Crónica de la búsqueda del tesoro

Interior de la Cova d'en Jaume Orat, con un cedazo en primer término

Cova d’en Jaume Orat. Se observa un cedazo en primer término

Cristina Amanda Tur. Fotos: Joan Costa.- En unas islas donde no faltan las cuevas, terrestres y submarinas, ni tampoco las leyendas y crónicas apasionantes a ellas asociadas, hay un conjunto especial de grutas que destaca en los dos frentes; en la realidad y en la ficción. Son las cuevas de Cap des Mossons, en la punta de la Mola d’Albarca. En el interior de la más famosa de todas ellas, la Cova d’en Jaume Orat, desde hace muchos años, puede encontrarse un viejo cedazo cuadrado, similar a los que debían usar los buscadores de oro. Y tal instrumento nos da una primera pista de la historia de este lugar.
Empezando por el principio, a la crónica podría asignársele, como fecha de inicio, el mes de enero de 1664, data en la que arribó a la isla un tejedor siciliano, de nombre Sebastian Bellotto, que habría de embarcar a unos cuantos vecinos de la zona en una descabellada búsqueda de tesoros que acabó con la intervención de la Santa Inquisición. Aunque tal vez, en realidad, tal búsqueda aún no ha finalizado, porque, periódicamente, la fiebre del oro regresa y hay quien aún prueba suerte.
Bellotto no tardó en hacerse amigo de Toni Torres ‘Gibert’, de Mala Fogassa (zona que hoy comprendería las vendes de Fruitera y Forca), se fue a vivir a su casa y con el tiempo ganó cierta fama en la isla como l’Aiguader por su habilidad para localizar aguas subterráneas. Pero tal actividad no colmaba las inquietudes del siciliano, que aseguraba que en Ibiza se ocultaban numerosos tesoros que él, dueño de dones más allá de lo humano, podía encontrar. Lo cuenta el canónigo Joan Marí Cardona en su estudio sobre es quartó de Balansat y citando ‘Els llibres d’entreveniments’ (registros eclesiásticos de diversos acontecimientos de la isla entre los siglos XVI y XVIII que se conservan en el Archivo Histórico Diocesano).

sa cova des llibrell, con sus dos balcones abiertos sobre el acantilado

19/Marzo/2016 Islas Baleares. Ibiza Cova des Llibrell a la Mola d’Aubarca. © JOAN COSTA

Bellotto contagió su obsesión a algunos vecinos, que incluso llegaron a alimentar la locura (o la farsa) del siciliano colaborando en sus rituales para hacer confesar a los muertos el lugar en el que, en vida, habían enterrado sus tesoros. Todo, al parecer, empezó el día en el que, con sus indicaciones, se desenterraron dos calaveras que, aseguraba, eran de un tal Sansón y su esposa, Persia, quienes, antes de morir, habían ocultado sus considerables bienes terrenales. Había que seguir excavando en el lugar de tal macabro hallazgo. Sin embargo, el tan ansiado tesoro, tras muchos días de excavaciones, no aparecía y Bellotto llegó a la conclusión de que sobre él pesaba un encantamiento, obra de una suerte de genio llamado Petito. Ahí empezaron lo rituales; Bellotto se encerraba con las calaveras en un corral y decía luchar contra Petito para lograr arrancar a los muertos información sobre distintos tesoros escondidos en la isla, que se ampliaron desde el de Sansón y Persia a los tesoros de un tal Barca, supuestamente escondidos en Albarca, y de una tal Fátima, ocultos en Corona.

Cova des Pi, la primera que suele encontrarse en el recorrido

Cova des Pi

“La curiosidad era tan grande que a casi todas horas iba alguien a visitar el lugar para ver el espectáculo que a la hora menos pensada podía dar resultados imprevistos. El encantamiento, pero, no se deshacía y todo continuaba igual. La perseverancia de Sebastián Bellotto era incondicional”, relata Joan Marí Cardona.
Los encantamientos se prolongaron durante meses, tanto en el corral como en una cueva no identificada de Fruitera. Finalmente y para su desgracia, las actividades de Bellotto despertaron el interés de la Inquisición, señala Cardona en su crónica. El siciliano fue encerrado, trasladado a Mallorca y castigado por nigromante y, por tanto, enemigo de la fe. Fue condenado a una docena de azotes y desterrado de las islas. Jamás regresó a Ibiza.
Pero Toni Torres ‘Gibert’ siguió buscando tesoros. Y dos décadas después de que el Santo Oficio se llevara a Bellotto, el de Mala Fogassa decidió probar suerte en la búsqueda de la cueva de Jaume Orat, donde, según contara el siciliano, se ocultaba una inmensa riqueza. Consiguió algunos socios para el proyecto y juntos lograron encontrar la gruta, indicada por una losa en la que había dibujada una mano humana, al parecer marca que dejaran quienes escondieran allí su fortuna. Sin embargo, la existencia de la cueva no garantizaba el hallazgo de tesoro alguno; a pesar de las intensas jornadas que, a lo largo de muchos meses, pasaron removiendo tierra en el interior de la caverna, no hallaron botín que llevarse a casa. Los socios de Gibert iban desertando al tiempo que se desanimaban. Y, finalmente y de nuevo, fue la Inquisición la que puso fin a la empresa. Aunque Gibert aconsejaba a todos que se encaminaran al Cap de sa Mola d’Albarca con cañas de pescar al hombro para no levantar sospechas, el tribunal del Santo Oficio acabó llamando a declarar a cuantos habían trabajado en Jaume Orat (posteriormente conocida también como Jaume Morat). “Todas las declaraciones coincidieron en decir que Toni Torres ‘Gibert’ no hacía nada que pudiese ir contra la fe cristiana. Leía vidas de santos, rezaba el rosario y decía otras oraciones normales”.

