La cala de traducción arriesgada

Cala Truja desde lo alto del acantilado. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

En la costa de Sant Josep puede encontrarse una granja casi completa. Están Cala Corral y también Cala Vedella, un topónimo antiguo, ya documentado en el siglo XVI y que el filólogo catalán Joan Coromines consideraba que procedía de la palabra Patella, el género de moluscos que engloba las diferentes especies de pagellides, las lapas, pero, que, sin embargo, parece mucho más probable que su significado sea el de ternera. Y por ello se escribe Vedella, y no Vadella. Y además del corral y la ternera, también está el huerto de Cala d’Hort, está Cala Molí, más al norte, y también encontramos Cala Truja, al sur y justo entre Cala d’Hort y Cala Carbó. O, para ser más precisos pero citando ubicaciones mucho menos conocidas, Cala Truja se halla entre sa Punta des Forn de Calç, que es como un cuerno de rinoceronte que se dibuja sobre el mar y que cierra en un arco Cala Carbó al sur, y es Senalló d’en Berri. Este último y curioso topónimo es el nombre prácticamente desconocido que en realidad tiene lo que a menudo se conoce, sencillamente, como el mirador de es Boldadó, uno de los miradores desde los que es habitual contemplar los islotes de es Vedrà y es Vedranell y que queda justo arriba del restaurante de tal nombre. Es una de las localizaciones preferidas por muchos fotógrafos, desde donde pueden captarse estos dos islotes con el escollo de Cala d’Hort en primer plano. Es Senalló d’en Berri no es un nombre muy conocido, pero en el Plan Territorial Insular sí figura. 

Situada así la zona, hay que señalar que de todos los topónimos, el nombre que más llama la atención, sobre todo a aquellos que se empeñan en traducir al castellano todo nombre que encuentren en la geografía pitiusa, es el de Cala Truja, ya que una ‘truja’ es una cerda, o sea, la hembra de la especie Sus scrofa domestica, en su forma más empleada en el catalán de las islas. Y Cala Truja es una bahía de rectángulos bajo un acantilado de tierras rojas a la que puede bajarse por un camino en zig zag. La senda lleva directamente a una caseta de pescadores que ya no guarda barco alguno, que este año están restaurando para otros fines y que está levantada en el único punto de la zona en la que el acceso al agua tiene la configuración de una playa, aunque sin arena, de pedruscos y cantos rodados. Más allá, el camino continúa sobre las rocas mostrando interesantes y curiosas formaciones geológicas y cerrándose en una plataforma de roca gris muy fosilífera; es decir, que en ella puede verse una importante cantidad de fósiles marinos. Cala Truja no es una playa ni es un lugar cómodo al que ir a bañarse, pero ha sido y es el refugio de esos ibicencos que son capaces de echarse al agua desde cualquier trampolín. No sólo resulta arriesgado traducir su nombre sino que también lo son los cortes de su acantilado. Y desde lo alto de los peñascos, eso sí, se disfruta sin grandes riesgos de una nueva perspectiva de es Vedrà y es Vedranell. 

La palabra ‘truja’ figura en otros topónimos del litoral, ya que también se denomina así a un peñasco remarcable o a una roca que destaque semihundida en el agua, como la que, por cierto, tiene asimismo Cala Truja en el centro de su bahía. De esta forma, encontramos sa Truja junto a la Bestorre de es Vedrà o las que existen en los islotes de na Plana (ses Bledes) y s’illa des Bosc de Sant Miquel (se conoce como s’Orella de sa Truja al escollo de su extremo norte). Y existen sa Truja d’en Pallarès en es Cubells y es Clot de sa Truja en Corona. Otra posibilidad, más allá de las rocas destacables, es que la palabra ‘truja’ se empleara para designar a la hembra de la foca monje (vell marí, porc marí o llop marí). Y, desde luego, la toponimia costera de Eivissa y Formentera está plagada de nombres que recuerdan que esta foca, hoy desaparecida del Mediterráneo español, fue antaño frecuente en Balears, pero se acepta preferentemente que Cala Truja porta el nombre de un mamífero terrestre que forma parte de una granja. 

LA CLAVE. ENTRE FORN DE SA CALÇ Y ES SENALLÓ D’EN BERRI

Cala Truja se halla entre dos lugares muy poco conocidos por su verdadero nombre, sa Punta des Forn de Calç, que es como un cuerno de rinoceronte que se dibuja sobre el mar y que cierra en un arco Cala Carbó al sur, y es Senalló d’en Berri. Este curioso topónimo es el nombre que en realidad tiene la zona que a menudo es denominada el mirador de es Boldadó, uno de los miradores desde los que es habitual contemplar los islotes de es Vedrà y es Vedranell y que se halla justo arriba del restaurante. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/07/07/cala-traduccion-arriesgada/1078202.html


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Como huellas de sacacorchos

uno de los fósiles incrustado en la roca. Los restos recuerdan a un sacacorchos.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Turrilites. Éste es el nombre de un género de cefalópodos que vivió en el Mediterráneo ya hace 125 millones de años. Allá por lo que los geólogos han dado en llamar Aptiense, una división del Cretácico inferior y la misma época en la que se ha datado la nueva especie de reptil volador que se ha descrito recientemente en un yacimiento de Teruel. Los cefalópodos Turrilites, que hoy sólo pueden encontrarse en estado fósil, representan un género dentro de los más conocidos Ammonites (amonites o ammonites si se usa el término como nombre común), esos moluscos que dominaron el mar mientras los dinosaurios dominaban la tierra y que prácticamente desaparecieron al no poder adaptarse a las nuevas condiciones ambientales que originó el meteorito que acabó también con los grandes reptiles. Aunque de los primeros quedó lo suficiente para evolucionar hacia los actuales nautilos igual que los dinosaurios supervivientes evolucionaron hacia las aves. 

