La leyenda de Alamut

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En la historia de las drogas a lo largo de los siglos destaca por su halo de leyenda, de cuento de George R. R. Martin, la figura del misterioso personaje de Hasan Ibn Sabbah, líder de una secta de fanáticos ismaelitas que tenía entre sus actividades más notables matar y consumir hachís. Y que instaló su pequeño imperio a más de 1.800 metros de altura en una montaña al sur del Mar Caspio, en un lugar llamado Alamut, que significa ‘nido de águilas’. Esta orden religiosa, que usaba el hachís para convertir en adeptos a guerreros a los que luego enviaba a misiones homicidas, era conocida como la secta de los nizaríes o hassasins, palabra derivada del término hachís (adictos al hachís). Y de ahí, precisamente, y de su relación con la secta, procede la palabra asesino, mientras que Alamut suele usarse para hacer referencia a esos lugares estratégicos en las alturas en los que cabría esperar que sólo un águila se atreviera a instalar su hogar.
Las crónicas del Viejo de la Montaña y su atalaya en Alamut no son leyenda, aunque hayan recorrido los siglos mezclándose con ella. Pero quizás sí lo sea la historia, más cercana, que atribuye el nombre de s’escull des Niu de s’Àguila al hecho de que, décadas atrás, un águila construyera allí su nido, sobre esa roca en el mar, en las costas de es Cubells, que da nombre al tramo de costa frente al que se halla y que parece una pieza de ajedrez dirigiendo a la batalla a otros tres escollos que parecen desligarse del conjunto de grandes rocas que, como un saliente costero, cierran la cala por el sur. En realidad, son una hilera de al menos nueve escollos, pero sólo cuatro de ellos se elevan sobre la superficie del mar, despuntando lo suficiente como para poder ver sus siluetas sobre el horizonte. Algunas de las versiones que hoy se cuentan incluso aseguran que la rapaz que se instaló sobre el más alto de ellos era una pescadora, como las que pueden verse con cierta habitualidad sobrevolando los estanques de ses Salines. Se hace difícil, sin embargo, imaginar a un águila sobre ese escollo en particular, tan puntiagudo, estrecho y desprotegido, a merced del oleaje y las inclemencias del tiempo. Si bien es cierto que es un rincón recóndito del litoral pitiuso y que estas grandes aves instalan sus nidos en lugares elevados, el escollo no parece gozar de la suficiente altura sobre el mar y las águilas suelen buscar la seguridad de los cortados rocosos o la protección de las ramas de los árboles.
En cualquier caso, hubiera o no un nido de águilas alguna vez sobre el elevado escollo, la roca ha acabado por dar nombre al tramo de costa, de más de cien metros de longitud, que se extiende desde es Mac Giralt, un saliente de piedras al Norte, hasta la punta en la que, en el sur, los propietarios de las casas de la zona han colocado unas pasarelas de madera. La cala se halla a los pies de una colina arcillosa que uno, al observarla, se pregunta si puede acabar cediendo tras unas lluvias torrenciales igual que ocurriera en sa Caixota en septiembre de 2005. En la ladera se ha edificado un par de casas, con escaleras hasta la playa, y sus dueños han intentado en más de una ocasión privatizar la cala e impedir el paso hasta ella. De hecho, aunque no puede llegarse en coche hasta las inmediaciones de la playa, en la carretera que pasa sobre ella, en el acceso a una urbanización, existe una caseta de vigilancia para controlar quién pasa por el lugar e incluso, si cuela, intentar evitar que alguien cruce más allá de ella.
Es Niu de s’Àguila, Alamut, no es un nombre inusual para designar a aquellos lugares en las alturas que parecen idóneos para las rapaces, y que, de hecho, a menudo lo son. En Eivissa y Formentera lo hallamos también en variantes como el Mac de s’Àguila (junto a la punta de sa Guardiola), en el Cap de s’Àguila de sa Conillera (un acantilado que desciende a unos fondos magníficos para practicar submarinismo), en la punta des Niu de s’Àguila (al sur de sa Figuera Borda) o en el penyal de s’Àguila, en Sant Miquel, clásica zona de escalada. Pero ninguno de estos lugares tiene, al menos para los fotógrafos de paisaje, el embrujo de los escollos de es Cubells.

Publicado en la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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