La estrella blanca del diablo

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detalles de la flor con un objetivo de microscopio

Es una planta discreta, con pequeñas flores que parecen estrellas blancas con corazones amarillos, que forma arbustos de un verde intenso y que crece por doquier entre el resto de la flora que cubre unos campos fértiles por las húmedas mañanas de invierno. Es una planta a la que no suele prestarse atención, pero la hierba mora (Solanum nigrum) es una especie peculiar con una larga historia detrás y que habría que conocer, al menos para saber que es tóxica, aunque, como suele ocurrir con la flora que contiene alcaloides potencialmente peligrosos, también ha sido usada por la medicina natural. 

Sus nombres más habituales en catalán son herba mora, morella vella, morella negra y pebre d’ase, pero en las islas es denominada, con mayor frecuencia, tomatera borda. Y lo cierto es que la hierba mora pertenece a la misma familia que los tomates. Su cáliz es como una pequeña campana de cinco sépalos sobre la que se asienta una corola blanca y estrellada, de seis a doce milímetros de diámetro. En su centro se observan las amarillas anteras de los cinco estambres, y en verde, se distingue el estigma. Esta flor guarda mucha similitud con la flor de la patata, lo cual no es de extrañar porque también con esta planta comparte familia, la de las solanáceas, un amplio grupo en el que se incluyen especies que son alimentos (la berenjena y los pimientos también lo son) y especies conocidas por su toxicidad como la belladona o el estramonio. Las flores se convierten en bayas oscuras del tamaño de un guisante y bastante tóxicas, sobre todo al madurar, cuando contienen mayor concentración de alcaloides como la solanina. De hecho, las referencias a casos de intoxicación señalan que muchas de ellas han podido producirse por confundir estas bayas con guisantes. Plinio, en su Historia natural, escribió de esta planta, usada por sus efectos psicoactivos, que “bastan algunas gotas de su zumo para perturbar la razón. Sin embargo, los autores griegos juegan con ella: según dicen, a la dosis de una dracma provoca imaginaciones lascivas, visiones fantásticas, que parecen reales; a dosis doble, una verdadera locura, y a cualquier dosis mayor, la muerte”. Y puede leerse en la entrada sobre Solanum nigrum en el libro ‘Plantas medicinales. El Dioscórides renovado’, de Pio Font i Quer. Lo cierto es que Plinio podría referirse a S. villosum, que algunos autores consideran una de las variedades más extendidas de S. nigrum mientras que otros la diferencian de tal modo que podría tratarse de una especie distinta. Cuestiones taxonómicas que a menudo resultan controvertidas y que a veces se reducen a tecnicismos poco prácticos aplicados a la divulgación. 

El profesor de antropología cultural Josep María Fericgla, en un trabajo titulado ‘Enteógenos en el Mediterráneo’, incluye esta planta entre las que tienen propiedades psicoactivas y eran empleadas antiguamente en la cuenca mediterránea. Lo más interesante del estudio es que asegura haber recogido, en la isla de Mallorca, testimonios de campesinos que secaban y guardaban las bayas, aunque no explica exactamente sus usos.  

Algunos expertos aseguran que apenas seis bayas de esta planta pueden resultar mortales para un adulto, a pesar de que la toxicidad y sus efectos dependen de múltiples variables más allá de la cantidad del veneno. En cualquier caso, esta planta de contrastes es citada en todas las listas de flora que hay que mantener lejos de perros, gatos y niños. Hay que tener en cuenta, asimismo, que su veneno puede ser efectivo a través de la piel, por lo que tampoco es conveniente tocarla. Y, a pesar de todo ello, y por sus propiedades narcóticas, la hierba mora se ha empleado tradicionalmente como analgésico, así como para tratar afecciones de la piel. Asimismo, en algunos lugares del mundo, como en las Antillas, se ha cultivado para consumir sus hojas como si fueran espinacas (previamente hervidas para eliminar la efectividad de sus componentes tóxicos). 

Existen diversas variedades de esta especie y cierta confusión entre ellas. Actualmente, muchos expertos consideran que S. nigrum y S americanum son una única especie. Y tanto ella como sus variedades se encuentran en la lista de casi 200 plantas cuya venta está prohibida en España (orden SCO/190/2004 de 28 de enero), aunque no parece haber necesidad de adquirirla dada la abundancia que de ella se encuentra en prados y sembrados. 

A la hierba mora también la conocen como tomatillos del diablo o solano negro, y se ha extendido, asilvestrada, por buena parte del globo terráqueo. En las islas es abundante en campos de cultivo, en campos abandonados, en márgenes de caminos y en torrentes. Los únicos terrenos que esta planta no coloniza son los humedales salinos. Como curiosidad, la denominación del género Solanum parece provenir del viento solano, que sopla del Este, tal vez por la forma de estrella de su flor o por antiguas leyendas que cuentan que esta planta, al igual que el influjo continuo de ciertos vientos, puede inducir a la locura. 

LA CLAVE. UNA PLANTA DE CONTRASTES

La hierba mora es citada en todas las listas de flora que hay que mantener lejos de perros, gatos y niños. Sin embargo, al mismo tiempo que es considerada un veneno y un potente psicoactivo, también se ha empleado como analgésico y en algunos lugares del mundo sus hojas son consumidas como si fueran espinacas. 

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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