Estos cefalópodos son, según explica el geólogo Luis Alberto Tostón y para entenderlo mejor, “Ammonites de los irregulares, que hacían las vueltas como un gasterópodo y no en espiral, en un plano, como la mayoría”. Y, para comprender aún mejor qué se está observando cuando se contempla lo que queda de uno de estos animales en la piedra, hay que añadir que estos Turrilites tendrían un aspecto similar al que hoy tienen especies de caracolas como las de la familia Turritellidae. Y es que, en realidad, es más fácil hacerse una idea de cómo eran lo que ahora son fósiles si se conoce la palabra ’turriculado’, que significa que algo tiene forma de cono alargado y que se usa como base etimológica para denominar aquellas conchas cuya espira, su hélice, está dispuesta como torrecillas. En cualquier caso, las conchas de la actual familia Turritellidae pertenecen a moluscos gasterópodos, mientras que los cefalópodos, como eran Ammonites y Turrilites, están hoy representados por pulpos, sepias, calamares y los citados nautilos.   

Hay quien ha estado veinte años preguntándose qué eran esas marcas grabadas, en algunas zonas en gran cantidad, en plataformas rocosas del área de Cala d’Hort, como en Cala Truja, donde las rocas son del Aptiense y los fósiles alcanzan un tamaño considerable de más de diez centímetros. Pues bien, misterio resuelto. Estos extraños fósiles pueden tener la forma de un lenguado, de parte de una columna vertebral, de una espiral o de un sacacorchos, según lo que quedé de ellos y la posición en la que se encuentren; es decir, se observan distintas secciones porque quedaron enterrados en diferente posición y se conservan diferentes áreas. Y a esta variedad morfológica hace también referencia el geólogo Luis Alberto Tostón en la Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera, donde señala que “los Turrilites constituyen formas heteromórficas porque el enrollamiento de su concha es turriculada, es decir, que va haciendo espiral en planos diferentes”. Añade que la especie más característica, T. costatus, es un fósil que protagoniza ya el Cretácico medio y superior, algo más recientes que el inferior, y que “en Eivissa se puede encontrar en las rocas calcomargosas del Cenomaniano, que sólo aflora en la unidad tectónica de Llentrisca-Rei, en la serie de Sant Josep”. 

Los ammonites, y con ellos los turrilites, dominaron el mar cuando el Mediterráneo no era tal y las islas se hallaban bajo las aguas. Al emerger los islotes, emergieron lo sedimentos y con ellos todos aquellos animales muertos convertidos en fósiles. Eivissa es tierra de fósiles marinos. 

LA CLAVE. POSIBLE CONFUSIÓN

Los turrilites (usado sin mayúscula como nombre común; no científico) pueden confundirse con otros fósiles que tienen un nombre similar, por ser similar su forma, los moluscos del género Turritella, que también pueden encontrarse en Eivissa, en las calcáreas blancas de la zona norte de la isla, por ejemplo, y que son algo más pequeños y representan a la era Terciaria; es decir, son menos antiguos que los turrilites. 

De la sección Coses Nostres del dominical de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/06/30/huellas-sacacorchos/1076639.html

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Los tiburones que ya no nacerán

huevo de tiburón enganchado en las redes.CAT

Texto y fotos: Cristina Amanda Tur

Más allá de los esporádicos avistamientos de tiburones acercándose a aguas costeras, la mejor prueba que tenemos de que en aguas de las islas siguen habitando estos depredadores, tan importantes para los ecosistemas marinos, son las cáscaras de sus huevos. Con cierta frecuencia, esas cápsulas vacías, pueden encontrarse en las playas tras ser arrastradas por las mareas, indicándonos que la vida sigue abriéndose camino en nuestro sobreexplotado Mediterráneo. Sin embargo, podemos acreditar asimismo su existencia de una forma más dramática y menos romántica; por la extraordinaria cantidad de huevos que destruyen las redes de los pescadores, principalmente las largas y pesadas mallas diseñadas para barrer el lecho marino que usan las embarcaciones dedicadas a la pesca de arrastre. Muchos de estos huevos frustrados arriban hasta los muelles y pueden observarse en las redes extendidas al sol tras una jornada de pesca. En una tarde del mes de noviembre, echando un vistazo de apenas media hora en las redes que, un rato antes, los pescadores con base en el muelle pesquero de Eivissa han desplegado en el puerto, cuentas y recoges un total de 22 huevos de tiburón, sólidamente enganchados a las mallas por los filamentos que, en condiciones normales, sirven para fijarse a los fondos marinos. Son 22 tiburones que ya no nacerán. La mayoría eran, probablemente, pintarrojas. Realizas la misma inspección de las redes durante veinte días y ni uno solo de ellos te vas sin encontrar alguna de esas cápsulas que popularmente, por su forma, se conocen como monederos de sirena, hasta llegar a reunir una colección de más de 200 huevos. En menor cantidad, a veces también encuentras algún huevo de raya (cuatro en esos veinte días de inspección) .

