El tambor y las rosas radiales

tambor moderno que imita un motivo antiguo. obra del luthier Xicu Bufí

tambor moderno que imita un motivo tradicional 

Las falsas rosas de los vientos, rosas radiales, de seis o de ocho puntas, y los jarrones con flores son los elementos más repetidos en la decoración de los tambores que usan los sonadors de las Pitiüses. Son motivos que a menudo también pueden encontrarse en otros objetos como cajas o ruecas. Pero no son exclusivos de los tambores de las islas, según destaca el experto en cultura popular Toni Manonelles, que desmitifica supuestas singularidades de los instrumentos propios del folclore pitiuso y asegura que estos motivos decorativos, muy sencillos y adecuados para manos con poco talento artístico, también pueden encontrarse “en Centroeuropa, Escandinavia y en todas partes”. Al igual que el propio tambor, que, dejando a un lado teorías más románticas y menos lógicas, llegó a las islas desde el Norte y con la conquista catalana. La única particularidad que podría atribuirse a un elemento hoy tan característico del folclore ibicenco es que, si bien en otras latitudes se usan otras maderas, el auténtico tambor pitiuso, su cuerpo, es habitualmente de pino Pinus halepensis, pi bord, probablemente por ser la materia prima más fácil de hallar.
Y se construye, según el método tradicional, vaciando el pedazo de tronco escogido, lo que requiere paciencia y habilidad para que no se rompa. “Haces el tambor demasiado grueso y pierdes vacío para sonar y tienes un espacio perdido; en cambio, si lo haces demasiado delgado, se rompe y se deforma, por lo que tienes que buscar justo el límite entre una cosa y la otra con el fin de optimizar el proceso de fabricación y, naturalmente, el sonido”. Así sintetizaba Manonelles la cuestión primordial de la construcción en las V Jornades de Cultura Popular de les Pitiüses, organizadas por la Federació de Colles de Ball i Cultura Popular d’Eivissa i Formentera. Los tambores mallorquines, sin embargo, no están hechos de una sola pieza (excepto los más antiguos) sino de una chapa de madera de almez (lledoner), mucho más flexible que el pino.
Además, cada sonador solía fabricarse su propio tambor, a diferencia de lo que ocurre con las flautas, que requieren una mayor especialización. “La gente tenía bastante maña y era más partidaria de fabricar aquello que podía hacer ella misma antes que comprarlo”, resalta el experto. A pesar de su relativa sencillez, un tambor es mucho más que un trozo de tronco vaciado y cubierto con una piel, ya que tiene al menos otros siete elementos imprescindibles para definir su sonido, como el brunyidor, la clàvia, el vergueró o els estrenyedors y cordelles. Y todos requieren cierta pericia y materiales diversos, entre los que habitualmente se incluían el cáñamo, la adelfa o la pitrera (se empezó a utilizar cuando esta planta, Agave americana, se introdujo en las islas). Y se usaba cal, a menudo con ceniza, para preparar las pieles.
Un tambor es un instrumento que suele tener unos veinte centímetros de diámetro y es inseparable de la flauta cuando lo usan los sonadors, tradicionalmente hombres, aunque suena solo si lo utiliza un cantador. Es una pieza muy asociada al folclore de las islas a pesar de que su uso, en construcciones muy similares, está muy extendido en la Península y el resto de Europa.
En la actualidad, los tambores han evolucionado a otro tipo de decoración, más allá de los elementales motivos vegetales y geométricos, con tonalidades únicas, que se pintaban en los instrumentos más antiguos, igual que tornos y brocas sustituyeron a gubias y otras herramientas para el vaciado del tronco. A finales del siglo XIX ya se usaban algunas calcomanías y empezaron a decorarse instrumentos con recortes de madera con los que se hacían ya dibujos grabados. También a finales del XIX se usaron ya latas, láminas de acero recicladas de recipientes de bebida, que, dispuestas alrededor de la madera, le dan, según destaca Toni Manonelles, un acabado especial.

Sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

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El rojo y el negro

DSC_6376_1918la bóveda de medio cañón de la capilla

la bóveda de medio cañón de la capilla de Benirràs

Cristina Amanda Tur.- En la base de la bóveda, un escudo data la construcción de la capilla en 1690. Probablemente es el año en la que fue finalizada y decorada con esgrafiados que representan motivos florales, aves, ángeles, escudos y perros. Las iniciales IHS que pueden leerse en el centro de las insignias, rojas y negras, de la bóveda de medio cañón informan de que estaba dedicada al Santo Nombre de Jesús, a Jesús Salvador de los Hombres (IHS es el monograma de Iesus Hominum Salvator). El cuadro negro central, más grande que el resto, y los cuatro de los laterales llevan todos este cristograma, mientras que los otros cuatro tienen superpuestas las letras M y A del nombre de María.

