Veneno en las espinas

AB9901trachinus araneus en cala jondal

Trachinus araneus

Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa
Escondidos en la arena, semienterrados y mostrando sus peculiares y refulgentes ojos saltones, los peces araña esperan pacientemente a sus presas. Sus hábitos, su capacidad de mimetismo y el hecho de que pueden encontrarse en las playas, a pocos metros de profundidad, hacen que estos peces sean los que más picaduras venenosas provocan en el litoral de las islas. No hay verano en el que no se registren víctimas por haber pisado un pez araña en la playa. Por poner un ejemplo, la memoria de playas que elaboró el Govern en 2013 contabilizó ese año 1.433 picaduras en todo el archipiélago. No todas las víctimas acaban en las estadísticas ni todas son infectadas en las playas; los pescadores conocen bien la peligrosidad de este pez, pero no es raro que algún pescador aficionado acabe en urgencias con una mano hinchada y enrojecida. Tampoco es extraordinario conocer a alguno que ha perdido el dedo al complicarse una de estas picaduras, las más comunes y las más dolorosas del litoral español.
El nombre genérico de pez araña engloba, en realidad, a todas las especies de la familia Trachinidae, de las que, en las costas de Balears, son habituales el salvariego o aranyó (Echiichthys vipera), el escorpión (Trachinus draco), la víbora o aranya de cap negre (Trachinus radiatus) y el llamado simplemente pez araña o aranya (Trachinus araneus). El primero es de menor tamaño, pero los otros tres pueden alcanzar medio metro de longitud y todos ellos habitan una amplia franja que va desde la costa hasta los más de 100 metros de profundidad; sin embargo, la aranya de cap negre, la más apreciada por los pescadores, no suele verse hasta alcanzar una profundidad de 30 metros. En el Libro Rojo de los Peces de Balears se señala que, de las cuatro especies citadas, la menos abundante es el aranyó, que se ha incluido en la lista de especies ‘casi amenazadas’ de las islas.
El escritor griego Nicandro los llamó dragones marinos. Y ya entonces, el siglo II antes de Cristo, se conocía el veneno que albergaban estos peces en sus espinas, aunque llegar a entender el mecanismo inoculador que poseen llevaría aún un tiempo; en el siglo XIX, los expertos aún discutían si las lesiones que provocaban se debían a una glándula venenosa o si bien la ponzoña se hallaba en la mucosidad de la epidermis del pez. Lo explica el biólogo Andrés Portillo en un informe titulado ‘Historia natural del pez araña y su picadura’. El veneno de los peces araña es muy complejo, está compuesto de un gran número de sustancias diferentes, y hasta el año 1992 no se consiguió aislar e identificar la más peligrosa de estas sustancias; Chhatwal y Dreyer trabajaron con la especie T. draco y bautizaron como dracotoxina a la proteína neurotóxica que lograron obtener.
El aparato inoculador se sitúa en las espinas de la primera aleta dorsal y en otras dos existentes en ambos opérculos, cubriendo las branquias. A veces, pescadores poco avezados que no conocen las características de este pez lo manipulan evitando la aleta dorsal y olvidando que no son las únicas espinas que poseen los traquínidos. En cualquier caso, la toxina de los peces araña es termolábil, lo que significa que pierde su efecto con el calor, por lo que el agua caliente, tan caliente como pueda soportarse, es una primera medida muy efectiva para tratar la herida emponzoñada.

De la sección Coses Nostres de Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/03/17/veneno-espinas/903284.html

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo a menudo con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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