Así que, si bien estos huevos son un modesto testimonio de su presencia, también lo son de la amenaza que la pesca supone para los elasmobranquios (rayas y tiburones). Y no sólo huevos de tiburón son desembarcados por las redes, como capturas accidentales y sin valor, tras una jornada de faena; a los muelles llegan, asimismo, gran cantidad de estrellas de mar, ofiuras, caracolas, pedazos de cangrejos, erizos, algas y múltiples trozos de los fondos de maërl sobre los que pasan las redes. Tan a menudo arrastran las mallas los rodolitos de estos fondos que los pescadores de las islas tienen un nombre popular para ellos; los denominan magrana (granada) por el color rosado que aún tienen cuando los sacan a la superficie. Al llegar a puerto y acabar sobre los muelles, ya se han vuelto blancos porque han muerto las algas rojas que tienen incrustados. Respecto a las estrellas de mar, en veinte vistazos a las redes horas después de su llegada a puerto, se han encontrado 92 ejemplares, algunos individuos de especies muy raras, habitantes de las profundidades. Y diez ofiuras. Los datos son sólo una demostración, sin ánimo científico, de los daños colaterales que la pesca implica y que quedan, como prueba, en las redes extendidas en el muelle pesquero. En realidad, la mayor parte de los organismos desestimados son lanzados por la borda al subir las redes. Además, también hay que destacar que tanto huevos de tiburón como estrellas de mar son piezas que, por sus características, fácilmente quedan enganchadas a las mallas, por lo que son las que no se pierden por el camino y suelen llegar a puerto. Pero no son los únicos daños, las únicas muertes inútiles que las redes de arrastre provocan. Tampoco el ‘bycatch’, que es como se denomina, en general, a la captura accidental de especies durante la pesca, es exclusivo de los arrastreros. Redes y anzuelos matan al año a millones de aves marinas, cetáceos, tortugas, tiburones y todo un sinfín de especies que no eran el objetivo de los pescadores. Eso sí, las tasas más elevadas de captura accidental están asociadas a la pesca de arrastre, como no podía ser de otra manera por su sistema de barrido del fondo, que implica no sólo la pesca de todo tipo de especies sino también graves daños a los hábitats bentónicos.  

En la isla de Eivissa quedan actualmente en funcionamiento tan sólo seis arrastreros. Y dos en Formentera. En todo el archipiélago faenan 36 de estas embarcaciones, y, según destaca el jefe del Servicio de Recursos Marinos de la conselleria balear de Medio Ambiente, Antoni Grau, la flota se ha reducido considerablemente en las últimas décadas y su mala fama, asegura, no es del todo merecida. “El efecto del arrastre en Balears sobre las comunidades bentónicas está muy diluida por el hecho de que la relación del número de barcas/superficie apta es muy baja (ahora hay 36 barcas para 25.000 kilómetros cuadrados, una barca para cada 800 kiilómetros) y siempre ha sido así; de hecho, aunque se ha perdido más del 55 por ciento de las embarcaciones en treinta años (había 79 en 1988), no se han notado grandes cambios y, en mi opinión, si la flota de arrastre se reduce aún más, tampoco habría efectos ambientales sensibles. El problema es la mala imagen, fomentada por los propios pescadores de artes menores”. 

estrella de mar muerta en las redes en el muelle pesquero de Eivissa

En este sentido, también destaca que hay que tener en cuenta los efectos de las redes de trasmallo y del palangre sobre los denominados depredadores apicales (los que están en los puestros más altos de la cadena alimentaria), como los tiburones, las rayas y los meros, o sobre otras especies como cangrejos y aves como la pardela balear (virot), que señala que son las especies que aportan estabilidad a los sistemas naturales “y su ausencia, en algunos casos desde hace más de 50 años, es irreversible o está cerca de serlo”. Y prueba de todo ello, asegura, es que “la pérdida de cientos de unidades de embarcaciones de artes menores sí que se ha notado de forma sensible y es evidente que el número de caproigs (rotjes), déntols, càntares, galls y otras especies comerciales ha aumentado en el litoral de Balears. También es evidente que en las reservas marinas donde se limita el número y la malla de las redes, los efectos son notorios”. Una de las principales críticas a las que se enfrenta la pesca de arrastre es que es muy poco selectiva, pero a ello Antoni Grau responde que se han sobrevalorado los daños en las comunidades bentónicas mientras se ha menospreciado el impacto de la pesca selectiva en las especies apicales; la pesca submarina sí es totalmente selectiva y, sin embargo, “tiene efectos criminales”. La pesca submarina, con el aumento de pescadores recreativos, es responsable de la desaparición de grandes ejemplares que son muy importantes para el mar. 

