El callejón del fantasma

 Muchos ibicencos no han recorrido nunca la calle de la Soledad”, asegura Fajarnés Cardona en ‘Lo que Ibiza me inspiró’. Y lo mismo escribió Joan Marí Cardona de “aquest vell carrer que la major part dels eivissencs no deuen haver recorregut mai, ni tan sols saben si existeix ni on és”. Y es que a pocos se les habrá perdido nada en el callejón, pero está en Dalt Vila y cuenta con su propia leyenda.

 “Si tu chica te ha dejado y tienes una historia que contar, vete andando por la calle Soledad hasta el Hotel de los Corazones Rotos”.

Al fondo de la calle de la Soledad de Dalt Vila no hay ningún hotel –así que Elvis no debía referirse a ella–, pero sí una leyenda que tiene corazones rotos. Y también tiene una bruja. Y alguna especie de aparición fantasmagórica.

La calle Soledad sale de la plaza de la catedral y se adentra hacia las murallas de poniente, siguiendo los muros del palacio episcopal. De día, es un estrecho callejón de color siena y arena, sin adoquinar, que dobla hacia un pequeño ensanchamiento para dar paso a un último tramo que finaliza en las ruinas de una casa. Un poco antes de llegar a ella, hay un caserón y, sobre la calle, cruza un puentecillo de hierro y crece verde y frondosa una hiedra. Al final, después del jardín tapiado de una precaria vivienda, están las murallas, en el lugar donde se encontraba el antiguo Hospital, el que hubo después de la guerra civil. Así que quizás sí podemos decir que al final de la calle de la Soledad había un hotel de Corazones Rotos. Y de cabezas, brazos y otros miembros, se supone.

Pero el corazón roto de la leyenda de la calle de la Soledad hay que buscarlo al oscurecer. A la medianoche, el callejón tiene un color distinto. Cuentan que allí vivía una bruja y que una mujer acudió a ella para recuperar al hombre que acababa de abandonarla. La hechicera le dijo que él regresaría si ella era valiente. Y la prueba de valor fue adentrarse sola en el callejón a la medianoche. Así lo hizo, y al sonar las campanadas de la catedral, una voz de ultratumba le heló la sangre. Salió asustada en busca de la bruja, que le aseguró que tendría lo que deseaba. Al día siguiente, el novio regresó. Podría interpretarse que la mujer vendió el alma al diablo a cambio de un hombre, o solo que debía pasar una prueba de valor para merecerlo, pero el caso es que en los años siguientes se popularizó la leyenda de que un fantasma se aparecía a la medianoche en el callejón.

Suenan las campanadas del reloj de la catedral a las doce en punto y no hay un alma en la calle fantasmal. O al menos eso es lo que parece. La primera farola ilumina las rejas de las ventanas sin desvelar lo que esconden y la segunda ofrece luz a una puerta tapiada. Algún animal alado grazna con insistencia, escondido e inidentificable, más allá de la hiedra, pero no parece una voz de ultratumba. De pronto, se oye el aleteo ruidoso de unas palomas intranquilas que aparecen por encima de la farola y se pierden sobre los tejados. Tampoco son apariciones fantasmagóricas.

La medianoche ha pasado. No hay fantasma. Solo un gato sin cola y de un color extrañamente marrón pardo que me acompaña hasta la salida.

Si tienes una historia que contar, vete andando por la calle Soledad…”

 LA OTRA PUÑALADA EN EL CORAZÓN

Sant Antoni de Portmany también tiene su propia calle de la Soledad. Y también tiene una historia, aunque esta es más real y menos solitaria. En la madrugada del 15 de mayo de 1988 un filipino que llevaba ocho días en la isla murió de “una profunda y certera cuchillada” –según la nota de prensa de la Policía– en la entrada de la discoteca San Francisco. La puñalada fue en el corazón y con un cuchillo de grandes dimensiones.

Por aquel entonces, el bar era frecuentado por la comunidad filipina de la isla, y la noche del suceso un matrimonio de la misma nacionalidad acudió –hacia las tres de la madrugada– a recoger a su hijo de 19 años. El hijo se estaba peleando con el compatriota recién llegado a la isla y el padre reaccionó cogiendo un cuchillo que llevaba en su coche y clavándoselo a la altura de un pezón. Mortal de necesidad. El matrimonio y su hijo huyeron del lugar y pasaron las horas siguientes intentando limpiar la sangre que revelaba su crimen y cambiando su aspecto, pero los agentes los arrestaron menos de tres horas después del crimen. Al día siguiente ingresaron en prisión. El matrimonio llevaba ya meses en Eivissa, cuidando de la casa que el director de cine Roman Polanski tenía en la isla.

Cristina Amanda Tur (CAT)

calle soledad maquetada

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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Una respuesta a El callejón del fantasma

  1. jrblan dijo:

    Excelente post. Espero que sigas escribiendo aquí historias, leyendas y sucesos de Ibiza, para deleite de los que conocemos la isla y enseñanza para quienes la desconocen o solo la conocen “at night”.

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