La jaula convertida en edén

AD6099barracudasCristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
Fue anunciada en los 80, con excesivo entusiasmo, como la plataforma piscícola más grande del mundo. La diseñaron en el año 1987 como una sencilla estructura de columnas, plataforma hexagonal y jaula y la instalaron, sobre un fondo de arena, a 400 metros a Poniente de s’Espardell, el islote que hoy posee el mayor grado de protección de las Pitiüses. Sólo dos años después de su fabricación, en el mes de agosto, conseguía vender a Italia sus primeras cuatro toneladas de doradas. Sin embargo, el negocio resultó ser un fracaso y no habían pasado seis meses cuando los problemas arrastrados desde sus inicios se hacían patentes; desde la empresa propietaria, Barca S.A., reconocían a los medios de comunicación pitiusos que la gestión era un desastre, que 1989 se cerraba con elevadas pérdidas y unos diez millones de pesetas en facturación que no permitían confiar en la recuperación de una inversión inicial que superó los 500 millones. El gerente de la piscifactoría llegó a protagonizar una huelga de hambre de varios días, atrincherado en la plataforma, para denunciar el retraso en la llegada de unas subvenciones europeas que probablemente no se solicitaron de la forma adecuada. Fue cesado, un nuevo gerente lo sustituyó, pero las doradas y lubinas de la Mariana siguieron sin ser el negocio redondo que la empresa había soñado.
Finalmente, la industria se hundió a principios de los 90, aunque el armazón lo hizo completamente en 1997, hace hora veinte años, tras fuertes temporales que consiguieron que cedieran las columnas sobre las que se sostenía la estructura hexagonal que emergía a la superficie y que su lado oeste cayera a 32 metros de profundidad sobre el lecho de arena. En la actualidad, con las columnas rotas pero algunas aún en pie, como las ruinas de un templo griego, la parte superior de la pieza hundida e inclinada se alza hacia la superficie del mar, a once metros de profundidad.
AD6104corvinas bajo la estructura metálicaEsta es, en resumen, la historia de la piscifactoría Mariana. Al menos sus historia como factoría de engorde de peces, porque, a partir de entonces y durante estas dos décadas de abandono la jaula rota se ha convertido en refugio de una importante variedad de especies marinas que habitan o se cobijan entre las ruinas, un hábitat artificial de hierro y hormigón. Siempre hay barracudas nadando alrededor de las columnas y a través de los agujeros y arcos. Son la especie predominante de la plataforma. El hierro se ha cubierto de algas marrones y en ellas, en una inmersión en el mes de agosto, llaman la atención pequeñas y numerosas manchas azules que son nudibranquios de la especie Flabellina affinis con sus puestas de huevos en espiral. Enormes dentones se acercan a la plataforma mientras grupos de chernas y corvinas se resguardan en sus esquinas. En las estructuras asentadas más al fondo es fácil encontrar cabrachos (roges), grandes meros y morenas. Sobre la arena, junto a las ruinas, se mantienen en pie las conchas de dos nacras muertas. Con los años y mientras el fracasado negocio se llenaba de vida, el pecio se ha convertido en una de las inmersiones más solicitadas de las islas, por lo que hoy son los centros de buceo los que amortizan la enorme inversión que se realizó en la piscifactoría.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

Anuncios
Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario

En tiempos de piratas

AD5926 (1)