CALADEROS DE GAMBA ROJA

En realidad, todo suma para que el Mediterráneo sea el mar más sobreexplotado del mundo. De hecho, también hay que considerar que en aguas cercanas a las islas no sólo pescan los arrastreros con base en los puertos de Balears. Respecto a estos, hay que especificar que los barcos dedicados a lo que en las islas aún se denomina pesca de bou faenan, en las Pitiüses, básicamente en la plataforma entre los 60 y los 120 metros de profundidad. Y, ocasionalmente, entre 120 y 150. Y, mientras que las flotas de Mallorca y Menorca son barcas “gamberas”, que capturan especialmente marisco, en Eivissa y Formentera son barcas menos especializadas que capturan pescado y marisco en fondos detríticos donde hay rayas, salmones, pulpos, calamares y merluzas. Sin embargo, las aguas de Balears son frecuentadas por pesqueros de distintos puertos mediterráneos, por arrastreros de mayor tamaño, flota de talud, que faenan a profundidades de más de 500 metros. Conocidos caladeros de gamba roja como El Clock (al sur de es Cap de Barbaria) y Tagomago, por ejemplo, son tradicionalmente explotados por barcos alicantinos, principalmente de Santa Pola o Villajoyosa. Esta pesca de profundidad está directamente conectada con la periódica aparición, en playas de las islas, de una especie de tiburón como es la cañabota gris, habitante de aguas profundas que comparte hábitat con la gamba roja. Las redes de los pesqueros arrastran desde los fondos a estos espectaculares tiburones, que mueren en el ascenso, son luego descartados y lanzados por la borda. Así llegan a la costa. Otra muestra más de los horrores del ‘bycatch’. Y en época de atunes, el horizonte se llena de siluetas de grandes pesqueros de diferentes puntos del Mediterráneo, como franceses e italianos, que se dedican habitualmente a la pesca con cerco y que inician a finales de mayo su campaña. Año tras año, esta flota ha sido objeto de denuncias por prácticas ilegales; el año pasado, el Consell denunció ante las autoridades pesqueras del Gobierno central el descarte de piezas que mueren durante la pesca lanzando los cadáveres al mar. Si acaban en las redes de arrastre de los pescadores de las islas, estos cadáveres en descomposición pueden conllevar la pérdida de toda la captura, pero, además, revelan la sobreexplotación que sufre el atún en las aguas que circundan las islas. En las redes de los atuneros acaban ahogados, por proporcionar otro apunte, gran cantidad de delfines. 

La organización Oceana lleva años luchando para reducir el impacto que, de manera especial, las redes de arrastre tienen sobre los hábitats bentónicos. Y, en estos momentos, en plena campaña para acabar con la sobrepesca en el Mediterráneo, propone una serie de medidas que se inician con la creación “urgente” de una zona libre de arrastre que alcanza hasta los cien metros de profundidad. “Esta zona somera es muy sensible y productiva, ya que hasta ella alcanza la luz del sol (zona fótica)”,  explica la científica marina de Oceana Marta Carreras. En esas áreas hay hábitats sensibles ya protegidos, como los fondos de maërl y de coralígeno y también “es donde se producen más descartes. Alrededor de un 80 por ciento de lo que se captura se lanza, mientras que en zonas más profundas, donde se pesca la gamba roja, ese porcentaje es de un 15 o 20 por ciento”. Oceana considera que a menor profundidad sólo tendría que permitirse la pesca artesanal, “bien regulada y de bajo impacto”. 

restos del fondo marino arrastrados por las redes

Al problema de los descartes se suman los resultados de un informe sobre la sobrepesca que Oceana preparó para entregar al Congreso de los Diputados y que revela que ninguna de las especies con más valor comercial, especies explotadas por la pesca de arrastre, se pesca a niveles sostenibles. Ni en Balears ni en el resto del Mediterráneo español. Por ello, la organización ha reclamado una reducción del esfuerzo pesquero que, en las islas, supondría un 74 por ciento de disminución de las capturas de merluza, un 90 por ciento de las de cigala y de porcentajes de reducción de 36 y 58 en los casos de la gamba blanca y la roja. El objetivo es reducir la capturas siguiendo las recomendaciones científicas para llegar al rendimiento máximo sostenible. 

Y siguiendo con la lista de medidas, Oceana también pide que, en profundidades de más de cien metros, se ponga límite a la pesca de arrastre en áreas de puesta y de cría y donde existan hábitats sensibles como bosques de coral bambú u otros corales de profundidad, o campos de lirios de mar o de plumas de mar, por ejemplo. En este sentido, en el informe se destaca que el número de capturas de juveniles, muy elevado en la pesca de arrastre, hace disminuir la productividad de los caladeros y, por tanto, pone en riesgo el futuro de la pesca. Marta Carreras resalta que Oceana ha conseguido el apoyo de 150 científicos del mundo para exponer estas propuestas ante las autoridades. Y este mismo verano, con la publicación del plan plurianual de la UE para la pesca demersal en el Mediterráneo occidental, se esperan cambios en la dirección adecuada, en las limitaciones de la pesca, mejoras que organizaciones como Oceana van consiguiendo a fuerza de insistir y de enarbolar informes y estudios de expertos que denuncian la preocupante sobrexplotación del Mediterráneo. El jefe del Servicio de Recursos Marinos de la conselleria balear de Medio Ambiente, Antoni Grau, hace referencia asimismo al nuevo reglamento que entra ahora en vigor y con el que se cambiará el régimen de horas y días en los que la pesca esté permitida y vedas de tres meses anuales para los arrastreros que operan en fondos marinos de hasta cien metros de profundidad. El presidente del Consejo Europeo, el rumano Petre Daea, ha calificado el plan de histórico y ambicioso. La verdadera cuestión es si será suficiente. 

huevos de tiburón recogidos en las redes de pesca

Reportaje publicado en el dominical de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/06/30/tiburones-naceran/1076631.html

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La soldadora de heridas

Coris monspeliensis fotografiada en el pla de Cala Llentia.CAT

@territoriocat

Cuando observas, desde cierta distancia, el verde de sus tallos repletos, de arriba a abajo, de hojas lineares sin rabo (pedúnculo) y la vistosidad de sus flores agrupadas en espigas piensas que son brezos en flor. Pero algo falla. Esa planta que estás contemplando tiene algo distinto. Todas las que ves alrededor miden menos de dos palmos, ninguna alcanza la altura a la que llegan los arbustos de los brezos. Y las flores tienen además un color mucho más vivo que el rosa de los brezos, un lila o púrpura que recuerda a algunos tomillos y que, al caer el sol, y mientras los otros colores se oscurecen, aún parece brillar en las zonas boscosas, en pinares y áreas donde también abunda el romero. Ahora mismo es fácil ver esta planta en bosques como los que rodean Platges de Comte, Cala Codolar o Cala Llentia, o en Cala Salada, ya que sus cápsulas se están abriendo, una a una, para acabar mostrando, durante casi todo el verano, sus llamativas coronas de flores en el extremo de cada tallo. Es una planta de terrenos calcáreos, de garrigas y bosques mediterráneos.

