Los tiburones que ya no nacerán

huevo de tiburón enganchado en las redes.CAT

Texto y fotos: Cristina Amanda Tur

Más allá de los esporádicos avistamientos de tiburones acercándose a aguas costeras, la mejor prueba que tenemos de que en aguas de las islas siguen habitando estos depredadores, tan importantes para los ecosistemas marinos, son las cáscaras de sus huevos. Con cierta frecuencia, esas cápsulas vacías, pueden encontrarse en las playas tras ser arrastradas por las mareas, indicándonos que la vida sigue abriéndose camino en nuestro sobreexplotado Mediterráneo. Sin embargo, podemos acreditar asimismo su existencia de una forma más dramática y menos romántica; por la extraordinaria cantidad de huevos que destruyen las redes de los pescadores, principalmente las largas y pesadas mallas diseñadas para barrer el lecho marino que usan las embarcaciones dedicadas a la pesca de arrastre. Muchos de estos huevos frustrados arriban hasta los muelles y pueden observarse en las redes extendidas al sol tras una jornada de pesca. En una tarde del mes de noviembre, echando un vistazo de apenas media hora en las redes que, un rato antes, los pescadores con base en el muelle pesquero de Eivissa han desplegado en el puerto, cuentas y recoges un total de 22 huevos de tiburón, sólidamente enganchados a las mallas por los filamentos que, en condiciones normales, sirven para fijarse a los fondos marinos. Son 22 tiburones que ya no nacerán. La mayoría eran, probablemente, pintarrojas. Realizas la misma inspección de las redes durante veinte días y ni uno solo de ellos te vas sin encontrar alguna de esas cápsulas que popularmente, por su forma, se conocen como monederos de sirena, hasta llegar a reunir una colección de más de 200 huevos. En menor cantidad, a veces también encuentras algún huevo de raya (cuatro en esos veinte días de inspección) .

Así que, si bien estos huevos son un modesto testimonio de su presencia, también lo son de la amenaza que la pesca supone para los elasmobranquios (rayas y tiburones). Y no sólo huevos de tiburón son desembarcados por las redes, como capturas accidentales y sin valor, tras una jornada de faena; a los muelles llegan, asimismo, gran cantidad de estrellas de mar, ofiuras, caracolas, pedazos de cangrejos, erizos, algas y múltiples trozos de los fondos de maërl sobre los que pasan las redes. Tan a menudo arrastran las mallas los rodolitos de estos fondos que los pescadores de las islas tienen un nombre popular para ellos; los denominan magrana (granada) por el color rosado que aún tienen cuando los sacan a la superficie. Al llegar a puerto y acabar sobre los muelles, ya se han vuelto blancos porque han muerto las algas rojas que tienen incrustados. Respecto a las estrellas de mar, en veinte vistazos a las redes horas después de su llegada a puerto, se han encontrado 92 ejemplares, algunos individuos de especies muy raras, habitantes de las profundidades. Y diez ofiuras. Los datos son sólo una demostración, sin ánimo científico, de los daños colaterales que la pesca implica y que quedan, como prueba, en las redes extendidas en el muelle pesquero. En realidad, la mayor parte de los organismos desestimados son lanzados por la borda al subir las redes. Además, también hay que destacar que tanto huevos de tiburón como estrellas de mar son piezas que, por sus características, fácilmente quedan enganchadas a las mallas, por lo que son las que no se pierden por el camino y suelen llegar a puerto. Pero no son los únicos daños, las únicas muertes inútiles que las redes de arrastre provocan. Tampoco el ‘bycatch’, que es como se denomina, en general, a la captura accidental de especies durante la pesca, es exclusivo de los arrastreros. Redes y anzuelos matan al año a millones de aves marinas, cetáceos, tortugas, tiburones y todo un sinfín de especies que no eran el objetivo de los pescadores. Eso sí, las tasas más elevadas de captura accidental están asociadas a la pesca de arrastre, como no podía ser de otra manera por su sistema de barrido del fondo, que implica no sólo la pesca de todo tipo de especies sino también graves daños a los hábitats bentónicos.  

