El trapecio de oro

s'Illot de s'Or desde sa punta de ses Eres Roges

s’illot de s’Or desde sa punta de ses Eres Roges.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat. – Al noroeste de Tagomago, frente a sa punta de ses Eres Roges y el tramo de costa conocido como s’Albadar, a menos de cien metros, se alza sobre la superficie del mar la forma de trapecio de s’illot de s’Or. Tan curiosa referencia en piedra al elemento químico con 79 protones no es el único nombre que recibe el escollo, aunque sí es la denominación que suele figurar en las cartas náuticas y en los mapas del litoral pitiuso. Illot de s’Or, de s’Ora y de s’Hort son los tres nombres habituales para este islote de 18 metros de altura. Y que las tres denominaciones suenen de forma tan similar parece indicar, en realidad, tres intentos distintos de representar gráficamente el sonido de un topónimo cuyo origen se ha perdido en el tiempo. Como illot de s’Ora aparece en el libro ‘Es Amunts: vida, cultura i paisatge’, del Grup d’Estudis de la Naturalesa, por ejemplo, y es el término preferido por la Enciclopèdia d’Eivissa y Formentera, que no recoge la tercera denominación. Incluso hay un cuarto nombre, porque el viajero archiduque Luis Salvador de Austria, en la obra que dedicó, a mediados del siglo XIX, a su visita a las islas, se refiere a la roca como s’escull de s’Or y también como es Paganet. Probablemente por error. 

Como illot de s’Hort aparece en la enciclopedia virtual de los vertebrados españoles del Museo Nacional de Ciencias Naturales (del CSIC) al hacer referencia a la distribución geográfica de la lagartija de las Pitiüses. De hecho, este es el nombre que aparece, probablemente por imitación, en bastantes estudios sobre sargantanes (Podarcis pytiusensis) al citar los ejemplares de este islote; era la denominación que figuraba en los primeros estudios sobre estos reptiles y, por ello, la subespecie fue bautizada como P. p. hortae (descrita por Buchholz en 1954). Esta pequeña población de lagartijas sobrevive en una plataforma vegetal de apenas 40 metros de diámetro formada, en buena medida, por arbustos de lentisco (Pistacia lentiscus). Hace tres años, un equipo alemán de tres investigadores (Marten van den Berg, Mike Zawadzki y Michael Kroniger) desembarcó en el islote, al igual que visitó el resto de los que cuentan con poblaciones del endémico saurio, y consiguió atrapar siete ejemplares. En su informe escribieron que la coloración de estas lagartijas se asemeja más a la mayoritaria en la isla de Tagomago (de un azul turquesa) que a la existente en la parte más cercana de la costa ibicenca. Y al referirse a la población mayoritaria de Tagomago aludían los autores al hecho de que los ejemplares que encontraron en las inmediaciones del quiosco que existe en el lado oeste de Tagomago no lucían igual coloración. Y fue cerca de s’illot de s’Or, de s’Ora o de s’Hort, precisamente, donde unos excursionistas en kayak avistaron, en  abril de 2018, una serpiente de herradura; el GEN advirtió entonces del riesgo de que los ofidios invasores alcancen también las frágiles poblaciones de sargantanes de los islotes. 

Si s’illot de s’Or parece un trapecio visto desde el sur, se asemeja más a un volcán con la cúspide truncada si se observa desde arriba, un volcán muerto en cuyo cráter cegado ha crecido la hierba. Su aspecto es el de una montaña submarina que hubiera emergido a la superficie tras una erupción volcánica –como el islote que en 2015 nació en el Pacífico, entre las islas de Hunga Tonga y Hunga Ha’apai, y que ahora la NASA intenta comparar con Marte– aunque en la zona la profundidad es de apenas cuatro o cinco metros. En las paredes de s’illot de s’Ora no hay vegetación y sus rocas parecen divididas en placas. Su composición arcillosa tiene cierto tono dorado y de tal circunstancia, tal vez muy forzada, podría proceder la versión del nombre que alude al oro. Otra hipótesis, la que se usa para dar preferencia a la denominación de s’illot de s’Ora, señala que podría tratarse de una derivación de illot de sa Vora, por su su cercanía a la costa. Detrás del escollo de los tres nombres está es Figueral y a lo lejos, dirección noreste, se observa sa Punta Grossa y los restos de su faro abandonado. Pero más cerca, justo al oeste, bajo los acantilados de s’Albadar, también puede encontrarse una breve playa, a la que prácticamente solo puede accederse por mar, con la que el escollo comparte nombre, cualquiera de ellos. Y, finalmente, al este, mar adentro, donde rompen las olas, se halla sa Llosa de es Figueral, donde al anochecer se enciende una luz blanca que emite grupos de dos destellos para advertir a los navegantes del peligro. 

LA CLAVE . SA LLOSA DE ES FIGUERAL.– S’illot de s’Ora se encuentra dentro de la reserva marina de Tagomago recientemente creada por el Govern balear. Y, a su derecha, extendiéndose como un rectángulo inclinado en dirección noreste, que acaba en la línea imaginaria que uniría sa Punta Grossa con s’escull d’en Bet (Tagomago), se ha delimitado una zona de reserva integral alrededor de sa Llosa de es Figueral, un peligroso punto para la navegación que se encuentra señalizado con una marca de peligro aislado iluminada durante la noche. La zona se ha protegido como reserva integral (una catalogación que también tiene s’Espardell) por las recomendaciones de estudios científicos que la consideran un ‘punto caliente’ de biodiversidad que concentra importantes poblaciones de dentón, cirvioles y meros. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

 

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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