De cerca, las diferencias son más evidentes y el mayor parecido, aunque significativo, con el brezo es la disposición y la forma de las hojas alrededor de los leñosos tallos. Parece un brezo en miniatura hasta que te acercas y contemplas sus originales flores y las espigas de color granate de las que surgen. Cada una de estas flores tiene cinco pétalos que adquieren un tono más intenso acercándose a los bordes, donde además se bifurcan convirtiéndose en lóbulos bífidos. Destacan tres de estos pétalos, más largos y situados en la parte superior de la flor como si fueran una tiara, y los cinco estambres con anteras de un color amarillo también muy intenso. Toda esta estructura que conforma la flor se halla incrustada en un cáliz acorazado, cubierto de espinas rojizas. Se parece a las flores del brezo como un mapache a una sardina. 

Esta planta se conoce por diversos nombres, como suele suceder con todas las plantas, aunque los más populares son hierba pincel, periquillo, hierba soldadora, consuelda de las peñas y curalotodo. Su nombre científico es Coris monspeliensis, por lo que a veces es citada con el nombre del género, coris, lo cual resulta apropiado porque es su única representante. En las islas es conocida como cepell bord precisamente por su inicial parecido con el brezo (cepell). En otras zonas de habla catalana, se destaca su semejanza con los tomillos (por su espiga cubierta de flores lilas) al denominarla farigola mascle (en las islas también se denomina así a la herba de sant Ponç; Teucrium capitatum). Y si uno de todos estos nombres llama la atencion es el de hierba soldadora, que hace referencia a las propiedades cicatrizantes que se le atribuyen y por las que muchos trabajadores del campo han llevado tradicionalmente, entre sus enseres, un pequeño bote con polvo de esta planta para espolvorearlo en caso de sufrir algún corte. En el libro ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’, su autor, Pío Font Quer, cita a otro botánico, Joan Texidor, para incluir el dato de que “en el reino de Valencia espolvorean las úlceras con esta planta reducida a polvo, muy fino, para acelerar su cicatrización”. Además, señala Font Quer que “desde remotos tiempos se le atribuyen propiedades contra la sífilis, y en tal concepto se vino empleando en medicina popular hasta hace pocos años” (el libro se publicó por primera vez en 1961). Incluso existen referencias de que el cepell bord era usado para sanar fracturas porque sus cualidades alcanzaban a soldar hasta los huesos. 

Hay descritas dos subespecies de esta planta, C. monspeliensis monspeliensis y C. m. fontqueri, y las dos están presentes en Eivissa (no así en Formentera). La primera variedad se diferencia de la segunda por tener los dientes del cáliz de una longitud similar al tubo. Sin embargo, no existe unanimidad entre los expertos con respecto a que se pueda determinar, por tal característica, que se trata de dos subespecies. Lo cierto es que, como puede leerse en el Herbari Virtual del Mediterrani Occidental, “se observa una gran variabilidad dentro de esta especie. Hay disconformidad entre los diferentes autores que han tratado el género, y es difícil llegar a conclusiones claras entre los diferentes taxones descritos”. El cepell bord es una planta melífera, es decir, que es de interés para la apicultura por su cantidad de néctar, y resulta especialmente atrayente para las abejas, que sienten cierta predilección por todas aquellas flores que tengan un color en el espectro del azul al violeta.

LA CLAVE. LA PLANTA DE LOBEZNO

Su capacidad para ‘soldar’ heridas, a la que debe el nombre de soldadora, ha hecho que la medicina tradicional le atribuya propiedades cercanas al poder regenerativo del mutante Lobezno, personaje de la Marvel relacionado con los X-Men y la imagen que mejor puede representar la regeneración de cualquier tipo de lesión. Para lograr cicatrizar heridas, la planta es reducida a un polvo muy fino que se espolvorea sobre la zona que debe tratarse. A la soldadora incluso se le ha supuesto la capacidad de soldar los huesos y de curar la sífilis. Y las partes de la planta que usualmente se has utilizado son el tallo y también la raíz, tan amarga que, asimismo, se ha empleado como vomitivo (aún se utiliza como medicamento).

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/06/23/soldadora-heridas/1075145.html

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La iglesia en un cruce de caminos

Si tuviera otro aspecto, su emplazamiento, en un cruce de caminos lleno de señales y junto a un popular bar de esos que llaman ‘de toda la vida’, la harían fantástica para trasladarse, por un momento, a los años 60 de un pueblo americano. Pero si bien la iglesia de Forada es, efectivamente de los 60, es de unos 60 muy españoles, según atestiguan detalles como las baldosas del interior o los ladrillos botelleros, de color teja, del exterior. Eso sí, la pequeña iglesia se integra a la perfección en ese cruce de caminos que, en realidad, son carreteras, tanto por sus dimensiones como por sus paredes blancas, su sobriedad, sus formas cuadradas, el rectángulo abierto de su campanario y las dos pequeñas cruces blancas de su entrada. 

