El rugido del tritón

DSC_1539Cristina Amanda Tur @territoriocat
Cuando está vivo no sabe chillar, pero una vez muerto grita muy fuerte. Es una clásica adivinanza que hace referencia al uso de las conchas vacías de los tritones (moluscos del género Charonia) para emitir, soplando por su ápice, un intenso y prolongado sonido que antaño se usaba para dar la voz de alarma ante la presencia de piratas en la costa o para vender pescado. Tal uso del molusco se conoce como brular es corn y la voz de alarma que con él solía darse era el toc d’avalot. Y en las excavaciones llevadas a cabo en el terreno del antiguo cine Serra, donde se han hallado los más antiguos vestigios del sistema árabe de ses feixes, se ha encontrado también un viejo corn, una de estas conchas de caracola. Su punta partida y limada no deja lugar a dudas de que fue usada para hacerla sonar.
Josep Torres Costa, el arqueólogo encargado de los trabajos de este yacimiento, explica que la concha fue hallada “a un nivel de colmatación y amortización de un gran canal de agua, uno de los ejes principales del sistema de irrigación de ses feixes (los bancales)”, creadas por los musulmanes que habitaron la isla entre 902 y la conquista catalana, en 1235. Durante el inventariado de las piezas y el análisis de la información reunida en la excavación, ya finalizada, los arqueólogos han llegado a la conclusión de que el tritón pertenece “a un nivel arqueológico del siglo XII, el mismo en el que también han aparecido algunas vasijas”. En cuanto al uso que a esta caracola de punta truncada pudieran haber dado, sólo se puede especular. Y aunque corresponde a la misma época en la que el enclave musulmán que era Eivissa sufrió, tras semanas de asedio y batallas, la toma de la ciudad por una armada aliada de pisanos y catalanes, en el año 1114, lo que hubiera dado más de una ocasión para dar voces de alarma con caracolas cortadas, lo más probable es que este corn lo perdiera “algún pescador de aquel tiempo, cuando pescaba anguilas en los canales de ses feixes”. El paso de los siglos ha pulido sus relieves y deslustrado las capas de nácar y conquiolina de su concha, que originalmente presenta manchas de colores marrones, amarillos y rosados.
El molusco gasterópodo marino al que pertenece esta caracola es el más grande del Mediterráneo, de la especie Charonia lampas (o C. nodifera), que puede medir hasta cuarenta centímetros. Existen otras especies del mismo género en distintos lugares del mundo, en los que también se han usado, o se usan todavía, sus conchas para emitir sonidos, a menudo como algo similar a una sirena de barco. Pero C. lampas es la especie propia del Mediterráneo, presente también en aguas próximas del Atlántico. Su nombre común es simplemente caracola, la caracola por antonomasia, o tritón del Mediterráneo, con lo que comparte denominación con un anfibio, con un satélite de Neptuno y con el dios mensajero de las profundidades marinas, que, precisamente, era representado soplando una caracola, como si fuera una trompeta, para agitar o calmar las olas. Su nombre científico, sin embargo, tiene tanto relación con la muerte como con el agua, ya que hace alusión a Carón o Caronte, el barquero de Hades, el encargado de guiar a las almas por la laguna Estigia o el río Aqueronte (según las fuentes mitológicas que se tengan como referencia).
CAPTURA PROHIBIDA
Antaño, los tritones del Mediterráneo fueron abundantes en todas las islas del archipiélago, pero, en la actualidad, las poblaciones de esta especie de molusco están en seria regresión debido a la sobrepesca y a la contaminación del litoral. Charonia lampas está clasificada como especie Vulnerable en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y su captura está prohibida en Balears. Su progresiva desaparición ha conllevado una mayor proliferación de los equinodermos de los que se alimenta, principalmente de estrellas de mar, que serían más abundantes si, a su vez, sus poblaciones no fueran arrasadas por las redes de arrastre y la recolección ilegal como objetos decorativos.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio natural. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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