Del mito del gato del farero a la realidad pitiusa

felino sorprendido en el interior de las motas de ses Salines

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Había una vez una especie de pequeño pájaro que sólo vivía en una isla deshabitada de Nueva Zelanda, la isla Stephens, y que vivía únicamente allí porque las ratas introducidas por los maoríes la habían hecho desaparecer de las islas mayores. El ave en su reducto no tenía nombre porque nadie había descrito la especie. Un buen día, el ser humano llegó también al islote, con él llegaron gatos que crearon una colonia asilvestrada y se construyó un faro. El farero tenía, asimismo, un gato, uno de esos que acostumbran a regalar las presas a sus dueños para demostrarles su amor. Y casi a diario, el gato cazador portaba al farero un pequeño pájaro. Y el farero, aficionado a la ornitología, cogió aquellos pequeños cadáveres y los envío a varios ornitólogos que, finalmente, describieron la especie, aunque, mientras lo hacían, el pájaro desaparecía del mapa. El gato del farero es una historia que a menudo se usa de ejemplo del rol de los gatos como depredadores, y aunque no fue ese gato en concreto el único factor que puso fin a toda una especie al mismo tiempo que era descubierta por los expertos, valga como paradigma de lo que los felinos domésticos pueden suponer para la biodiversidad, sobre todo en el territorio confinado de una isla. Hay que añadir que el pájaro de la historia (Xenicus lyalli) se extinguió por la depredación de los gatos, cierto, pero ante la pasividad de naturalistas a los que sólo preocupaba tener suficientes ejemplares que poder disecar. Entre ellos estaba el segundo barón de Rotschild, quien puso nombre a la especie, escribió un libro atribuyendo la extinción al amoroso gato del farero y fabricó, así, el mito del gran minino exterminador. 

Más cerca y más actual, en el río de Santa Eulària habitan diversas especies de aves acuáticas, como pollas de agua y patos, además de diversos pequeños pájaros como mosquiteros, gorriones y petirrojos. Las garzas y los cormoranes a menudo se adentran en el cañaveral. El río de Santa Eulària –o lo que queda de él– es un oasis de biodiversidad en una costa edificada hasta primera línea de playa. Y allí mismo existe una colonia de gatos silvestres, alimentados por voluntarios que a diario les dejan agua y comida en el puente, comida que, por supuesto, no reduce la gran amenaza que la presencia de los felinos supone para especies que incluso nidifican en tal enclave. Una de estas voluntarias asegura que hay once gatos en la colonia. La mayoría no están castrados. 

EL CASO DE SES SALINES 

En el parque natural de ses Salines no es ninguna rareza observar gatos en el interior de las zonas acotadas de los estanques. Algunos son gatos domésticos que los vecinos dejan pasear libres sin tener en cuenta el daño que puedan ocasionar y otros son individuos asilvestrados, gatos ferales. Todos ellos son una amenaza constante sobre las aves, principalmente sobre las especies nidificantes. Las quejas del personal de este parque natural son igualmente constantes. Aseguran que no es extraordinario encontrar patos con el cuello cortado, por ejemplo, ni que las jaulas que en ocasiones se han usado para atrapar a los depredadores aparezcan destruidas, saboteadas. “Hay personas que muestran mucha preocupación por estos gatos pero no parecen tener la misma sensibilidad por toda la fauna a la que ponen en peligro”, señala un agente medioambiental. Dentro del área del parque, dos puntos sensibles con frecuente presencia de gatos posiblemente con dueño son la zona de es Cavallet y es camí des Brolls (Formentera), donde es frecuente ver a los gatos del vecindario vagando por las motas salineras. 

