ponent. Un buen día, sin embargo, amarraron a sus rocas una corbeta bautizada como ‘Josefa’ y, desde entonces, prosperó el nombre de sa Corbeta o s’illa de sa Corbeta para hacer referencia a este pedazo de tierra que forma parte del conjunto de pequeños islotes que pueden encontrarse desde el puerto de Eivissa hasta el inicio de es Freus. La citada corbeta, un buque para la guerra, fue construida en el año 1860 allí mismo, en es Salt de s’Ase, donde en el siglo XIX existieron unos astilleros. 

Respecto a los otros islotes que pueden verse en la zona,  justo al sur de sa Corbeta y dejando, a medio camino, s’illa de ses Rates cercana de la costa, se alejan es Malvins, es Malví Pla, es Malví Gros, sa Xella Grossa y sa Xella Petita, a 177 grados del faro de es Botafoc y a aproximadamente una milla y media de distancia. A su extremo este se observan es Dau Gros y es Dau Petit, donde, el 11 de julio de 2007, el ‘Don Pedro’ encontró su final como buque para convertirse en pecio. Y aún más al sur, la última isla frente a Platja d’en Bossa y antes de llegar a es Freus, se divisa s’Esponja, a 2,2 millas del faro. Desde los baluartes de Eivissa, la perspectiva de la situación de estos islotes, con Formentera al fondo, es inmejorable. 

LA CLAVE. EL CHOQUE DE LOS RÁPIDOS DE FLEBASA

Aunque los islotes situados en la zona de es Freus son más conocidos, más grandes y más espectaculares y dos de ellos albergan dos históricos faros, entre el puerto de Vila y la Punta de ses Portes existe también un interesante conjunto de islotes y escollos con historias propias que contar. Algunos de ellos, como es Daus, son apreciadas zonas de buceo, y el islote de s’Esponja, a tres millas de la costa, fue testigo, el 28 de julio de 1991, de uno de los más sorprendentes accidentes marítimos que se han registrado en las islas. Ese día, el ‘Rápido de Algeciras’ y el ‘Rápido de Formentera’, de la compañía Flebasa, navegando en sentidos opuestos, colisionaron y 70 personas resultaron heridas. La Justicia fue incapaz de celebrar el juicio hasta una década después, y ni juicio ni sentencia aclararon qué pasó realmente ni cuál de los dos capitanes inició la serie de maniobras erradas, que los testigos calificaron de “pique” entre ellos, que acabaron con un enorme boquete en el costado de estribor del ‘Rápido de Algeciras’. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

 

Publicado en Historia, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El algarrobo en el siglo XXI

un poni come algarrobas en Sant Jordi

Cristina Amanda Tur 

Forma parte de la tríada arbórea del paisaje agrícola de las islas conectado a una economía de subsistencia de la población rural y que ha sobrevivido a los siglos convertida en una escena de postal. Si almendros, higueras o algarrobos desaparecieran de los campos pitiusos mientras estamos fuera de la isla, al regresar, no tardaríamos en notar su ausencia. Y el algarrobo, de los tres, es tal vez el que cuenta una historia más peculiar, una relación de amor y odio, de dependencia y olvido, a través de los tiempos y de las guerras. Más que ningún otro producto del campo ibicenco, su fruto, las algarrobas, formó parte esencial de una economía de supervivencia en tiempos de necesidad y no hubo niño durante la Guerra Civil y la posguerra que no conociera las farinetes de garrova. Un alimento destinado especialmente a la alimentación de caballos y ganado pasó a ser, por exigencias de la fatalidad, parte esencial de la dieta humana. Y si, durante décadas, la algarroba, por necesaria, fue un producto apreciado y bien pagado, que incluso fue el asunto de un crimen conocido precisamente como ‘el crimen de las algarrobas’, superada la carestía de alimentos se convirtió en un producto de tercera, aquello que nadie quería porque a todos recordaba años de penurias. 

