Desde el faro vi el cometa

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Cristina Amanda Tur (CAT).- El faro de Formentera se encendió por primera vez el 30 de noviembre de 1861 y, desde entonces, sólo se ha apagado durante la guerra de Filipinas y durante la Guerra Civil. Es el símbolo del que los habitantes de El Pilar se sienten más orgullosos, un lugar al que Julio Verne hizo referencia en su obra y cuenta una leyenda que Bob Dylan visitó, aunque es dudoso, y que jamás pudieron olvidar.

Sé que no es muy asequible, pero la más impresionante manera de llegar al faro de la Mola es en helicóptero. Sobrevolar la línea de la carretera hasta alcanzar su final, contemplar el faro y su linterna con pararrayos de cobre bajo nuestros pies y, de repente, salir al acantilado de unos 120 metros de altura y disfrutar del vértigo. Un subidón de adrenalina. Y si, además, el piloto quiere impresionar, como fue el caso, la experiencia (ésta por motivos de trabajo y con la Guardia Civil) es inolvidable.

Se mire por donde se mire, el faro de La Mola es una de las construcciones más llamativas de las islas –aunque a ello contribuye en buena medida su entorno– y una de las imágenes mediterráneas más reconocidas en el mundo. Y es que hasta Julio Verne habló de él; situó en la Mola un breve episodio de ‘Héctor Servadac’, la historia de un capitán que descubre un mundo nuevo tras el paso de un cometa. Hoy –y desde el año 1978– un monolito recuerda junto a la torre que el escritor francés se acordó de este pequeño rincón del mundo cuando se puso a escribir. Desde el faro, en el libro, un científico observa la llegada del cometa.

Muchos relacionan la construcción en el acantilado con la leyenda del faro del fin del mundo, pero esto no es Finisterre y en el libro de Verne que lleva ese título no se habla de la Mola ni de su señal luminosa. No es el faro del fin del mundo ni falta que le hace.

El faro de Formentera –fue el primero y ese es el nombre con el que figura en el libro de faros del Instituto Hidrográfico de la Marina– es una torre blanca con una linterna que ofrece una luz blanca fija con destellos cada cinco segundos y 23 millas náuticas de distancia. Esa linterna fue construida en París en 1861, el mismo año en el que entró en funcionamiento. En realidad, no parece tener nada demasiado especial, nada distinto, y, sin embargo, no hay pitiuso que no lo considere una de las piezas más importantes del patrimonio de estas islas. Será por Verne, por su inmaculada presencia sobre el acantilado o porque, en realidad, nos va todo aquello que se construye a la medida de los hombres y no de los dioses.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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