El terror de las colmenas

_MG_5968fotografiado en Sant Josep Marco Antonio Yuste

Abejaruco fotografiado por Marco Antonio Yuste en un proyecto de Ibiza Fotonatura

Cristina Amanda Tur /Marco Antonio Yuste

Su nombre ya indica que es un experto en abejas, tanto si es nombrado en castellano, en catalán o usando nomenclatura binominal. Es el abejaruco común, abellerol o Merops apiaster (tanto el género como la especie hacen referencia a su predilección por el más       común de los himenópteros). En septiembre de 1992, un agente forestal de Eivissa que realizaba una inspección por daños ocasionados por abejarucos en las colmenas de una finca de Sant Carles, refirió en su informe que el propietario le explicó que el uso de espantapájaros era inútil para ahuyentar a estas osadas aves y confesó que la emprendía a tiros contra ellas porque solo tal medida y la constante presencia humana lograban ahuyentarlas. Se recoge en un estudio del año 2002 titulado ‘Abellerols i apicultura a les Balears’ realizado por la conselleria de Medio Ambiente. La estrategia del abejaruco, que es cazador de presas al vuelo, es la de apostarse muy cerca de la colmena y capturar a las abejas cuando entran o salen de ella. A veces, las aves cazan a la reina, lo que puede hacer fracasar al enjambre entero y, en ocasiones, se sitúan justo sobre la colmena y su presencia puede alterar el comportamiento de las abejas; la colmena puede colapsar si las obreras no salen a realizar su tarea recolectora. Sin embargo, los conflictos entre abejarucos y apicultores no son hoy habituales en las Pitiüses y mucho menos lo es que los últimos tengan que emprenderla a tiros con los primeros. Sobre todo, porque el vistoso y brillante abejaruco no es un ave frecuente ni numerosa y, de hecho, está en regresión. En las últimas décadas, se ha reducido el número de colonias nidificantes y la densidad de los grupos que las componen. 

El abellerol es un ave incluida en el listado de especies silvestres en régimen de protección especial del Catálogo de Especies Amenazadas de Balears. Y en el Libro Rojo de los Vertebrados de las islas se señala que los datos para clasificar su grado de amenaza son insuficientes. “Faltan datos sobre el tamaño de su población y sobre su tendencia, aunque se considera que ha sufrido un declive muy acusado entre 1975 y 2000”, se señala, y se atribuye tal regresión a la pérdida de hábitats. En el informe sobre su interacción con la apicultura incluso se aventura un nivel de retroceso del 50 por ciento. En los últimos años, el descenso ha sido constatado de manera inequívoca en Mallorca, donde la población nidificante ha quedado prácticamente reducida a la finca de Son Bosc, cerca del Parque Natural de s’Albufera, donde crían 15 parejas; y eso es más de la mitad de la población censada en toda la isla. En Eivissa y Formentera no hay censos que constaten el declive, pero todo apunta a que esa es la tendencia. Si en los 90, en Formentera, se registraba una colonia de cría, con unas cinco parejas reproductoras, en la actualidad parece ser que la nidificación es rara en esta isla, aunque mantiene una población de aves en migración; hay que diferenciar la población nidificante, que en Eivissa tradicionalmente ha creado sus colonias en zonas como ses Salines o Sant Miquel, en areneras abandonadas o zonas dunares, con los grupos de ejemplares que pasan por las Pitiüses durante su migración y que pueden verse en cualquier punto de las islas. 

 

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fotografiado en Sant Josep por Marco Antonio Yuste

El ornitólogo Oliver Martínez indica que el abejaruco “es un ave muy visible y es muy fácil detectar dónde cría, porque lo hace en taludes de tierra y de arena, abriendo agujeros”, por lo que, localizados los nidos, también resulta sencillo observar si son utilizados. “Hace diez o quince años veías colonias con un número de ejemplares importante, y ahora es bastante triste encontrar estas colonias abandonadas”, indica. 

Y respecto a las causas del declive y apuntada ya la incidencia de la destrucción de sus hábitats, Oliver Martínez recuerda que se trata de una especie no residente en las Pitiüses, un nidificante estival que llega en abril para marcharse en septiembre, y eso significa que las causas del descenso de las poblaciones no deben buscarse únicamente en factores de carácter local, sino que los problemas para su conservación son globales. 

En el Atlas de las aves Reproductoras de España se especifica que “uno de lo principales problemas es la disponibilidad de lugares adecuados de reproducción, actualmente muy degradados, debido a la pérdida y fragmentación de hábitat. Aunque la apertura de pistas y caminos por doquier ha potenciado el asentamiento de nuevas parejas, muchas de las colonias importantes han desaparecido por molestias, construcción de infraestructuras viarias o el turismo, sobre todo en las parejas establecidas en zonas de dunas litorales”. A todo ello hay que sumar que, en las Pitiüses, esta especie podía disfrutar de la ausencia de un importante depredador de nidos como es la culebra de escalera, pero la situación ha cambiado en los últimos años porque este ofidio ha colonizado las islas y se ha naturalizado sin problemas, poniendo en riesgo el equilibrio ecológico pitiuso. 

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Abeja fotografiada en Sant Rafel por CAT

Y si bien el abejaruco puede representar un problema para los apicultores, que en los últimos años han optado por usar cometas que simulan halcones, también, por el contrario, cabe resaltar su importante labor para el control de plagas de insectos voladores y el hecho de que se trata de un enemigo natural de la invasora avispa asiática, especie ya presente en Mallorca. Además de su importancia ecológica, destaca el abejaruco común por su belleza inconfundible, por un plumaje que refleja casi todo el espectro de colores, tonos verdes, marrones, azules y amarillos, y por unos ojos que, al llegar a la edad adulta, poseen un llamativo color rojo sangre que contrasta con el negro del antifaz que cruza su cara. Emite un característico reclamo, tan fácil de identificar como su aspecto, que puede escucharse a gran distancia. Y en el cortejo, el macho, que presenta un pecho de un azul más intenso que la hembra, le ofrece, incansablemente, insectos como regalo. 

LA CLAVE

TODOS LOS COLORES DEL ARCO IRIS. En el año 1890, el naturalista británico Edward Wright realizaba un estudio sobre la coloración de los abejarucos y comprobaba que esta ave poseía en su plumaje todos los colores del arco iris, excepto el rojo, que a pesar de no estar presente en su plumaje sí puede observarse en el iris de los ojos de los ejemplares adultos. 

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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