El pirulí del acantilado

en la foto se aprecia la ubicación del faro, sobre un acantilado de cuarenta metros de altura

en la imagen se observa la ubicación del faro sobre un acantilado de 40 metros de altura.CAT

Cristina Amanda Tur.- Diez faros alumbran las costas pitiusas, incluyendo sus islotes, y si contáis más de diez es porque estáis sumando balizas. Y no es lo mismo. Es, quizás, un simple tecnicismo para quienes no son marineros pero sólo es un faro si su luz, por regla general blanca, alcanza más de diez millas náuticas, por lo que, a pesar de su aspecto, no son técnicamente faros ni la torre del rompeolas del puerto de Vila (es Muro), que, de hecho, emite una luz roja porque indica la entrada al puerto por babor, ni la blanca torre al norte de los muelles de La Savina (donde se encuentra la zona de aparcamientos). Cierto es que la señal de es Muro sí fue antaño un faro, y su luz y el color de la cúpula cambiaron a rojo al convertirse en baliza de entrada. Por el contrario, sí es propiamente un faro, aunque a muchos no se lo parezca, la discreta señal sobre una torre de apenas tres metros y sin pintar que da luz desde el islote de es Vedrà, aunque sólo por una milla de más y desde el año 1971, cuando se instaló un nuevo equipo luminoso. 

Y el décimo faro, el último que se ha construido en las Pitiüses, es el faro de Punta Moscarter, el número E-0270 según el código internacional, y la torre más alta de Balears, con 52 verticales metros de hormigón y dos bandas helicoidales, blanca y negra, como un pirulí de nata y chocolate. Fue anunciado en el 76 como el faro más alto de España sobre el nivel del mar; es decir, el que alcanzaba mayor altura si se tenía en cuenta el acantilado de 41 metros sobre el que quedaba asentado. Pero lo cierto es que, con estos parámetros, no hay que ir muy lejos para hallar un faro que lo supera y lo superaba ya entonces, ya que la linterna de Formentor, en Mallorca, se halla sobre un imponente acantilado y a 210 metros sobre el mar, aunque su torre sólo mide 22 metros. La torre en la Punta des Moscarter, sin embargo, figura en todas las listas de los faros más altos de España, listas en las que figuran faros que cuentan con una alzada de alrededor de 50 metros y de los que destaca la torre del de Chipiona, que supera al de es Moscarter en diez metros. 

Resalta también de esta señal luminosa a 93 metros sobre el nivel del mar, el hecho de que fue levantada en apenas 17 días, todo un récord en el historial de las obras públicas españolas. Eso sí, también hay que explicar que ello fue en el año 1976 y que su instalación se había aprobado una década antes, con el objetivo de poner una luz en el amplio tramo de mar a oscuras entre los faros de Tagomago y sa Conillera, toda la costa norte y noroeste. Fue uno de los faros propuestos en el Plan de Mejora del Alumbrado de 1967, como el de Barbaria en Formentera o el de sa Mola en Andratx, un plan con el que se decidió también aumentar la altura del faro de Tagomago y cambiar la apariencia diurna de algunas torres con bandas, espirales o rombos como los del faro de n’Ensiola, en Cabrera. La obras de la señal de Punta Moscarter no se salieron a subasta hasta 1974 y, finalmente y aunque levantado en 17 días, no entró en funcionamiento hasta un año más tarde del final de las obras. 

El faro fue un proyecto de Fernando Moscardó y Rafael Soler, un dato que puede leerse mil veces repetido al hablar de este faro pero en el que nadie suele detenerse. Fernando Morcardó, más que un nombre unido sin más explicaciones a los textos sobre el faro de es Moscarter, fue ingeniero jefe del Grupo de Puertos de Baleares en los 70 y 80 y suyo fue el proyecto por el que se amplió la vía de la antigua carretera de Santa Eulària y se construyó el denominado Muelle de Ribera de Poniente, donde quedó emplazado el tráfico entre las dos Pitiüses. Asimismo, fueron obra suya los pantalanes para los pescadores que se construyeron a principios de los 80 en La Savina. Pero, sobre todo, su nombre ha quedado unido a un plan que podría calificarse de megaproyecto, que pendió como una amenaza sobre un emblemático enclave de la isla durante décadas y que llegó a figurar en los presupuestos del Estado y en el Plan de Puertos para los años 1985-1990. Fernando Moscardó fue uno de los impulsores, y redactor del anteproyecto, de la construcción de un puerto industrial en sa Caleta, exactamente encima de las casetas varadero, encementando la mola de sa Caleta y prolongándose hasta es Codolar. Puertos de Balears se gastó diez millones de pesetas en un estudio (encargado a una empresa externa) que estimó el puerto “necesario” para la isla. Y tenía un presupuesto de 2.415.657.951 pesetas. El segundo artífice del faro de Punta Moscarter, el ingeniero Rafael Soler, por su parte, fue director de la Autoritat Portuària de Balears cuando ésta acababa de crearse y el impulsor de la exposición de señales marítimas instalada actualmente en el reconvertido faro de Portopí, en Palma. Fue el redactor de múltiples proyectos en los puertos de las islas desde los años 60, como los muelles comerciales del puerto de Vila, en 1989, o las torretas para el balizamiento de la entrada al puerto de Sant Antoni. 

El faro de Portinatx, debido a su altura, parece temblar los días de tempestad, cuando las olas rompen contra el acantilado sin lograr alcanzar la espigada torre. Al caer la noche se enciende automáticamente y emite destellos aislados cada cinco segundos que pueden observarse a 18 millas náuticas de distancia (o sea, unos 33 kilómetros). Además de ser el faro más alto de Balears, esta señal para navegantes es remarcable porque fue la primera del archipiélago que incorporó a su linterna un sistema de alumbrado eléctrico mediante lámparas de haz de sellado, montadas en un hexágono giratorio, lo que en esos años 70 suponía un avance destacado en la evolución de las señales marítimas. 

LA CLAVE. FARO O BALIZA. A pesar de su aspecto, la torre que se encuentra en el rompeolas de Vila, conocido popularmente como es Muro, no es un faro, aunque lo fue en el pasado. Se trata de una baliza que indica la entrada al puerto y, por ello, su luz es hoy de color rojo, así como lo es su cúpula. Tampoco son faros la baliza de recalada del puerto de La Savina o la señal luminosa que se encuentra sobre el islote de s’Espardell. Y es que la principal diferencia entre un faro y una baliza es el alcance luminoso de su linterna, y ninguna de las tres citadas llega a las diez millas náuticas en las que se marca la diferencia. El faro de Botafoc, que hoy alcanza las 14 milla náuticas, también tuvo antiguamente un alcance nominal que hoy la catalogaría sólo como baliza. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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