torre de sa Sal Rossa

Cristina Amanda Tur. Fotos. Joan Costa
El 12 de octubre del año 1543, el capitán pirata Salah, oficial de Barbarroja y al mando de 23 galeras, desembarca en el estuario del río de Santa Eulària, ataca la villa y llega hasta Balàfia, Atzaró y Arabí. Trece días después, 23 galeras turcas, tal vez la misma flota, arriban desde Formentera a es Carregador de ses Salines y de ellas desembarcan más de mil hombres que desde allí atacan la ciudad. Y éste era el panorama en el siglo en el que se empezó a conformar en las islas la red defensiva que hoy conocemos, el siglo en el que el creciente poder turco y su alianza con los berberiscos se tradujo en un espectacular aumento de la piratería en todo el Mediterráneo.
Un mapa de 1553 atribuido al ingeniero militar Giovanni Battista Calvi, quien diseñó la fortaleza de Dalt Vila, ya muestra la existencia de una atalaya en sa Sal Rossa, probablemente una antigua construcción árabe. Un año más tarde, en diciembre de 1554, comenzaban a levantarse las murallas de Calvi para sustituir la vieja y desgastada fortificación de la villa. Para entonces, Barbarroja llevaba una década muerto, pero s’Espalmador seguía siendo una base de operaciones para los corsarios de Argel. Y antes de que acabara ese mismo siglo, sobre las ruinas de la antigua atalaya se levantó la que sería la primera torre del sistema de defensa costero de las Pitiüses, la de sa Sal Rossa o des Carregador de la Sal. Se desconoce la fecha exacta en la que se levantó, pero la primera referencia de la que se dispone es de 1575 y es una carta del rey al Gobernador por la que sabemos que la obra estaba a medio construir, paralizada en esos momentos porque las autoridades eclesiásticas no pagaban la parte que adeudaban y a la que se habían comprometido. Esta torre, la única con una chimenea para hacer señales de humo, se proyectó como refugio, sobre todo, de los trabajadores de los estanques salineros. En su interior podían cobijarse hasta 200 personas. Tenía una garita circular en su plataforma que, con los años, desapareció pero que fue reconstruida en la restauración de 2008. Y en el mismo documento de 1575 se señala que la Universitat, el gobierno local de las Pitiüses, compró una “pieza de artillería” para defender esta guarida, pero lo cierto es que nada más se sabe de su existencia. Y la cuestión es interesante porque tradicionalmente se han diferenciado dos fases en la creación del sistema defensivo costero: en la primera, en los siglos XVI y XVII, las torres estaban ideadas simplemente como refugio; en la segunda fase, del siglo XVIII hasta su abandono, se transformaron para desempeñar una función de defensa activa, formando parte de una red dispuesta a ahuyentar al enemigo a cañonazos y que complementaba la Real Fuerza de Ibiza, es decir, las murallas. Y, a pesar de esta premisa, para el primer refugio de la costa pitiusa ya se compró un cañón. Eduardo Posadas, en ‘Torres y piratas en las islas Pitiusas’, pone en duda que esta pieza llegara a ser instalada en el lugar destinado a ello, ya que “desapareció sin dejar rastro, pues en ninguna de las varias relaciones de armamento que hemos podido conocer figura que esta torre estuviera artillada”.

AD5988

torre de ses Portes

La segunda torre que se edificó, más alta que la primera y con la misma sólida factura troncocónica, fue la de ses Portes, en la punta más meridional de Eivissa y a la que, años más tarde, complementaría la torre de sa Guardiola o de s’Espalmador; juntas cubrían un lado y otro de es Freus, las puertas de entrada a Eivissa. Esta segunda atalaya tenía como misión primordial servir de refugio a los pescadores de la almadraba que el historiador Isidor Macabich sitúa en la zona a finales del XVI.
En esta primera fase de construcción del sistema defensivo también suelen incluirse los torreones de la iglesia de sant Antoni, el único de estructura rectangular, y el de Puig de Missa, que originalmente eran independientes de los templos a los que hoy se hallan unidos. Desde la torre de sant Antoni se hacían señales de humo o se hacía sonar una caracola para avisar a los vecinos de la proximidad del enemigo. En 1847, la primera iglesia rural de la isla, aún tenía dos cañones, y los dos apuntaban a sa Conillera.
Ya en el siglo XVIII, las viejas torres fueron reconstruidas para ser incorporadas al nuevo sistema defensivo, dentro de un plan de fortificación litoral que formaba parte de un proyecto borbónico de defensa de todo el litoral del reino español. La más antigua, la de sa Sal Rossa, fue reformada en 1762, y la de ses Portes, estratégicamente más importante, lo fue doce años antes. Una vez adaptada a los nuevos tiempos de guerra contra berberiscos y turcos, la torre de ses Portes fue artillada con dos cañones. Y al mismo tiempo que se reformaba ésta, se levantaba la de sa Guardiola, a 27 metros sobre el mar, considerada una obra de transición entre las antiguas torres atalaya y las dieciochescas torres artilladas y que, a diferencia de la mayoría, contó desde el inicio con vigilantes fijos; en 1852, con la creación del Cuerpo de Torreros, le fueron asignados dos en plantilla. Conocida popularmente como sa Torreta, lo cierto es que tal nombre se corresponde con una torre atalaya distinta que existió en las proximidades ya en el siglo XV. Hay que precisar que en las islas aún perviven trazas de sistemas de vigilancia muy anteriores al sistema de torreones costeros que hoy conocemos y que se inició en el XVI con el aumento de la piratería turca. Y los restos que, con más o menos fortuna, han llegado hasta la Edad Contemporánea en s’Espalmador, s’Espardell, cap des Llibrell, en la entrada del puerto (la Torre del Mar) o en Cap d’Albarca (Torres d’en Lluc) son prueba de ello.