uno de los gatos de la colonia del río de Santa Eulària

Situándonos en otro faro, mucho más cercano, uno de los naturalistas pitiusos que a menudo colabora en proyectos de conservación de fauna y flora señala que “pegado al faro de La Mola, los animalistas llegaron a instalar una de esas casetas para animales que se compran en las tiendas. Justo arriba de los acantilados en los que nidifica el virot”. De hecho, las colonias de gatos en zona de anidación del virot (pardela balear) en La Mola llevaron al Govern, hace dos años, a intentar poner en marcha un plan para acabar con el problema. Y ello derivó en una encendida polémica social tras la que los animalistas se comprometieron a controlar ellos mismos la población gatuna para evitar su eliminación. Muy críticos con el Govern, aseguraron que portarían los gatos, castrados, a otras colonias y recordaron que en la isla existe una organización alemana que esteriliza a los animales y tutela colonias de gatos. El tutelaje de colonias, de hecho, se ha convertido en la actualidad en la única solución que en las islas se está aportando al problema, una solución amparada, y financiada, por los ayuntamientos pero que los expertos consideran, como mínimo, insuficiente. De hecho, todos los ayuntamientos explican, desde concejalías de Bienestar Animal de nuevo cuño, que se trabaja con asociaciones animalistas porque se ha optado por seguir su patrón de capturar-esterilizar-soltar. Hay que destacar, sin embargo, que existe al menos una asociación que sigue una reglas de juego distintas; en Sabine’s Cat, el proyecto personal de Sabine, no vuelven a dejar en la calle a ninguno de los mininos que llegan a su casa. Los gatos son curados si estaban heridos, son vacunados y esterilizados y se quedan con Sabine hasta que consigue un hogar para ellos. Esta asociación no recibe dinero de ninguna institución y se financia, básicamente, con el dinero que los adoptantes pagan. 

camada de gatos de una colonia

“El problema de los gatos no se ha puesto sobre la mesa; está en las trincheras y de momento sólo se ponen parches”. Así lo asegura uno de los técnicos de Medio Ambiente que trabaja en las islas para la protección de su biodiversidad. Cuando en las distintas administraciones con responsabilidad en la materia se habla de especies invasoras con potencial peligro para el ecosistema se establecen grados de prioridad; hoy, los mapaches en Mallorca y las serpientes en Eivissa y Formentera se encuentran en los primeros puestos de la lista. Los gatos asilvestrados, sin embargo, y a pesar de los continuos intentos de algunos técnicos de abordar la cuestión, podrían estar exterminando sargantanes al mismo ritmo que las serpientes y son rescatados continuamente de las listas de prioridades porque los políticos no quieren enfrentarse al problema. Saben que plantear la necesidad de controlar las poblaciones de gatos de una manera eficaz no da votos (quizás hasta los arrebata) y provoca enfrentamientos con asociaciones animalistas. El caso de La Mola, que podría considerarse una escaramuza, fue la prueba de ello. Los gatos tienen buena prensa; las serpientes, no. 

La situación puede analizarse así. Los parches de los que habla este técnico son subvenciones a estas asociaciones para castrar gatos y una recogida y suelta de animales que acaba cronificando el problema. Estos expertos no olvidan –a pesar de que su prioridad es el compromiso con la biodiversidad–, el bienestar de los gatos y recuerdan que son animales domésticos y que vivir en la calle, aunque se trate de colonias tuteladas, no es su modo de vida ideal. De hecho, la política seguida con estas colonias, que consiste en esterilizar gatos y controlar el número de individuos de cada población soltando luego los animales en grupos distintos a aquel al que originalmente pertenecían, conlleva la rápida transmisión de enfermedades como la leucemia felina. “Las expectativas de vida de estos gatos ya es muy baja”, afirma el técnico medioambiental, que destaca que estos felinos son animales domésticos y que lo unico bueno para ellos es la adopción. Por ello, el objetivo es llegar al punto en el que la adopción pueda absorber la población de gatos que exista en Eivissa y Formentera. La pregunta, lo que hay que debatir, es cómo llegar hasta ese punto, que ahora mismo se presenta como un horizonte muy lejano. La castración de gatos se revela para ello insuficiente. Alimentar y tutelar colonias, de hecho –y a pesar de las castraciones que puedan llevarse a cabo y que nunca alcanzarán un nivel óptimo– aumenta la capacidad de reproducción de la especie. Es biología de primero: si los gatos están bien alimentados en colonias, su capacidad de reproducción aumenta, tendrán más crías que si entran en el circuito natural como gatos salvajes y crían en el bosque. 