En la modesta iglesia de Forada “hay misa todos los domingos, tanto en invierno como en verano, y cuando es el día del pueblo se llegan a juntar aquí 120 personas; los otros días no suele llenarse, es verdad, pero siempre hay alguien, al menos diez o quince personas”. Lo explica María Victoria Montoro, que lleva casi una década encargándose de mantener el templo en perfecto estado de revista y que vive en la pequeña vivienda anexa a la capilla, integrada en el conjunto de la misma manera que el conjunto lo está en el cruce de caminos, en la carretera que une Sant Rafel con Santa Agnès y la que cruza desde Santa Gertrudis y Sant Mateu hacia Sant Antoni. 

“Cuando la actual vénda de Forada aún formaba parte de la de Buscastell, el vicario capitular Rafel Oliver Ribes (1867) ya previó la conveniencia de construir una capilla para atender a las familias de este lugar tan alejado del templo parroquial”. El templo matriz al que se refiere es el de Sant Antoni y el dato puede leerse en el libro dedicado a Portmany de la serie ‘Illes Pitiüses’ de Joan Marí Cardona. En el documento rescatado por el historiador y escrito por el citado vicario, puede leerse que “cuando sea posible, se hará un oratorio público en la vénda de Buscastell y uno de los vicarios irá a dar misa los domingos y festivos”. Lo cierto es que no fue posible hasta el año 1965, cuando se puso la primera piedra de la nueva iglesia, concretamente el 16 de mayo. Y no se inauguró hasta el 10 de diciembre de 1967. 

María Victoria enseña aquella primera piedra, incrustada en un muro exterior unido a su vivienda y que da paso al vestíbulo de la iglesia. Y señala que aún hoy mucha gente cree que el templo es de Buscatell, zona a la que también da servicio.

El obispo de aquel entonces, el mallorquín Francesc Planas, presidió la inauguración y dedicó la capilla a la advocación de la Purísima Concepción, la Inmaculada Concepción, cuya festividad se celebra el 8 de diciembre. Una moderna, brillante y espigada talla de madera de tal Virgen, obra de jesuitas de Sarrià, es la que se venera en esta iglesia, donde también pueden verse imágenes de sant Antoni, en recuerdo de que el templo está adscrito a la parroquia de Portmany, y de sant Vicent Ferrer. Estas dos tallas, a cada lado de la Purísima, se emplearon antaño en las procesiones de la iglesia a la que pertenecían. Cuenta Joan Marí Cardona en su libro que la primera de las citadas “debe ser la que se compró en el año 1853, que en tiempos de la visita del Archiduque ocupaba una de las dos fornículas del presbiterio”. La segunda se compró en el año 1848. 

Forada empieza poco antes de la iglesia y acaba no mucho después. Sus fronteras parecen tan limitadas como su templo. Pero lo cierto es que Forada, en la parte interior del pla de Portmany, alcanza hasta los cerros que rodean la zona, como el puig d’en Secorrat, el d’en Vilda y el d’en Porro, al norte. La vénda de Forada no es tan pequeña como parece al pasar por la carretera y observar las señales que indican su principio y su final, pero aún hoy sigue confundiéndose con la de Buscastell, en cuyo interior se halla, y sus límites no parecen muy claros. Tras la construcción de la iglesia, allí, alrededor del cruce de caminos, se conformó el núcleo de la población, porque cerca de allí también se levantó la escuela unitaria, y Can Tixedó, hoy también galería de arte, incluye un pequeño supermercado y tiene más de medio siglo de historia. Al núcleo se ha unido el Mercat de Forada, un mercadillo de productos locales que cada sábado se abre frente al supermercado de Can Tixedó. El cruce de caminos ha cobrado vida. 

LA CLAVE. EL ARQUITECTO

Fue durante muchos años arquitecto municipal de Sant Josep, mucho antes de que Antonio Huerta, y por cuestiones muy ajenas a su profesión, se convirtiera en el arquitecto adscrito a un municipio que más páginas de periódico ha llenado. La traza de Josep Ribas González está detrás de hoteles como el Helios o el Argos. Y, como obra más reciente, alejada de la integración con el paisaje y la discreción que caracterizaron sus obras, el estudio de arquitectura que Ribas compartía con su hijo, Josep Ribas Folguera, se unió a Jean Nouvel para crear el conjunto residencial Life Marina Ibiza, más conocido como Las Boas. Josep Ribas González, natural de Barcelona pero siempre relacionado con la isla, falleció en noviembre de 2011. 

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El resplandor del gigante de hidrógeno

Júpiter reflejado en el agua frente a es Frares de Cap Martinet.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

“El rey de los planetas, Júpiter, es el más grande del Sistema Solar y está acompañado de cuatro grandes lunas, visibles incluso con prismáticos, que son también como planetas en sí mismas. Es un gigante de gas, donde nadie podría aterrizar, y al telescopio se caracteriza por sus franjas horizontales y la Gran Mancha Roja, con forma de ojo, que hay junto a una de estas franjas”. Así se describe este planeta gaseoso en el libro ‘Estels d’Eivissa. Noms popular d’estrelles, planetes i constel.lacions a les illes Pitiüses’ editado por la Agrupació Astronòmica d’Eivissa (AAE). En él se explica asimismo que, en Eivissa, el quinto planeta de nuestro sistema era denominado Gandul, “es decir, hombre a quien no le agrada hacer ningún tipo de faena”. Quien ofreció este dato a la AAE no aclaró el motivo de tal nombre, pero en el libro se añade que, en Terres de l’Ebre, a Júpiter se lo conocía como Dropo o Dròpol, un vocablo con el que coloquialmente también se hace referencia a un hombre vago. Y una explicación posible, investigada en el trabajo ‘Notes i lectures d’astronomia popular’, de Albert Aragonés Salvat, es que los lugareños consideran que, “por razón de su magnitud, habría de ser de movimientos más rápidos y avanzar más de prisa por el cielo; y, por una asociación de ideas, creen que eso influye sobre las cosechas, que devienen tardías y escasas el año que campea por la órbita celeste la noche de Sant Joan”.