DSC_6411_1801detalle de la vuelta del arco

detalle de la vuelta del arco

Y si bien gracias a un escudo conocemos que esta capilla, la capilla de Benirràs, más conocida popularmente como la capilla Pintada, fue construida en 1690, desconocemos por qué razón sus exquisitas pinturas fueron, en algún momento, encaladas y ocultadas. Con el paso de años y siglos, sal y humedad fueron corroyendo las imágenes bajo la cal. Hasta que, a mediados de los 90 se destaparon y la antigua capilla destinada a mujeres (que podían acceder al lugar por una discreta puerta que daba al patio y que aún se conoce como la porta de ses Dones) recuperaba su esplendor. En el proyecto de restauración, desarrollado en tres campañas desde 1995 a 1997, participó el Getty Conservation Institute (GCI), que, de hecho, promovió la rehabilitación y que conoció la existencia de las pinturas murales de Sant Miquel gracias a la intervención de un matrimonio americano residente en Los Ángeles que había vivido antes en la isla. La capilla ibicenca dio al GCI (una organización con sede en Los Ángeles que trabaja en todo el mundo por la preservación del patrimonio cultural mundial) la oportunidad de probar nuevas técnicas para el rescate de pinturas murales tapadas. Y se convirtió, asimismo, en una magnífica práctica para estudiantes del curso de conservación del Courtauld Institute of Art de la Universidad de Londres. Cooperación inglesa y americana para una pequeña capilla del norte de Eivissa.
Poco a poco, las pinturas ocultas fueron saliendo a la luz, con las formas sinuosas de hojas y flores, de grandes claveles en los muros y de espigas que surgen de jarrones en la vuelta del arco de entrada, con sus escudos y los nueve rombos de la bóveda que recuerdan a Jesús Salvador de los Hombres y a la Virgen María. También salió a la luz un rosetón en el muro interior y se recuperó el zócalo, de fondo gris y con figuras octogonales, cuadrados y cruces grabados en blanco, que parece simular un embaldosado.
La capilla Pintada, inicialmente dedicada al Santo Nombre de Jesús, pasó a estar dedicada a San José cuando la cofradía del Santo Nombre de Jesús (de la que formaban parte muchos miquelers y que la había auspiciado) perdió su relevancia. Hoy se encuentra bajo la advocación del Corazón de Jesús.

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De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/cultura/2018/02/11/rojo-negro-iglesia-sant-miquel/969304.html

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Un universo en torno al agua

DSC_6188_1982Es Pouet (1)

Es Pouet, en la bahía de Sant Antoni, da nombre a la playa

Cristina Amanda Tur
Mucho más que proveedores de agua, pozos y fuentes ocupan un lugar destacado en el universo mágico, tradicional y cultural de las Pitiüses. Recurso básico y limitado, el agua, en su vertiente mágica, está relacionada tanto con los incansables fameliars como con los revoltosos barruguets, habitantes de pozos, fuentes y torrentes que rompían molinos o impedían subir cubos llenos si no se les dejaba queso y pan sobre el brocal. Pozos, fuentes, y todo el conjunto de elementos que los acompañan, como aljibes y acequias, forman parte de un patrimonio, toda una cultura del agua, pensado para aprovechar al máximo aguas subterráneas y aguas de lluvia, antes de que se agotaran por la sobreexplotación y hubiera que recurrir a desalar agua del mar. Símbolo de vida y regeneración en muchas culturas en muy diversos lugares del mundo, no es tampoco de extrañar que fuera alrededor de estos ingenios para el aprovechamiento del agua que se celebraran fiestas populares tras las cosechas de los meses de verano, una tradición que las colles de ball pagès se han esforzado en recuperar. Actualmente, se celebran ballades en más de una veintena de pozos y fuentes.
Tan importante fue antaño el agua, que se usaba una oración para pedir lluvia (Ad Petendam pluviam) y en Eivissa y Formentera, de forma similar a otras muchas regiones cristianas, se celebraban procesiones que salían de las iglesias reclamando aguaceros a Dios. Es un dato que puede encontrase en el libro que recoge las charlas de las XIII Jornades de Cultura Popular de les Pitiüses, dedicadas a los usos del agua en las islas. Hay que señalar que tal rogativa sigue existiendo (el año pasado, por ejemplo, la archidiócesis de Burgos emitió un decreto Ad petendam pluviam para que todos sus sacerdotes imploraran la lluvia en todas sus misas).
“Pozos y fuentes de las Pitiüses no son simples elementos patrimoniales esparcidos en campos, bosques e incluso en playas de las islas, sino parte integrante de un territorio y un contexto cultural que se ha de estudiar en conjunto”. Así puede leerse en el Inventari del patrimoni hidràulic de les Pitiüses, realizado por el arquitecto Juanjo Serra por encargo del Consell d’Eivissa i Formentera. Serra recoge, en los tres tomos del inventario, hasta 250 ejemplos de estas obras. Y aunque algunas de ellas están protegidas como bienes patrimoniales, al menos en teoría, considera que debería existir una “protección generalizada” que incluyera todas las piezas aún existentes, muchas abandonadas, ya secas y muy deterioradas.
LAS DIFERENCIAS

