Las estrellas de cristal de Steinbeck

ofiura fotografiada en la cueva de Ángel, bajo els Hortets de Corona. CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

En el año 1951, John Steinbeck publicó ‘Por el mar de Cortés’, la historia de un viaje de seis semanas que el escritor americano realizó con un amigo biólogo para recoger muestras de fauna marina. Y en el libro hace referencia a las estrellas de vidrio: “Ésta era la primera vez que recolectábamos por la noche, y a la luz de nuestras linternas vimos al pez soplador alimentándose perezosamente junto a la superficie del agua. En el fondo, las estrellas de vidrio, que siempre habíamos encontrado bajo las rocas, se arrastraban como pequeños reptiles. Raras veces se mueven a la luz del día”.  Y tal nombre deriva del hecho de que, en inglés, las ofiuras se conocen como brittle stars, estrellas frágiles o quebradizas, por la facilidad con la que pueden desprenderse de uno de sus cinco flexibles tentáculos si se sienten en peligro; por la facilidad con que se rompen esos brazos. Las ofiuras se parten una vez secas sobre la cubierta de un barco de pesca, que antaño debía ser la forma más usual en la que estos invertebrados equinodermos –como estrellas de mar, erizos y holoturias– debían ser vistos, y tal circunstancia podría explicar también la denominación de estrellas quebradizas. Son, aún en la actualidad, víctimas habituales de la pesca de arrastre y es frecuente ver sus restos por piezas cuando las redes son extendidas en los muelles. Junto a los cadáveres también habituales de sus hermanas, las estrellas de mar. Es lo que se conoce, de una forma casi eufemística, como captura accesoria o accidental. 

En la clase de los ofiuroideos se inscriben alrededor de 2.000 especies, caracterizadas todas por tener un disco central, “un cuerpo redondo y compacto” –en las palabras que usa Steinbeck en ‘Por el mar de Cortés’– y “largos brazos reptiles”. Estrellas serpiente es otro de los nombres populares por los que estos equinodermos son conocidos y sus largos brazos, efectivamente, parecen moverse como serpientes por los fondos marinos; la palabra ofiuro procede de la raíz griega ‘ofio’, que significa serpiente. Sobre sus nombres populares, hay que añadir que existen referencias que señalan que, antiguamente y en las islas, estos animales eran conocidos como bruixes de mar, aunque tal nombre no parece haberse conservado. 

A pesar de la enorme biodiversidad citada, en el mar Mediterráneo sólo pueden encontrarse algo más de treinta especies, algunas son endémicas y al menos dos son especies exóticas invasoras, llegadas de mares más cálidos. En un trabajo publicado en 1984 en el boletín de la Societat d’Història Natural de les Illes Balears se citan ya 21 especies de ofiuroideos en Balears. Y en aguas pitiusas no es difícil ver algunas de las más comunes, como Ophioderma longicauda (tal vez la más observada por los buceadores y llamada comúnmente ofiura lisa) y Ophiothrix fragilis, ofiura de espinas finas. Ambas pueden habitar incluso más allá de los cien metros de profundidad y no son raras a menos de cuarenta metros. Su actividad es fundamentalmente nocturna pero, a menudo, cuando uno se ha acostumbrado ya a observar la vida en las grietas de las rocas, pueden verse sus característicos e inconfundibles brazos sobresaliendo de algún agujero. En las cuevas oscuras puedes sorprenderlas ‘reptando’ sobre las piedras. A las ya citadas, podrían añadirse las especies Ophiomyxa pentagona, también muy corriente, aunque a más de 50 metros de profundidad, Ophiura ophiura, más habitual en fondos de arena que en rocas, y las más raras Ophiura albida o algunas del género Amphiura, que en ocasiones pueden verse (algunos trozos y principalmente los discos) en las redes de arrastre que llegan a puerto. 

LA CLAVE. ANIMALES EXTRAORDINARIOS 

Sabido es que las estrellas de mar son capaces de regenerar cada brazo perdido cuando, por ejemplo, un cangrejo se lo arranca. De hecho, con una sola de esas patas y una pequeña parte del disco central ya puede surgir una nueva estrella y, en algunas especies, el potencial regenerativo aún va más allá y basta un trozo de brazo para formar un nuevo animal en un mes. Sin embargo, se considera que los asteroideos pierden únicamente los brazos cuando un depredador las ataca; se sabe que las ofiuras, en cambio, pueden perder voluntariamente un tentáculo cuando se sienten atrapadas y en peligro. Tentáculo que, por supuesto, volverá a crecer por ese extraordinario poder regenerador del que disponen algunos equinodermos. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza: https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2020/02/16/estrellas-cristal-steinbeck/1123420.html

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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