Mensajes de socorro en gelatina

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Pelagia noctiluca fotografiada cerca de sa Pedrera de Cala d’Hort.CAT

Cristina Amanda Tur @territoriocat

Ni tiburones ni carabelas portuguesas. El animal más peligroso de las costas de Balears es el pequeño, frágil y rosado acalefo luminiscente (Pelagia noctiluca), lo que popularmente se conoce como clavel y la medusa más común y conocida del Mediterráneo. Su picadura raramente resulta mortal, pero la especie es tan abundante, prácticamente omnipresente, que las posibilidades de conocer el latigazo de su picadura y el poder de sus células urticantes son infinitas si frecuentas el mar. 

Y no solo asistimos a un verano en el que la llegada de medusas a las playas es continua sino que la tendencia, además, es que la población de acalefos aumente mientras se incrementan los nutrientes generados en la costa por los incesantes vertidos y disminuyen los depredadores. El biólogo Josep-Maria Gili, investigador del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), y actual responsable del proyecto Alerta Medusas en la plataforma Observadores del Mar, ve las medusas como esas botellas lanzadas al mar con un mensaje en su interior. En este caso, el mensaje es de auxilio. “Lo lees y es el mar que está pidiendo socorro porque lo están maltratando; si las medusas han proliferado tanto es porque sus depredadores han disminuido considerablemente”, explica Gili, uno de los expertos de referencia de España en estos cnidarios, que especifica que las plagas son “señal de la sobrexplotación del Mediterráneo. Pensad que todos los peces comen medusas y que es un elemento muy importante en su dieta (las medusas son ricas en colágeno)”. Se han reducido de forma alarmante poblaciones de grandes depredadores de zooplancton gelatinoso, como tortugas, atunes y peces luna.  

DSC_0028plaga de medusas en cala bassa

plaga de medusas en la playa de Cala Bassa en el mes de diciembre.CAT

Esta medusa, un escifozoo de unos diez centímetros, es la que causa más del 90 por ciento de las picaduras. Es una especie de aguas profundas y pelágica que llega a las costas arrastrada por las corrientes, un fenómeno que se ve favorecido cuando el agua del litoral está más caliente, cuando las aguas oceánicas y las costeras tienen una temperatura similar. Respecto a su llegada masiva, la tendencia es que las plagas sean cada vez mayores y más frecuentes. “Si recogemos los datos de los que disponemos de los últimos 25 años de la costa catalana, y ello es extrapolable sobre todo a Balears pero también al resto de la costa mediterránea española, normalmente cada cinco o seis años se registra una temporada en la que hay muchas más medusas”, explica el biólogo. Y este es el año que toca. Por si fuera poco, “el problema es que hace un par de décadas, estos episodios se producían cada diez u once años y ahora se han reducido de cinco a seis”. 

Pelagia noctiluca es una especie que debe su nombre a su carácter pelágico y al hecho de que brilla en la oscuridad con una breve luminiscencia que tal vez tiene como función atraer algunas presas o que quizás sea una simple reacción al ser irritada. Tiene dos tipos de tentáculos: los cuatro gruesos, más cortos, como puntillas de una falda, conducen a las presas a la boca del animal y los ocho más peligrosos, los tentáculos marginales, muy finos, que pueden medir más de un metro, son los que acumulan una mayor concentración de cnidocitos (células urticantes). 

Los acalefos suben a la superficie sobre todo al atardecer, convirtiéndose en enjambres que pueden prolongarse durante kilómetros. Los buceadores suelen conocer bien que si se sumergen poco antes de caer el sol, es posible que, al regresar a la superficie, una cortina de claveles purpúreos complique la parada de seguridad. Por ello, Josep-Maria Gili aconsejó en una ocasión a la nadadora menorquina Tita Llorens, que recientemente ha cruzado a nado el trayecto entre Xàbia y Eivissa, que eligiera la noche más corta del año para afrontar uno de sus retos. Y, sobre todo, que, al ponerse el sol, procurara iluminar con focos la superficie del mar para engañar a las medusas y que regresaran al fondo. Aparte de estos consejos, Gili asegura que usar protector solar protege también de picaduras. Pero una vez que ya han picado, lo mejor que puede hacerse es lavar la zona con agua salada y usar una disolución saturada de bicarbonato. Aplicar frío también es aconsejable en la mayoría de las picaduras de medusas y otros organismos gelatinosos (excepto en el caso de la carabela portuguesa, Physalia physalis, donde lo aconsejable es usar calor). Eso sí, el hielo no puede aplicarse directamente porque es agua dulce. 