De la pulpa dulce de la algarroba se fabricaba ya alcohol en el siglo XIX y los primeros datos de esta actividad que se conservan apuntan al siglo XIX y a una casa conocida como ca n’Obrador, en la parroquia de Jesús, según la información de la que dispone el Museu Etnogràfic d’Eivissa y que recoge en una de sus publicaciones divulgativas, ‘Ametlles, figues i garroves, fruits de subsistència’. Ya en el siglo XX, en los años 30, la empresa Industrias Agrícolas de Mallorca fundó una fábrica dedicada a la transformación de algarrobas en alcohol desnaturalizado. Estaba ubicada en lo que hoy es la Avenida España, y duró apenas una década, porque llegó una especie de ley seca y el producto pasó a estar prohibido a finales de los 40. En la actualidad, vuelve a fabricarse alcohol con algarrobas y se ha diversificado sobremanera la cantidad de productos de este fruto dulzón, de alto valor antioxidante y energético. Con él se preparan jarabes, harinas, bombones, helados, brownies, mousse, chocolate y otras variedades gastronómicas, muchas de ellas con nombres extranjeros; en tiempos de guerra y posguerra, poco podían imaginar los ibicencos que recogían algarrobas porque poco más tenían para comer que incluso algo llamado presuntuosamente ‘alta cocina’ iba a fijarse en esos frutos negros símbolos de escasez para convertirlos en distintivo de exquisitez. 

El ingeniero técnico agrónomo Jordi Serra explica que en la actualidad prácticamente toda la producción de algarrobas de las islas se exporta y se traslada a grandes procesadores en la Península que extraen y procesan el garrofín (las semillas de las algarrobas, que antiguamente también se usaban para hacer cortinas) “y cada vez más la pulpa”. La algarroba, destaca, es uno de los pocos productos agrarios que Balears aún sigue exportando; no toda la economía es turística. 

Sin embargo, reconoce que las plantaciones están envejecidas y que, al ser pequeñas, es más difícil competir. Además, se trata de un producto “de precio muy volátil” que marcan los grandes competidores de la industria agroalimentaria mundial, principalmente los productores de guar (Cyamopsis tetragonoloba), otra leguminosa como el algarrobo, que se cultiva en grandes extensiones de Asia. Este año, la producción de algarroba de Balears ha sido extraordinariamente grande porque los precios que se han pagado han sido los mejores en años. El alto precio, añade Jordi Serra, ha incentivado a los agricultores a recoger los frutos de árboles que probablemente llevaban muchos años sin ser cosechados. 

Las variedades más comunes de algarrobo en las Pitiüses se conocen con los nombres de Banya de cabra, Borda, Boval, Espanyola o Espanya, Fina, Matafalera, Orellona y Panesca. Jordi Serra señala que en el archipiélago existe más de una veintena de variedades, aunque también agrega que es una materia en la que no se ha investigado lo suficiente y que en las islas aún existe mucho material fitogenético que investigar. “Se trata de un cultivo muy antiguo, y que haya árboles machos, hembras y hermafroditas ha ayudado a que existan muchos ecotipos y muy particulares”. 

El cultivo del algarrobo, Ceratonia siliqua, se hizo extensivo en época árabe, pero se desconoce si se trata de un árbol autóctono. Almendro e higuera aún tienen una historia más antigua, porque ya se cultivaban, según las referencias históricas existentes, en el siglo I después de Cristo. Pero fue en el XVIII cuando las tres especies se empezaron a cultivar a gran escala, según puede leerse en el folleto ‘Ametlles, figues i garroves. Fruits de subsistència’, en el que se explica que el movimiento ilustrado impulsado por el primer obispo de la isla, Manuel Abad y Lasierra, y proseguido por el político Miguel Cayetano Soler, “supuso un importante cambio en la producción agrícola”. 