Y es que Júpiter no se deja ver todo el año y es protagonista estos días del cielo nocturno pitiuso porque ya puede verse, nada más anochecer, levantándose sobre el horizonte como una gran bola de luz, que se refleja en el mar al igual que los destellos de un faro y a pesar de encontrarse a más de 600 millones de kilómetros de la Tierra, más allá de Marte y del cinturón de asteroides. Desde el este y desplazándose hacia el sur, va ascendiendo en el cielo, más rápido de lo que podría indicar su nombre popular, hasta que ya no se refleja en el agua pero sigue siendo una gran bola luminosa incrustada dentro de la Vía Láctea, que sube con él hasta quedarse vertical sobre la línea del horizonte. En realidad, es el desplazamiento de la Tierra el que confiere el movimiento a la bóveda celeste, por supuesto, pero desde el punto de vista de alguien detenido sobre un acantilado, es evidente que Júpiter se aleja del horizonte y del este, al igual que lo hacen el resto de los objetos que pueblan ese cielo una noche cualquiera. El brillo de Júpiter es tan espectacular durante el mes de junio que turistas que residen en verano en Cap Martinet han llegado a llamar a la agrupacion astronómica desconcertados por la luz, extremadamente intensa, que veían elevarse sobre el mar. No en vano, el nombre de Júpiter, dios principal de la mitología clásica romana, deriva de las raíces dyu, que significa luz, y piter, el pater del latín. Eso sí, aunque ahora Júpiter mantiene su protagonismo, no brilla tanto como lo hace el planeta Venus, que ha recibido distintos nombres populares en función de si se deja ver por la mañana o si es visible al anochecer. Así recibe nombres como Estel de s’alba, Estel des solpost, Estel des Pastors o en Gruasopes, uno de los nombres tradicionales astronómicos más conocidos y que hace referencia a que el planeta ‘merodea’ por el cielo cuando los pastores preparan su cena. Venus también puede verse reflejado en el mar de la Tierra. 

Hacia el día 7 de junio, además, Júpiter se sitúa ya en su punto más cercano a nuestro planeta, alcanzando por estas fechas tanto su mayor brillantez como su perigeo (el punto de la órbita de menor distancia). El día 10, concretamente, tiene lugar lo que se denomina la oposición de Júpiter, lo que ocurre aproximadamente cada 400 días y que significa que este planeta, la Tierra y el Sol se sitúan en línea recta y, por tanto, es una de las posiciones más cercanas a nuestro planeta, aunque no necesariamente la más próxima. Y es también el momento en el que Júpiter brilla más, ya que no tiene luz propia sino que refleja la del sol. A partir de entonces, Júpiter se irá alejando y a finales de junio ya se notará que su tamaño y su brillo se han reducido, aunque se podrá observar aún en buenas condiciones hasta los meses de septiembre u octubre. 

Ahora, por tanto, es el mejor momento para observar al gran planeta de hidrógeno y helio. El mejor para verlo, a simple vista, como si fuera una inmensa estrella sobre el mar o para coger unos prismáticos y observar cuatro de sus lunas, los denominados satélites galileanos (fue Galileo quien los descubrió en 1610). En realidad, se han descubierto ya hasta 79 satélites del planeta, pero los más grandes y más conocidos son Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. Con cualquier telescopio también es una buena ocasión para contemplar una de sus características más conocidas, su Gran Mancha Roja. 

LA CLAVE. LA TORMENTA ETERNA.– La Gran Mancha Roja que se observa en una de las franjas del planeta Júpiter puede observarse mejor este mes de junio con cualquier telescopio. Esta mancha, que va variando en tonos desde el naranja hasta el rojo intenso, es más grande que la Tierra y es en realidad un vórtice anticiclónico, una enorme tormenta que podría llevar más de tres siglos activa y en cuya periferia se registran vientos de 400 kilómetros por hora. Una de las preguntas sobre Júpiter que se formulan actualmente los astrónomos es cuándo se detendrá este gran tornado.

Publicado en la sección Coses Nostres del dominical de Diario de Ibiza: https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/06/09/resplandor-gigante-hidrogeno/1072212.html


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Las Malvinas versus es Malvins

Es Malvins desde el avión arribando al aeropuerto

es Malvins desde el avión arribando al aeropuerto. CAT

@territoriocat.– No son lo mismo las Malvinas que es Malvins. Las primeras están en el Atlántico Sur y se las disputaron Argentina y Reino Unido en los 80. La primera ministra británica, Margaret Thatcher, escribió en su biografía, ‘Los años de Downing Street’, que nada permanecía tan vivo en su memoria “que las once semanas de la primavera de 1982 en las que Gran Bretaña hizo y ganó la guerra de las Malvinas”. Aunque ella, como buena inglesa, las llamaba islas Falkland. Es Malvins, en cambio, a pesar de que también tienen cierto valor estratégico, no han sido el epicentro de contienda alguna, si no se considera como tal la que, en 1660, acabó con un vicario y sus oficiales desterrados en uno de estos islotes por la gracia del gobernador. Es Malvins ibicencos se encuentran en la entrada al puerto, a poco menos de una milla y media del faro de Botafoc. Y, desde la ampliación del área protegida del año 2015, forman parte, como los cercanos s’Esponja y es Daus, de la reserva marina de es Freus. 