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FONT DES VERGER. EL TORRENTE DE SES FONTS
De este manantial, siempre vivo, se extrajeron las cubas que hicieron falta para preparar el mortero de cal y arena empleado en la construcción de la iglesia de Sant Josep, en la primera mitad del XVIII. En sa font des Verger, en el torrente de ses Fonts, se ha mantenido la tradicional ballada pagesa asociada a fuentes y pozos, aunque si antiguamente la fecha escogida para tal ceremonia era el 5 de agosto, festividad de Santa María de las Nieves, en los últimos años el día elegido a lo largo del mes de agosto no ha sido tan preciso. La ballada en esta fuente iba acompañada, además, de un peculiar mercado de frutas en el que se vendían, al atardecer, las manzanas que habían sido recogidas durante la mañana en el mismo torrente.

Hay que distinguir pozos y fuentes, aunque, a menudo, por sus similares elementos externos, por su estructura cubierta, puedan parecer lo mismo; el pozo es una excavación vertical en el terreno para extraer agua de la capa freática y la fuente, en cambio, es un sistema para aprovechar las aguas vivas que brotan a la superficie en un manantial, normalmente en el lecho de un torrente. A menudo forman parte de complejos sistemas hidráulicos y su estudio no puede desvincularse del de acequias, aljibes y albercas. Y suelen disponer de pilas (a veces piedras de molino recicladas) para dar de beber a los animales o para lavar. Además, a pozos y fuentes hay que añadir una tercera tipología, el qanat, un sistema de captación de agua introducido en la isla por los musulmanes en el siglo X y que consiste en una conducción para el regadío que parte de un pozo inicial para captar agua subterránea y funciona por la simple fuerza de la gravedad. Aunque muchos expertos lo consideran un tipo aparte, lo cierto es que los que existen se denominan popularmente pozos y eso es lo que parecen a simple vista. La diferencia es cuestión más bien técnica.
Muchos pozos y fuentes, que han dado nombre a fincas e incluso vendes, eran de uso público y existían comunidades de regantes que gestionaban los turnos para irrigar los huertos. Los pozos más antiguos (el pou des Verro, en Formentera, ya está documentado en el siglo XIII) no tenían polea y el brocal era descubierto, con un parapeto, con la parte frontal abierta, y un travesaño empotrado en la boca del pozo para poder sacar agua. Hay dos tipos distintos, los que tenían un parapeto que se levantaba poco más de medio metro y el modelo más evolucionado con paredes más altas, que a veces medían más que una persona de tamaño medio, lo que ofrecía mayor protección frente a posibles caídas accidentales e impedía mejor que el agua se ensuciara. Con los años, se fueron cubriendo y se instalaron poleas, pero esto no sucedió hasta finales del siglo XIX, por lo que la mayoría de los pozos cubiertos que actualmente quedan en pie son las versiones de esa época, a pesar de que las excavaciones de las que se extraía ya agua puedan ser más antiguas y muchos conserven los travesaños de madera que nunca fueron cambiados por poleas. Del primitivo pozo descubierto con brocal bajo se pasó al pozo de brocal alto, y, finalmente, se generalizaron los brocales cubiertos (o capillas) en el siglo XIX. Los puntos de captación de agua de las fuentes también se cubrieron con capillas, aunque, según señala Serra, suelen ser, en general, de menor tamaño que las que resguardan pozos. Tal sutil diferencia no impide que a veces, a simple vista, pozos y fuentes se confundan. Hoy muchos pozos se han secado y otras tantas fuentes han dejado de brotar o ya no se utilizan. Han pasado a ser testimonio del pasado y un patrimonio que, según destaca el arquitecto, merece ser salvado y recuperado antes de que sea tarde para poder hacerlo.