LA CLAVE. EL ELEMENTO E410

A aquel a quien le guste leer las etiquetas de los productos, le interesará saber que el aditivo E410, que se halla en multitud de productos como los helados, es un espesante y emulsionador cien por cien natural que se extrae de la harina de garrofín (las semillas del algarrobo) y que es posible que proceda de las partidas que exportan las islas y que contribuyen en gran medida a que España sea el principal exportador del mundo de algarrobas y sus derivados. Si el código que puede leerse en la etiqueta es E412 significa que el aditivo gelificante o espesante que se ha usado ha sido un sustitutivo más barato que se produce en grandes plantaciones de Asia, la goma guar, de las semillas de otra fabácea, Cyamopsis tetragonoloba. Hay que tener en cuenta, al menos quienes son alérgicos, que tanto el algarrobo como el guar son leguminosas.  

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2018/12/16/algarrobo-siglo-xxi/1035196.html

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

La mala reputación

DSC_3855muelle_00001_00001

patiamarilla fotografiada en los muelles pesquero.CAT

Cristina Amanda Tur (C.A.T.)

Es el ave marina más abundante en las islas, la que siempre está cerca, la que desciende a los patios de los colegios y a los contenedores de los mercados, la que se atreve a arrebatarte un pedazo de bocadillo de las manos si le das tiempo a tomar confianza, la que mayoritariamente sigue la estela de las barcas de pesca y la que merodea por los muelles con su intenso graznido y la agresividad de su mirada, con la que rastrea comida con perseverancia. La belleza de su plumaje blanco y gris, de su metro y medio de envergadura, de la fortaleza de sus alas y de su espléndido vuelo quedan diluidos por su omnipresencia; son tan familiares y hay tantas que parece resultar difícil apreciarlas. Se habla de ellas como una plaga y el Govern balear lleva años sacrificándolas intentando evitar la superpoblación. Pero las estampas marineras lo serían menos sin ellas y los atardeceres, cuando ellas regresan a sus dormideros en acantilados e islotes, serían menos poéticos. La gaviota patiamarilla (Larus michaellis en su nombre científico y gavina de peus grocs en su nombre popular en catalán) es un ave controvertida y a menudo injustamente menospreciada, aunque en los últimos años ha ido ganando para su causa a científicos dispuestos a defenderlas y a poner en duda el alcance de los daños que esta especie provoca, daños con los que se justifica, año tras año, su sacrificio. 

Años atrás, se consideraba una subespecie de la gaviota argéntea europea, muy similar morfológicamente pero diferente en la intensidad del amarillo del pico, en el anillo ocular rojo que muestran los ejemplares adultos de Larus michahellis y en el color de sus patas, rasgo que, al quedar las dos especies diferenciadas, prosperó como nombre popular. Se calcula, según los datos facilitados por la conselleria balear de Medio Ambiente, que puede haber, en todo el archipiélago, entre 18.000 y 20.000 gaviotas patiamarillas que, en realidad y para precisar aún más, son de la subespecie L. michahellis michahellis, la que habita en el litoral mediterráneo. Existen otras dos clases en la costa peninsular hasta Canarias y desde las costas gallegas hasta el País Vasco, y en los últimos años han colonizado humedales y ríos hacia el interior de España y diversas zonas hasta el Canal de la Mancha y Europa Central. 