AD6087

es Cap des Jueu

Del siglo XVIII son ya la torre des Cap des Jueu o des Savinar, en un acantilado a 200 metros sobre el nivel del mar y frente a es Vedrà, la Torre d’en Rovira, frente a los islotes de Poniente en los que a menudo se guarecían los piratas, y la torre des Molar o de Balanzat, con vistas a s’illa Murada. Completan la línea defensiva ibicenca la torre de Portinatx y la torre de Campanitx o d’en Valls, que fue reconstruida casi por completo tras la explosión que, en 1864 y debido a un rayo que incendió la pólvora del depósito de municiones, la destruyó. Se mantuvo la puerta de entrada en la planta superior. En Formentera se construyeron cuatro torres: la de Punta Prima, la des Pi des Català, junto a la playa de Migjorn (cedida por el Estado al Consell en 2012 y rehabilitada hace un par de años), es Cap de Barbaria y sa Punta de sa Gavina.
Las torres del XVIII se diferencian sólo por su volumen y tienen características muy similares. Son de piedra caliza y de mortero de cal y están reforzadas con seis nervios de sillares de piedra marés; la de sa Guardiola, la torre de transición y construida trece años antes que el resto, cuenta con doce. Ya tienen la puerta abierta en la planta superior, para dificultar la entrada del enemigo, mientras que en las torres de la primera fase la entrada se abría a ras de suelo para facilitar el rápido acceso de quienes buscaran refugio en ella cuando saltaba la alarma de algún avistamiento pirata. Este detalle certifica el cambio en la función de las torres; de torres vigía a torres artilladas. En la readaptación del sistema defensivo, en torres como la de ses Portes, se tapió la entrada inicial para abrir una nueva en la primera planta. Con los años, al abandonarse los torreones y perder su función defensiva, sólo la de Cap des Jueu conservó la puerta original porque, debido a la orografía, era más sencillo construir un puente para entrar en la construcción. Algunas torres, como la de Portinatx, jamás llegaron a recibir los cañones para las que estaban ingeniadas y, al final, sirvieron sólo de atalayas para los torreros, como una vuelta a los orígenes del invento. A decir verdad, el cordón defensivo de las Pitiüses llegó algo tarde, porque a finales del XVIII la piratería ya no era lo que fuera en el XVI y ni siquiera había ya piratas a la altura de la tenacidad de Barbarroja, Dragut, Salah o Ayrdin Cachidiablo. Finalmente, cuando en 1830, 67 años después de la construcción de las últimas torres, Francia tomó Argelia, los ataques piratas pasaron prácticamente a ser historia. En 1867, el Cuerpo de Torreros desapareció, algunos torreros consiguieron pasarse al Cuerpo de Carabineros y las torres quedaron abandonadas.

Reportaje del dominical de Diario de Ibiza

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/09/24/vigilantes-costa/942074.html

AD6080 (1)

torre d’en Rovira

Publicado en patrimonio, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El clarinete del pastor

EivissaCristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
“Desde tiempos inmemorables poseen los ibicencos un curiosísimo doble clarinete de cañas al que dan el nombre de reclam de xeremies. Aunque menos comúnmente, también es llamado xeremia bessona (chirimías gemelas) y xeremia doble”. Así comienza un trabajo sobre uno de los instrumentos más característicos y propios del folclore pitiuso que el musicólogo Manuel García Matos publicó en los años 50 y que Isidoro Macabich reprodujo en el cuarto volumen de su ‘Historia de Ibiza’. Ese artículo ha sido referencia obligada para todos los estudios que sobre los instrumentos de Eivissa y Formentera se han realizado a partir de entonces.
La xeremia es un instrumento único que, cuando Matos se fijó en él, usaban sólo los pastores “para amenizar y entretener las largas horas de sus soledades” y que hoy colles de ball pagès, expertos y aficionados intentan mantener vivo más allá de su uso en un folclore entendido como espectáculo turístico. Tras unos años en los que la tradición de la fabricación y sonada de xeremies estuvo a un paso de desaparecer, en los últimos años, el trabajo de las colles y apasionados del folclore pitiuso han logrado recuperar cierta afición a este sencillo instrumento, fabricado con cuchillo y con hierros calientes y para tocar en solitario.
Los expertos han hallado su antecedente es un instrumento que ya usaban en el antiguo Egipto llamado maït, documentado en el año 2700 antes de Cristo y cuyas características han perdurado en el tiempo en su sucesor más inmediato y cercano, un ingenio llamado zoummârah usado por pastores contemporáneos del país africano. Otros autores señalan que instrumentos similares tuvieron amplia difusión en la zona euroasíática y norteafricana y sitúan un precedente, “los primeros clarinetes dobles documentados o conservados”, en Sumeria y Babilonia (en el año 2800 aC). Es el caso del musicólogo Romà Escalas, que hace unos años realizó un compendio sobre la diversa documentación existente sobre el tema para las V Jornades de Cultura Popular de les Pitiüses y que afirma que desde esas regiones, el instrumento fue exportado a Egipto. En cualquier caso, la pregunta es cómo llegó la xeremia desde Egipto a Eivissa en tiempos inmemoriales, y aunque García Matos propone a los púnicos como vector, lo cierto es que tampoco aquí la respuesta es sencilla y Romà Escalas lo considera una afirmación arriesgada. Aunque posible, ya que, a pesar de las dudas, acaba asegurando que “nos encontramos delante de un fenómeno de supervivencia del modelo más antiguo euroasiático, difundido por los fenicios desde el año 1000 a.C. y llegado a Eivissa hacia el año 600 a.C. con las expediciones de los cartagineses y que se ha conservado con toda su originalidad, incluso con la gama pentatónica”. Al tratar de la llegada del clarinete doble a la Península ibérica, propone la vía marítima como una de las posibilidades, “fruto de las migraciones de los pueblos semíticos, fenicios y cartagineses” que llegaron a lo largo del primer milenio antes de Cristo. De esta forma, también considera lógico “que sea Eivissa el lugar geográfico donde se han conservado representaciones iconográficas de instrumentos en algunos relieves cartagineses, y no es casual tampoco que sea el mismo territorio el que ha ‘aislado’ históricamente el clarinete doble manteniendo la tradición y la supervivencia hasta hoy”.

EivissaLA SONADA D’EN ROQUETES
Pep d’en Roques o Pep Roquetes, de Santa Gertrudis, es uno de los más recordados fabricantes y sonadors de xeremia de la isla, dos actividades tradicionalmente unidas, ya que las xeremies son de fabricación sencilla y los xeremiers tallaban, asimismo, sus propios instrumentos. Pep d’en Roques tenía su propia sonada, que él llamaba ‘sa esbrunyida’ mientras el resto la conocía como ‘sa sonada d’en Roquetes’. El sonador muestra cómo se hacen y tocan las xeremies en uno de los documentales que sobre el folclore de las islas realizó el también desaparecido director de cine Josep Maria Banyols y que forman parte de la colección del Arxiu d’Imatge i So del Consell d’Eivissa.
El etnomusicólogo norteamericano Alan Lomax, importante recopilador de la música tradicional de diferentes lugares del mundo, estuvo en las Pitiüses en el año 1952, grabando canciones y haciendo fotos del folclore isleño con su cámara Leica. En esas grabaciones se pueden escuchar algunas sonadas de xeremia.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/cultura/2017/09/02/clarinete-pastor/937869.html

Publicado en patrimonio, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

Las reliquias de la cripta del Salvador

AD6089reconstrucción del descenso de Cristo

reconstrucción del descenso de Cristo

Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
En 1907, cuando la antigua capilla de la cofradía de marineros de San Salvador y la adyacente sala de la Universitat se estaban restaurando para convertirse en el Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera, se descubrió, bajo el embaldosado, una trampilla. La cripta que había bajo ella ocultaba el osario de Santa María, el cementerio que existió en lo que hoy es la plaza de la Catedral. Arturo Pérez-Cabrero, responsable de las excavaciones y fundador, cuatro años antes, de la Sociedad Arqueológica Ebusitana, documentaba la “gran cantidad de restos humanos, procedentes de la monda de cementerios de los primeros siglos de la reconquista”, y el diverso material tirado en el subterráneo de la capilla. En ella había piezas como un cristo de madera de peral, jarras de diferente utilidad, escudillas de viático (para administrar el último sacramento), un fragmento de una cota de malla, una escultura de Santa Lucía sin cabeza, diversos documentos que prueban que el papel coexistió con el pergamino, una biblia y dos sellos metálicos.