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FONT DE BALÀFIA. EJEMPLO DE RESTAURACIÓN
Esta fuente de Sant Llorenç está adaptada tanto al suministro de agua para el consumo humano como a su uso como abrevadero y también para el aprovechamiento agrícola. Es una de las fuentes más conocidas de la isla, por hallarse cerca de las torres de Balàfia y por su ejemplar restauración y mantenimiento. Cada mes de agosto, en la plaza se celebra una tradicional ballada pagesa y una antigua historia cuenta que cuando uno de los miembros de la comunidad de regantes moría, el resto, para recordarlo, no encalaba la fuente durante todo un año. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 2010.

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POU D’ALBARQUETA. ENTRE DOS TIERRAS
También restaurado, este pozo se encuentra muy cerca de los límites entre Sant Llorenç y Sant Miquel. Cuenta una leyenda que los tradicionales bailes populares dejaron de celebrarse frente a él porque los mozos de uno y otro pueblo no paraban de disputarse a quién correspondía el primer baile de la jornada. Tras su restauración, el pou d’Albarqueta vuelve a estar en el circuito y en su reconstruida plaza se celebra una ballada pagesa en el mes de agosto.Una de las particularidades de este pozo es el prisma cuadrangular de su pila, fabricada de un bloque de piedra marés.

DSC_6023_1973pou des Rafals

POU DES RAFALS. UN EJEMPLO ANTIGUO
Este pozo, situado muy cerca de la carretera que une Sant Agustí con Sant Antoni, es un buen ejemplo de pozo antiguo, con el brocal alto y descubierto con una abertura frontal protegida por varios travesaños de madera de sabina. El brocal, curiosamente, es asimétrico, tal vez porque se rompió y nunca volvió a repararse. En la restauración de este pozo se mantuvieron todas estas particularidades y se optó, sencillamente, por consolidarlo y limpiarlo. Y también en este lugar se celebra una festa pagesa; el primer domingo de septiembre.

DSC_7387_1959pou de Corona

POU DE CORONA. EL POZO DE BALÓ
Situado a menos de un kilómetro al oeste de la iglesia de Santa Agnès, este pozo fue el más importante del pueblo. La capilla que lo cubre tiene como particularidades sus grandes dimensiones y su remate piramidal. También es conocido como Pou d’en Baló porque se encuentra justo abajo de Can Baló, la finca familiar de un conocido criminal de los años 20. Baló mató a su hermana y , según su leyenda, provocó tal temor en la Eivissa rural de la época que por su culpa las puertas de las casas se empezaron a cerrar con llave.

 

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Desde las profundidades

DSC_3656_1929mariposa marina hallada en es Niu de s'Àguila y fotografiada sobre posidonia para resaltar sus detalles

mariposa marina hallada en es Niu de s’Àguila y fotografiada sobre posidonia para resaltar sus detalles y su tamaño