alimentando a una colonia en Santa Eulària

El Ayuntamiento de Vila tiene en marcha, desde agosto de 2018, un programa de tutelaje que incluye que los ciudadanos del municipio puedan dar de alta aquellas colonias de las que se ocupen. Tal medida, con la que se obtiene un carnet, implica ciertas responsabilidades pero también que el Ayuntamiento se haga cargo de esterilizaciones y, en algunos casos, de atención veterinaria. La concejala encargada del área de Bienestar Animal, Montse García, asegura que en estos momentos hay veinte colonias controladas por su departamento y que, desde que se inició el programa, se han esterilizado 175 animales a cargo de la institución (263 en total). En este Ayuntamiento tienen un acuerdo con la asociación Care 4 Cats para capturar y esterilizar gatos de colonias. Montse García es consciente de que la proliferación de gatos callejeros representa un problema pero confía en la esterilización, el tutelaje de colonias y la adopción que se realiza desde el centro de recuperación de animales de sa Coma para reducir el problema y la población. 

Desde el Ayuntamiento de Sant Antoni reconocen que “la situación de los gatos asilvestrados del municipio es un tema complicado de afrontar, aunque se está trabajando para llegar a una solución óptima tanto para los gatos como para los seres humanos y lugares con los que interaccionan”. En este Consistorio también dan “mucha importancia” a la esterilización porque aún confían en que conseguirá “una declinación gradual” de la población gatuna (en 2019 se esterilizaron 153 individuos). Al mismo tiempo, consideran que la adopción responsable y la concienciación sobre la necesidad de castrar y colocar chips a las mascotas es parte imprescindible de cualquier plan para abordar la cuestión. 

En Sant Josep, por su parte, también creen en la efectividad de la esterilización para llegar a una población gatuna que no sea un problema medioambiental. Este ayuntamiento prepara una ordenanza sobre el tema y ha propuesto al resto de municipios mancomunar las actuaciones que puedan llevarse a cabo. La concejala responsable del área, Guadalupe Nauda, anuncia además su intención de iniciar en breve una campaña, con un presupuesto de 20.000 euros, por la que los vecinos de Sant Josep podrán esterilizar a sus felinos caseros al mismo tiempo que los animales son dados de alta y se les coloca un chip. La concejala considera sostenible la existencia de colonias felinas en lugares que no sean sensibles para la fauna silvestre y recuerda que la concesionaria fundación Natura Parc, encargada del servicio de recogida y adopción de animales del municipio, ha abierto un centro en Corona en el que también se recogen gatos abandonados y se trabaja para su adopción.  

Ante este panorama, y con el punto de vista de los técnicos de medio ambiente enfrentado al de los animalistas, se hace de nuevo evidente la brecha existente en las islas entre el ecologismo y el animalismo, la misma que aún mantiene candente el debate de la eliminación de las cabras de es Vedrà para salvaguardar la diversidad de su flora protegida. Curiosamente, la liquidación de gaviotas patiamarillas a tiros en el vertedero (en una práctica que hasta los expertos consideran poco o nada efectiva) o la eliminación de conejos o ratas en los islotes no es objeto de debate alguno porque no parece preocupar a las asociaciones animalistas. Y el caso particular de los gatos es, para los expertos en medio ambiente, un debate necesario y también urgente que saben que no va a pasar desapercibido y sin polémica, porque no es lo mismo un gato que una serpiente, una gaviota o una rata y porque los gatos son eficaces e implacables depredadores pero tienen cara de ángel. Lucifer también era un ángel y a veces se nos olvida. 

joven gato de una colonia de Sant Rafel gatos

Publicado en el dominical de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/dominical/2020/03/15/mito-gato-farero-realidad-pitiusa/1129589.html

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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