En la isla de Eivissa quedan actualmente en funcionamiento tan sólo seis arrastreros. Y dos en Formentera. En todo el archipiélago faenan 36 de estas embarcaciones, y, según destaca el jefe del Servicio de Recursos Marinos de la conselleria balear de Medio Ambiente, Antoni Grau, la flota se ha reducido considerablemente en las últimas décadas y su mala fama, asegura, no es del todo merecida. “El efecto del arrastre en Balears sobre las comunidades bentónicas está muy diluida por el hecho de que la relación del número de barcas/superficie apta es muy baja (ahora hay 36 barcas para 25.000 kilómetros cuadrados, una barca para cada 800 kiilómetros) y siempre ha sido así; de hecho, aunque se ha perdido más del 55 por ciento de las embarcaciones en treinta años (había 79 en 1988), no se han notado grandes cambios y, en mi opinión, si la flota de arrastre se reduce aún más, tampoco habría efectos ambientales sensibles. El problema es la mala imagen, fomentada por los propios pescadores de artes menores”. 

estrella de mar muerta en las redes en el muelle pesquero de Eivissa

En este sentido, también destaca que hay que tener en cuenta los efectos de las redes de trasmallo y del palangre sobre los denominados depredadores apicales (los que están en los puestros más altos de la cadena alimentaria), como los tiburones, las rayas y los meros, o sobre otras especies como cangrejos y aves como la pardela balear (virot), que señala que son las especies que aportan estabilidad a los sistemas naturales “y su ausencia, en algunos casos desde hace más de 50 años, es irreversible o está cerca de serlo”. Y prueba de todo ello, asegura, es que “la pérdida de cientos de unidades de embarcaciones de artes menores sí que se ha notado de forma sensible y es evidente que el número de caproigs (rotjes), déntols, càntares, galls y otras especies comerciales ha aumentado en el litoral de Balears. También es evidente que en las reservas marinas donde se limita el número y la malla de las redes, los efectos son notorios”. Una de las principales críticas a las que se enfrenta la pesca de arrastre es que es muy poco selectiva, pero a ello Antoni Grau responde que se han sobrevalorado los daños en las comunidades bentónicas mientras se ha menospreciado el impacto de la pesca selectiva en las especies apicales; la pesca submarina sí es totalmente selectiva y, sin embargo, “tiene efectos criminales”. La pesca submarina, con el aumento de pescadores recreativos, es responsable de la desaparición de grandes ejemplares que son muy importantes para el mar. 

CALADEROS DE GAMBA ROJA

En realidad, todo suma para que el Mediterráneo sea el mar más sobreexplotado del mundo. De hecho, también hay que considerar que en aguas cercanas a las islas no sólo pescan los arrastreros con base en los puertos de Balears. Respecto a estos, hay que especificar que los barcos dedicados a lo que en las islas aún se denomina pesca de bou faenan, en las Pitiüses, básicamente en la plataforma entre los 60 y los 120 metros de profundidad. Y, ocasionalmente, entre 120 y 150. Y, mientras que las flotas de Mallorca y Menorca son barcas “gamberas”, que capturan especialmente marisco, en Eivissa y Formentera son barcas menos especializadas que capturan pescado y marisco en fondos detríticos donde hay rayas, salmones, pulpos, calamares y merluzas. Sin embargo, las aguas de Balears son frecuentadas por pesqueros de distintos puertos mediterráneos, por arrastreros de mayor tamaño, flota de talud, que faenan a profundidades de más de 500 metros. Conocidos caladeros de gamba roja como El Clock (al sur de es Cap de Barbaria) y Tagomago, por ejemplo, son tradicionalmente explotados por barcos alicantinos, principalmente de Santa Pola o Villajoyosa. Esta pesca de profundidad está directamente conectada con la periódica aparición, en playas de las islas, de una especie de tiburón como es la cañabota gris, habitante de aguas profundas que comparte hábitat con la gamba roja. Las redes de los pesqueros arrastran desde los fondos a estos espectaculares tiburones, que mueren en el ascenso, son luego descartados y lanzados por la borda. Así llegan a la costa. Otra muestra más de los horrores del ‘bycatch’. Y en época de atunes, el horizonte se llena de siluetas de grandes pesqueros de diferentes puntos del Mediterráneo, como franceses e italianos, que se dedican habitualmente a la pesca con cerco y que inician a finales de mayo su campaña. Año tras año, esta flota ha sido objeto de denuncias por prácticas ilegales; el año pasado, el Consell denunció ante las autoridades pesqueras del Gobierno central el descarte de piezas que mueren durante la pesca lanzando los cadáveres al mar. Si acaban en las redes de arrastre de los pescadores de las islas, estos cadáveres en descomposición pueden conllevar la pérdida de toda la captura, pero, además, revelan la sobreexplotación que sufre el atún en las aguas que circundan las islas. En las redes de los atuneros acaban ahogados, por proporcionar otro apunte, gran cantidad de delfines. 

La organización Oceana lleva años luchando para reducir el impacto que, de manera especial, las redes de arrastre tienen sobre los hábitats bentónicos. Y, en estos momentos, en plena campaña para acabar con la sobrepesca en el Mediterráneo, propone una serie de medidas que se inician con la creación “urgente” de una zona libre de arrastre que alcanza hasta los cien metros de profundidad. “Esta zona somera es muy sensible y productiva, ya que hasta ella alcanza la luz del sol (zona fótica)”,  explica la científica marina de Oceana Marta Carreras. En esas áreas hay hábitats sensibles ya protegidos, como los fondos de maërl y de coralígeno y también “es donde se producen más descartes. Alrededor de un 80 por ciento de lo que se captura se lanza, mientras que en zonas más profundas, donde se pesca la gamba roja, ese porcentaje es de un 15 o 20 por ciento”. Oceana considera que a menor profundidad sólo tendría que permitirse la pesca artesanal, “bien regulada y de bajo impacto”. 

restos del fondo marino arrastrados por las redes

Al problema de los descartes se suman los resultados de un informe sobre la sobrepesca que Oceana preparó para entregar al Congreso de los Diputados y que revela que ninguna de las especies con más valor comercial, especies explotadas por la pesca de arrastre, se pesca a niveles sostenibles. Ni en Balears ni en el resto del Mediterráneo español. Por ello, la organización ha reclamado una reducción del esfuerzo pesquero que, en las islas, supondría un 74 por ciento de disminución de las capturas de merluza, un 90 por ciento de las de cigala y de porcentajes de reducción de 36 y 58 en los casos de la gamba blanca y la roja. El objetivo es reducir la capturas siguiendo las recomendaciones científicas para llegar al rendimiento máximo sostenible. 

Y siguiendo con la lista de medidas, Oceana también pide que, en profundidades de más de cien metros, se ponga límite a la pesca de arrastre en áreas de puesta y de cría y donde existan hábitats sensibles como bosques de coral bambú u otros corales de profundidad, o campos de lirios de mar o de plumas de mar, por ejemplo. En este sentido, en el informe se destaca que el número de capturas de juveniles, muy elevado en la pesca de arrastre, hace disminuir la productividad de los caladeros y, por tanto, pone en riesgo el futuro de la pesca. Marta Carreras resalta que Oceana ha conseguido el apoyo de 150 científicos del mundo para exponer estas propuestas ante las autoridades. Y este mismo verano, con la publicación del plan plurianual de la UE para la pesca demersal en el Mediterráneo occidental, se esperan cambios en la dirección adecuada, en las limitaciones de la pesca, mejoras que organizaciones como Oceana van consiguiendo a fuerza de insistir y de enarbolar informes y estudios de expertos que denuncian la preocupante sobrexplotación del Mediterráneo. El jefe del Servicio de Recursos Marinos de la conselleria balear de Medio Ambiente, Antoni Grau, hace referencia asimismo al nuevo reglamento que entra ahora en vigor y con el que se cambiará el régimen de horas y días en los que la pesca esté permitida y vedas de tres meses anuales para los arrastreros que operan en fondos marinos de hasta cien metros de profundidad. El presidente del Consejo Europeo, el rumano Petre Daea, ha calificado el plan de histórico y ambicioso. La verdadera cuestión es si será suficiente. 

huevos de tiburón recogidos en las redes de pesca

Reportaje publicado en el dominical de Diario de Ibiza:

https://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2019/06/30/tiburones-naceran/1076631.html

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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