la tercera gruta que puede encontrarse sobre el acantilado

La tercera gruta que puede encontrarse en el recorrido

OBJETO DE ESTUDIO

Más allá de Bellotto, cuentista o loco, y de su febril y áurea herencia, las cuevas han llamado también la atención de los espeleólogos y paleontólogos. En el año 1983 se llevó a cabo una campaña, subvencionada por el Consell, en la que se hallaron, también en la cueva de Jaume Orat, restos de piezas de cerámica. La visita fue documentada en el número 10-11 de la revista mallorquina de espeleología Endins, donde Miquel Trias, del Speleo Club Mallorca destacaba “la faena titánica que hicieron los buscadores [de tesoros]: la sala grande, de unos 250 m2 está llena de grandes montones de tierra y una buena parte de la galería occidental ha sido vaciada”.
En el número 19 de la misma publicación se profundiza en la fauna fósil de la misma gruta. En esta cueva se hallaron registros fósiles de varias especies, entre ellas de paiño (Hydrobates pelagicus), que eran nuevas para el registro paleontológico del Pleistoceno ibicenco. Los restos faunísticos hallados eran todos de aves, reptiles y gasterópodos (ningún mamífero), que fueron enviados, para su conservación, al Museu Balear de Ciències Naturals. En total, se identificaron 287 especímenes, y las mejor representadas, con mayor número de huesos encontrados, eran las especies pardela cenicienta (Calonectris diomedea), con 6 ejemplares hallados, y pardela balear (Puffinus mauretanicus), con 5 ejemplares. Posiblemente, estas aves nidificaban en la gruta.
En la Mola d’Albarca hay cuatro cuevas con nombre, y suelen encontrarse por este orden: Cova des Pi, situada justo abajo de las ruinas de un refugio para trabajadores de las sitges de carbó y de una figuera de pic; la cueva de Jaume Orat, algo más hacia el Norte; la cueva de ses Estelles, más abajo en el acantilado; y la des Llibrell, aún un poco más abajo, en la pared del acantilado y con dos balcones que ofrecen impresionantes vistas hacia es Cap des Rubió y la cala entre ambos cabos. La Cova des Llibrell se llama así, como resulta evidente, por un gran llibrell (una poza que recoge el agua que se filtra en las rocas) situada en la entrada, en su parte Norte y actualmente seca por la escasa pluviosidad. Esta cueva es la más difícil de encontrar y la que tiene peor acceso, aunque es, posiblemente, la más espectacular de todas ellas, al menos por sus vistas sobre la cala. Está indicada con una cuerda atada a dos sabinas y que también puede servir, aunque sin confiar ciegamente en su resistencia, para pasar al otro lado de la pared rocosa tras la que se halla la gruta.
Y aunque en toda la documentación sobre la zona sólo se citan estas cuatro cavernas, antes de llegar a la última de ellas aún puede encontrarse una gruta abierta al cielo que puede crear cierta confusión entre quienes buscan sólo cuatro cuevas en es Cap des Mossons, ya que ésta se localiza en cuarto lugar, antes de la des Llibrell. Es luminosa, con una columna en el centro, se halla en la misma cota que la cueva de ses Estelles y, curiosamente, no parece tener nombre.
En las cuevas de Cap des Mossons se han encontrado fragmentos de piezas que revelan ocupaciones esporádicas de las grutas, entre ellos un trozo de olla que podría ser de la Edad del Bronce, restos de ánforas de época tardo-púnica y parte de una copa de terra sigillata africana datada en el siglo II. También se cuenta que tales cavernas fueron escondite durante la Guerra Civil y, como muchas otras cuevas a lo largo de la orografía pitiusa, guarida de contrabandistas. La dificultad del acceso a ellas, imposible por mar al hallarse sobre un acantilado, las hacen muy adecuadas para lo primero pero hacen dudar de su conveniencia para lo segundo.

Publicado en Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2016/05/06/cuevas-tesoro/840219.html

Cova de ses Estelles

Cova de ses Estelles

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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