Cristina Amanda Tur.-
Son habitantes de mar adentro. A veces, los temporales los arrastran hasta las costas y quedan varados en playas y calas. Ellos o, preferentemente, sus despojos, pasan a formar parte de lo que se conoce como restos de arribazón, en los que se incluyen los montones de hojas muertas de posidonia o las medusas que llegan con el oleaje hasta las orillas, donde muchos crustáceos y aves hallan su alimento. Y entre estos restos, en ocasiones podemos hallar una extraña forma gelatinosa y translúcida con una parte redondeada y estriada que, al darle la vuelta, puede parecer una barca, y que tiene una especie de cola dentada. Es como un pequeño y reluciente renacuajo extraterrestre de cuatro o cinco centímetros. En realidad, es la pseudoconcha de un morador de las zonas profundas de altamar que durante los meses de invierno asciende a aguas someras. Se trata de una mariposa marina, un molusco gasterópodo del orden de los opistobranquios, un cymbuliido, concretamente Cymbulia peronii.
Este animal pelágico forma parte del plancton, que, aunque está prioritariamente constituido por organismos microscópicos, también cuenta con toda una serie de especies que son observables a simple vista y que conforman el macroplancton. Además, según explica el biólogo Xavier Mas, que ha trabajado con plancton gelatinoso en el centro balear del Instituto Español de Oceanografía, estos opistobranquios son animales que pasan todo su ciclo vital integrando el plancton (lo que se conoce como holoplancton); en muchas ocasiones, los organismos solo integran este conjunto de vida flotante en la columna de agua durante su fase larvaria.
Las referencias de la llegada a las playas de Eivissa de los restos de esta mariposa marina son escasas y, curiosamente, apuntan a la zona de Poniente. Xavier Mas recuerda haber visto las características y singulares pseudoconchas gelatinosas en Cala Carbó y Cala d’Hort. Y han sido vistas en es Niu de s’Àguila (donde fue hallado el ejemplar de la fotografía, que mide cinco centímetros). Hay que señalar, sin embargo, que es probable que algunas de estas conchas cartilaginosas que caracterizan a la familia Cymbuliidae lleguen y desaparezcan sin ser vistas, ya que no es fácil fijarse en su extraña presencia, de tamaño discreto y que puede confundirse con los restos de alguna especie de medusa. Únicamente al observarlas de cerca se revela toda la excepcionalidad de estas pseudoconchas transparentes de bordes de sierra.
Esta concha, que es cartilaginosa en lugar de carbonatada como la de otros moluscos, es interna, y el aspecto en vida del animal transparente que la posee no varía demasiado. Es como una medusa o un ctenóforo con unos apéndices similares a alas (parapodios) y con los que parece volar en el agua como las mariposas en el aire. Pero las amplias expansiones laterales suelen haber desaparecido ya cuando los restos arriban a las playas. Y si ver la cáscara es ya poco habitual, ver al animal vivo, es una rareza.
Xavier Mas asegura que muchas de las citas de la presencia de esta especie en las costas mediterráneas se producen durante la primavera y a principios de verano, “coincidiendo con el varamiento de la barqueta de Sant Pere (la medusa Velella velella)”. Puede localizarse en las playas “después de un fuerte temporal que haya soplado durante unos cuantos días en la misma dirección”. Este organismo, que llega a vivir dos años, fue descubierto y clasificado hace ahora un siglo, el nombre del género proviene del latín cymbula (pequeña barca) y el de la especie está dedicado al naturalista y explorador francés François Péron, que también da nombre a un parque nacional en Australia.

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El embarcadero del Colorado

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Amarrador al atardecer. A la derecha se observa la ‘almena’ caída

Cristina Amanda Tur
Cualquiera de los escollos que existen a lo largo de la costa pitiusa puede tener nombre propio, aunque su tamaño sea tan pequeño que llamarlo islote resultaría exagerado; si bien técnicamente sería correcto. Y los 300 metros de arenas blancas y aguas turquesa de Cala Tarida poseen tres de estos escollos con nombre en la misma bahía. De Norte a Sur, encontramos sa Sabata, s’escull Pla y s’Amarrador, y los tres y algunas rocas que se encuentran junto a ellos forman un conjunto conocido como els esculls de Cala Tarida. Los dos últimos, muy cercanos, parten la playa, crean en su mitad una pequeña rada y forman un triángulo con una tercera roca central que es en comparación tan insignificante que parece ser que no tiene un nombre individual. Este triángulo es el punto de partida, la referencia, para alcanzar buceando los restos de una avioneta que años atrás, en el año 2004, se hundió en la bahía, a unos 300 metros de la costa y a menos de diez metros de profundidad. Era una avioneta publicitaria de la que hoy apenas quedan la cabina y parte de las alas, semienterradas en un blanco de arena.
S’Amarrador es muy diferente a los otros dos islotes, más cuadrados, más oscuros, más elevados y con aspecto más compacto. S’Amarrador, desgastado por la erosión, tiene colores ocres y rojizos y unas formaciones parecidas a las almenas de un castillo o de una muralla. Recuerda, irremediablemente, a un paisaje del Gran Cañón del Colorado. En uno de los temporales recientes, una de esas formaciones rocosas ha acabado por desprenderse y caer, cambiando de forma perceptible la silueta del escollo.
Aunque desde el aire tiene una forma bastante rectangular, desde la orilla es una roca alargada que también podría recordar a una embarcación encallada en la arena, tal vez a una tarida, el barco medieval para transportar tropa y mercancías que da nombre al lugar. Está unida a tierra firme por una lengua de arena blanca, aunque es habitual que las olas, llegando desde los dos lados, se unan en ese punto y haya que mojarse los pies para subir a ella.
El escollo de s’Amarrador, como indica su nombre, es usado desde hace muchas décadas como embarcadero para las pequeñas barcas que trabajan en la zona. Los palos incrustados en el pequeño andén de cemento son usados por las lanchas del centro de buceo de Cala Tarida y atracan también en ellos las lanchas auxiliares de muchas embarcaciones de recreo, lo cual, a veces, crea conflictos por la prioridad y el derecho en el uso del muelle. En el lado que mira hacia el mar existe, asimismo, un desembarcadero de listones de madera levantado sobre la roca, aunque en invierno, las tablas se retiran. Y junto a este muelle de madera, alguien del Ayuntamiento de Sant Josep consideró necesario advertir a los bañistas de la escasa profundidad con una señal que rezaba ‘prohibido tirarse de cabeza’ que, finalmente, en algún momento del último año, ha desaparecido.

