La Luna transmutada en monstruo marino

Pez Luna fotografiado en Portinatx, cerca de sa Punta de sa Torre, por Simón Vila

Cristina Amanda Tur // Foto: Simón Vila 

A veces, sobre todo en primavera, puedes verlos en la superficie del mar, a ras de agua, reflejando el sol en sus costados como grandes espejos con ojos y cicatrices. Así toman el sol y se calientan, meciéndose en las corrientes marinas superficiales. De pronto, un buen día, a más de treinta metros de profundidad, miras hacia el azul profundo y alcanzas a contemplar uno de estos fantásticos monstruos marinos alejándose de la pared de s’Olleta des Vedranell. Y casi tienes que atar a tu compañero de inmersión para evitar que el entusiasmo lo lleve a salir aleteando detrás del enorme pez y se pierda tras él en las profundidades del océano, arrastrado cual Ahab por la ballena blanca. O lo ves en Portinatx, a 32 metros, frente a sa Punta de na Berenguera, un triángulo de tierra como una aleta de tiburón que destaca en sa Punta de sa Torre y que los buceadores que la frecuentan conocen como Punta Jaume, y consigues inmortalizarlo en la fotografía que acompaña el reportaje. En ella se muestra a un ejemplar adulto que también se alejó mar adentro al detectar a los submarinistas. En ese mismo lugar, seis años atrás, el fotógrafo ya había podido observar a otro individuo de esta peculiar especie. Y es que, aunque no es habitual encontrarse con estas bestias, de más de una tonelada y alrededor de dos metros de media, tampoco es una rareza verlas en aguas pitiusas, cerca de la costa. El pez luna es, en realidad, un animal pelágico que suele habitar lejos del litoral y que puede llegar a profundidades de hasta 400 metros, más allá de la plataforma continental, donde ya no alcanza la luz del sol. Pero necesita el calor de los rayos solares para regular su temperatura y por eso frecuenta áreas más superficiales. 

Es un pez ovalado que, cuando lo observas, con sus lados aplastados y su perfil imposible, puedes preguntarte si lo ha diseñado Picasso. Es una bestia inconfundible, similar a una luna plana y plateada con unas prominentes aletas dorsal y ventral y dos pequeñas aletas pectorales. También puede recordar a una gran cabeza de pez, sin cola, un animal inacabado con una aleta caudal convertida en pseudocola, un fleco en la parte trasera que técnicamente se denomina clavus y le sirve de timón. Es sorprendente que semejante extravagancia alcance la velocidad a la que puedes verla alejarse en el mar, y que puede conseguir con sus dos remos sincronizados. 

En prácticamente todo el planeta recibe nombres relacionados con la luna, aunque en inglés su nombre es pez sol por esa costumbre que tiene de calentarse al sol en la superficie del mar, donde, a veces, aves marinas aprovechan la ocasión para desparasitarlo y arrancarle pequeños crustáceos que pueda llevar adheridos. Tiene una piel gruesa y áspera como papel de lija que aparece recubierta por una mucosidad y que con frecuencia muestra manchas y cicatrices de golpes o de encuentros con tiburones (o con orcas y leones marinos en otras latitudes y otros mares). En grandes acuarios, los ejemplares que pueden verse presentan también a menudo –preferentemente en la parte frontal, junto a su extraña y pequeña boca– las señales de roces y golpes contra la pecera; suelen nadar pegados a los cristales.   

Su nombre científico es Mola mola, un nombre tan curioso como el animal que lo posee, que proviene del latín, significa ‘muela’ o ‘piedra de molino’ y se le adjudicó por su piel áspera y gris y su contorno redondeado. En las islas es denominado bot, lluna o bot lluna. Pertenece al mismo orden que los peces globo y los peces erizo, y, como ellos, también es venenoso, lo que no impide que los japoneses lo cocinen (igual que a los tóxicos peces globo, por otra parte). Pero no hay animal al que pueda realmente compararse. De hecho, el orden en el que se integra, el de los tetraodontiformes, que incluye, asimismo, a los más habituales peces ballesta, se caracteriza por ser algo similar a un cajón de sastre de especies con formas raras. El pez luna es, a pesar de su aspecto de monstruo, un animal inofensivo y tranquilo que se alimenta de zooplancton gelatinoso, de grandes cantidades de medusas. En el mes de mayo, unos pescadores observaron, en la bahía de Palma, a un juvenil de pez luna que flotaba en la superficie mientras iba tragándose todas las medusas velero que pasaban junto a él. Y el pasado 1 de agosto, al sur de Menorca, los tripulantes de una embarcación liberaron a un ejemplar que tenía unos cables de plástico enredados en una aleta. De su afición a las medusas surge su principal amenaza, ya que esta bestia lunar inconfundible tiene el cerebro del tamaño de una nuez y fácilmente puede confundir una bolsa de plástico con una medusa, comérsela y morir atragantada. Las redes de pesca y la redes fantasma (las que quedan abandonadas en los fondos marinos) resultan otra amenaza significativa para esta especie extraordinaria que detenta dos récords: es el vertebrado capaz de poner la mayor cantidad de huevos (se ha calculado que hasta 300 millones) y el mayor pez óseo que habita los mares; el tiburón ballena es más grande, pero es un pez de esqueleto cartilaginoso, un elasmobranquio, como todo los tiburones. 

LA CLAVE. INCOMPARABLE Y TAMBIÉN AMENAZADO

Si en su aspecto resulta ser una rareza, menos extraño, a tenor de las múltiples amenazas que ponen en riesgo los hábitats marinos, es que esta especie también esté incluida en las listas de animales en riesgo de extinción. En el Libro Rojo de los Peces de Baleares, el pez luna figura en la categoría de ‘casi amenazado’ y en las listas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) está clasificado como ‘vulnerable’. 

Publicado en la sección Coses Nostres del dominical de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/08/18/luna-transmutada-monstruo-marino/1086220.html

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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