La plaza de los matarifes

 La Plaça de Vila es la primera que se encuentra tras las murallas, subiendo por el Rastrillo y cruzando el patio de armas. Hoy la ocupan bares, restaurantes, galerías y tiendas de ropa ibicenca, y por la noche parece un cuadro de Van Gogh, pero antaño olía a sangre, podredumbre y alcohol; era la plaza en la que los matarifes descuartizaban las reses, y también se emborrachaban.

 ‘Terraza del café de la Place du Forum en Arlés por la noche’ es el excesivo título del cuadro de Van Gogh al que recuerda la Plaça de Vila. Hoy, más de 120 años después de que el pintor holandés plasmara al óleo esa terraza de bar bajo la luz artificial, con techo de cielo estrellado y suelo empedrado, la plaza ibicenca tiene un aspecto similar, al menos vista desde el pilón, esa bola de piedra al final del muro que habrán tocado millones de personas al doblar desde el patio de armas hacia la parte alta, como si fuera el morro del jabalí de Florencia que promete a quien lo frota el regreso a la ciudad de Dante. Fajarnés Cardona recuerda en ‘Lo que Ibiza me inspiró’ que ese pilón es “lugar de encuentros, saludos y charlas” y que Els vaig trobar girant es piló era una frase muy empleada por los ibicencos.

Emproando hacia Poniente se atraviesa una plaza brillante al sol en la que se concentran una decena de bares y restaurantes, alguna tienda de ropa ibicenca y alguna galería artística. Por la mañana, los parasoles de las terrazas se abren, los habituales se sientan a desayunar a la sombra y los repartidores abastecen el mercado. Una estampa muy distinta a la que antaño podría verse en el lugar, donde –más allá de que, en lugar de camiones, subían carros– habitaban los matarifes de la ciudad, donde se mataban las reses y, al parecer, se sucedían riñas propiciadas por el alcohol. Dice Enrique Fajarnés Cardona que los matarifes eran “hombres bebedores y bravíos”, así que la imagen, unida a los becerros sacrificados, es inevitable. Entonces, el emplazamiento no debía oler igual ni debía tener el mismo color. Aunque las casas estuvieran encaladas, cabe imaginarse un escenario gris oscuro de agua teñida de rojo deslizándose por el empedrado en busca de las alcantarillas. Lo único que hoy debe recordar esa postal antigua es la fuente, una de las pocas que quedan en la ciudad y que es empleada por los comerciantes para llenar los cubos con los que limpian sus establecimientos. Los turistas se acercan a beber de ella, pero los vecinos no lo hacen por puros escrúpulos, porque saben que a veces los yonquis lavan allí sus jeringuillas para reutilizarlas.

Y, si es de noche, antes de subir a la plaza, puede resultar muy interesante buscar el cuadro que Van Gogh pintó en Arlés para poder comprobar que, efectivamente, es una imagen similar, que transmite iguales sensaciones. Más allá de la fuente, la plaza termina y se estrecha hacia Poniente por la calle Santa Cruz, que conduce al barrio de Portal Nou y hacia otra de las plazoletas de la ciudad amurallada, la Plaza del Sol.

La calle de la escalera de piedra

Un empinado pasadizo de escalones y techo de vigas de madera conduce desde la plaza hacia el interior de Dalt Vila. La galería tiene un nombre tan obvio como la Calle de la Escalera de Piedra, y más allá de ella, al final de los escalones, se descubren los interiores de la ciudad alta, similares a los que uno puede encontrarse en el barrio de sa Penya más allá de la calle de la Virgen. Al otro lado de la plaza, una ancha calle conduce hacia la parte posterior del Museo de Arte Contemporáneo de Eivissa (MACE), a la derecha, y, a la izquierda, a la única entrada de vehículos del recinto amurallado, que atraviesa por el baluarte de Sant Joan.

 Cristina Amanda Tur (CAT)

plaça de vila maquetada

 

Anuncios

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo a menudo con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s