AD6093botes de miel

botes de miel

“Es material amortizado, que se echaba por la trampilla cuando ya no servía”, explica la restauradora Elena Jiménez. Es material desechado que se almacenaba para dejar sitio libre en el cementerio y que recupera hoy valor gracias a la Arqueología. Los huesos han desaparecido. Nadie sabe qué hizo Pérez-Cabrero con ellos. Pero lo más interesante del resto de lo hallado en la cripta está expuesto, hasta el 19 de noviembre, en la sala de exposiciones temporales del museo de Puig des Molins. Y destaca, presidiendo la estancia, un gran Cristo de estilo gótico de finales del siglo XII o inicios del XIII. El Cristo formaba parte de un conjunto que representaba el descenso de la cruz y del que se han conservado, únicamente, un Jesucristo al que le falta un brazo, una cabeza (tal vez de San Juan), y un brazo que podía pertenecer a la figura de Nicodemo o quizás a José de Arimatea, los otros dos hombres que bajaron al Salvador crucificado. En la pared negra en la que se exponen estas piezas se muestra una reconstrucción dibujada de cómo podía ser este conjunto gótico, que incluiría a los dos ladrones y quizás también a la Virgen María.
En realidad, los hallazgos de las obras del museo se dividen en dos conjuntos distintos. Si por un lado están las piezas de la cripta, por otro, se conservan una serie de cerámicas de tradición andalusí, jarras decoradas, tinajas para aceite y otras cerámicas de uso doméstico. Y todas estas piezas, que ocupan amplio espacio en la exposición temporal, fueron usadas para el relleno de la bóveda de la capilla. Al parecer, no era extraño que, una vez amortizado su uso, este tipo de piezas fueran utilizadas para relleno en las construcciones, una solución también empleada en Santa María del Mar de Barcelona y el Palacio Real de Valencia. Precisamente de estas dos áreas proceden muchas de las piezas encontradas en la capilla de Dalt Vila, que han sido datadas en los siglos XIV y XV, excepto las tres piezas de factura andalusí, que corresponden al periodo almohade de la isla.

AD6091parte del material que sirvió de relleno a la bóveda

parte del material que sirvió para reforzar la bóveda

La capilla del Salvador, perteneciente a una cofradía de marineros, ya existía en 1364, pero lo cierto es que se desconoce dónde se ubicaba en sus inicios; parece improbable que la capilla que hoy se conoce fuera la original, ya que se halla adosada al muro norte de la Universitat, que fue levantada en la segunda mitad del siglo XV. En 1702, la capilla se vendió a la Universitat por 2.500 libras que sirvieron para ampliar y reformar Sant Elm, donde se trasladó la cofradía del Salvador. La Universitat se convirtió en Ayuntamiento 26 años después y, tras la expropiación del convento de los dominicos en 1835, trasladó allí su sede en 1838 y las antiguas dependencias de la plaza de la Catedral quedaron vacías. Hasta que fueron cedidas al Estado para fundar el museo arqueológico con las piezas reunidas por la Sociedad Arqueológica Ebusitana. El museo, cerrado desde 2010, vuelve a estar en restauración y sin fecha para su reapertura.
En el conjunto de materiales de la cripta destaca la gran cantidad de escudillas, algunas enteras y muchas a trozos, que algún día formaron parte de las mejores vajillas de las casas, que se usaron para administrar los últimos sacramentos y luego fueron enterradas con los difuntos. Elena Jiménez resalta el acabado dorado de la decoración de un buen número de estos tazones, que precisaba de un tercer paso por el horno de cada pieza, que era muy apreciado por los ceramistas árabes y que luego pasó a la tradición cerámica de lugares como Valencia, Andalucía o Mallorca. Los motivos dibujados en este material son representativos y puede subrayarse la existencia de varias tazas con un dibujo que inicialmente se consideraba que personificaba a una monja pero que hoy se sabe que es un ángel alado.
Además, en la colección hay dos botes de miel que también tienen reflejos metálicos, de un dorado rojizo, que parecen botes de farmacia y que eran fabricados en Manises en los siglos XVII y XVIII. Estos botes, a pesar de haber sido arrojados a la cripta, están enteros, además de dos jarros de barco (con la base muy amplia para garantizar su estabilidad en una embarcación) y que proceden de Barcelona y unas vinagreras cubiertas de vidriado de plomo amarillento o verdoso. También hay varios restos escultóricos, como una imagen de la martir Santa Lucía a la que le falta la cabeza, un maltrecho cristo de corcho y tela y otro de madera. En una vitrina central, se exponen diversos documentos que se enterraban con los muertos, como absoluciones por las que se les perdonaban los pecados (que solían acompañar las escudillas de viático), algunos de pergamino y otros en papel. Finalmente, de la cripta de los materiales desechados destaca una Biblia muy deteriorada por la humedad, manuscrita con letras góticas y de hojas de pergamino. En los años 60, el libro fue restaurado, se aplicó a cada hoja un revestimiento para frenar su desgaste y se protegió con una nueva cubierta de piel. La Biblia, probablemente del siglo XV, fue enterrada con su propietario y en algún momento debió acabar en la cripta junto con los huesos de este difunto y de muchos otros.