La gaviota patiamarilla es una de las seis aves marinas nidificantes en las islas, pero la única de la que se considera que existe superpoblación y que está catalogada como una amenaza para la prosperidad del resto de las especies. Desde hace décadas, y sin que ninguna asociación animalista lo lamente, centenares de estas gaviotas son acribilladas a tiros en Balears, en puntos como el vertedero de Cala Llonga, con el objetivo de controlar así la población de una especie oportunista con un elevado éxito reproductor, muy adaptable a cualquier hábitat (aunque para criar prefiere acantilados e islotes como el resto del grupo de aves marinas), carroñera, pescadora y capaz de comer casi cualquier cosa, lo que tenga más a mano. Este sacrificio de ejemplares adultos es conocido con el término inglés culling. Y el plan Lilford, el último proyecto de conservacion de aves marinas del Govern, también incluye el culling en su programa, con el objetivo de eliminar el diez por ciento de la población de patiamarillas. La justificación de la medida es que estas vigorosas gaviotas depredan huevos o polluelos de otras especies que deben ser protegidas y que se incluyen entre las cinco que patrocina el plan Lilford (la gaviota de Audouin, el cormorán moñudo, la pardela balear, la pardela cenicienta y el paiño europeo). Sin embargo, la idoneidad de esta práctica para lograr los fines que persigue tiene cada días más detractores, que aseguran que los problemas que causa esta ave se han sobredimensionado y que destacan que no existen estudios que determinen que matar gaviotas patiamarillas redunde en mayor protección del resto de las especies. En este sentido, el biólogo Manolo Igual, del Grupo de Ecología de Poblaciones del Imedea (Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados) indica que la decisión de matar específicamente al diez por ciento de la población no está avalada por ningún criterio científico y hace referencia a una particularidad del comportamiento de las gaviotas que no se tiene en consideración al establecer planes de eliminación: “Ni matando miles de gaviotas un problema de este tipo se soluciona si quedan gaviotas especialistas, por ejemplo, en atacar virots (pardela balear)”. Y es que “las gaviotas son tan interesantes, que si bien es una especie generalista, los individuos pueden ser especialistas en un tipo de recurso. Es una manera de reducir la competencia intraespecífica”. De manera que es probable que sólo un pequeño grupo de gaviotas se haya especializado en depredar a otras especies y difícilmente será ese el que se elimine disparando a las aves en el vertedero.

Y es precisamente en ese lugar, en el escenario del plan de eliminación, donde se halla el verdadero problema. Tanto Manolo Igual como el también biólogo experto en aves marinas Miguel McMinn resaltan que la superpoblación de gaviotas revela un problema de gestión de residuos; la causa de que haya tantos individuos es la facilidad de encontrar mucho alimento en un vertedero al aire libre. El Grupo de Ecología de Poblaciones del Imedea ha estudiado el efecto de la supresión del vertedero de son Reus (en el invierno de 2009-2010) en la colonia del islote de sa Dragonera y se ha comprobado que, con menor disponibilidad de comida, los ejemplares disminuyen su tamaño y peso medio y en las puestas se reduce el número de huevos; si lo habitual son tres huevos, al reducirse el alimento, pasan a ser de dos o uno. Con los años, se espera una recuperación y un reajuste, y puede que se diversifique el tipo de alimentación, teniendo en cuenta, además, la capacidad de dispersión de la especie y los movimientos que realizan en busca de comida. De hecho, se han avistado gaviotas anilladas en sa Dragonera alimentándose en el vertedero de Cala Llonga, por lo que el cierre de este recinto podría añadir una nueva variable a los estudios con patiamarillas que se llevan a cabo en Mallorca. 

La gaviota patiamarilla paga el precio de su mala reputación, de su carácter agresivo y oportunista, de su capacidad de adaptación, en definitiva. Y, al final, su fortaleza se convierte en su debilidad, porque ser fuerte también tiene un precio. 

LA CLAVE. ELIMINAR EL VERTEDERO. Eliminar el vertedero al aire libre de Ca na Putxa es la medida que los expertos consideran necesaria para que la población de gaviotas Larus michahellis se reduzca y equilibre de manera natural, sin necesidad de acabar a tiros con los ejemplares adultos que allí se congregan en busca de comida. El ejemplo de lo que ocurrió en sa Dragonera cuando se eliminó el de son Reus permite augurar el éxito de tal solución. Y lo cierto es que el vertedero situado en Cala Llonga está pendiente de una remodelación (una planta de triaje) que lleva casi dos décadas de retraso y que debe ir acompañada de nuevos planes de gestión de residuos; la Unión Europea prohíbe los vertederos al aire libre e incluso ha amenazado con sancionar al Govern balear por mantener planes obsoletos. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2018/12/09/mala-reputacion/1033528.html