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Los huesos olvidados

los investigadores han estudiado una veintena de individuos del cementerio medieval islámico

los investigadores han estudiado una veintena de individuos del cementerio medieval islámico

Texto y fotos: Cristina Amanda Tur
Son los huesos que quedan arrinconados tras las excavaciones arqueológicas, amontonados en cajas en los sótanos del museo o incluso en el almacén de algún arqueólogo. Ahora, un equipo de dos arqueólogos, una antropóloga forense y un arqueozoólogo han dado a esas osamentas la oportunidad de contar su historia. Y vaya si han contado, porque investigando esos restos olvidados han llegado a interesantes conclusiones que podrían suponer un primer paso en el análisis de restos óseos “para entender mejor la sociedad del pasado pitiuso”. La primera de ellas es que, contrariamente a lo que se creía hasta ahora por la interpretación de fuentes antiguas, fenicios y púnicos también comían carne de cerdo; a pesar de ser un animal impuro para todos los semitas, a la hora de la verdad, la comida es comida.

cortando un hueso para las pruebas de isótopos

cortando un hueso para las pruebas de isótopos

La primera fase de esta investigación, pionera en más de un sentido, ha sido el estudio de toda una serie de huesos animales -que se han ido recomponiendo como auténticos puzzles- hallados en el yacimiento de Can Jaume Arabí de Dalt (Puig d’en Valls), fechado en los siglos III-II antes de Cristo. Y en una segunda fase se han analizado restos humanos; una veintena de individuos procedentes de las excavaciones en la Maqbara de Eivissa, el cementerio medieval islámico, que estaba situado en el inicio de la calle Ignacio Wallis. En esta parte de la investigación, especial atención ha merecido el análisis de un cráneo trepanado. Una rareza. “Éste es un caso muy novedoso. Las trepanaciones eran habituales en la Prehistoria, pero ya eran poco frecuentes en la Edad Media. En toda España hay poco más de una veintena de casos de trepanaciones medievales. Además, se realizaban, contrariamente al cráneo que tenemos, en la parte de arriba (es decir, en los huesos parietales y temporales) y preferentemente a la izquierda. Este hombre, desde luego, no sobrevivió a la trepanación”, explica la antropóloga forense Ana Corraliza.
Y todo ello se une en el Projecte Ossos, llevado a cabo por los arqueólogos Josep Torres Costa y Elise Marlière (de la empresa Antiquarium), Ana Corraliza y Edgard Camarós, del Institut Català de Paleocología Humana i Evolució Social, y financiado con una beca de

Ana Corraliza trabajando con un cráneo

Ana Corraliza trabajando con uno de los cráneos

investigación del departamento de Patrimonio del Consell de 6.000 euros. Bien administrada, tal cantidad ha permitido, por ejemplo, poder enviar muestras a Madrid y Alemania para análisis de radiocarbono (Carbono 14) y para pruebas de isótopos (que determinan el tipo de dieta de los individuos a lo largo de su vida). Y estas pruebas, cuyos resultados aún están pendientes, suponen un enfoque bastante inusual de los estudios de huesos, dos de los elementos con los que los cuatro expertos han querido dar otra perspectiva a los estudios de arqueología e historia.
Los restos arqueofaunísticos revelan cuestiones relacionadas con la dieta o las prácticas ganaderas de una comunidad. En ocasiones, además, se descubren con ellos prácticas rituales. Y ese es el caso de los huesos de animales del yacimiento de Can Jaume Arabí de Dalt, una construcción púnica relacionada con la producción de vino. “En los niveles fundacionales de la casa se hizo un ritual de cremación en el que se sacrificaron cerdos y cabras. Es decir, una parte de la carne de esos animales cuyos restos hemos hallado fue destinada al consumo humano y otra, los restos y los huesos, se uso para un ritual a los dioses y se introdujo en los agujeros donde se inició la construcción”, explica Torres Costa. Un sacrificio fundacional que supone una curiosa y sangrienta cápsula del tiempo,

