El fénix rosa de ses Salines

Detalle del largo cuello del flamenco y de su característico pico.CAT

Cristina Amanda Tur (CAT) @territoriocat

En ‘Las aventuras de Alicia en el país de las Maravillas’, la Reina de Corazones usa flamencos como mazos para jugar al croquet, algo que probablemente habría escandalizado a los ciudadanos de los primeros periodos del Antiguo Egipto, que consideraban a esta ave una representación del dios Ra, el dios del Sol. Es un símbolo en el estado de Florida, al igual que la sargantana lo es en Eivissa, y millones de flamencos de plástico, convertidos en objetos decorativos para el jardín o flotadores de playa, se venden al año en todo el mundo. El flamenco –con su tamaño, sus largas patas, su impresionante cuello, su gregarismo y su color rosado– es también el rey de los estanques de ses Salines de Eivissa y Formentera y una de las tres especies de avifauna más abundantes en este territorio. Compite en este ranking con dos aves algo menos populares pero igualmente importantes para el ecosistema, el zampullín cuellinegro (cabussonera, Podiceps nigricollis) y el tarro blanco (ànnera blanca, Tadorna tadorna). Y el récord de flamencos observados en los recuentos que se realizan en los distintos humedales de las islas se registró en Eivissa (en los estanques de es Codolar, es Cavallet y sa Sal Rossa) el 19 de julio de 2016, día en el que se contaron 895 individuos. La cifra se redujo sólo ligeramente en agosto y septiembre de ese mismo año, con 844 y 889 ejemplares contabilizados. 

Son las aves con las migraciones más irregulares que pueden verse en el parque natural. Un día de enero están en Eivissa y quince días después pueden estar en Italia. El ornitólogo Oliver Martínez, miembro del Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN), quien durante décadas ha participado en los recuentos de aves, lo explica así: “Se mueven un poco al tuntún entre los humedales”. Lo cierto es que los flamencos pueden verse prácticamente todo el año en ses Salines, y aunque sus migraciones “no son al uso”, podría establecerse un calendario y asegurar que, por regla general, la población se estabiliza más o menos de noviembre a febrero, desciende en febrero y marzo, y también durante los primeros meses del verano, para aumentar en el mes de julio y sobre todo ya a finales de agosto y en septiembre. En estas fechas es fácil observar ejemplares recién llegados, que, según destaca el ornitólogo, llegan exhaustos, sin energía, y eso los vuelve más sensibles a las molestias, a la presencia humana cerca de los estanques. Es un momento delicado. Estos ejemplares pueden estresarse fácilmente y morir si se les importuna y se ven obligados a alzar de nuevo el vuelo. Por ello, es necesario extremar el cuidado al visitar el parque, evitar las molestias a sus habitantes y, sobre todo, respetar la prohibición de acceder a las zonas acotadas y señalizadas. Es habitual, y Oliver Martínez también lo recalca, observar a personas, y también a perros y gatos, en el área de los estanques. Y no hay que olvidar que molestar a especies protegidas puede suponer un delito. Aunque no existe un riesgo inmediato para las poblaciones de flamenco común, la especie está incluida en el Libro Rojo de las Aves de España como ‘casi amenazada’ debido a los pocos enclaves en los que se concentra la mayor parte de la población reproductora europea, en los que cualquier incidencia en época de cría podría dar al traste con una parte importante de toda una generación.

flamencos en el estanque situado junto a la iglesia de Sant Francesc.CAT

Respecto a las zonas de las que proceden los flamencos que visitan Eivissa y Formentera, las anillas de PVC, de gran tamaño, con las que se anilla a algunos ejemplares en las colonias más importantes han permitido conocer que las islas reciben flamencos, principalmente, de la laguna de Fuente de Piedra (Málaga), de la Camarga francesa y del Delta del Ebro (los dos primeros puntos son las más valiosas áreas de nidificación europeas). En menor medida, llegan también de las salinas de Macchiareddu, en Cerdeña, y de los Valles de Comacchio, en el norte de Italia. Hay, asimismo, alguna lectura de flamencos anillados procedentes de salobrales de Turquía. Oliver Martínez aprendió, gracias a la información que aportan estas anillas, que los flamencos, posiblemente, crean grupos familiares, porque, a mediados de los 90 observó a una bandada de cinco o seis ejemplares y, un lustro después, volvió a ver juntos al menos a cuatro de ellos.   