Publicado en Fauna de Eivissa y Formentera, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

La pequeña sombra de Batman

murciélago ratonero gris. Marco Antonio Yuste. Un proyecto de Ibiza Fotonatura

ratonero gris fotografiado por Marco Antonio Yuste (un proyecto de Ibiza Fotonatura)

Cristina Amanda Tur/Marco Antonio Yuste

Desde el reino de las tinieblas, con sus cartilaginosas alas sin plumas, villanos de mil leyendas y portadores de la rabia, los murciélagos podrían obtener sin esfuerzo el título del grupo animal más incomprendido y difamado del planeta. Y si la selección se realiza entre los mamíferos y teniendo en cuenta que, a menudo, estos animales son calificados como ‘ratas voladoras’, sólo en los roedores tendrían competencia, y siempre que se excluyeran ardillas, castores y conejos. Marginados por su rareza, cuenta un dicho popular que los mamíferos los consideran aves y los pájaros los creen mamíferos. El desconocimiento que aún existe sobre algunas de las especies y su preferencia por las cuevas y subterráneos (aunque no todos son cavernícolas) contribuye a su mito, y, sin embargo, vistos de cerca, los quirópteros resultan ser tan atractivos como necesarios, pequeños ‘batmans’ que libran al mundo de plagas. El biólogo Jordi Serra Cobo, especializado en este orden de mamíferos, explica que los murciélagos (ratapinyades) llevan a cabo “importantes funciones ecológicas, como por ejemplo la regulación de las poblaciones de insectos, algunos potencialmente transmisores de enfermedades”, por lo que su conservación “es capital para disminuir el impacto de las plagas forestales y agrícolas”. La mayoría de los quirópteros son lo que se denomina especies centinela, las que son capaces de proporcionar información sobre los cambios ambientales y epidemiológicos en el ecosistema. 

En Eivissa y Formentera se han citado hasta nueve especies distintas, de las 1.150 que actualmente están reconocidas en el planeta (y cada año se descubre alguna). De ellas, el ratonero gris ibérico, Myotis escalerai, tiene una historia singular, porque los ejemplares de esta especie, cavernícola y hábil voladora, eran considerados hasta fechas recientes murciélagos de Natterer (Myotis nattereri) y sólo a principios de este siglo se ha podido diferenciar, mediante estudios de biología molecular, una y otra especie. Aunque, según señala Serra Cobo, ya en 1904 el científico Ángel Cabrera “encontró pequeñas diferencias entre los murciélagos que se consideraban Myotis nattereri” y ya empezó a hablar de una especie distinta a la que dio el nombre de M. escalerai en honor al entomólogo Manuel Martínez de la Escalera. Sin embargo, no ha sido hasta el inicio del siglo XXI que se ha comprobado la diferencia genética que justifica reconocer una nueva especie. Es más, incluso existiría una tercera especie, habitante de las montañas del norte peninsular, que aún no tiene nombre. Y los ejemplares presentes en Balears, para reconducir la cuestión en clave isleña, son, sin duda, de la especie M. escalerai; así lo confirman los análisis genéticos realizados por el equipo del departamento de Biología Animal de la Facultad de Biología de la Universitat de Barcelona, del que Jordi Serra Cobo forma parte, además de haber fundado el Centre de Recerca en Infeccions Víriques de Balears. 

El ratonero gris es un murciélago de tamaño pequeño o medio y de pelo bastante largo, con una cara muy característica, ya que tiene el morro y la zona ocular de intenso color rosa, el hocico adelantado y algo afilado y unas orejas bastante largas, que se estrechan a media altura del borde externo, con cinco pliegues horizontales marcados ligeramente en el pabellón y un trago largo y puntiagudo con similar forma de lanza que la que muestra la oreja entera. Tiene otro par de características muy distintivas, que son unos pelos rígidos y encorvados en la franja externa de la membrana del ala que une las extremidades posteriores (el uropatagio; lo que parece una cola) y un espolón doblado en forma de ’s’ estirada que se extiende hasta esa zona de la falsa cola. En cualquier caso, lo cierto es que la especie difícilmente puede confundirse con otros murciélagos presentes en las islas. 