Reportaje del dominical de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/27/reliquias-salvador-puig-des-molins/936692.html

AD6095escudillas usadas para el último sacramento

escudillas usadas para el último sacramento

Publicado en Arqueología, patrimonio, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Reciclaje funerario

AD6097La crisis del Imperio romano, en el siglo III, tras el asesinato de Alejandro Severo y hasta la llegada del emperador Diocleciano, se hizo notar también en Eivissa. Amplias zonas de Poniente de la ciudad de Ebusus se abandonaron y se convirtieron en necrópolis. Y, en ese mismo siglo y sobre todo ya en época bizantina, los materiales de edificios en desuso, principalmente edificios públicos, de la época imperial fueron reutilizados para las tumbas. Es el caso de un singular sarcófago expuesto en una de las vitrinas del Museo Monográfico de Puig des Molins que, en realidad, se trata de una columna. Fue hallada en la vertiente norte de Puig des Molins en 1956, al abrir la trinchera de los cimientos de una casa, y, según explica el director del Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera, Benjamí Costa, “sabemos, por las medidas de la apertura en el mármol, que se usó para un enterramiento infantil, de un niño de siete u ocho años”. Y probablemente se cubriría con una tapa de plomo. La cuestión más interesante, para la que aún no existe respuesta y tal vez no la haya nunca, es a qué tipo de edificio perteneció originalmente la columna, que debió ser usada en los siglos dorados de Roma para acabar como tumba tal vez en el periodo del Bajo Imperio.
Hasta hace unos años, se creía que el material de este pilar reconvertido en sarcófago era el granito, pero, un buen día, un especialista estudió mejor la pieza y se dio cuenta de que, en realidad, se trata de una columna de mármol, del tipo conocido como cipollino, un mármol estriado o a bandas muy característico y muy apreciado en época romana. Según explica Benjamí Costa, es propio de la isla de Eubea, en la costa oriental del mar Egeo. El nombre hace referencia a una cebolla (cipolla) y a la semejanza del material con el corte transversal de uno de estos bulbos. En la antigüedad, este mármol era conocido como ‘marmor Carystium Styrium’, según explica el filólogo Marc Mayer Olivé, del Institut d’Estudis Catalans, en un artículo publicado en el libro ‘In Amicitia’, una recopilación de artículos en homenaje a Jordi H. Fernández, director del museo durante cuatro décadas. El artículo se centra en un detalle en la base de la pieza, una inscripción algo deteriorada en la que parece leerse LOC(O) CCCCXVI y que inicialmente, en los 70, se consideró una marca cristiana. Sin embargo, en la actualidad, los expertos consideran que hace referencia al lugar (locus en latín) de la explotación en la que se fabricó “y del número que le corresponde en una gran cantera o, mejor, sistema de canteras como se produce en muchas explotaciones de este tipo en el Imperio romano, especialmente cuando se trata de propiedades imperiales”. En este sentido, Mayer Olivé apunta el dato de que hay 140 explotaciones documentadas en una zona concreta de la isla de Eubea, en un área de más de 60 kilómetros, y que se calcula que el nivel de extracción de mármol era de más de 200.000 metros cúbicos. Y los casos en los que se han hallado columnas marcadas procedentes de estas canteras no son escasos e incluso existen inventarios.
El descubrimiento de que la columna reutilizada es de mármol de Eubea plantea preguntas importantes, ya que este material era usado para el “ennoblecimiento decorativo” de edificios y era casi imprescindible en la construcción de teatros. Tales premisas podrían llevar a la sospecha de que Eivissa tuvo un teatro romano antes del declive del Imperio, o al menos un edificio importante. Lo cierto es, sin embargo, que el hecho de que esta columna se haya encontrado usada como tumba impide conocer su función primaria e incluso saber si fue un elemento reaprovechado en la isla o importado ya preparado como féretro. En cualquier caso, hay que saber que se trataba de un material de primera calidad, que los expertos han calculado recientemente que fabricar una de estas columnas “puede llegar a casi 800 horas” de trabajo y que el transporte debía costar cerca de 170 denarios, una cifra con la que no se puede establecer una correlación actual pero que, en cualquier caso, es elevada.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/26/reciclaje-funerario-ibiza/936545.html

