Los islotes olvidados

los islotes desde sa punta de sa Llagosta y la luna llena sobre Tagomago

los escollos desde sa Punta de sa Llagosta y la Luna llena sobre Tagomago.CAT

Sus nombres se están olvidando, se han perdido ya o tal vez nunca los tuvieran. La franja costera comprendida entre es Canal d’en Martí y sa Punta de ses Eres Roges es conocida, por extensión, como es Pou des Lleó e incluye una sucesión de pequeñas calas separadas por puntas con una serie de escollos e islotes frente a ellas. Y a menudo ya existe cierta confusión para delimitar qué tramo es concretamente es Pou des Lleó, la pequeña cala de códols donde se halla el pozo sobre el mar que da nombre a la zona, y qué es el canal d’en Martí, la primera cala, al sur, con casetas de pescadores a ambos lados y donse se llevaron a cabo las primeras prospecciones arqueológicas para investigar la producción del tinte púrpura en las Pitiüses en época fenicia. 

Una vez aclarado este equívoco, siguiendo hacia el norte y cerrando la cala de Pou des Lleó se halla un pequeño cabo que nadie suele llamar por su nombre porque nadie parece conocerlo. Es sa Punta de sa Llagosta. En su extremo sur en Pou des Lleó y casi excavados en la roca del acantilado hay otros tres varaderos, y en la suave curva tierra adentro, al norte, se pueden ver cuatro características rocas cuyos nombres, si alguna vez los poseyeron, han caído en el olvido. En realidad, hay vecinos de Sant Carles que recuerdan que eran conocidos como es Cellons, aunque tal denominación también deben haberla recibido por extensión, ya que sí parece cierto que al menos una roca de la zona ostenta el curioso nombre de es Celló. Nadie, sin embargo, parece tener claro de cuál de ellos se trata. Y este nombre popular también aparece en la Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera, haciendo alusión a uno de los islotes “situados delante de las puntas des Llaüts y de sa Llagosta” pero sin especificar. Sí señala que los pescadores explican su nombre porque se encuentra a la distancia de un celló de la costa. Un celló, que podría considerarse otra palabra olvidada, es una antigua medida agraria que equivale a un cuarto de tornall, que, a su vez, es otra medida usada antiguamente en Eivissa y que vendría a equivaler a unos 550 metros cuadrados, una porción cuadrada de 30 pasos en cada lado. Si se traduce en una distancia, podría llegarse a la conclusión de que es Celló, el primero, debe ser un islote muy cercano a la costa. De hecho, ninguna de estas rocas se encuentra lejos. La más cercana es también la roca más grande, que prácticamente está unida a la erosionada costa por una línea de piedras que se hunden en el agua. A la derecha de la primera, la siguiente roca del conjunto tiene cierta forma de menina que surge del mar. Entre las dos se levantan otros dos peñascos, uno grande y otro más pequeño, más alejados aún, y detrás de estas cuatro formaciones, siguiendo hacia el norte, se ven ya las casetas varadero de sa Punta des Llaüts. Detrás de ellas se encuentra es Caló Roig. 

casetas en es Pou des Lleó, en la pared sur de sa Punta de sa Llagosta

casetas al norte de Pou des Lleó.CAT

Y en el mar, donde acaba, con un corte transversal, la punta, que, a vista de pájaro, más bien parece un hacha, se observa un canal de piedra. Durante muchos años, ha sido un misterio para la arqueología, ya que la tradición contaba que se trataba de un antiguo puerto abierto por los fenicios para amarrar y reparar barcos, pero lo cierto es que los expertos se decantan hoy por la tesis de que se trata de una formación natural. 

Las cuatro rocas, sin disponer de otros nombres más específicos, son denominadas a menudo de forma tan simple como los monolitos de Pou des Lleó. Si sus nombres se han olvidado, estas llamativas rocas al menos se encuentran presentes para muchos fotógrafos cuando buscan paisajes que transformar en píxeles. 

Por el contrario, frente a es Caló Roig y a 200 metros de sa Punta des Llaüts existe un gran escollo, más grande que las cuatro rocas juntas y más alejado mar adentro, al que parecen sobrar los nombres. Sólo una pequeña parte de él, poco elevada, sobresale del agua, pero si se observa en imágenes por satélite se descubre una amplia plataforma en la delimitación de las aguas someras a las aguas profundas. Según la documentación o la bibliografía que se consulte, es el escull Vermell, el escull de es Caló Roig o en Caragoler. Curiosamente, sin embargo, en la cartas náuticas, elaboradas por el Instituto Hidrográfico de la Marina y que al parecer no se caracterizan por su fidelidad a la toponimia local, está señalado con los sorprendentes nombres de es Cargolls o es Covadger. También está señalizado en las cartas otro escollo, más cercano a tierra, más pequeño, y que conocen como el Moro, justo detrás de la menina mirando hacia Tagomago. 

Y siguiendo hacia el norte, más allá de es Caló Roig y sus casetas varadero se encuentran ya es Brul y sa Punta de ses Eres Roges, desde la que se contempla el perfil más largo de s’illot de s’Or y una zona en la que, según ya indican los topónimos, destacan las tierras rojas. A lo lejos, de noche y mar adentro, se observa la luz blanca de la marca de peligro aislado que señaliza la Llosa de es Figueral, una montaña sumergida que aflora un metro de la superficie.  

LA CLAVE. EL PELIGRO DE SA LLOSA. De entre todos los escollos e islotes de esta franja de costa, el más peligroso para la navegación es sa Llosa de es Figueral, entre es Figueral y Tagomago, señalizada con una marca de peligro aislado, con dos esferas negras y una luz blanca de noche. Se trata de una montaña submarina en un fondo de 38 metros y que aflora un metro de la superficie del mar. Es una conocida zona de buceo. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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