La fachada de sa Penya

  Desde la entrada hasta la Torre en la que antaño, los días de tormenta, las esposas iban a esperar la llegada de pescadores y marineros, la calle de la Virgen se ha lavado la cara, pero sigue escondiendo, detrás de sus fachadas rehabilitadas y repintadas, los peores callejones del barrio de sa Penya.

 El principal acceso a sa Penya se adentra por la calle de la Virgen, que recibe a los viandantes con una pequeña talla de María en una hornacina tras un cristal. La tradición ibicenca cuenta que un día, mucho tiempo atrás, los tripulantes de un buque forastero la pusieron allí tras haber sorteado un temporal, agradecidos por haber sobrevivido. Y la calle tomó su nombre, aunque no fue hasta el día de la Purificación de Nuestra Señora de 1910 cuando la imagen fue bendecida, con una gran fiesta popular. La Virgen que convive con los gatos callejeros ha soportado los años, la degradación del barrio, el olor de la droga y los flashes de los turistas y, a veces, estoica, es testigo de como alguno se encomienda a ella para que su negocio prospere y la Policía no se acerque a su casa a buscarle problemas.

La calle de la Virgen es, de Poniente a Levante, una portada de añejo sabor y fachadas remozadas en la que en verano restaurantes, bares y peculiares comercios le otorgan el aspecto de una rehabilitación humilde que ha sabido conservar el encanto de los callejones mediterráneos. Pero sólo es una fachada que, desde su bifurcación inicial, se prolonga hasta los pies de la muralla que protege La Peixeteria, formando un cordón de seguridad sobre el resto del barrio. Más allá, sa Penya es otra cosa. Sa Penya, la de la droga, es como la vida detrás de un escenario de luces, es como el polvo que se barre bajo la alfombra, y la calle de la Virgen y el callejón de es Passadís son decorados de cartón piedra que esconden –aún hoy y pese a quien pese– una caleta de heroína.

Llega el verano y la calle de la Virgen se llena de vida y los turistas alaban su encanto mediterráneo mientras algunos de los drogadictos que la patean habitualmente preferirán entrar a sa Penya, discretamente, por alguna puerta de atrás. Pero, qué chula está hoy la calle de la Virgen.

 Cristina Amanda Tur (CAT)

calle de la virgen maquetada

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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