Publicado en Arqueología, patrimonio, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Un coral prehistórico amenazado

AD5941colonia en es Grum de Sal, en sa ConilleraCristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
El aumento de la temperatura del agua está causando estragos en grupos de animales marinos como los antozoos, una clase que incluye corales, plumas de mar, anémonas y el coral pétreo endémico conocido como madrépora mediterránea (Cladocora caespitosa), un superviviente del Plioceno que, después de prosperar durante tres millones de años, se enfrenta hoy al reto del cambio climático. La especie ha sido clasificada recientemente (en 2015) en la categoría ‘en peligro’ de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y en la última revisión de la Lista Roja de los Invertebrados Marinos del Mar Balear, que elabora el Govern y donde puede leerse que “se sospecha de un descenso considerable de las poblaciones”. Las previsiones sobre el aumento de la temperatura del agua no permiten ser muy optimistas sobre el futuro de esta especie, concluye el informe del Govern.
En las Pitiüses, destacan las concentraciones de colonias que existen en el islote de s’Espardell, en la reserva marina de es Freus, y también pueden verse poblaciones interesantes en sa Conillera, a 15 o 20 metros de profundidad. En las localidades de Cala Galdana, en Menorca, y en Cap Blanc, Mallorca, se han hallado asimismo comunidades importantes.
Este cnidario colonial hexacoralino, descrito en 1767, es el único coral mediterráneo que forma arrecifes similares a los que construyen especies de mares tropicales, aunque de menor tamaño. En uno de los últimos informes sobre especies amenazadas en el Mediterráneo dado a conocer por la UICN y dedicado a los antozoos, se resalta que los más grandes y mejor desarrollados arrecifes de madrépora mediterránea conocidos hasta la fecha se encuentran en la reserva marina de Islas Columbretes y en el Parque Nacional de Mljet (Mar Adriático). Sin embargo, el verano anormalmente caluroso de 2003 provocó altas tasas de mortalidad en estas excepcionales poblaciones. Las mortalidades recurrentes (con dos periodos destacables de mortalidad de 2003 a 2006 y de 2008 a 2012) han representado pérdidas de población de hasta el 50 y el 80 por ciento en lugares como las Islas Columbretes. Los últimos quince años han supuesto una calamidad sin precedentes para diversas especies de antozoos.
Cladocora caespitosa es un “constructor de arrecifes”, un ingeniero de ecosistemas que tiene una gran importancia en la estructura de las comunidades marinas. Los registros fósiles más antiguos de los que se tiene conocimiento fueron hallados en 1998 en la cuenca Almería-Nijar y están datados en el Plioceno Superior. Y aunque se considera endémica del Mediterráneo, también existen poblaciones en áreas adyacentes del Atlántico. Es un coral de esqueleto calcáreo y de tonos marrones que habita hasta los 50 metros de profundidad, donde todavía alcanza la luz del sol. Los coralitos ovalados se van uniendo hasta formar colonias de incluso más de un metro de diámetro y cada uno de ellos muestra pequeños tentáculos retráctiles con una bolita en su punta. Es una especie de crecimiento lento y de larga vida (unos 300 años), con un limitado potencial de recuperación; a duras penas pueden equilibrarse sus bajas tasas de reclutamiento con la rapidez de las perdidas. Y, por si el calentamiento global no fuera amenaza suficiente, esta especie también sufre daños por la pesca de arrastre, los fondeos incontrolados, el desarrollo costero y la proliferación de algas invasoras como Caulerpa cylindracea, muy abundante en las reservas de es Vedrà, es Vedranell i els illots de Ponent.
La falta de información, según apunta la UICN en su informe, es un inconveniente añadido a la hora de buscar las fórmulas adecuadas para preservar las poblaciones de esta y otras especies de invertebrados marinos en riesgo de extinción, por lo que es necesario ampliar a nivel local “los conocimientos actuales sobre taxonomía, distribución, población y ecología de las especies”. En la plataforma observadoresdelmar.com, coordinada por el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (del CSIC) y creada para recopilar datos de especies marinas, existe un proyecto concreto sobre corales que permite a buceadores comunicar sus observaciones y ampliar así el conocimiento que los científicos poseen sobre la distribución de la especie.

