La cápsula de los deseos

cerraja perdiendo sus cipselas con las semillas.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Todas las especies de flora que existen podrían agruparse en función del mecanismo que usen para dispersar sus semillas, un aspecto de su ciclo imprescindible para garantizar su supervivencia. Algunas se enredan en el pelo de los animales o se enganchan en tus pantalones cuando paseas por el campo, otras se aprovechan del talento de las ardillas para olvidar dónde enterraron los frutos que recolectaron y en otros casos las semillas salen disparadas en una explosión. Incluso hay semillas flotantes adaptadas al agua y que colonizan nuevas tierras arrastradas por las corrientes –en las islas el mejor ejemplo es el de la ruca de mar– y otras que se esparcen cuando son defecadas por el animal que ha comido los frutos enteros de una planta, que es la fórmula que une las vidas de la olivella y la sargantana. Y finalmente existe un amplio grupo de especies cuyas semillas usan el viento para dispersarse. Las hay que tienen escamas similares a las alas, como las semillas de los pinos, y otras que se sirven de un suave y ligero penacho de plumas blancas que se conoce como vilano, que puede volar como un milano y que se une a un palito técnicamente llamado rostro y soldado al fruto, a la esencia que atesora la semilla. Es la más romántica forma de dispersión, la que ha dado lugar a la costumbre de soplar la flor seca pidiendo deseos a cada una de las cipselas que se aleja volando. 

Y en los campos de las islas hay miles de oportunidades para pedir deseos, porque no son pocas las plantas, la mayoría consideradas malas hierbas, que usan este método. Entre ellas hay que citar todas las que reciben el nombre común y genérico de llicsons (lletsons o llecsons), de las que destacan –tanto por su abundancia en las islas como por ser las más conocidas– las cerrajas Sonchus oleraceus y S. terrenimus, dos especies con flores compuestas amarillas abundantes en las islas, donde además pueden hallarse al menos otras tres variedades del género Sonchus. Asimismo, es habitual relacionar estas cipselas de los deseos con la popular hierba diente de león, Taraxacum officinale, que a pesar de no compartir nombre de género con las cerrajas, sí pertenece a la misma familia, la de las asteráceas o compuestas, y es fácil de confundir con ellas por sus flores amarillas y sus hojas de sierra. La roseta de portugal (cama-roja borda) y la cosconilla son otras dos plantas habituales en las islas, que entran dentro del grupo de las que forman ‘cápsulas de los deseos’ y que, por extensión del término, son conocidas como llicsons, aunque pertenecen a otros dos géneros diferentes y sus nombres científicos son Urospermum dalechampii y Reichardia tingitana

Llicsons es una palabra que deriva del hecho de que los tallos de estas plantas tienen unos conductos llamados laticíferos que contienen látex, una sustancia blanquecina como la leche, espesa y a menudo pegajosa. Muchas de estas especies no sólo se han añadido a las ensaladas sino que también fueron usadas antiguamente como plantas curativas; el diente de león, en concreto, aún es ampliamente usado en un sinfín de productos. Y el escritor Plinio el Viejo, tan a menudo parafraseado en Eivissa por sus referencias a las bondades de una tierra pitiusa que ahuyenta el veneno, relacionó las cerrajas con el mito de Teseo al escribir que el mítico rey que se enfrentó al laberinto del Minotauro se zampó una ensalada de esta planta antes de ir a atrapar al Toro de Maratón. 

LA CLAVE. ANEMOCORIA 

Significa que el sistema que usa la planta para esparcir sus semillas es la dispersión por el viento. En el caso de los llicsons, la flor se convierte en una cápsula redondeada repleta de cipselas con penachos de plumas blancas, muy ligeras, que fácilmente echan a volar y que llevan con ellas el saco de las semillas. 

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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