En los últimos años, el flamenco ha colonizado nuevas áreas de cría en España y ya nidifica en las salinas de Santa Pola, en la laguna de Pétrola (Albacete), en el Delta del Ebro o en las marismas del Guadalquivir. Sin embargo, no nidifica en las Pitiüses ni hay datos que indiquen que lo haya hecho nunca, al menos en Eivissa; en Formentera sí nidificaba en el pasado, y se considera que el hecho de que s’estany Pudent se llamara, en los siglos XVII y XVIII, estany des Flamencs se debe a tal circunstancia del mismo modo que a la gran cantidad de aves que podían allí contemplarse. En los últimos años la población de flamencos invernante, y a pesar de la fluctuación de los datos debido a sus irregulares migraciones, parece haber aumentado en Eivissa, superando los 200 ejemplares en los recuentos del mes de enero. 

En Salobrar de Campos (Mallorca), que sigue a ses Salines pitiusas en importancia si hablamos de presencia de flamencos en Balears, se detectó un intento de nidificación en agosto del año 2006, que fracasó, según sospechan los expertos, por las molestias directas provocadas a las aves y el intenso tráfico que se registraba en la carretera de es Trenc. Oliver Martínez recuerda que la primera vez que los flamencos intentaron anidar en el Delta del Ebro, en el año 1992, un avión Canadair sobrevoló la colonia y frustró tal oportunidad. Y la presencia de aviones es uno de los aspectos a los que hace referencia al argüir por qué en Eivissa la nidificación no es fácil. “Los flamencos necesitan unas características muy precisas y en ses Salines hay mucha presión”, asegura. En las salineras ibicencas, la explotación de la sal sigue siendo una actividad en pleno rendimiento, “quedan pocos rincones vírgenes” y estos animales necesitan una profundidad determinada que no encuentran en unos estanques demasiado profundos. Lo cierto es que hace décadas que se plantea la posibilidad de instalar unas isletas artificiales para intentar que los flamencos nidifiquen en ellos, pero no hay ningún proyecto concreto para ello. 

El flamenco es un ave longeva, que puede alcanzar más de veinte años de edad (según confirman las lecturas de las anillas), y el color rosado lo adquiere a lo largo del tiempo debido a su alimentación (una combinación del crustáceo Artemia salina y el alga planctónica Dunaliella salina), por lo que se pueden identificar fácilmente los ejemplares juveniles porque aún no han adquirido tonalidades rosas. Existen varias especies de flamenco, y la que frecuenta ses Salines es, concretamente, el flamenco común (Phoenicopterus roseus), que hace tan sólo una década se desligó de la especie P. ruber, de la que se consideraba subespecie. Su nombre común hace referencia a una flama, a una llama, y al color rosado de los ejemplares adultos (aunque la especie europea no alcanza el tono intenso que puede verse en el flamenco rojo de las áreas tropicales). Es también el ave con las alas del fénix, el que renacía envuelto en fuego, según su denominación científica, ya que el nombre del género proviene del griego ‘phoinix’, fénix o escarlata, y ‘pteros’, que significa alas. 

LA CLAVE. LA AMENAZA DE LOS TENDIDOS ELÉCTRICOS

A la elevada presión humana que los flamencos, al igual que el resto de los habitantes del humedal, sufren en ses Salines se suma el peligro que para las aves representan los tendidos aéreos eléctricos que, año tras año, quienes gobiernan las instituciones se comprometen a eliminar sin que ello llegue a suceder jamás (incluso se han llegado a anunciar partidas concretas para tal fin). Cada año mueren algunos ejemplares al colisionar contra los tendidos, a pesar de los ’salvapájaros’ (unas espirales de PVC) que Red Eléctrica instaló en 2013. Al parecer, la efectividad de estas espirales, que, además, han perdido sus colores vistosos, deja mucho que desear. Y hay que tener en cuenta que la mayoría de las aves chocan contra los cables cuando, al atardecer, emprenden el vuelo hacia las zonas en las que pernoctarán, y la visibilidad es menor en ese momento del día. 

flamencos volando sobre los estanques de sa sa Sal Rossa. CAT

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/10/20/fenix-rosa-salinas/1099055.html

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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