Lo cierto es que la similitud del nombre ha llevado en no pocas ocasiones a relacionar los dos grupos de islotes. Al cumplirse un año de la guerra de las Malvinas, la delegacion balear de Radio Nacional de España realizó incluso un reportaje sobre es Malvins ibicencos para recordar la guerra al sur del Atlántico. Y si tal empalme resulta asombroso, tal vez lo sea aún más la teoría de un filólogo catalán que ha llegado a asegurar que el origen del nombre de las Malvinas se encuentra en los islotes ibicencos, a los que se habría rendido homenaje al bautizar las islas frente a las costas argentinas cuando las descubriera alguna de las naves de la expedición de Magallanes, en cuya tripulación habría catalanes que conocerían el antiguo topónimo pitiuso. En realidad, la mayoría de los expertos consideran que las Islas Malvinas derivan del francés Malouines (denominación que le asignaron navegantes franceses que partían del puerto de Saint-Malo) y no relacionan los dos conjuntos de islotes separados por un océano ni por casualidad. El nombre de es Malvins, por su parte, parece ser muy antiguo, y la palabra malví significa malva, una planta abundante en el área mediterránea presente en el litoral y relacionada con ambientes ornitocoprófilos, es decir, que prospera donde existen gran cantidad de excrementos de aves marinas. 

Es Malvins ibicencos son cuatro islotes, o dos islas y dos simples escollos, propiedad del Ministerio de Medio Ambiente. Las dos islas son es Malví Petit, Malví Pla o Malví Nord, de nueve metros de altura, y es Malví Gros, Redó o Sud, que alcanza 16 metros. En medio de las dos se encuentran las rocas de ses Xelles, sa Grossa y sa Petita. Son cuatro pequeños y modestos islotes, pero entre ellos y es Daus, al este, se registra un tráfico marítimo que muchos señalan como el más intenso del Mediterráneo durante los meses de verano y, sobre todo, atesora una gran biodiversidad. En las dos islas mayores abundan plantas como el alfals arbori (Medicago citrina), que también crece en ses Bledes pero que tiene tan reducida área de distribución que está clasificada como vulnerable, y las aves marinas representan uno de los capítulos más destacados de su lista de valores; si en las Malvinas destacan los pingüinos, en los más discretos peñascos ibicencos crían aves como el paio (Hidrobates pelagicus) o la baldritja (Calonectris diomedea). Los dos islotes mayores también cuentan con sus propias poblaciones de lagartija pitiusa y, a su alrededor, el hábitat de las praderas de posidonia y profundides de 30 metros han convertido estas rocas en reconocidos puntos de inmersion para submarinistas, igual que lo son las cercanas s’Esponja y es Daus.

En los últimos años, dos grandes amenazas han puesto en riesgo este discreto pero valioso paraje. El primero fue el hundimiento del buque ‘Don Pedro’ en la seca baix es Daus, el 11 de julio de 2007, y la posibilidad de que se produjera una marea negra por la perdida del combustible de la embarcación siniestrada; el día después de la catástrofe, la aparición de un cormorán alquitranado en es Malvins, además de diversas manchas en pollos y gaviotas, se convirtió en la primera señal de que el vertido estaba afectando a la fauna de la zona. Días después se hallarían algunos cormoranes y gaviotas muertos. Más recientemente, la celebración del Grand Prix (algo así como la Fórmula 1 del mar) en aguas de Platja d’en Bossa, en septiembre de 2014, supuso otro desafío para las aves de los islotes, en una época que, según recordó el Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN), estaban completando su periodo reproductor. Los pollos de paios o paíños estaban realizando sus primeros vuelos con la contaminación lumínica y sonora en contra y los de baldritges, aún en el nido, corrían el peligro de ser abandonados porque los adultos no regresaran debido al ruido y la constante presencia de lanchas. 

Es Malvins es un pequeño refugio de aves en el centro de una marabunta de luces y barcos, donde el intenso tráfico marítimo conlleva que, al menos por estadística, de vez en cuando se conviertan en el escenario de algún accidente. En marzo de 1982, el buque ‘Cala Portals’, de Naviera Mallorquina, chocó allí contra la seca de es Malvins cuando acababa de zarpar hacia Valencia y sólo tuvo tiempo de volver atrás para hundirse en el puerto de Vila. A finales de junio de 1983, un yate inglés se incendió y se hundió entre s’illa de ses Rates y es Malvins y en junio de 2008, un día de lluvia, un taxi náutico se hundió asimismo al chocar contra es Malví Pla. Hubo tres heridos. Otro ejemplo más es el de los dos hombres que en diciembre de 2006 fueron rescatados de es Malví Redó tras hundirse su catamarán. Es Malvins no son las Malvinas, pero también tienen su historia.  

LA CLAVE. EL DESTIERRO DEL VICARIO.– En 1660, el Gobernador de Eivissa, Jacinto Ferrán, desterró a es Malvins al vicario y canónigo de Tarragona, Pedro Roselló, y a sus oficiales. Un destierrro que al parecer duró cuestión de días pero que ponía de manifiesto que el hasta entonces poderoso poder eclesiástico estaba siendo desplazado por el poder real, encarnado en el gobernador. El episodio puede leerse en ‘Ibiza y Formentera en la Corona de Aragón’, de Bartolomé Escandell Bonet, aunque sin más datos, por lo que la única conclusión que parece extraerse es que el motivo fue que los dos representantes de tan altos poderes estaban calibrando su autoridad. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/06/02/malvinas-versus-malvins/1070724.html

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