en primer plano, las cajas con los huesos

en primer plano, las cajas con los huesos

traducida hoy en miles de pequeños fragmentos medio carbonizados entre los que han descubierto restos de cerdo, entre otros animales, con trazas de haber sido cortados para su consumo. En la mayoría de los casos, los animales fueron posiblemente descuartizados, las partes quemadas por separado y, aún calientes, parte de la cremación fue depositada en los agujeros para el ritual de fundación, tras lo cual fue inmediatamente cubierta con tierra. En el caso de los restos de un cerdo juvenil, se observa que prácticamente todas las partes del esqueleto del animal están representadas en el conjunto de huesos recuperado, por lo que se infiere que todas las partes del animal se usaron para el ritual; se quemó entero aunque descuartizado y tras ser consumida su carne, según indican, entre otros detalles, las marcas y zonas de los cortes de cuchillo.
El hallazgo de los restos de cerdo es tan interesante como el descubrimiento de las cremaciones fundacionales para tutelar una instalación vinícola, y su presencia es escasa tanto en contextos de consumo humano como en rituales. En el santuario de es Culleram, por ejemplo, no se ha encontrado pedazo de hueso alguno de suido (sólo ovejas y cabras). Curiosamente, sin embargo, sí se conservan en el Museo Arqueológico de Eivissa y Formentera representaciones de cerdos en brazos de la diosa Tanit, además de ovejas o cabras, lo que relaciona a estos animales con el culto a esta deidad. “El cerdo es un animal muy poco representado a nivel arqueozoológico en Eivissa”, algo que siempre se ha atribuido a cuestiones culturales, puede leerse en el informe del Projecte Ossos. Sin embargo, “el cerdo, sin duda, es un animal consumido en época púnica a pesar de los escasos restos arqueológicos”.
El que monta los puzzles, es decir, el que une las piezas de cada uno de los huesos y determina a qué animales pertenecen es Edgard Camarós, que muestra un húmero reconstruido y explica que los huesos se ven blancos en las zonas con un grado de cremación más alto, en las que el fuego ha alcanzado altas temperaturas. Así se ha establecido que se alcanzaron los 700 grados y con una exposición relativamente larga. Y ello explica tanto la coloración como el alto índice de fracturación. La gran fragmentación ha obligado a trabajar con piezas muy pequeñas. De hecho, la mayoría de los trozos de huesos tienen menos de tres centímetros, por lo que ofrecen escasa información y podrían parecer pequeñas piedras a cualquier lego en la materia. Del total de 2.895 restos arqueofaunísticos recuperados, hay una amplia mayoría, 2.295, de los que no ha podido extraerse información más allá de las evidencias de la incineración.

el cráneo trepanado estudiado en el Projecte Ossos

el cráneo trepanado estudiado en el proyecto

“El estudio aporta nuevos datos sobre las prácticas religiosas durante los siglos III-II a.C. en la Eivissa púnica y demuestra la importancia de desarrollar análisis de los restos óseos para entender mejor las sociedades del pasado” destacan los investigadores. Además, añaden que dado el contexto arqueológico excavado, ha sido posible vincular los restos quemados con el culto a la diosa Tanit. Se trata así de un ritual fundacional del periodo tardo púnico que seguiría a un banquete ritual.
Respecto al trabajo realizado con los restos humanos de la Maqbara, la aproximación científica a la sociedad de la Madina Yâbisa ha aportado algunos detalles sobre la dieta de la población que probablemente se completarán con los resultados de las pruebas de isótopos. El acusado desgaste de los dientes y algunas patologías odontoestomatológicas permiten apuntar ya al consumo de cereales procesados con molinos de piedra, por ejemplo. Los restos óseos analizados fueron excavados en 2012 en un conjunto de 19 tumbas individuales y ahora esos huesos han sido rescatados de las cajas del olvido para encontrar en ellos algunas enfermedades de la época relacionadas con determinada forma de vida. La artrosis de la columna vertebral es la patología más presente en la muestra, lo que se interpreta como el resultado de que los individuos realizaran trabajos encorvados, con la columna flexionada, tal vez oficios relacionados con la agricultura. Similares resultados se han encontrado en poblaciones medievales peninsulares. Y en cuatro de los individuos, cuatro mujeres, se ha detectado artrosis también en el acetábulo; una de ellas presentaba la misma afección en la clavícula y en una mano.