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Pelagia noctiluca en s’Espartar.CAT

Por lo que respecta al proyecto Alerta Medusas de la plataforma  observadoresdelmar.com, el biólogo señala que todas las observaciones son útiles para conocer la extensión, el carácter de las plagas y las diferentes medusas (borns para los ibicencos y grumers para los mallorquines) que podemos encontrar en todo el Mediterráneo. Y destaca que también es importante conocer la presencia de cnidarios y similares durante los meses de otoño e invierno, cuando menos avistamientos se registran en la plataforma porque las playas no son tan frecuentadas. Por otra parte, Josep-Maria Gili lleva años intentando extender a las islas la aplicación Medjelly, que puede descargarse gratuitamente en el móvil y que en la actualidad ofrece datos en tiempo real de la presencia de medusas en las playas del litoral catalán, de la especie y su peligrosidad. Conocer datos similares, recogidos en las playas por los profesionales que realizan diversos servicios en ellas, como los socorristas, en el litoral balear permitiría ampliar el conocimiento sobre el comportamiento de los enjambres de medusas y evitaría muchas picaduras. Sin embargo, el Instituto de Ciencias del Mar no ha conseguido la implicación de las instituciones de las islas en este proyecto. “A veces tengo la sensación de que las administraciones locales no quieren informar de la presencia de medusas porque tienen miedo de que la gente no vaya a la playa. Pero eso es un error”, asegura Josep-Maria Gili, consciente de que los ayuntamientos suelen mostrarse reacios a cualquier información que pueda afectar al sector turístico. “Los datos demuestran que puede preverse, que si un día hay medusas y hay que cambiar de playa, tranquilos, que lo más seguro es que mañana o pasado ya no haya”. No habrá medusas tres días seguidos y el menoscabo para los negocios de la cala afectada será apenas perceptible. Y teniendo en cuenta que la tendencia es a que aumenten tanto las poblaciones como su presencia en las costas, más vale acostumbrarse a ellas, porque ocultar su presencia será complicado; acostumbrarse y combatir la degradación de las aguas que está quebrando su equilibrio natural. 

LA CLAVE. PROYECTO MEDJELLY

El Instituto de Ciencias del Mar, de la red de centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, usa en las costas catalanas una aplicación gratuita para móvil que permite conocer en tiempo real las playas en las que hay medusas, su especie y su peligrosidad. La intención de los investigadores del instituto es extender este sistema a las costas de Balears para disponer de un panorama más amplio de las plagas de cnidarios, pero, de momento, no han obtenido el apoyo de las administraciones de las islas. 

EL OTRO ZOOPLANCTON GELATINOSO

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carabela portuguesa varada en es Torrent.CAT

Si bien la especie Pelagia noctiluca es la más abundante, en aguas de las islas pueden observarse también medusas como Aurelia aurita (medusa luna o sombrilla), Rhizostoma pulmo (aguamala o pulmón de mar) y Cotylorhiza tuberculata (popularmente llamada huevo frito y la menos peligrosa de todas). La última de estas tres, conocida también como medusa del Mediterráneo, llega hasta las costas principalmente a finales de verano y en otoño y es la segunda especie más abundante en aguas litorales de Balears, cada vez más abundante por el calentamiento global, porque la temperatura es la única variable ambiental que controla su ciclo de vida. Y a ellas hay que añadir la especie Velella velella (medusa velero o barqueta de Sant Pere), un manjar pelágico para las tortugas marinas y que llega masivamente a las playas en los meses de abril y mayo, tras los temporales. En los últimos años, además, se ha detectado en Eivissa y Formentera la presencia de una cubomedusa, una avispa de mar, de la especie Carybdea marsupialis, que llegó como invasora al Mediterráneo hace una década y cuya picadura suele ser mucho más dolorosa que el roce de cualquiera de las anteriormente citadas. 

Por otra parte, pueden observarse otros organismos gelatinosos, zooplancton gelatinoso, muy similares a las medusas como varias especies de ctenóforos y salpas. Pero, sobre todo, este año cabe destacar la presencia del hidrozoo sinóforo Physalia physalis, la ya popular carabela portuguesa, que ha podido encontrarse en aguas de Balears hasta bien entrado el verano porque sus colonias han soportado el calor más tiempo del que preveían los expertos. Este año se ha visto un número considerable de ejemplares, aunque su presencia en el archipiélago no es una novedad y así parece atestiguarlo el hecho de que también existe un nombre popular para este especie en las islas; los pescadores y la gente de mar la conocen desde hace décadas como balandra. 

Reportaje del dominical de Diario de Ibiza

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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