Un monstruo con mala reputación

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morenas en sa Bota

Cristina Amanda Tur/Joan Costa.- Leyendas de la Roma clásica, su aspecto de serpiente prehistórica y su necesidad de mostrar los dientes continuamente para poder obtener oxígeno han contribuido a la falsa creencia popular de que el anguiliforme conocido como morena es un pez peligroso y agresivo.
El más común en aguas pitiusas es la morena Muraena helena, la morena del Mediterráneo, catalogada como especie ‘de preocupación menor’ en el Libro Rojo de los Peces de Balears y citada como una de las especies beneficiadas en las islas por el denominado ‘efecto reserva’, que hace referencia a la eficacia de las áreas marinas protegidas, con sus restricciones a la pesca (fundamentalmente la pesca submarina), para garantizar la diversidad íctica. Esta morena, un gran depredador nocturno de cefalópodos, es de color gris pizarra, ligeramente azulada, con llamativas y numerosas manchas amarillas y una aleta dorsal que se extiende desde la parte posterior de la cabeza hasta el final de su cuerpo de serpiente. Suele pesar de tres a cinco kilos y medir algo más de un metro. Y sólo es agresiva si se siente amenazada, lo cual no sucede tan a menudo como suele creerse; aunque enseñe los dientes y su aspecto pueda parecer inquietante, no acostumbra a atacar. Y si abre y cierra la boca con frecuencia es porque, de esta forma, impulsa el agua a las branquias y obtiene más oxígeno. Eso sí, mejor no tentar a la suerte, porque su mordedura es penetrante y el peligro de infecciones, producidas por los restos en putrefacción que existen entre sus dientes, es un riesgo real. Durante años se creyó que este animal poseía algún tipo de veneno, pero lo cierto es que no se ha encontrado ninguna sustancia tóxica en él y se considera que el hecho de que las heridas que provoca se infecten con facilidad se debe, sencillamente, a las bacterias que pueden anidar en su boca. A pesar del riesgo de infección, que este pez se encuentre en multitud de listas de los animales marinos más peligrosos es incomprensible, como bien se puede comprobar buceando en zonas donde su presencia es habitual.
A su leyenda negra se suma la costumbre que tenían los romanos de alimentar a las morenas de sus viveros con los esclavos condenados a muerte porque creían que los peces más sabrosos eran los que comían carne humana. A decir verdad, no hay evidencias de tal costumbre y es probable que el bulo lo extendieran los cristianos para desacreditar a los romanos, pero la expresión “estar condenado a las morenas” ha pervivido a lo largo de los siglos.
De pequeño te enseñan que no hay que molestar a una morena porque corres el riesgo de perder un pie o una mano; es una de las mentiras que transmiten las madres adaptada para quienes han crecido cerca de la costa, como cuando te dicen que te quedarás ciego si te acercas mucho a la tele o que te crecerán sandías en el estómago si te tragas las pepitas. Hoy, sin embargo, los padres ya no suelen advertir a sus hijos del peligro de las morenas, probablemente porque ya no es un animal cercano con el que los niños puedan encontrarse a menudo. No se observan morenas hasta los diez metros de profundidad y hasta los cuarenta o cincuenta metros. La presión turística, la pesca y la contaminación han desplazado las poblaciones y han hecho rara su presencia en playas y zonas cercanas al litoral, donde no era extraordinario ver a estos animales hace sólo dos o tres décadas. Sin embargo, sí es corriente en cualquier inmersión alrededor de los islotes que rodean las Pitiüses, tanto que, el día que no ves ninguno, lo anotas como una curiosidad en tu diario de buceo. Quizás también el cambio climático, según apuntan los estudios sobre su impacto en las especies marinas, ha influido en que estos peces se hayan desplazado a áreas más profundas.
Hay otra especie de morena en las islas, pero verla no es tan habitual. Se trata del morenot o murión, Gymnothorax unicolor, avistado en los últimos años en es Vedrà y es Vedranell y que también está catalogado como especie ‘de preocupación menor’ en el Libro Rojo de Peces de Balears, aunque se señala que es una especie rara.

Sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/06/09/monstruo-mala-reputacion/921532.html#

AC2176en cala Xarraca

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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