Serra Cobo destaca que los conocimientos sobre la biología de M. escalerai son aún escasos, pero se considera que es muy similar al taxón con el que antes se confundía. Se trata de una especie sedentaria y se conoce, “con la poca información de la que disponemos”, que realiza desplazamientos de corto recorrido entre los refugios de cría y de hibernación. “Hemos encontrado casos en los que en verano y en invierno ocupa salas con temperaturas diferentes de la misma cavidad”, añade el biólogo. Los conocimientos sobre su hábitat son muy importantes para la conservacion de la especie, por que es precisamente la destrucción y alteración de su medio la principal amenaza para los quirópteros en general y para las poblaciones de Balears en particular. Los murciélagos, especies protegidas y muy sensibles a los cambios, están en regresión en las islas por la invasión de sus cuevas y de los lugares en los que habitan, cazan o procrean (no todos son cavernícolas). El turismo y el auge de los deportes de aventura o el excursionismo han hecho que especies como el ratonero gris ibérico pierdan terreno. En el Llibre Verd de Protecció d’Espècies a les Balears, constituido por monografías de la Societat d’Història Natural de les Balears, Jordi Serra Cobo y el también biólogo Marc López-Roig firman un estudio sobre los quirópteros de Balears en el que puede leerse que la incesante presencia humana en las cuevas “ha incidido en la etología y la ecología de las especies, lo que se ha traducido en variaciones demográficas de las poblaciones y en cambios en la utilización del territorio. Así por ejemplo, cuevas frecuentadas por murciélagos hace unas décadas, ahora no son utilizadas debido a la elevada frecuentación humana y la degradación de las condiciones ambientales”. La concentración de individuos en un reducido número de refugios resulta una seria amenaza para la supervivencia de las poblaciones de quirópteros, que añaden, a la invasión de sus cuevas y como factores adversos, los efectos de los incendios forestales, la pérdida de guaridas por la resturación de casas de campo e iglesias, el cambio climático y la creciente urbanización. Asimismo, los biólogos indican que esta concentración de murciélagos supervivientes también puede tener importantes consecuencias epidemiológicas, ya que podría aumentar la probabilidad de colonias con virus que pueden afectar al ser humano. Vistas de cerca, las pequeñas sombras de Batman son más atractivas y se revelan muy importantes para los ecosistemas, pero también se descubren frágiles ante la amenaza de la actividad antrópica. 

LA CLAVE. LAS NUEVE ESPECIES. En las Pitiüses se han citado hasta nueve especies diferentes de murciélagos, y dos de ellas se han encontrado únicamente en Formentera: el murciélago de herradura grande (Rhinolophus ferrumequinum), que algunos expertos creen extinguido, y el murciélago de bosque (Barbastella basbastellus), uno de los quirópteros más raros de Balears. En las dos islas pueden observarse individuos del murciélago enano Pipistrellus pipistrellus, el más común de todos y el que más a menudo contemplamos al caer el sol y en zonas urbanas (es abundante cerca de las murallas de Eivissa), murciélagos de borde claro (P. kuhlii), murciélagos montañeros (Hypsugo savii) y de herradura pequeños (Rhinolophus hipposideros). Además, en la mayor de las dos Pitiüses también se han citado el murciélago rabudo (Tadarida teniotis), el orejudo meridional (Plecotus austriacus) y, por supuesto, el ratonero gris ibérico (Myotis escalerai), cuyos ejemplares presentes en las islas eran considerados de la especie Myotis nattereri, otro ratonero gris. 

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

Publicado en Fauna de Eivissa y Formentera, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario