El iceberg del Don Pedro

DSC_5638un pesquero cruza junto a es Dau Gros de regreso a puerto

un pesquero cruza junto a es Dau Gros de regreso a puerto.CAT

Cristina Amanda Tur.-   El islote conocido como es Dau Gros se encuentra a menos de una milla del faro de es Botafoc y al doble de distancia del inicio de Platja d’en Bossa y, sin embargo, a menudo, por un curioso efecto del mar, parecen puntos equidistantes. Sobre la roca, destaca una baliza de franjas rojas y negras cuya blanca luz alcanza las seis millas náuticas de distancia. Se inauguró en el año 1915 y fue una señal pionera, que marcó el inicio de las señales marítimas sin viviendas para fareros. Y es que fue la primera señal de las Pitiüses automatizada y alimentada con gas acetileno (antes de ella, en Balears, el sistema solo se había usado en las boyas instaladas en el puerto de Maó y el faro de s’illa des Penjats no fue automatizado hasta 1929). Fue pionera y, además, una de las pocas ocasiones en las que las nuevas tecnologías llegaban a las islas con inusitada rapidez, ya que hacia apenas tres años que el inventor del sistema, el sueco Gustaf Dalén recibía el Premio Nobel de Física precisamente por el invento, la llamada ‘válvula solar’, que permitía el apagado y encendido automático de farolas, faros y boyas mediante el control del paso del gas. También estuvo la baliza de es Dau Gros entre las primeras señales marítimas que posteriormente usaron lámparas eléctricas, hace ahora justo un siglo, junto a los faros y balizas de es Botafoc, Portopí, Sa Creu, Ciutadella y Maó. 

Y doce años después de la electricidad, esta pequeña y discreta roca a 185 grados del faro de es Botafoc fue, curiosamente, uno de los cinco islotes elegidos por el naturalista alemán Martin Eisentraut para sus experimentos con lagartijas. En este islote inhóspito, en el que apenas hay nada más allá de la baliza y la cuarentena de escalones de cemento que conducen hasta ella, también hay sargantanes. Y son diferentes al resto de las que pueden hallarse en islas e islotes porque son producto de un experimento; en 1930, Eisentraut trasladó hasta el lugar ocho machos de la subespecie de s’Escull Vermell y veinte hembras de Eivissa para ver qué pasaba. Y lo que ha pasado, según comprobó un grupo de científicos tras ocho décadas de evolución, es que la colonia ha sobrevivido y también prosperado, dando lugar a individuos en los que prevalecen las características de los ejemplares de s’Escull Vermell, grandes y oscuros. Y han conseguido prosperar a pesar de las condiciones extremas del lugar, un farallón a merced de los temporales y en el que, durante la mayor parte del año, la única vegetación que puede verse son algunas matas de sosa (Suaeda vera), habitual en islotes frecuentados por gaviotas. Y siempre resulta sorprendente la vida que una simple roca en el mar, que parece tan árida y tan desapacible, puede albergar, porque también sobre este islote hay referencias de nidificación de paíño europeo (Hydrobates pelagicus). 

Al sur de es Daus Gros se encuentra es Dau Petit, un escollo que es como el pico que sobresale del agua de lo que, en el fondo, es casi una cordillera a diversos niveles y que no alcanza los 30 metros de profundidad. Otro de los picos de esta sierra, virando hacia el norte, es un conocido escollo que tan solo por un metro no llega a la superficie del mar. Y ese metro de agua, que no permite ver la roca en días de calma es lo que la hace peligrosa. Es la seca conocida como baix es Daus, el lugar en el que el buque ‘Don Pedro’ chocó el 11 de julio de 2007, abriéndose una brecha en su casco que provocó que se hundiera no lejos de allí, en un fondo de arena a 43 metros de profundidad. Si por algo son conocidos es Daus no es por su baliza pionera, sus lagartijas resistentes o por la nidificación del paíño, sino por haber sido la trampa del buque ‘Don Pedro’, el iceberg que frenó su viaje hacia Valencia. Hoy, con sus más de 140 metros de eslora y el casco totalmente recubierto de algas, es uno de los pecios más grandes para inmersiones recreativas del Mediterráneo. Recientemente, una parte de la bodega se ha abierto para poder bucear en el interior y hay dos boyas instaladas a ambos lados de la embarcación para facilitar el amarre de las lanchas de los submarinistas. 

Entre es Dau Petit y baix es Daus apenas hay siete metros de profundidad y, hacia el sudeste, el resto de la sierra submarina se conoce como es Cavall des Daus. En toda esta zona de rocas, las navegación puede resultar complicada para embarcaciones de cierto calado, sin necesidad de llegar a tener los más de 140 del ‘Don Pedro’, que tropezó con es Daus al enderezar su trayectoria.  

El nombre de es Daus, que parece tan peculiar, hace referencia a la simple forma de bloques de piedra algo cuadrados que tienen los islotes; los cubos que se usan para construir escolleras y diques también se denominan dados por su forma cúbica. En realidad, más que a uno de esos dados que pueden verse, por ejemplo, en es Botafoc, es Dau Gros es más como un sombrero, o como el dibujo del sombrero en ‘El Principito’, el que en realidad esconde un elefante. Es Daus parecen solo dos rocas sin mucho que contar de ellas, pero custodian también un elefante; un pequeño ecosistema señalado con la baliza automatizada más antigua de las Pitiüses. Y hasta se convirtieron en trampa para conseguir el pecio más grande de las islas. 

LA CLAVE

TECNOLOGÍA PUNTA

Antes de que los faros de s’illa des Penjats y de s’illa des Porcs fueran automatizados, en 1929 y 1935, para hacer innecesario que los torreros se vieran obligados a vivir en ellos para encenderlos y apagarlos, la baliza de es Dau Gros ya se instaló automatizada en el año 1915. El inventor del sistema que permitió tal avance fue el sueco Nils Gustaf Dalén, que recibió el Nobel de Física por el diseño de la válvula que permitía el encendido y apagado automático de lámparas alimentadas con gas acetileno. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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