Publicado en Diario de Ibiza, en la sección Coses Nostres:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/19/coral-prehistorico-amenazado/935295.html

 

Publicado en Fauna de Eivissa y Formentera, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El guardián de s’Espartar

DSC_6020_1540

Es Frare y, en el horizonte, es Vedrà. Foto: CAT

Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa y CAT
A casi dos millas de la torre d’en Rovira, lo que por extensión se conoce como s’Espartar es, con mayor precisión, un conjunto de dos islotes y varios escollos y secas. Está dividido en dos por el paso des Freuetó; al este, hacia la costa, se extiende s’Espartar y en dirección suroeste se halla s’Espardell, al que no hay que confundir con el islote del mismo nombre que se encuentra en el paso de es Freus y que es el que goza de mayor protección de las Pitiüses. Y aún más al suroeste, separado por otro freuetó (un pequeño canal), se erige la espectacular roca de es Frare, el vigía hacia mar abierto, una roca elevada, cortada en ángulo recto en sus dos caras hacia el noreste y completamente irregular en el resto de su morfología. Se adentra en el agua formando pliegues y amontonando rocas y se une a s’Espardell con un canal de poca profundidad del que se elevan varios escollos, conocidos como es secs des frare, en los que suelen reunirse cormoranes y gaviotas.

AD5945ejemplares de 'Trapania lineata' a 18 metros de profundidad

ejemplares de Trapania lineata

Sorprende la riqueza toponímica que un pequeño conjunto como el de s’Espartar y sus escollos y arrecifes puede albergar; más de 50 nombres para todo tipo de formaciones, rocas, puntas, canales, secas y cuevas. Todo rincón parece tener un nombre. Desde es picatxet de s’escull, sa Somera y sa punta des Pou hasta es trenc de s’Espardell y sa cova des Frare. Dicha cueva, en el extremo del islote de s’Espardell es un túnel visible desde la superficie pero que continúa bajo el agua y suele utilizarse como una especie de entrada submarina hacia los fondos de es Frare. Frente al ángulo recto se pueden encontrar grandes bloques de piedra que parecen talladas, mientras que en la pared hacia mar abierto y hacia el sur, las rocas son más pequeñas y las laderas más suaves. De entre todas las inmersiones que pueden llevarse a cabo en la zona protegida de las reservas naturales de es Vedrà, es Vedranell y els illots de Ponent, si por algo puede destacar la de este escollo y sus alrededores es por la especial abundancia de un minúsculo nudibranquio (una babosa de mar) que apenas mide diez milímetros y que, por tanto, hay que buscar de modo expreso para encontrarlo. Se llama Trapania lineata, es una especie endémica del Mediterráneo y se halla, habitualmente, sobre las rugosidades de las esponjas negras del género Sarcotragus.

AD5951un cormorán en es secs des Frare

cormorán en es secs de Frare

El peñasco vigia de s’Espartar no es el único rincón de la isla que usa el nombre de un monje. En Sant Agustí existen las casas payesas can Frare Bassetes y can Frare Verd, esta última en la ladera del puig de Can Frare. Y existen referencias escritas de un yacimiento arqueológico relacionado con esta casa, del que se conservan dos piezas en el museo. También existe un torrent d’en Frare y el semibaluarte de Santa Llùcia era conocido como el baluarte des Frares por el convento de los dominicos que se halla a su vera. Pero estos topónimos están más relacionados con personas reales que con el aspecto del lugar, como sí es el caso de es Frares de es Cap des Llibrell o los de Cap Martinet, rocas que pueden recordar a grupos de frailes subiendo la montaña o adentrándose en el mar. Es Frare de s’Espartar es un fraile solitario, un asceta de piedra con una roca triangular en su blanca cima, con la sotana oscurecida en la parte que toca la superficie del mar y con los pies anclados en el fondo marino.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/13/guardian-sespartar/934227.html

 

Publicado en Fauna de Eivissa y Formentera, Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario