La linterna de sa Bestorre

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el discreto faro de es Vedrà, que fue baliza hasta 1971.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat.– Enfrentados al faro de es Vedrà, al otro lado del mar y en el punto más cercano a la isla de Eivissa, se encuentran el faro del Cabo de la Nao y, algo más al norte, cerrando la bahía de Jávea, el faro del Cabo de San Antonio. Al anochecer, este triángulo de luces separadas por un área marina incluida en el Corredor de Migración de Cetáceos se encienden y parecen comunicarse con su idioma de señales. Destellos aislados blancos cada cinco segundos la linterna de es Vedrà. El mismo ritmo desde el Cabo de la Nao y cuatro destellos seguidos el de Cabo de San Antonio. Como si fuera morse con linternas. Parecen narrarse historias de marineros, de aquellos barcos que, con su luz, salvaron de estrellarse contra los acantilados. Quizás podrían estar contando las ballenas que avistan desde sus privilegiadas atalayas mientras cruzan la oposición entre sus luces. 

Pero esta escena entre faros, las señales de su luz intermitente, no puede verse desde la mayor parte de los puntos del litoral ibicenco desde los que es habitual contemplar es Vedrà. A menudo, incluso, quienes contemplan la imponente roca desconocen que en ella se ubica uno de los diez faros con los que cuenta el litoral pitiuso. Y es que la farola de es Vedrà, pequeña, discreta y desconocida, se encuentra en el extremo suroeste del islote, en una pequeña punta mar adentro bajo la mole de la montaña de sa Bestorre, de 197 metros de altitud. De hecho, en la imagen más conocida y reproducida de es Vedrà, desde los acantilados de Cala d’Hort, no sólo no se divisa el faro, sino que tampoco se ve sa Bestorre, tapada por los más de 300 metros de altura de las crestas de es Vedrà. El faro, además, es una torre de bloques sin pintar de apenas tres metros de altura que no destaca demasiado del gris y pardo de las rocas sobre las que está construida. Únicamente resalta un poco la pintura roja de su linterna. Y tal vez las placas solares oscuras que se instalaron en el año 1986, cuando se sustituyó el antiguo sistema con gas acetileno por la luz fotovoltaica, reduciendo costes y evitando el engorroso y arriesgado trabajo que implicaba el desembarco y traslado de las botella de gas desde la barca hasta la torre. 

Desde Cap Llentrisca, desde donde se contempla la silueta del dragón de es Vedrà en todo el longitudinal esplendor de su cara sur, sí puede observarse el faro. Al menos cuando llega la noche y se ilumina. Y a lo lejos puede distinguirse otra luz en el horizonte, allá en la península, que es el faro del Cabo de San Antonio. La gran diferencia entre los faros, la más importante, es que el alcance luminoso del de Cabo de la Nao es de 23 millas náuticas, el de Cabo de San Antonio es de 26 y el de es Vedrà es de once millas. Es decir, la farola de es Vedrà es técnicamente un faro por la diferencia de una milla, ya que el límite que distingue una baliza de un faro es que el alcance nominal de la primera no llega a las diez millas náuticas. La instalación de es Vedrà fue inaugurada como baliza, pero se convirtió oficialmente en un faro cuando, en 1971, aumentó su alcance luminoso gracias a un mejor equipo óptico. Y, en realidad, desde Cap Llentrisca, factores como una excelente visibilidad, la altura y la transparencia atmosférica permiten observar con frecuencia la luz del Cabo de San Antonio, pero no es tan fácil verla desde menor altitud, donde la curvatura de la Tierra se convierte también en un obstáculo. Difícilmente se observa la luz de es Vedrà desde la costa contraria, así que sus diálogos de destellos blancos resultan pura ficción poética . 

DSC_6116_00001El faro de es Vedrà, pero aún como baliza, es uno de los que se levantaron en Balears en los años 1926 y 1927 aplicando el plan de alumbrado marítimo de las islas de 1924 y los avances del inventor sueco Gustaf Dalén en los sistemas automáticos de encendido, que permitieron la construcción de faros sin casas para los torreros que tuvieran que ocuparse de las linternas. Se inauguró en 1927, al igual que la baliza de s’Espardell y el faro de na Plana (ses Bledes), y contó con un presupuesto de 16.353,78 pesetas que asumió la Administración porque ninguna empresa participó en la subasta, según la información aportada por la Autoritat Portuària de Balears. Inicialmente, la baliza se encontraba más cerca del agua y a menor altura, pero un fuerte temporal la destruyó casi por completo en 1959 y, al plantearse su reconstrucción, se escogió un nuevo emplazamiento sobre las rocas, más alejada del agua y a casi veinte metros de altura. Hoy su linterna, su plano focal, se halla a 21 metros sobre el nivel del mar.

Sorprendentemente, numerosas publicaciones extienden la errónea información de que este pequeño faro no es visible desde la costa y lo sitúan en la zona norte del islote, a pesar de encontrarse claramente en el suroeste, sa Bestorre, en sa Punta des Faro, para ser más precisos. El error es la multiplicación de un error que tal vez se inicia al consultar la página de faros de Balears (farsdebalears.com), donde una flecha colocada con escasa exactitud parece indicar que el faro se encuentra, efectivamente, al norte y frente al islote de sa Galera (donde, por cierto, podría observarse desde muchos más puntos costeros de Eivissa). Sin embargo, sólo hace falta consultar un mapa para descubrir que la punta de sa Bestorre no se halla en tal punto cardinal; siempre y cuando se conozcan la montaña y el propio faro para poder situarlos. En las cartas náuticas, donde la localización del faro es necesariamente correcta, cruza, pegada a su costa, una isobática de 50 metros de profundidad. 

LA CLAVE. LAS GORGONIAS BAJO EL FARO

Bajo la superficie del agua, bajo la punta de sa Bestorre sobre la que se ubica el faro, la pared de es Vedrà cuenta con una de las más conocidas e importantes colonias de gorgonias rojas (Paramuricea clavata) de las islas. Este campo de gorgonias se encuentra algo más abajo de los 40 metros de profundidad que suponen el límite recomendado para el buceo recreativo, pero si hay un lugar en Eivissa en el que realmente valga la pena saltarse un poco los límites y bajar quizás hasta los 50 metros, es, probablemente, éste. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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