Siempre en ‘es muro’

El dique de resguardo del puerto, el espigón, el malecón, el rompeolas, ha sido siempre, sencillamente, ‘es muro’, lugar de reuniones más o menos clandestinas al atardecer y paseo turístico inevitable. Su característico faro fue en sus inicios un simple fanal que el Ayuntamiento instaló para facilitar las operaciones de carga y descarga de los buques correo, que solían arribar de noche.

Siempre acabábamos en ‘es muro’. Es el lugar en el que las pandillas se congregaban para intoxicarse con los primeros cigarrillos, beber las primeras cervezas, partir los primeros corazones y marcarse las rodillas en los bloques de hormigón de la escollera. Dice Fajarnés Cardona en su libro ‘Lo que Ibiza me inspiró’, que “en verano el malecón es refugio de noctámbulos” y que “el frescor húmedo del mar atrae a los agobiados por el calor del arrabal”, pero, curiosamente, no llama al dique ‘es muro’ en ninguna de las 40 líneas que dedica a describir el lugar. Y eso lo hace menos ibicenco. Porque, en Eivissa, el rompeolas siempre será ‘es muro’.

Y el dique del puerto no sería lo que es sin su característico faro blanco, de torre troncocónica, cúpula roja y a 11 metros sobre el nivel del mar. Una reja impide el paso a la parte superior, pero nunca fue impedimento para que todos prefiriéramos sentarnos apoyados en él antes que hacerlo en el lugar destinado para ello. Y, desde allí, recibir a los barcos que regresaban a puerto.

Ese faro empezó siendo un simple fanal que se encendía sólo ciertos días y a ciertas horas para facilitar las maniobras de carga y descarga de los correos, pero los pescadores pidieron al Ayuntamiento que se encendiera toda la noche. Se instaló un fanal del alumbrado público y, posteriormente, en marzo de 1885, se iniciaron las obras del dique de resguardo.

La baliza fue inaugurada oficialmente el 20 de septiembre de 1915. Desde entonces, ilumina la entrada noche tras noche y el rompeolas, como dice la canción de Loquillo, es un buen lugar para irse a olvidar.

Cristina Amanda Tur (CAT)

es muro maquetada

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo a menudo con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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