La fábrica de esparto

  Aún estamos en época de recolecta de esparto. El que se usa en espardenyes (que también se llaman esparteñas), cestos y capells. Y, este año, la reserva dels illots de Ponent ha concedido dos permisos a artesanos de la isla para recoger unos treinta matojos de esparto. La recogida de esta gramínea no supone amenaza alguna para la conservación de uno de los islotes más emblemáticos de las Pitiüses, con el permiso de es Vedrà; más problemas provoca el control de la población de conejos.

 Árido y orientado al sur, a pleno sol, el esparto le confiere, además, el paisaje en el que ambientar una película del Oeste, de las de salicores o rodamundos y otras plantas que no necesitan mucha lluvia. A fin de cuentas, son los islotes del Oeste los que conforman las reservas de es Vedrà y es Vedranell y, en un segundo conjunto, s’Espartar, Illa d’es Bosc i las cinco rocas de ses Bledes.

Y, a pesar de su aspecto árido, de su explanada de esparto orientada al sur y bajo el sol y de sus acantilados en cuchillas, el islote de s’Espartar cuenta con la colonia de paiños (Hydrobates pelagicus) más importante de las islas y, probablemente, del Mediterráneo occidental. Se ha calculado que la conforman 2.300 parejas. También nidifica en las rocas la gaviota corsa (Larus audouinii), la más amenazada de las gaviotas, y pueden observarse, muy habitualmente sobre el peñasco más cercano a la costa de s’Escull de s’Espartar, las más grandes concentraciones de cormoranes (Phalacrocorax aristotelis) del litoral de Sant Josep.

En este islote de 2,3 kilómetros cuadrados existen 131 especies de plantas y algunos endemismos. Hay escarabajos tenebriónidos, una subespecie propia de lagartija (Podarcis pityusensis kameriana) y hasta un endemismo de caracol pitiuso que también se diferencia en una subespecie; (Trochoidea caroli spartarensis). Pero la especie que más preocupa a quienes se encargan de la protección de las reservas de los islotes es, según explica su director, Joan Torres, un común conejo que erosiona el terreno con la construcción de madrigueras y que arrincona las plantas. El conejo fue introducido en la isla por campesinos ibicencos y, como ya se sabe que los conejos tienen facilidad para colonizar territorios, hoy hay que controlar la población para evitar su impacto en el ecosistema esparteño. Ello se consigue con jaulas con cebos, aunque podría llegar a plantearse la necesidad de usar algún otro sistema de caza, como redes, si la población sigue aumentando.

Joan Torres asegura que, al menos de momento, no supone un problema grave del que haya que preocuparse.

Más allá de la invasión conejil, una amenaza para el ecosistema del islote podría ser la presencia de plantas invasoras, cuyas semillas, a veces, portan las aves desde tierra firme. En este sentido, explica que ha habido que arrancar una figuera de pic (nopal) que había echado raíces en el territorio y que “prácticamente cada día, el personal de las barcas pasa por los islotes” para ver si hay que limpiarlos de plantas invasoras o de restos de basura que haya podido arrastrar la marea.

De hecho, esas inspecciones periódicas representan la principal tarea diaria de los trabajadores de las reservas de los islotes, en los que está prohibido desembarcar sin permiso especial y que abarca la franja marina alrededor de las islas, donde también se precisa autorización añadida para la pesca submarina.

Una de las pocas actividades permitidas en el islote de s’Espartar, además de las propias de la investigación y conservación medioambiental, es la recogida del esparto, de las dos especies que predominan en la roca (Lygeum spartum y Stipa tenacissima). La recogida de la planta, para usos artesanales, se realiza durante los meses de julio y agosto, y, este verano, la reserva ha concedido los dos permisos que se han solicitado. La recolección es una actividad que no supone una injerencia importante en la isla y no es molestia para la fauna; tampoco coincide con la época de nidificación.

Este uso tradicional del islote es la base también de un taller que se halla dentro de la oferta educativa de la reserva y que está a disposición de colegios y asociaciones desde hace tres años: incluye una excursión en barco alrededor del islote y la fabricación de diversos productos de esparto.

S’Espartar, a 1,9 millas de la torre d’en Rovira, te parecerá mucho más que una roca al sol en el Oeste sabiendo todo esto. Y la historia recuerda también que los islotes fueron usados como dianas para las prácticas de tiro que los militares llevaron a cabo en las Pitiüses prácticamente hasta finales de la década de los 80; en 1988 las prácticas empezaron a realizarse en campos de entrenamiento de San Gregorio y Chinchilla. Sin embargo, y según explican fuentes del Ejército, s’Espartar no era usado para estas maniobras, ya que no tenía la situación adecuada. Los lanzagranadas pueden alcanzar una distancia de 500 metros, por lo que el islote apropiado para ellos es s’Illa des Bosc, y para las prácticas con morteros medios y morteros pesados se usaban blancos situados en el mar, entre los islotes de s’Espartar y de s’Illa des Bosc. S’Espartar quedaba lejos de las bases de tiro militares, situadas en Platges de Comte, nunca en el litoral más cercano a la ‘fábrica’ de esparto. También pueden encontrarse matorrales de esta gramínea en otras zonas del litoral de Sant Josep, pero no hay duda de que ir a buscarlos a s’Espartar tiene su encanto.

 Cristina Amanda Tur (CAT)

s’Espartar maquetada

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo a menudo con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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