Edgard Camarós mostrando la recosntrucción de un hueso quemado

Edgard Camarós mostrando la reconstrucción de un hueso quemado

El cráneo trepanado, que corresponde a un varón de alrededor de 40 años al que posiblemente se agujereó con un instrumento metálico, no ha podido dilucidarse si padecía alguna patología que pudiera explicar que fuera sometido a este extremo tratamiento (las trepanaciones se llevaron a cabo, desde la Prehistoria, por traumatismos, tumores, hidrocefalias o mastoiditis, por ejemplo). Sin embargo, se especula con la posibilidad de que la motivación no fuera terapéutica sino “una práctica de trainning” del cirujano. Eso o una enfermedad que no ha dejado huella. Sí se ha detectado que el individuo sufría varias patologías vertebrales, afecciones dentarias que revelan una escasa higiene y malformaciones torácicas a menudo típicas de los marineros. Esta trepanación es la de origen más reciente que se estudia en las islas, ya que el resto de las que hay constancia en Balears son prehistóricas.
Los autores del estudio consideran su trabajo como un primer paso en el análisis de esos huesos que suelen quedar olvidados en los almacenes tras las excavaciones arqueológicas. Apuntan, en el informe sobre su trabajo, que en un futuro “será interesante comparar los datos obtenidos con otros yacimientos arqueológicos, haciendo extensiva la busqueda a otros periodos históricos”. Todo un campo por explorar en la investigación arqueológica.

Publicado en el dominical de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2018/01/13/huesos-olvidados-ibiza/963372.html

dos cráneos recuperados en la Maqbara de Eivissa

dos cráneos recuperados en la Maqbara

 

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El sendero de agua del padre Palau

DSC_1714_1881En el descenso hacia el mar desde la explanada donde hoy se ubica el pueblo de es Cubells, el padre Francisco Palau encontró un manantial de agua y junto a él levantó una pequeña casa que convirtió en su hogar, con vistas al Sur. Y, ayudado por sus hermanos en la orden carmelita, transformó el lugar en un prospero huerto. Hoy la presencia de cañas en la ladera ya indica el paso de agua. Y descendiendo un sendero tallado en las rocas, se llega hasta la cueva de la que surge el manantial, protegido por una construcción que recuerda una capilla, con puerta de arco de medio punto con dovelas de mampostería. Hoy está cerrada con una barrera metálica. En una brecha, en el interior, se observa la captación del agua, en una cámara que en el ‘Inventari del patrimoni hidràulic de les Pitiüses’, un trabajo del arquitecto Juanjo Serra, se describe como “cubierta con bóveda de cañón en arco escarzano, dotada de dos hornacinas laterales a modo de capillas, cubiertas con el mismo tipo de bóveda. Las bóvedas, construidas en sillería de cuidadosa ejecución, se apoyan directamente sobre las paredes picadas en la roca caliza natural”.

el horno del Padre Palau

horno del Padre Palau

Junto a la fuente, un cartel explica que “este lugar, regado por el manantial, fue transformado por Francisco Palau y los hermanos en un vergel donde crecieron multitud de naranjos, frondosas higueras y otros árboles de preciado cultivo, así como hortalizas y flores. Canalizaron el agua del manantial de la cueva que hoy todavía sigue regalando agua fresca y pura. Difícil sería encontrar en Ibiza un lugar más apropiado para entregarse a la contemplación.” Muchos, sin embargo, dudan hoy de la pureza de las aguas de esta fuente y de que el lugar siga siendo el rincón de paz que el padre Palau encontró en 1854, dado que se halla en una zona “violentamente castigada por la especulación, a pesar de su teórica protección”, tal y como se expresa en el citado inventario del patrimonio hidráulico. De hecho, la misma ladera en la que se halla la fuente está cortada por al menos tres tramos de la carretera que conduce a la multitud de casas y urbanizaciones que se ha ido levantando en los acantilados.
DSC_1760_1883En cualquier caso, la fuente es solo uno de los tres elementos que en la ladera de es Cubells recuerdan la presencia del carmelita Francisco Palau, el mismo que impulsó la creación de la iglesia bajo la que se inicia el sendero. El primero de ellos es un horno, una caseta de piedra en cuyo interior se observa una foto del religioso y otra del islote de es Vedrà, en el que Palau pasó largas temporadas en soledad. En un cartel de madera puede leerse “Un lugar solitario y desierto para estar a solas con Dios”. Y, pasada la fuente, un poco más abajo, hay una pequeña capilla con una imagen de la Virgen María. En ella suele haber flores, de plástico o naturales, y a menudo algún papel doblado en el que algún devoto solicita su benevolencia o su generosidad.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/cultura/2018/01/14/sendero-agua-padre-palau/963521.html

cámara interior de la fuente

interior de la cámara de la fuente

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